*
9 abril, 2010
orla

El adobe tiene solución

Cómo convencer a los terremoteados habitantes de la Zona Central de que el adobe bien restaurado es resistente y seguro? De Arica y Perú, tres expertos llegan a ponerle freno a los neuróticos mensajes de demolición que aparecen como hongos en los muros de adobe después del mega remezón.

Por Ximena Heinsen


 

La Sexta Región está llena de pueblos de adobe que no resistieron los más de 8 grados que el terremoto de febrero tuvo en esta zona de Chile donde hace 200 años se paseaban el Ejército Libertador y Manuel Rodríguez. Desde Teno, al principio de la ruta que bordea el río Mataquito, hasta Iloca, el devastado balneario de los curicanos, casi no hay casa que se salve del círculo rojo con la letra D de demolición.

“Lo pusieron los del municipio”, dice Héctor Salinas, dueño de una funeraria que ya tiene apilados 6.000 ladrillos para reconstruir su casa-negocio en material sólido, como se llama en estos días a todo lo que no sea adobe. Mientras los municipios multiplican las D de demolición, una camioneta doble cabina recorre el interior de la región. Al volante va Cristián Heinsen, director de la Fundación Altiplano, entidad que se ha ganado el respeto y el apoyo monetario del programa Puesta en Valor del Patrimonio del Gobierno de Chile, la World Monuments Fund y la Compañía General de Electricidad, para llevar a cabo un ambicioso plan de restauración de 30 deteriorados templos del altiplano nortino, de diez millones de dólares.

En un país sin norma para el adobe, Heinsen y compañía tuvieron que enfrentarse a las autoridades para que los dejaran reconstruir con barro. Ante la escasez de mano de obra capacitada en Chile, partieron a Puno, en la orilla peruana del lago Titicaca, a buscar maestros adoberos. La Fundación Altiplano involucra a las comunidades en la restauración para que no se pierda el oficio, se asegure el empleo –los mismos comuneros levantan el patrimonio– y se preserve el valor histórico de los templos a las futuras generaciones. De copiloto de Heinsen va Fabián Fernández, arquitecto del proyecto de restauración, y en el asiento de atrás va Érika Vicente, una ingeniera peruana experta en estructuras de barro que, junto a un equipo de la Universidad Católica de Perú, asesoran a la Fundación en la restauración de los templos andinos. En la guantera llevan cinco copias del documento Daños Frecuentes en Construcciones de Adobe y Soluciones Posibles para Estos. Piensan repartirlos en Doñihue, Hualañe, Peralillo, Lolol, Pumanque y otros villorrios desde donde los llamaron amigos y conocidos que no saben qué hacer con sus averiadas casas y los motivaron a organizar esta improvisada gira técnica de tres días.

Se cimbra Lolol

Max Lavín se abre paso entre las tejas rotas y los trozos de muro que el terremoto repartió sobre los añosos corredores de la casa patronal de su familia en Hualañe. Mientras, el trío del adobe saca fotos de las grietas y los muros caídos y hace preguntas: ¿El techo siempre fue así? ¿Quién puso este estuco de mortero tan grueso? ¿Alguien reparó los daños que quedaron después del terremoto del 85?

A pocos kilómetros de Hualañe, en el camino hacia Lolol, la casa del fundo Los Montecillos quedó en mejores condiciones. Su propietario, el agricultor Enrique Avilés, duerme en la pieza de servicio porque hay fisuras en el muro de su dormitorio, pero la cocina está impecable y del techo se cayeron apenas unas cuantas tejas porque se había preocupado de amarrarlas. Lo peor está en el living, en el muro donde se abrió un arco para integrar dos ambientes. La ingeniera dice que la apertura del vano fue fatal en la lógica del adobe. Fuera de eso, le comentan al dueño de casa, los daños son menores. –Es que la reparé después del 85 con un maestro que sabía harto de adobe– explica. –¿Y dónde está ahora? Porque lo va a necesitar– le dicen los expertos. –No creo que pueda; ahora es comerciante.

