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7 mayo, 2014
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La matrona en el colegio

En los 13 liceos municipalizados de Lo Prado existe un programa de educación sexual dedicado a prevenir el embarazo adolescente que ha sido tan exitoso, que en colegios de Providencia, San Miguel y San Joaquín lo quieren imitar. Se llama Tres A y consiste en tener dentro de la escuela una sala de salud con una matrona que realiza consejería y, cuando es indispensable, entrega preservativos y hace tests de embarazo. Esta es la radiografía de la sexualidad adolescente que ha captado este programa.

Por Gabriela García / Producción periodística: Catalina Jofré / Fotografía: Carolina Vargas


Paula 1147. Sábado 10 de mayo de 2014.

Es lunes, son las 13 horas en el Liceo Poeta Pablo Neruda de Lo Prado, –un colegio mixto de 500 estudiantes, la mayoría proveniente de familias vulnerables–, y en la Sala de Salud que está junto al patio hay una cola de diez alumnos esperando junto a la puerta. Dentro hay cuatro boxes improvisados con sillas y biombos y una matrona, Carolina Urbina (31), que entrevista y anota en una ficha lo que le reportan los alumnos y alumnas, de entre 13 y 18 años, que llegan a hablar con ella. “¿Estás pololeando? ¿Has tenido relaciones sexuales? ¿Cuándo tuviste tu última regla?”, pregunta.

Las respuestas son múltiples y ella no parece sorprendida con ninguna. Una alumna de 13 años le dice que es virgen pero que ha tenido juegos sexuales con su pololo. Un muchacho de 14 le confiesa que es homosexual y no ha usado nunca preservativo en sus relaciones. Una joven de 15 le explica que tuvo relaciones sin protección en el fin de semana y teme haber quedado embarazada. Ninguno ha hablado de su vida sexual con sus padres.

Carolina escucha y ejecuta. Solo en esta mañana ha repartido alrededor de 36 preservativos (se entregan 9 a cada alumno que ha iniciado relaciones sexuales), ha realizado tres tests de embarazo, uno de ellos con resultado positivo. Además, ha agendado tres horas médicas en el consultorio para alumnas que requieren con urgencia la pastilla del día después. Y ha concertado otras 11 consultas para adolescentes que ya están en pareja y necesitan recibir periódicamente anticonceptivos o preservativos en los Centros de Salud Familiar.

“Obviamente quisiéramos retardar el inicio de la actividad sexual. Pero si los alumnos te están diciendo antes de los 14 años que ya tienen relaciones, y no se están cuidando, ¿qué vas a hacer? Decirles que no las tengan? Hay que darles una alternativa concreta y a su alcance, reflexiona la matrona Carolina Urbina.

“Esta es una carrera contra el tiempo”, dice Carolina. Y lo afirma porque ella y todo el equipo que trabaja en Tres A, el programa comunal que instaló una Sala de Salud en todos los liceos municipalizados de Lo Prado, persiguen un solo objetivo: disminuir la cifra de embarazo adolescente en la comuna, que en Lo Prado es de 16,6%, un porcentaje alto si se considera, que Providencia y Las Condes, por ejemplo, tienen 2%, según cifras del Ministerio de Salud.

El programa Tres A –que quiere decir Autocuidado, Alimentación y Afectividad– está a cargo de un equipo formado por matronas, asistentes sociales, sicólogas y nutricionistas, quienes, además, ven temas de obesidad, otra de las grandes problemáticas de la comuna. Comenzó a implementarse hace tres años en cinco liceos de Lo Prado y, desde el año pasado, se amplió a ocho más; en cada uno se instaló una sala de salud en las que se hace consejería. Pero, además, en cada una de estas escuelas se dictan talleres de sexualidad y afectividad desde quinto básico hasta cuarto medio. Los talleres abordan temas como cambios hormonales, métodos anticonceptivos, enfermedades de transmisión sexual. En ellos se realizan varias dinámicas. La favorita de los escolares es poner en el centro de la sala una caja de zapatos que bautizaron como la Caja Preguntona en la que, en forma anónima, depositan sus inquietudes. En esos papeles puede leerse: “¿Cómo se pone un condón?” “¿Se contagia el sida a través del sexo oral?” “¿Eres virgen?” “¿Qué se hace si tu pololo todos los días quiere tener sexo?” “¿Qué pasa si uno se excita mucho?”.


Parte del equipo fundador del programa de educación sexual Tres A en el patio del Liceo Poeta Pablo Neruda, en Lo Prado. De izquierda a derecha: las asistentes sociales Patricia Muñoz y Karen Jiménez, la sicóloga Patricia Gallardo y, de uniforme rojo, la matrona Carolina Urbina, a quien los alumnos llaman cariñosamente “la sexóloga”.

