*
21 noviembre, 2013
orla

Coaching para solteras

Así como existe el coaching para aprender a ser un buen líder, también existe el coaching para solteras. Se trata de un taller y un aleonamiento para mujeres solas que dicta la coach María Cristina Vasconez, luego de detectar que son demasiadas las chilenas que siempre se quejan de que les tocan puros truhanes. Paula asistió a uno de esos talleres para ver qué pasa allá dentro.

Por Lorena Penjean / Fotografía: Rodrigo Chodil / Producción: Belén Muñoz / Ilustración: Marcelo Pérez


Paula 1135. Sábado 23 de noviembre de 2013.

Un grupo de tres mujeres que tienen entre 36 y 40 años, todas profesionales exitosas, bien vestidas y entretenidas se reúnen en un departamento de Las Condes para iniciar un coaching por su condición de solteras. Cualquier ojo no entrenado podría preguntarse: ¿qué hacen solas? ¿por qué asisten a un taller para revisar ese tema en sus vidas? Cuestionamiento artero e hiriente para mujeres que secretamente se preguntan lo mismo, sin encontrar respuesta… hasta ahora.

María Cristina Vasconez –50 años, ecuatoriana, publicista de profesión y formada como coach en Newfield– las recibe. Ella es quien inventó este taller de coaching para solteras luego de detectar que entre las chilenas mayores de 30, solteras o separadas, existe una queja reiterada de que hay pocos hombres disponibles e interesantes, de que a ellas siempre les tocan los pasteles o los malvados, y de que estar solas no es una condición de la que estar orgullosas, sino una condición angustiante.

Fue eso y su historia personal, porque si hay algo que María Cristina Vasconez asegura saber es de penas de amor. “Me pasé gran parte de mi vida tratando de lograr una relación de pareja y viví muchas decepciones y rupturas dolorosas sin entender las razones. Incluso estando en pareja no era feliz. Con el tiempo entendí que mis elecciones eran las equivocadas y que mis expectativas me jugaban una mala pasada. Entendí que debía solucionar mis problemas, mis temas pendientes y, luego de eso, lograr un conocimiento de cuál es la persona que necesito y qué tipo de relación me hace feliz. Pude definir la mirada y hoy, por fin, la tengo”, explica la coach.

María Cristina realiza este taller, que dura 4 sesiones, desde hace 2 años y medio y todas llegan buscando lo mismo: entender por qué están solas y qué pueden hacer para revertirlo. Aspiran a la simpleza de Corín Tellado: amar y ser amadas.

“Nunca más digan que las eligieron. Ustedes deben escoger. Deben ser activas básicamente para separar entre lo que les sirve y lo que no. Y despojarse de lo que no les sirve”, dice la coach.

¿POR QUÉ ESTOY SOLA?
Que no hay hombres es falso. Esa es la lección inicial que se plantea en la primera sesión del taller. “Está lleno de hombres”, asegura María Cristina. “Pasa que inconscientemente, y por diversos motivos –baja autoestima, miedo, establecer relaciones desiguales– hemos creado un mundo donde no tienen cabida. Pero si quieren tener pareja, tienen que cambiar”, agrega y las tres mujeres que participan de esta sesión abren los ojos.

Al escudriñar en lo que las participantes entienden por el amor, desde lo que vieron con sus padres, pasando por el primer amor hasta la situación actual de soltera sin compromiso como diría Don Francisco, aparecen varios fantasmas. Por ejemplo, la frustración, prima hermana de la rabia que se instala sin encontrar canales de expresión, porque ¿a quién se puede culpar de no ser capaz de tener pareja?

Vanessa tiene 40 años, es arquitecta, es linda y suavecita en sus movimientos. Ha tenido relaciones de pareja pero ninguna que la haya hecho sentir plena. Ha ido a terapias. Ha escarbado en su infancia. Ha sido amante de hombres casados. Resumen: le ha ido como las tristes en lo sentimental.

“Todos te dicen que el mundo es en pareja y ya me acostumbré a eso. A ver a mis amigas casadas y con hijos. Y claro, me frustro y me pregunto ¿qué pasó conmigo?”, dice Vanessa. “La soltería no me preocupa, lo que sí me hace ruido es no encontrar un compañero con quien compartir un proyecto o la cotidianidad. Eso me preocupa mucho más que cuando viajo, poner en el papel de Policía Internacional que mi estado civil es soltera”.

La coach sabe de lo que habla Vanessa: “El gran problema es que nos aproximamos a las relaciones de pareja desde una ignorancia profunda, desde una ceguera cognitiva feroz que no nos hace ver de qué manera te estás relacionando no solo con los hombres, sino que con el mundo. Y, lo que es más importante: contigo misma”, afirma.