En el pueblo de Lolol, declarado Zona Típica por el Consejo de Monumentos Nacionales, el remezón botó de cuajo uno de los muros laterales de la iglesia que albergaba pinturas de Valenzuela Llanos. También dejó feas trizaduras y muros enclenques en la calle principal. Sólo el edificio de la Municipalidad y un nuevo cyber café están intactos. Cuando pasan los camiones cargados con rollizos de madera, el pueblo se cimbra. A casi un mes del terremoto, el último veredicto registra 700 casas destruidas, 30 de las cuales están en la Zona Típica de Lolol.

Por ahora el municipio las cercó con bandas plásticas. Alguien –sin la venia municipal– escribió en varias murallas y con pintura amarilla fluorescente la alarmista frase “Colapso total”. Uno de los propietarios de estas históricas casonas –que sólo se pueden demoler con la venia del Consejo de Monumentos Nacionales– dejó un vistoso mensaje de letras rojas en la fachada: “El patrimonio son nuestros hijos, no nuestras casas”.

–La gente está negativa porque no ve una salida. Cuando uno le muestra un camino, la comunidad se abre a las soluciones. Pero ahora no hay nada. Estamos en una nebulosa. ¡Ustedes son los primeros en venir! –le asegura Marcela Escalona, directora de Desarrollo Comunitario de la Municipalidad de Lolol, a Cristián Heinsen, que se instaló en su oficina para explicarle que, mientras no esté en el suelo, el adobe tiene solución.

–¿Usted está seguro? ¿Y usted quién es? ¿Dónde lo puedo llamar? –le pregunta desorbitada. Antes de seguir el viaje, la ingeniera pide entrar a una casa para verificar los daños. La profesora Elena López se ofrece a mostrar la suya en calle El Aromo 175, donde empieza la Zona Típica de Lolol.

–Vengan a ver mi lindura de casa– dice, mientras sostiene una linterna para iluminar el aporreado interior de su morada, todavía sin luz. Ésta era una galería linda, de muy bonitos recuerdos. Y ésta es la cocina. Bueno, ya no queda nada– comenta resignada.

–Su casa se puede restaurar, señora– la consuela la ingeniera.

Errores comunes que hacen colapsar al adobe

Muros delgados: son inestables. mientras más grueso el muro, más estable el edificio.

Exceso de vanos: abrir muchas puertas y ventanas debilita la estructura.

Malos cimientos y mala techumbre: el exceso de humedad hace que la arcilla del adobe pierda cohesión. Si el terreno es húmedo y la casa no está aislada con un cimiento de piedra y mortero, absorbe humedad. Lo mismo si hay filtraciones de aguas lluvias.

Reparaciones con concreto: es fatal. Adobe y cemento son dos materiales que se repelen.

Muros amarrados

El adobe responde bien a la compresión, o fuerzas que lo presionan, y mal a la tracción, o fuerzas que lo jalan. Con un sismo, las cargas vienen y van para todos lados y la única manera de que resista es que todos los muros y el techo se muevan juntos. Esto se logra con técnicas como las llaves, o estructuras de madera que se insertan en las esquinas, y la viga collar, o escalerilla de coronamiento de muros, donde se inserta el techo. En Perú ahora también se usa mucho la geomalla, material que envuelve los muros por ambos lados y se fija con grapas y amarras de rafia plástica que atraviesan de lado a lado.

Bendita geomalla

Después del terremoto de Pisco, que afectó a la costa central de Perú en agosto de 2007 con una magnitud de 7,9 y un saldo de 1.500 muertos y 76.000 viviendas destruidas, el gobierno peruano, con la asesoría de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Católica de Perú, inició un programa de capacitación en la zona afectada en el reforzamiento del adobe con geomalla. Usada en la construcción de carreteras para estabilizar pavimento, la geomalla es un material plástico barato que en Chile se vende como Tensar DX 1.100. Al envolver todos los muros con esta malla, la estructura trabaja como un todo ante las fuerzas de un sismo. Sin ella, el adobe tiene más riesgo de colapsar. Perú no ha sufrido otro terremoto, pero la efectividad de la geomalla ha quedado en evidencia en la mesa sísmica de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Católica de Perú. Ahí, en un laboratorio de experimentación, casas de adobe de tamaño natural reforzadas con geomalla resisten simulaciones de fuertes sismos con sólo un par de grietas en el estuco. En Chile, la Fundación Altiplano restauró una de sus iglesias con geomalla. www.fundacionaltiplano.cl

Daños típicos del adobe después de un terremoto

1. Caída del estuco: es lo primero en venirse abajo y es sólo un daño cosmético. Se repara con un buen estuco hecho con 60% de tierra para adobe, 40% de arena fina y un mínimo de cal. Para una buena adherencia, se mezcla con jugo de pala de tuna fermentada.