UN PROGRAMA A LA MEDIDA
En 2011 las áreas de salud y educación de la Corporación Municipal de Lo Prado realizaron un diagnóstico de las problemáticas que aquejaban a los niños y adolescentes en la comuna y ratificaron que el embarazo adolescente seguía siendo un problema grave. El fenómeno causaba tal nivel de abandono escolar que, desde 2008, en cinco colegios de Lo Prado se decidió instalar salas cuna. Pero, pese a esos esfuerzos, las jóvenes seguían teniendo hijos antes de salir del colegio.

“Ya no sabíamos qué hacer para detener el embarazo durante la etapa escolar. Pensamos que no había suficientes métodos anticonceptivos en los consultorios, pero después supimos que los preservativos se acumulaban porque los chicos, por vergüenza y miedo de ser identificados por algún familiar o vecino, no los iban a buscar. Entonces dijimos: o seguimos esperando que vayan por su propia cuenta a los centros de salud o vamos nosotros y nos instalamos con un programa de educación sexual en sus liceos. Y eso fue lo que hicimos”, dice la directora del área salud de la corporación, la doctora Mónica Núñez.

En 2011 el Ministerio de Educación propuso siete alternativas diferentes de programas de educación sexual para que los colegios escogieran y aplicasen de acuerdo a sus valores y creencias. Pero la Corporación Municipal de Lo Prado apostó por crear un programa propio. Según explica la directora de educación de dicha institución, Ema López, querían que su intervención en los liceos fuera “más práctica y permanente y que diera una atención más directa y oportuna a los adolescentes”.

El programa Tres A se construyó en 2011 tras escuchar a centenas de adolescentes de séptimo y octavo básico. En jornadas de conversación en los mismos liceos, el equipo visualizó las conductas de riesgo y supo cómo vivencian la sexualidad los chicos de entre 12 y 14 años. “Lo que encontramos fue a jóvenes híper erotizados que se inician sexualmente mucho antes de lo que las estadísticas señalan: a los 12, 13 años y no a los 16 o 17, como indica la última encuesta del Injuv. Son niños que ven pornografía en el celular o tienen sexo explícito en los baños de las discoteques para menores y que, a la vez, exploran con hombres y con mujeres en busca de definir su identidad sexual, lo que aumenta los riesgos de que adquieran una enfermedad de transmisión sexual. También supimos de niñas de 12 que habían tenido abortos”, dice la asistente social y coordinadora de Tres A, Patricia Muñoz (45).

En los espacios de conversación también se evaluó la relación de los adolescentes con los padres. Solo la minoría –3 de cada 20 escolares– tenía conversaciones de sexualidad en sus casas. “Los jóvenes piensan que los van a retar, tienen miedo a sentirse incomprendidos, por lo que si bien tienen nociones básicas de los preservativos y las pastillas anticonceptivas, no los usan. En Lo Prado, además, los chicos no ven con malos ojos ser padres a los 18 o 20 años. Esto se debe a la falta de oportunidades en la que están inmersos. Como viven en una comuna donde pocos entran a la universidad, tener una guagua de alguna forma les da sentido a su vida”, agrega Patricia.


Hay una dinámica que es la favorita de los estudiantes: en una caja de zapatos, que bautizaron como la Caja Preguntona, depositan, en forma anónima, sus inquietudes en un papel. En ellos se lee: “¿Cómo se pone un condón?” “¿Se contagia el Sida a través del sexo oral?” “¿Eres virgen?” “¿Qué haces si tu pololo todos los días quiere tener sexo?” “¿Qué pasa si uno se excita mucho?”

ANTICONCEPCIÓN EN MENORES DE 14
Elizabeth (13) quiso tomar pastillas anticonceptivas periódicamente porque había iniciado su vida sexual. Pero cuando se acercó al consultorio le advirtieron que existe una cláusula en la Ley 20.418 (que regula la prevención del embarazo adolescente y la anticoncepción de emergencia): para entregarles anticonceptivos a menores de 14 años deben informárselo a sus padres. Tras escuchar esto, Elizabeth desistió de inscribirse en el control de regulación de fecundidad de su consultorio. Aún así siguió manteniendo relaciones sexuales con su pololo Matías (15); usaban preservativo solo cuando él lograba conseguir uno.

