El renacer de Santa Olga

Reportajes y Entrevistas

El renacer de Santa Olga

Por Alejandra Villalobos / Fotografía Nicolás Abalo

En este caso la analogía del ave fénix es absolutamente literal; el poblado que el 25 de enero de 2017 desapareció producto de un devastador incendio, hoy se levanta desde las cenizas. La entrega del complejo educacional que el 3 de octubre hará la fundación Desafío Levantemos Chile más la reconstrucción de cerca de 700 casas por parte de esa entidad y el Serviu marcan el florecer de esta localidad en la Región del Maule.

Más de mil familias quedaron sin sus casas después del terrible incendio que consumió el sector de Santa Olga, Los Aromos y Altos de Morán, en la comuna de Constitución, el 25 de enero de 2017, y la familia de Martina Agurto Núñez, de doce años, fue una de ellas. Un día después del incendio la pequeña escribió un poema que termina así: “¡Tranquila, Santa Olga! ¡Tranquilo, Los Aromos!, pronto saldremos adelante, como comunidad que somos /¡Arriba, Santa Olga!, ya se irá este paisaje desolado, todos juntos unidos, golpeados, pero jamás derrotados”.

“Necesitaba desahogarme, contarle a alguien esta pena”, dice ella.

El día del incendio Martina estaba junto a su mamá, Alejandra Núñez, y su hermana Rafaela, de 5 años, en su casa en Santa Olga. Sabían que el fuego venía, pero siempre tuvieron la esperanza de que ocurriera un milagro y se apagara. “Nunca nos imaginamos que iba a terminar todo así, con el pueblo entero quemado”, recuerda Alejandra. “Ese día en la noche nos fuimos a la casa del jefe de mi esposo, en Constitución. Al día siguiente dejé a las niñitas durmiendo, y a las seis de la mañana me vine a Santa Olga. Cuando llegué, empecé a mirar de lado a lado y era como si hubiesen tirado una bomba, no lo podía creer. Llegué a mi casa, que todavía humeaba, y no quedaba nada, el fuego fue tan implacable que lo quemó todo, no había nada que pudiera llevarme por último de recuerdo. Lo más duro fue volver y tener que decirles a las niñitas que ya no había casa”, cuenta ya sin poder contener las lágrimas.

Luego del incendio se fueron a Talca, a la casa de su mamá. Volvían a diario a Santa Olga, a recoger latas y escombros. Se sentían solos, hasta que vieron cómo empezó a llegar la ayuda. “Aquí está Chile, pensé, apoyando. Volvimos a la vida, sentir que no estábamos solos fue un golpe de energía”.

Hoy viven en un departamento en Constitución que pagan con el subsidio de arriendo que les da el Gobierno. Su casa ya está lista, es una de las 264 que ya ha entregado la fundación Desafío Levantemos Chile. Está en el mismo sitio de antes y cruzando la carretera se construyó el complejo educacional al cual irán Martina y Rafaela el próximo año, cuando vuelva a funcionar. “Me siento feliz cuando vengo aquí. Entro y lloro eso sí, tanto de alegría como de tristeza”, dice Alejandra.

Educación circular

El 3 de octubre Desafío Levantemos Chile hará entrega a la Municipalidad de Constitución del renovado Liceo Polivalente Enrique Mac Iver. Un complejo educacional de 5.500 metros cuadrados que incluye jardín infantil y liceo, edificado con los máximos estándares de construcción y seguridad, y que en marzo ya estará listo para recibir a más de mil alumnos. “Queremos que la inauguración sea una fiesta, que se disipen los traumas y que la gente empiece a ver el renacer de Santa Olga. Nuestro espíritu es demostrar que de esta terrible tragedia nace una oportunidad extraordinaria de mejorar”, cuenta Nicolás Birrell, director ejecutivo de Desafío Levantemos Chile.

El jardín infantil contempla cuatro salas separadas por dos baños, y tiene otro pabellón de área administrativa y cocina. Cuenta con un gran patio central techado y un área verde. Bajo esta construcción está el liceo. Una circunvalación que comienza con las salas de prekínder y kínder al centro, para luego “dar la vuelta” desde 1° básico hasta 4° medio. “La propuesta circular del colegio tiene un significado bien lindo, y es que los niños, luego de venir del jardín infantil que es un ‘triángulo’ donde están contenidos, comienzan a dar la vuelta al colegio y cada año están más lejos de la partida y más cerca de la salida. La idea es que terminen cerrando el círculo”, cuenta Ignacio Sepúlveda, coordinador del área de Educación de Desafío Levantemos Chile.