“¿Qué tipo de hombres te has buscado?”, pregunta la coach. “¿Por qué siempre te buscas al casado, al extranjero, al narciso o al que no te quiere? ¿Será casualidad que siempre te busques pasteles?”, continúa interrogando. Sus preguntas dejan pensando a las mujeres.

Rocío (37, ejecutiva) es estupenda, delgada, finita. Ha consagrado su vida a cuidar a su hija y a sus padres ancianos. Sus días transcurren haciendo favores, ayudando, estando para los demás. Es la Sor Teresa de su barrio. Recoge perros, hace bingos. Dice ser feliz haciendo el bien por el mundo. Se le va la vida en eso. Pues bien, conforme avanza el coaching, entiende que eso que ella hace en el fondo es para evitar cualquier asomo de relación. En su mundo busco-aprobación-quiéranme, están todos menos ella. Y pese a lucir espléndida con su minifalda, en ella no habita la sensualidad ni la coquetería para atraer hombres.

“¿Te das cuenta que te comportas como una niña pidiendo que te quieran? ¿Te das cuenta que eso que haces no es buscar pareja y que si algún hombre quisiera estar contigo habría que pagarle por aguantarte a ti? ¿Es eso lo que quieres? ¿Seguir buscando aprobación y resolviendo los problemas de la humanidad, pero sola al final del día?”, le pregunta la coach. Rocío, cabeza gacha, contesta que no.

María Cristina reflexiona sobre las relaciones desiguales. Con la necesidad de poner límites e insiste en que decir que no es  un acto de dignidad.

“Yo estoy hecha mierda”, parte de entrada Claudia, 36 años, historiadora. Su última pareja le ha dicho que no, que no va más. Que no quiere hacerle daño, que se aleje. El autorrelato, el autoengaño, el punto ciego que ella no es capaz de ver. “¿Por qué no me quiere?”, pregunta Claudia.

“¿Por qué no te olvidas de él y te buscas otro mejor?”, replica la coach.

“Los hombres no valen la pena”, sentencia Claudia, quien se resiste a entender lo que sucede con su ex. Entonces, María Cristina y sus compañeras cariñosamente le hacen ver que es muy doloroso seguir insistiendo en un amor no correspondido.

María Cristina no para: “Les tengo que contar que eso que ustedes llaman hombres desgraciados, son los menos. Son muy pocas las personas que se levantan cada mañana con la intención de destrozarte el corazón. Lo que sí hay en cantidad, son mujeres que no se valoran, que no saben buscar, que deben desaprender y terminar con sus propios miedos. Deséate a ti misma primero. El verdadero amor es equitativo y te lo mereces”, les dice.

María Cristina insiste en que el mundo está lleno de hombres, que lo que sucede es que se han alejado de ellos o se han estado relacionando con los incorrectos. “Los hombres no van a caer del cielo”, dice. Hay que buscarlos. E insta a las mujeres a abrir sus horizontes.

Termina el día uno. Las mujeres se van pensativas.

EL ALEONAMIENTO
Las siguientes sesiones del taller de coaching buscan que estas mujeres cambien de actitud, que se transformen. La coach las desafía con preguntas: “Después de lo que has descubierto, ¿cuál es el hombre que necesitas?, ¿dónde lo vas a buscar?, ¿con qué armas vas a seducir?”. Las mujeres escuchan atentamente.

La coach les pide que caminen y se presenten mientas ella las graba con una cámara de video; las mujeres lo hacen solemnemente frente a la cámara. Luego, enciende una radio y las invita a bailar una canción de danza árabe. A mover las caderas. Comienzan a hacerlo tímidamente, pero al cabo de un rato, se relajan y bailan animadas. Ellas se ríen, se mueven. Luego, vuelve a pedirles que caminen y se presenten nuevamente; esta vez lo hacen con más soltura, más gracia que en el primer intento. La grabación deja en evidencia el cambio que les ha provocado la música y el baile.

“Chicas, deben asumirse como mujeres y conectarse con sus cuerpos. Y sacarles partido. Eres mujer y las faldas son lindas, tienes buen trasero, tus ojos son preciosos. Entonces, vamos buscando tus mejores atributos y pensando cómo explotarlos. Vanidad, preocupación, imán. Dejar el piloto automático, tener conciencia de la suavidad de tu piel, de la sedosidad de tu pelo, de lo cautivadora que puedes ser cuando caminas por la calle. Las relaciones amorosas se dan en la medida de que te das cuenta que eres mujer”, sentencia María Cristina.

“Eres mujer y las faldas son lindas, tienes buen trasero, tus ojos son preciosos. Entonces, vamos buscando tus mejores atributos y pensando en cómo explotarlos. Vanidad, preocupación, imán”, les dice la coach María Cristina Vasconez a las solteras que vienen a su taller.

Las mujeres sonríen. Vanessa estira las piernas. Rocío juguetea con el mechón de su pelo.

