*
23 octubre, 2013
orla

Me saqué pechugas

La periodista y colaboradora de Paula Constanza Anguita von Mareés (25) sufrió por años con el tamaño de sus pechugas. Hace cuatro meses, después de que le diagnosticaran hipertrofia mamaria, y de pensarlo muchísimo, decidió someterse a una mamoplastía de reducción. Fue difícil. A los dolores post operatorios se sumó un bajón anímico y la pregunta de qué tan necesario había sido ingresar a pabellón con tal de sentirse más bonita. En estas páginas cuenta su proceso y conclusiones después de haber pasado de copa D a copa B.

Por Constanza Anguita von Mareés / Ilustración: Pablo Farías


Paula 1133. Sábado 26 de ocubre de 2013.

Desde los 12 años mis pechugas fueron un obstáculo para sentirme bien con mi cuerpo. La difícil búsqueda de un sostén que aguantara, las limitaciones con la ropa, la atención indeseada de los hombres y la mirada curiosa de las mujeres eran situaciones que me incomodaban. Después de años de pensarlo, darle vueltas y vueltas, concluí que en mi “hipertrofia mamaria”, como diagnosticó el cirujano que me operó, radicaban mis problemas de confianza y llegó un momento en que me cansé de andar escondida, de no poder ponerme cualquier polera, de sentirme grotesca. Pero, además, e igual de importante, era mi salud. La espalda me dolía e intuía que se debía a mis pechugas.

La hipertrofia mamaria es un tema en las mujeres de mi familia. Tengo dos primas y una tía que se operaron antes que yo y las tres aman sus nuevos cuerpos, recuperaron completamente la sensibilidad de sus pechugas y pudieron amamantar sin problemas, rompiendo dos mitos asociados a esta operación. Con esos antecedentes, y el apoyo de mi entorno, me metí de lleno a informarme sobre la mamoplastía de reducción y llegué a la consulta del doctor Juan Eduardo Catalán, cirujano plástico experto en cirugía reparadora de la Universidad de Chile.

EL VÍNCULO DOCTOR / PACIENTE
El doctor Juan Eduardo Catalán me dio confianza desde un principio, asunto fundamental, imagino, para cualquier persona que decide operarse. Fue él quien me diagnosticó hipertrofia mamaria, una afección en el tamaño de las mamas que puede traer múltiples consecuencias (ver recuadro). Para confirmar el diagnóstico me pidió una serie de exámenes, entre ellos radiografías (que arrojaron que tengo escoliosis y lordosis leve), exámenes de sangre para revisar mi colesterol y glucosa, y un ecocardiograma para chequear que mi corazón estuviera en óptimas condiciones para ingresar a pabellón.

Los riesgos asociados a una reducción mamaria son los mismos de cualquier cirugía mayor que involucre anestesia general. El doctor me aseguró que recuperaría completamente la sensibilidad en alrededor de seis meses –y así ha sido- y que podré amamantar sin problemas el día que sea mamá. Me advirtió que estaría una semana en la clínica, que tendría siete días de licencia médica y que luego podría regresar al trabajo sin problemas.

EL DÍA D
El día de la cirugía llegué a primera hora de la mañana a la clínica para hacer el ingreso, firmar el pagaré y hacerme el último examen de sangre de rutina. Ese día debí llegar con 12 horas de ayuno y sin esmalte de uñas, pues su color indica el estado de los signos vitales.

El segundo procedimiento consistió en que el doctor y la arsenalera me marcaron con un plumón las zonas en que me harían las incisiones. Entré a pabellón, donde me limpiaron con alcohol, me pusieron la mascarilla con la anestesia (conocida como anestesia total por inhalación) y no recuerdo más.

PROBLEMAS
Las incisiones de una mamoplastía de reducción son tres: una en el pliegue de la mama, otra vertical que va desde el centro de la areola al pliegue y otra que remueve toda la areola, que al final debe ser redimensionada.