El liceo tendrá una biblioteca que llevará el nombre de Sebastián Correa, uno de los arquitectos del estudio Correa3 -encargados de la arquitectura de este proyecto-, que murió en el accidente de Juan Fernández junto a Felipe Cubillos. Además tiene una multicancha de cemento para tres disciplinas: fútbol, básquetbol y vóleibol, un anfiteatro al aire libre y un sector de huertos para que los niños aprendan a cultivar sus propios alimentos. También un patio por ciclo con áreas verdes, y tres salas de laboratorio de electricidad, gastronomía y programación. “Vamos a hacer que empresas apadrinen estos laboratorios para financiarlos. Nuestra idea es que este colegio tenga una visión educacional enfocada completamente hacia el siglo XXI; con alto nivel de inglés, técnico, científico, humanista y de programación”, explica Nicolás Birrell, y agrega que todo está pensado en términos colaborativos. “Desafío Levantemos Chile lo que hace es buscar a las personas para ejecutar un proyecto. En este caso tenemos a los arquitectos de Correa3 en la construcción, en el tema educacional estamos trabajando con la fundación Educación 2020, en las áreas verdes y paisajismo con la fundación Patio Vivo; todo es una colaboración, y nosotros nos encargamos de gestionarlo”.

Desde las cenizas

Alejandra Dubó y Rafael Oliva llegaron a Santa Olga hace casi 30 años, cuando todavía era una toma forestal. El alcalde de ese entonces, Jorge Mujica, les pasó un sitio provisorio mientras esperaban el remate público que se iba a realizar. Trabajaron duramente, fueron al remate y finalmente lo lograron. Comenzaron de a poco a construir su casa, al principio tenía solo dos ambientes: un dormitorio y una cocina-comedor. Cocinaban en un tambor y solo tenían dos platos, dos cubiertos y dos tazas. “Nuestro sueño era yo poner un peluquería y el Rafa, un taller mecánico. Empezamos de cero, yo cortando el pelo en la cocina y el Rafa reparando autos a la intemperie. Nos amanecíamos arreglando neumáticos. Después de tres años nació nuestro hijo mayor, y poco a poco empezamos a agrandar la casa”, cuenta Alejandra.

Antes de que el incendio arrasara con todo, su casa tenía dos pisos y un subterráneo. Además, un galpón donde Rafael tenía su taller mecánico, y en el segundo piso, Alejandra su peluquería, con toda la vista a Santa Olga. Después de un par de años llegaron sus otros dos hijos.

El día de la catástrofe se trasladaron a Constitución. “Se nos quemó todo, mi peluquería a puertas cerradas, el taller del Rafa, todo. La gente me decía que no me preocupara de lo material, que todo se recupera, pero a mí me dolía porque todo lo que teníamos era fruto de años de sacrificio y trabajo. Entonces, no es tanto por lo material en sí, sino por el valor que le dábamos nosotros, por cómo lo conseguimos”, recuerda con los ojos llorosos Alejandra. “¿Cómo nos paramos? Gracias a unos ángeles. Ese día en la noche llegaron los de Desafío Levantemos Chile y nos empezaron a ayudar, y no solo en lo material, sino que en lo psicológico. Nos dieron y nos siguen dando tanto apoyo, contención, que empezamos a levantarnos. No está la misma energía que antes, pero creo que todos tenemos una fuerza interior que permite seguir adelante”.

Hoy, la fundación ha entregado el 90% de las casas con las que se comprometieron, que son 300, y junto con las casas que está otorgando el Serviu, que en total suman 358 según fuentes oficiales, se beneficia a la totalidad de los daminificados que eran propietarios legales antes del siniestro. “Todas las casas son de 50 m2, con paneles solares y termocalefactores. Las entregamos completamente equipadas, con refrigerador, microondas, lavadora, camas, colcha y plumones. Y cada casa tiene su detallito bien dirigido”, cuenta Nicolás Birrell. 15 días se demoran en construirlas y cada casa cuesta cerca de 20 millones. “Falta que se liberen ciertas manzanas para completar el total. Primero se electrifican las calles, se pavimentan, se resuelve el tema del agua potable y los alcantarillados, y de ahí se empieza a construir las casas”, agrega el director ejecutivo de Desafío Levantemos Chile. Para la edificación trabajaron con seis constructoras distintas y todo se ha realizado con la recaudación que hicieron para la campaña de los incendios. La casa de Alejandra y Rafael será la última que entregará la fundación.

“Quiero volver a instalar el taller mecánico y la Ale su peluquería. Aunque todavía parece un pueblo fantasma, creo que habiendo más gente, con el colegio funcionando y con locales comerciales, va a volver Santa Olga como era antes”, dice Rafael Oliva.

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