Puro ‘power’

Reportajes y Entrevistas

Puro ‘power’

Por Florencia Gioia

Tres jóvenes chilenas se dejaron guiar por su intuición y echaron mano a toda su garra para hacerse un lugar en las industrias de la moda, belleza y comunicaciones en Estados Unidos; hoy celebran sus logros dando testimonio de que puede ser difícil y toman tiempo, pero el esfuerzo vale la pena, aseguran.

Esas imágenes de manos llenas de bolsas de compras, picnics en Central Park, caminatas sobre zapatos de diseñadores y cócteles en los bares más taquilleros de Nueva York han quedado grabadas en nuestro inconsciente gracias a series como Sex and the city y tantas películas que se filmaban en esa ciudad cada año. Las agencias de noticias y paparazzis repletan las redes sociales con instantáneas de celebridades a la vuelta de la esquina, comprando en el supermercado o saliendo de alguna tienda de ropa, dando luces de lo glamoroso que puede ser vivir en una ciudad tan cosmopolita. Pero vivir y trabajar ahí, para una mujer joven, sola, extranjera, y sin contactos es un desafío que no todos están dispuestos a aceptar, por más emocionante que resulte la idea de ver famosos a cada rato.

No fue esa la motivación de Trinidad Id cuando se fue, por segunda vez, a vivir a Manhattan. Trini (34 años) nació en Chicago y tiene la nacionalidad estadounidense; luego de titularse de publicista en Chile decidió complementar sus estudios con siete meses de clases de Fotografía en Parsons The New School for Design. “Sentía que debía tener los conocimientos para decirle a tal fotógrafo que la luz se vería mejor de una u otra forma. También hice prácticas para Urban Outfitters, en el Visual Department de Benetton; fue bien sacrificado y siempre me prometí volver a Nueva York a vivir”, asegura.

Al regresar a Chile luego de estudiar en Parsons comenzó a trabajar en moda enseguida; gracias a la experiencia en Nueva York le resultó más fácil encontrar empleo acá. “Debo admitir que en 2014 hubo un minuto en el que, a pesar de tener trabajo, a mi familia cerca, viviendo sola, de crear mi propia web donde escribía, etc., tuve una crisis. Sentía que podía hacer algo más. Vine a cubrir uno de los Fashion Weeks y me quedé un mes entero. Ahí me convencí, así que apenas volví a Chile compré el pasaje para regresar, antes de ponerme cómoda de nuevo, antes que mi inquietud se evaporara y la rutina me consumiera. Junté plata cinco meses, hice todas las pegas que podía, dejé cosas por publicar y me vine. Sin nada. Los primeros meses me comí todos mis ahorros”, relata Trinidad sobre su llegada. Tuvo variados trabajos, renunció a todos ellos, estuvo a punto de volver a Chile pero se dio un último plazo y se enfocó en lo que realmente quería hacer. En 2017 estableció Chok Chok Social, una agencia de comunicaciones que lleva marcas en USA y en Chile y que la trae de regreso varias veces al año. Su vida en Nueva York la comparte con Ian, su pareja, que es su gran apoyo y hoy se siente plena en su trabajo. “Lo que más me emociona es que después de dos años, me siento a mis anchas, a quien en realidad honro es a la cabra chica de 22 años que se vino a estudiar a Parsons y que hacía prácticas gratis, que no le pagaban ni un peso, que la trataban pésimo, a esa Trini honro cuando me resultan cosas acá”, concluye.

Meta: Alfombra Roja

A pesar de llevar pocos meses establecida en Nueva York, estos han sido extremadamente intensos para Carolina Pizarro (publicista y maquilladora, 33 años). Desde que comenzó a acompañar a la actriz Daniela Vega para los press tours de la película Una mujer fantástica el año pasado, sus jornadas las ha dedicado a trabajar sin descanso. “Fueron ocho meses viajando y tuve que tomar la decisión muy rápido de mudarme a Estados Unidos para establecerme definitivamente en Nueva York, ya que había generado muchos contactos; me mudé en julio de este año”, afirma Carola. “Tuvimos mucha onda con Daniela cuando nos conocimos; la maquillé para una sesión de fotos y luego me llamó cuando le tocó promocionar la película en Toronto. Ya se estaba vendiendo bien el filme y se podía anticipar lo grande que iba a ser toda la temporada de premios. Conocí gente en muchas ciudades y se me abrieron tantas oportunidades que no podía quedarme en Chile”, explica.