Patricia Muñoz, asistente social del programa, reflexiona sobre este punto:

“Es difícil porque por un lado queremos combatir el embarazo adolescente pero, por otro, la ley le pone complicaciones a los adolescentes al pedirles que recurran a un adulto si quieren prevenirlo”.

Elizabeth vive con su papá, pero dice que habla poco con él. “¿Cómo podría decirle a mi papá, que ya es bien ausente, que me acompañe al consultorio porque, además de tener un pololeo que él tolera apenas, ya no soy virgen? No me atrevo. Mi mamá es sobreprotectora y enojona, entonces cero posibilidad de plantearle el tema”, dice Elizabeth, quien este año llegó a la Sala de Salud de su colegio diciendo que tenía un atraso de una semana. La matrona le hizo el test de embarazo. “Fue fuerte. Estaba tan nerviosa. Muerta de susto. Por suerte salió negativo”, dice. En julio Elizabeth cumplirá 14 y podrá pedir anticonceptivos sin autorización de sus padres. Mientras, se cuidan con los preservativos a los que accede su pololo Matías en la Sala de Salud de su liceo, a través del programa Tres A.

“En la Sala de Salud no me da tanta vergüenza decir lo que me pasa porque existe la confianza con las tías. Antes me daba pudor conseguirme condones, pensaba que si iba al consultorio se enteraría todo el mundo. Pero aquí me siento más seguro”, dice Matías.

A Carla le pasó algo similar. En 2013, con 13 años y en octavo básico, habló con su mamá y le pidió que la llevara al consultorio para empezar a tomar pastillas, pero la madre no estuvo de acuerdo. Angustiada, llegó a la Sala de Salud a pedir ayuda, y la asistente social Karen Jiménez (31) le pasó unos preservativos para su pololo y se ocupó de citar a la apoderada al liceo. Después de varios intentos, por fin la mamá de Carla aceptó ir a la escuela.

–Su hija se va a embarazar en cualquier momento. Dígame, ¿prefiere que se quede con una guagua antes de cumplir los 14 o la va ayudar a que se cuide?–, le dijo Karen. Tras convencerla, generó la hora en el consultorio donde Carla hoy recibe anticonceptivos inyectables cada tres meses.

La matrona Valeska Sepúlveda profundiza: “¿Cómo una madre puede negar a su hija un método anticonceptivo cuando ya tiene relaciones sexuales? ¿A quién le cabe la responsabilidad si queda embarazada? ¿El acceso a la anticoncepción realmente está garantizado en Chile? Cuando tienes que esperar al apoderado para prevenir un embarazo uno se queda pensando en la legislación que tenemos: es conservadora y opera desde el castigo en lugar de hacerse cargo de una realidad”.

SEXO INMINENTE
El equipo de Tres A cree que la prevención del embarazo adolescente tiene que empezar en quinto básico y no después, porque en ese curso los escolares empiezan a vivenciar los primeros cambios hormonales, la transición de la niñez a la adolescencia. “Son procesos importantes que despiertan preguntas en ellos y si sus padres no los acompañan lo viven muy solos. En esa búsqueda se encuentran con lo biológico: el sexo, la masturbación, la pornografía. Y si su única herramienta de información es internet, la visión que se forman de la sexualidad es muy distorsionada y desapegada de las emociones”, dice la matrona Valeska Sepúlveda.

La asistente social Karen Jiménez lo comprobó cuando entró al 5º B de la Escuela Estados Unidos. Cuando les explicó que iban a hacer un taller de afectividad y sexualidad, los escolares (niños de 10 a 11 años) empezaron a bombardearla con preguntas: “¿Qué es el sexo oral? ¿Qué es el semen? ¿Por qué gritan tanto las mujeres cuando tienen relaciones?”. La asistente social quedó impresionada. “Aunque se notaba que eran cosas que habían escuchado o visto por la tele, lo que me quedó clarísimo es que a esa edad los chicos manejan harta información y, por lo tanto, hay que actuar rápidamente”, recuerda Karen.

Lorena, de 13 años, le contó a la matrona Carolina Urbina que aún es virgen pero que ya sabe lo que es excitarse y tener un orgasmo, porque con su pololo, de 16, han explorado algunos juegos sexuales “Tenemos sexo con ropa, nos tocamos y excitamos hasta acabar. Pero no ha habido penetración”, le dijo. Carolina miró el cuerpo voluptuoso de la adolescente y también su ficha. Su madre la había tenido a los 17 años. Dada la edad de Lorena no podía derivarla al centro de salud porque aún no cumplía los 14, pero le pasó preservativos.

“Tú sabes que en cualquier momento va a pasar y si va a ser así, es mejor que tomes las precauciones”, le aconsejó.

