Quiero ser una artista con opinión

Reportajes y Entrevistas

Quiero ser una artista con opinión

Por Sofía Aldea / Fotografía: Alejandro Araya / Producción: Álvaro Renner / Maquillaje y pelo: Marcelo Bahnu / Agradecimientos: Aeromet y Topshop

Desde los 6 años, cada vez que Francisca Valenzuela (26) experimentaba miedo, pena o rabia, surgía de ella un cuento o una canción. Hoy, con 15 mil discos vendidos y un aplaudido show en el pasado Festival de Viña, la joven cantante ratifica que tiene algo que decir. Por eso trabaja, desde Los Ángeles, en su esperado tercer disco.

Paula 1118. Sábado 30 de marzo 2013.

TRABAJO
“Creo en el trabajo y en el rigor. Y que cualquier persona que tenga algún deseo de hacer algo, si se entrena, lo va a lograr. Me ha ido bien porque he hecho un trabajo constante y una búsqueda sin temor. Nunca dije ‘yo no voy a hacer eso’. Al principio tocaba en todos los lugares, iba a dejar demos a los bares y les pedía por favor que me dejaran tocar. Por favor, por favor. Partí cantando en el happy hour del lunes. Aspiro a ser una artista que sea auténtica, que tenga contenido, que tenga opinión, que sea trabajadora y profesional. Una artista que cambia, que crece. Que es cautelosa, pero no miedosa, en el sentido de atreverse a hacer cosas. Es clave ser verdadero. Como bien dicen los gringos, True to yourself ”.

INFANCIA
“Nací y viví en San Francisco hasta los 12 años. Cuando con mi familia volvimos a Chile, sufrí un shock cultural. Venía de una parte de Estados Unidos que es muy progresista y no entendía por qué, si éramos niños, teníamos que usar uniforme para ir al colegio. ¿Acaso no teníamos toda la vida para estar de corbata? No estaba acostumbrada tampoco a la homogeneidad que hay en Chile y a que se burlaran o hablaran de los negros y los maricones, palabras que en EE.UU. ni siquiera se pueden decir”.

 

“Tocar en el Festival de Viña no es mi único sueño. Es parte de uno mucho más grande. La Quinta Vergara era uno de los escenarios en los que quería tocar, como también presentarme en Coachella o Bonnaroo, en EE.UU. Viña fue un reconocimiento nacional a mi trabajo y a mi música a un nivel mucho más masivo y popular y esa validación es rica”

LETRAS
“Cuando escribo letras de canciones es como si escribiera un diario de vida. Una confesión automática, instintiva e intuitiva. Creo que esa es su gracia: son honestas y auténticas, sin ninguna pretensión, sin ningún tipo de pose. Cuando chica si estaba enojada o triste necesitaba sentarme en el piano a escribir una canción. Era una cosa innata y comunicacional. Creo que hay cierta intensidad, pero no me siento una artista tortuosa”.

INICIOS
“Cuando salió mi primer disco me llamó la atención que se fijaran tanto en las letras y que la crítica fuera tan incisiva en decir que era una especie de feminista, porque era mujer y hablaba de temas de mujeres. Yo me preguntaba: ¿Es que nunca han escuchado a una mujer cantar? ¿Alanis Morissette no hizo nada por nosotras? Ahora me doy cuenta de que es bacán que alguien encuentre que mis canciones son fuertes. Me cargaría que dijeran ‘ay, qué dulce, qué amorosa’”.

LUCHAS
“Desde que estaba en tercero medio soy una activa defensora de los temas de género, derechos de las minorías sexuales y proyectos de educación cívica. Participo del grupo Scheipers en el Foro Económico Mundial y con ellos trabajamos en el Dignity Day, donde hacemos talleres de educación cívica y dignidad en colegios, y campañas para incentivar la votación de los jóvenes. También trabajo con Todo Mejora, que busca terminar con el bullying a homosexuales y transexuales. En el colegio al que fui en EE.UU. cuando se burlaban de un compañero porque tenía dos mamás, los profesores abrían diálogos acerca de qué significaba ser gay. Había un trabajo que no solo tenía que ver con la excelencia académica, sino con humanizar a las personas. Eso me enseñó a entender que todo vale”.

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