“Dani se la jugó por mí para que la acompañara como su maquilladora, así conseguí que me contrataran y obtener la visa para quedarme. He trabajado con otras artistas como la cantante Nicole y sigo teniendo muchos clientes en Chile a quienes atiendo cuando viajo. Sigo con mi negocio solo que cambié mi base, en lugar de estar en Chile estoy en NY y desde aquí me es más fácil moverme a Los Angeles y a la ciudad que sea”, declara. Una de las grandes lecciones que ha aprendido Carola es a valorizar su trabajo: “Una agente que conocí en Los Angeles me dijo que en Chile mi trabajo es reconocido pero no es apreciado. Te piden rebaja en las tarifas y una se acostumbra. En cambio acá el trabajo es totalmente valorado, si no te reconocen por fama no hay que preocuparse porque se puede vivir de lo que una hace en forma tranquila y feliz. Te pagan bien por tu trabajo, lo valoran, respetan tus horarios. Ahí te das cuenta de que el mercado es distinto, es otra realidad. A mí me encantaría que eso empiece a pasar en Chile”.

Tiene bien claro en qué se quiere especializar: maquillaje de celebridades para alfombras rojas. Un mercado que en Estados Unidos implica trabajo prácticamente todo el año con meses más intensos en la época de las premiaciones. Aunque no cede en sus retornos a su país: “Es difícil hacerse un camino al principio pero cuando realmente se abren es una tremenda oportunidad. Pronto viajaré a Chile con nuevos proyectos y estoy encantada. Lo que hago es importante y eso me tiene feliz”, concluye Carola.

De costa a costa

Pasantías en Taylor Magazine, la agencia de RR.PP. Pierce y asistente de estilista en Vogue fueron algunos de los trabajos que consiguió Sofía Pinto (27 años) al llegar a Nueva York, luego de mandar repetitivos e-mails e insistir para que conocieran su trabajo. Es titulada en Diseño de la Universidad Católica de Chile y en cuanto egresó comenzó a trabajar como asistente de la productora Natalia Schwarzenberg. “Primero quise terminar la universidad para tener un colchón, pero me vine y mi título no sirvió de nada, como si no hubiera estudiado. A Nueva York me fui para probar suerte, hice trabajos freelance y pasantías y quería ver qué otras ramas había en el mundo de la moda que yo pudiera explorar, probando de todo un poco para saber qué es lo que más me gustaba”, confiesa Sofía.

“Me fui de Chile hace 3 años y medio, primero estuve un año y medio en Nueva York y después me vine a Los Angeles. En este proceso de intentar descubrir qué quería hacer me di cuenta de que, si bien me encanta hacer styling y diseñar, también me gusta el estudio dentro de la moda porque traduce visualmente cómo se refleja la historia de lo que está pasando en una ciudad o en el mundo. Me vine a Los Angeles porque Forever 21 (la marca de retail) me ofreció un trabajo en sus oficinas centrales para ser parte del equipo de trend forecaster” (estudio y reportes de las pasarelas, los looks de la calle, lo que pasa en redes sociales para poder anticiparse a las tendencias).

Esa transición fue bien planeada y le dio un espacio en el que durante un año pudo concentrarse y aprender en la firma de fast fashion. “Si bien LA no es NY, el mundo de la moda está empezando a moverse bastante y yo tenía mi ojo fijo en una tienda que es en la que estoy ahora (Shop Super Street). Me encanta porque es una de las pocas que trae high fashion de distintas partes, no solo de Nueva York o París sino que hace una selección, una curatoría de distintos diseñadores”, explica. Su llegada a Shop Super Street fue luego de muchos intentos de contactar a la dueña, Lucy Akin, una joven de 30 años talentosa y con buen olfato para detectar tendencias.

“Me decían que no tenían mucho espacio en la tienda pero les pedí que me dejaran hacer una pasantía para que me conocieran y en esa fecha viajé con ellas al Fashion Week de Nueva York para ayudarles. Después de eso me contrataron. Comenzó como una tienda virtual y les fue tan bien que tuvieron que abrir una tienda física. Hacemos trunk shows al menos 3 veces al mes, traemos nuevas marcas, a los diseñadores, la gente que viene pasa un buen rato con música y gran ambiente”, relata Sofía. Vive en un barrio que se llama Silver Lake, similar a Williamsburg en la cosa este. “Comparado con Nueva York esta ciudad es un agrado. El clima es exquisito, sales a todas partes, la gente anda relajada; piensas que en qué minuto trabajan porque los ves tomándose un café o yendo a yoga a las 12 del día”, detalla sobre el lugar donde reside, que la tiene fascinada.

 

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