La matrona reflexiona ahora: “Obviamente como programa quisiéramos retardar el inicio de la actividad sexual. Pero si los alumnos te están diciendo antes de los 14 años que ya tienen relaciones, ¿qué vas a hacer? Decirles ‘no las tengan’ no es aporte. A lo que debemos apuntar es a la reducción de daño: si un niño ya se inició, entonces que tome las precauciones y que tenga una sexualidad saludable. A eso apuntan nuestras consejerías”.


En las salas de salud una matrona realiza consejerías individuales para los escolares que lo piden, o a los que ellas identifican en riesgo. Además, hay un dispensador de condones que entregan a los que ya han iniciado su vida sexual y están expuestos a embarazarse o contraer una enfermedad de transmisión sexual. En los talleres en las aulas, además, les enseñan a todos los jóvenes el modo correcto de usarlos.

JEANS DAY
Es viernes por la tarde y el liceo Poeta Pablo Neruda está repleto de estudiantes que van en ropa de calle. Se está celebrando el jeans day: el día en que tienen permiso para sacarse el uniforme y ponerse sus mejores tenidas. Las adolescentes llegan con el pelo planchado y maquilladas, con pantalones pitillo y zapatos con plataforma, mientras que los hombres se pasean por el patio con el pelo con gel y la camisa de fútbol del equipo que les gusta.

El equipo de Tres A ese día observa a los estudiantes con suma atención. “Los chicos se preocupan por ser coquetos. Y las niñas juegan a ser sensuales porque buscan en el otro ser apreciadas, cotizadas. Ese día, para nosotros, es clave porque vemos cómo se comportan y lo desarrollados que están. Es impresionante pero tienen más cuerpo que uno. Por eso, cada vez que a una adolescente de 13 años le hacemos un test de embarazo y sale negativo, decimos: qué suerte tuviste”, dice Patricia Muñoz mientras mira a las estudiantes tomarse selfies con sus smartphones.

Para los jóvenes de Lo Prado, igual que para los de cualquier barrio de Santiago, las redes sociales son el lugar donde muestran su mejor cara. Allí se comparten fotos y videos y se declaran amorosamente a la niña o niño que les gusta. Propuesta que, dependiendo de cuántos likes de sus amigos reciban, se concreta o no en un pololeo.

Pero esto no siempre termina bien.

En 2013 la matrona Valeska Sepúlveda atendió el caso de una joven que tuvo un coqueteo por facebook con un tipo con el que intercambiaban imágenes de sí mismos cada vez con menos ropa. “El juego iba subiendo progresivamente de tono y a ella le agradaba sentirse requerida. Pero cuando ya estaba casi desnuda no quiso seguir y se lo dijo, ante lo que él siguió insistiendo. La chica lo eliminó, pero él, de picado le envió las fotos de ella a su mamá, lo que la hizo perder toda la dignidad frente a su familia. Lo de ser sexy se le desmoronó por completo y desde entonces está con ayuda sicológica. La sexualidad no solo es penetración, también está presente en este tipo de situaciones”, indica Valeska.

Según la matrona, los adolescentes de hoy tienen desdibujados los límites de lo público y lo privado. En 2013 recuerda haberle llamado la atención a otro chico que tenía de foto perfil en whatsapp una de él con su pololo besándose a torso desnudo. “Le pregunté por qué lo hacía y me contestó que porque creía que se veían hermosos y se amaban. Los chicos, hoy, viven conectados y, como la mayoría pasa solo en las casas, porque sus padres trabajan, se desorientan fácilmente”, agrega Valeska sobre una generación de adolescentes que es adicta a youtube, que a los 11 años reconoce un consolador porque lo vio en un programa de televisión y que considera aburrido el pololeo.

“Los adolescentes hoy son parte de una cultura donde todo se exhibe. Aquí, a los 15 años, ya se declaran abiertamente homosexuales o heterosexuales. Mientras, otros toman fotografías a sus genitales y las muestran en el curso”, cuenta Karen Jiménez.

Declararse gay frente a su familia hace tres años había sido una de las cosas más difíciles que le había tocado vivir a Martín (15), pero si algún beneficio le vio a su condición en ese momento era que, a diferencia de sus compañeros heterosexuales, no podía embarazar a nadie. Eso, hasta que la asistente social Karen Jiménez comenzó a proyectar imágenes de las enfermedades de transmisión sexual en el 8° B, y Martín cayó en cuenta de que jamás había usado condón. Ni siquiera sabía cómo se ponen.