2. Fisuras: aberturas en la superficie o el estuco previas a las grietas.

3. Grietas: pueden atravesar el muro o sólo afectarlo por un lado. Cuando son muy feas se reparan con una calzadura, que consiste en remover cuidadosamente los ladrillos dañados y reemplazarlos por nuevos.

4. Desaplome: el muro no se cae, pero guatea. Para reparar se sacan los ladrillos hasta la línea del desaplome y se rearma el muro.

Colapso: ladrillos en el suelo. Es el derrumbe total o parcial de un muro. La única solución es levantarlo de nuevo.

-Apuntalamiento: Antes de reparar, lo primero es estabilizar los muros con puntales de madera que se apoyan entre el muro y el suelo en ángulos de 45 grados.

Receta para un buen adobe

Se junta un montón de tierra y se humedece. Mezclar bien –con los pies, por ejemplo– y dejar reposar un día, cubierta con un plástico para mantener la humedad. Hacer bolitas de 2 centímetros de diámetro para la prueba de la calidad y secar a la sombra. Si se fisuran al secarse, a la tierra le falta arena; si se rompen fácilmente, falta arcilla. Si no mejora con el extra de tierra arcillosa, añadir paja. Conseguida la mezcla óptima, se elige una superficie poco porosa, que no absorba mucha agua, para hacer los ladrillos en un molde de madera. La medida más usada es 40 x 20 x 12 cm. Secar a la sombra un par de semanas para evitar la tracción por secado al sol y construir.

ENTREVISTA

La ingeniera

Érika Vicente tiene 35 años y es ingeniera civil de la Universidad Católica de Perú. Hace un tiempo estuvo a cargo de la ingeniería de las excavaciones para desempolvar las ruinas de Caral, primer vestigio de la civilización humana en América y uno de los más grandes hallazgos arqueológicos del mundo. Maravillada con la manera en que hace cinco mil años está civilización prehispánica solucionó los problemas constructivos con piedra y barro, se ha especializado en la resistencia estructural del adobe.

En Lima, trabaja con los ingenieros Daniel Torrealva y Julio Vargas, autor de la norma del adobe en Perú para garantizar que las casas que se construyen con barro sean seguras y evitar que se caigan con los terremotos. Hace más de 30 años que investigan sobre el reforzamiento estructural del adobe y periódicamente viajan a distintos lugares del mundo a firmar las llamadas Cartas del adobe, en las que expertos de todo el mundo acuerdan criterios internacionales para la restauración del patrimonio. Por eso, cuando un terremoto bota las casas de barro en alguna parte, estos próceres del adobe parten adonde sea para asesorar a las autoridades locales. Mientras Érika hacía la gira por la VI Región, a Julio Vargas le estaban mostrando los daños de Concepción.

¿Cómo se portó el adobe en Chile?

Muchas de las estructuras antiguas han tenido buen comportamiento. La mayoría son restaurables.

¿Vale la pena restaurar en adobe?

Si botas un edificio y lo levantas igual pero en concreto, no estás preservando todo el patrimonio, sino sólo su parte estética. Además, estás falseando. Al restaurar en adobe preservas la herencia cultural.

¿Tiene algún sentido construir en adobe cuando se pueden usar otros materiales?

Hay muchos detractores del adobe porque es evidente su desventaja estructural frente al concreto o el ladrillo. Nosotros no decimos que el adobe es el mejor material, sólo investigamos cómo hacerlo más seguro en un país sísmico como Perú, donde es inevitable que la gente construya sus casas en adobe, porque es lo más barato.

¿Usted se haría su casa en adobe?

En Lima no, por un problema de espacio. Pero en las afueras sí. Es un material fresco en verano y cálido en el invierno. Además, es económico y ecológico: la tierra vuelve a la tierra.

¿Qué es más barato, restaurar una casa en adobe o levantarla de nuevo en concreto?

Restaurarla en adobe, por su puesto. Es muchísimo más barato.

Deja tu comentario