“No se trata de que te pongas mini y escotes todo el día. Los seres humanos somos seres plenos y eso nos da múltiples capacidades. En ciertos espacios nos conviene ser más desapegadas o habitar más la razón que la emoción. Pero hay otros, y eso no tiene que ver con los hombres, puedes vivir tu femineidad cómodamente. Caminar, moverse suave, sin prisa. Lo peor que podemos hacer en ese sentido es estereotiparnos dentro de una misma posibilidad habiendo tantas. Yo me opongo a las caricaturas de lo que es la mujer moderna en el plano laboral. No es necesario abandonarse, es absurdo”, continúa.

Luego, les pregunta qué hombre quieren, qué características tiene, qué quieren que pase con él.

Vanessa dice que quiere a un huaso bruto y fuerte, pero gentil, que la domestique, que la obligue a ordenarse. Y la coach le pregunta si está segura que eso quiere. Vanessa repara en que es una fantasía y que finalmente lo que necesita es un hombre que la contenga y la quiera, un hombre con quien compartir.

ACCIÓN
La última parte del coaching tiene que ver con los compromisos que cada una adquirirá consigo misma a la luz de lo aprendido. La coach las hace adquirir el desafío de ser felices, teniendo el control de sus deseos, de sus cuerpos y de sus sueños de pareja. “Nunca más digan que las eligieron. Ustedes deben escoger. Deben ser activas básicamente para separar entre lo que les sirve y lo que no. Y despojarse de lo que no les sirve”, les dice.

Las mujeres asienten, contentas. Se van con compromisos y tareas. Vanessa se compromete a sacarse más partido, a mostrar más su cuerpo y dejar de esconderlo, atreviéndose con algún escote. Claudia debe escribir un enorme cartel en su pieza que diga “Soy la raja” y repetirlo como un mantra varias veces al día. Y Rocío se ha comprometido a premiarse con mil pesos, que debe guardar en una alcancía, cada vez que ponga un límite o diga que no, algo que le cuesta mucho. Y también se compromete a arreglarse mucho e ir a un bar con alguna amiga en vez de estar comportándose como la Sor Teresa que le resuelve los problemas a todo el mundo.

Todas, además, se comprometen a seguir bailando, a solas, danza árabe, solo por el gusto de bailar y sentir su propio cuerpo moviéndose y celebrando.

Las mujeres se abrazan antes de despedirse. Se desean lo mejor. Independiente de que consigan o no una pareja. El punto es otro: merecen ser felices se dicen unas a otras. Cuando las mujeres se retiran, María Cristina se queda a solas con la sensación del deber cumplido. “El cambio en las mujeres es maravilloso. Yo les muestro el antes y el después de cómo llegaron. Entran desde la desconexión y salen seguras, alegres y esperanzadas. Pueden seguir siendo solteras pero desde otra esquina, desde la felicidad y plenitud con uno misma, desde la aceptación profunda”, dice.

 

*CONSEJOS DE LA COACH
María Cristina, muchas de las mujeres que vienen a tu taller han fracasado en sus relaciones de pareja. ¿Cuáles son las causas más recurrentes de este fracaso?

Lo que pasa es que se le atribuye a la pareja cargas que no corresponden. Se le pide que se haga cargo de responsabilidades que no tiene. Por ejemplo, he visto a mujeres que en su infancia no se sintieron queridas, entonces tienden a establecer relaciones buscando esa expresión en sus parejas. Eso no tiene que ver con la pareja, eso va más allá de su demanda, y estresa cualquier encuentro porque si vas a estar suplicando porque te presten atención, porque te quieran, la relación no va a prosperar. Lo que hacemos en los talleres es básicamente hacernos cargo de nosotras mismas, tomar conciencia de los puntos de vulnerabilidad, de los puntos ciegos. Una relación sana con uno mismo es la garantía de todo.

¿Realmente existe una fórmula para encontrar pareja?
No hay una varita mágica para las relaciones amorosas. Lo que les digo a las mujeres es: Descubre qué has hecho, qué has escogido, en qué te equivocaste, qué tema debes solucionar. Lo peor que nos puede pasar es que caigamos en la desidia, en el adormecimiento que nos lleva a hacer más de lo mismo y a obtener más de lo mismo.

¿Cómo se hace el cambio?
Hay que cambiar conductas y desaprender, hay que conectarse con la rabia, emoción que tiene muy mala prensa pero es movilizadora; permite hacer cambios. La rabia bien llevada es sumamente productiva, es un acto de justicia que te lleva a decir: “Basta, ya me he hecho esto tantas veces, ya está bueno. Voy a tomar el control de mi vida. Seré yo quien elija, no a la que elijen”. Si quieres que te quieran primero tienes que tener una relación sana y vigorosa contigo misma.

Más información sobre los talleres en www.puntopartida.cl

Etiquetas:

Deja tu comentario