–Desde los 12 años que me emparejo y he andado como una loca suelta por el colegio¬–, le confesó a Karen horas después, cuando llegó a la Sala de Salud. Estaba angustiado porque, además de sus relaciones homosexuales, antes había tenido encuentros con mujeres.

La asistente social le sacó enseguida una hora para que se hiciera el examen del VIH, el que salió negativo. Martín reflexiona hoy: “Antes, para mí la sexualidad era como un juego, pero con el programa de educación sexual le tomé más el peso. Hoy ando con más cuidado, y me preocupo de llevar un condón siempre conmigo”, cuenta.

CONSTANZA TIENE UNA PÉRDIDA
En 2013 la matrona Carolina Urbina atendió a Constanza de 17 años que tenía un atraso de siete semanas. La joven le dijo que usaba pastillas anticonceptivas pero a veces se le olvidaba tomárselas.

–Estás embarazada–, le dijo Carolina tras ver que el test marcaba positivo. Constanza se puso a llorar. Su familia ni siquiera sabía que no era virgen. Decía, entre sollozos, que no quería tener esa guagua. “La calmé y le dije que la ayudaría a decírselo a su familia. Por suerte su mamá reaccionó bien y empezó a acompañarla a sus controles”, cuenta Carolina.

Tres meses y una semana después, cuando Constanza ya se había hecho la idea de que sería mamá, comenzó a sangrar. Y tuvo un aborto espontáneo. Tras esa experiencia, Constanza le confesó que a los 15 años también se había embarazado y había perdido la guagua. La matrona la abrazó y le propuso que ahora se cuidara responsablemente. Le habló del implante, ese anticonceptivo que dura tres años.

“Hicimos encuestas y lo que encontramos fue a jóvenes híper erotizados que se inician sexualmente mucho antes de lo que las estadísticas señalan: a los 12, 13 años y no a los 16 o 17, como indica la última encuesta del Injuv. Son niños que ven pornografía en el celular o tienen sexo explícito en los baños de las discoteques para menores.También supimos de niñas de 12 que habían tenido abortos”, dice la asistente social y coordinadora de Tres A, Patricia Muñoz.

Pero ella prefirió usar anticonceptivos inyectables. Carolina anotó en su propia agenda las horas en que la joven tenía que ir al consultorio, para recordárselas. Pero en las últimas vacaciones le perdió la pista a Constanza. En marzo la adolescente fue a ver a la matrona: había faltado al centro de salud durante el verano y ahora tenía un nuevo atraso. “La llevé corriendo al consultorio para que tomara lo antes posible la pastilla del día después. Pero, además, hicimos varios tests que salieron negativos. A veces pienso que Constanza, en parte, quiere quedar embarazada para poder salir de su casa”, cuenta Carolina. En la ficha de Constanza aparece que la joven vive con otras 13 personas en condiciones de hacinamiento.

Un miércoles Paola, de 15 años, se acerca preocupada a la matrona Carolina Urbina y le dice angustiada:

–Tía hace rato ya que dejé las pastillas y no logro quedar embarazada.
Carolina cuenta hasta cien. No puede creer que, mientras ella combate el embarazo adolescente, Paola esté empecinada en tener un hijo a sus 15 años y sea su propia madre la que apoya esa decisión. “Resultó que Paola no se embarazaba porque tenía ovario poliquístico pero, en ese tipo de casos, nosotros sentimos que fracasamos, que no hay nada que podamos hacer. Este trabajo es desgastante anímicamente porque en los sectores populares tienes más factores en contra que a favor. Cada vez que una niña queda embarazada yo quedo mal, preguntándome ¿qué hubiera pasado si hubiera hecho esto o lo otro?”, reflexiona Carolina.

La coordinadora de Tres A Patricia Muñoz es optimista. Dice que el fracaso es mínimo al lado de la ganancia. Y que en tres años han logrado acortar la brecha de crecimiento del embarazo adolescente: en 2012, 22,44 % de los embarazos de Lo Prado fueron de madres adolescentes; en 2013, bajó a 20,63%. “Esto nos confirma que Tres A llegó para quedarse”, dice. Y cuenta que en los últimos meses tres municipalidades (Providencia, San Miguel y San Joaquín) se acercaron preguntando por el programa. “Que otras comunas nos miren como un referente indica que lo estamos haciendo bien y que esta problemática es transversal. Pero lo que más nos interesa es que las adolescentes no se embaracen, sigan estudiando y lleguen a rendir la PSU. Porque cada vez que una menor se embaraza, más que un hijo, lo que busca es amor y un proyecto de vida”, dice Patricia.

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