Entré a pabellón a las 11:30 de la mañana. La cirugía duraría dos horas, una por cada pechuga. Calculé, entonces, que estaría saliendo de la anestesia como a las tres de la tarde. Pero al despertar me di cuenta de que ya era de noche. Sospeché que algo había pasado y así fue según me explicó el doctor. Una pechuga era considerablemente más grande que la otra, asunto no detectado en la consulta, lo que implicó un tremendo trabajo para dejarlas del mismo tamaño y a la misma altura. Estuve cinco horas en pabellón y cuatro en recuperación. En resumen: me sacaron 750 gramos de la pechuga izquierda y 480 de la derecha.

“La pechuga rebelde”, como la llamo, me llevó a estar una noche más en la clínica y extendió mi licencia médica de una semana a tres, ya que el volumen de glándula mamaria que debieron remover hizo que la incisión fuera mucho más grande de lo presupuestado, lo que demoró mi recuperación.

BAJÓN ANÍMICO
El proceso de recuperación fue duro. Aunque no sentí dolor producto de las cicatrices, antes de remover tejido está la lipoaspiración para sacar la grasa, procedimiento obligado en esta intervención. El dolor posterior a consecuencia de la lipo es indescriptible, al punto de que no me permitió moverme en absoluto durante casi una semana. Eso me obligó a instalarme en la casa de mi mamá durante diez días. Ella no se separó de mi lado, me ayudó a levantarme, vestirme, comer, lavarme, ir al baño. Fue enfermera y soporte emocional, porque fueron días de real bajón anímico, de ver con asombro los moretones que me dejó la operación y de reconocer mi cuerpo. Además, no sé si es por la fragilidad física que supone una operación o todo lo que significaba para mí, que comencé a sentir remordimiento por haber alterado mi cuerpo, algo de lo que me habría reído antes de la cirugía. Me cuestioné cuán necesario había sido recurrir al bisturí para sentirme bonita.

Aunque no fue mi opción, creo que en algunos casos puede ser recomendable acompañar el proceso de recuperación con terapia sicológica.

CUIDADOS POST OPERATORIOS
Durante el primer mes del post operatorio tuve que usar solo sostenes deportivos, ya que la barba de los sostenes habituales podía rozar las cicatrices. Al menos durante dos meses no se puede realizar actividad física ni fuerza. Hay que hacerse drenajes linfáticos y ultrasonido por lo menos tres veces a la semana durante al menos un mes para disolver las partículas de grasa que se liberan con la lipoaspiración y para evitar la formación de queloides, durezas que se generan en las cicatrices cuando estas crecen demasiado. Ambos procedimientos me los hice a diario en un centro de estética. La “pechuga rebelde” demoró más en desinflamarse. Además, dos veces por semana, durante dos meses, el doctor Catalán me hizo limpiezas con povidona y suero.

Mi cirugía (incluyendo honorarios médicos, pabellón y hospitalización) costó alrededor de $ 2,5 millones. A esto hay que sumarle alrededor de $ 600.000 en drenajes, ultrasonido, medicamentos, insumos para curaciones y parches impermeables.

YA VEO LOS RESULTADOS
A cuatro meses de la operación estoy feliz. Mis pechugas se han ido deshinchando y cada vez me acerco más a la copa B que siempre soñé. Me encanta lo que veo en el espejo y puedo ponerme toda la ropa que antes no podía. Me siento mucho más segura y creo que lo proyecto. Sigo con controles dos veces a la semana, mis cicatrices ya están rosadas, sanas.

Se supone que al año se ven plenamente los resultados, pero yo ya me doy por pagada. Me casé hace dos meses con el vestido de novia que siempre imaginé y en mi luna de miel cumplí mi sueño de usar un bikini strapless. He puesto en perspectiva los costos monetarios y emocionales que conllevó mi cirugía. La conclusión es que vale la pena. Lo volvería a hacer.

 

* La hipertrofia mamaria es una afección médica hormonal que causa el crecimiento excesivo, difuso y en algunos casos discapacitante de una o ambas mamas durante la pubertad, lo que provoca afecciones como dolores de cabeza, de cuello, dolores lumbares, sarpullido en las zonas cubiertas por el sostén e incluso hormigueo en los dedos. A causa del peso de las mamas las correas del sostén pueden causar surcos en los hombros, llegando a ocasionar cicatrices permanentes.

La única solución es la mamoplastía de reducción, que consiste en la reducción de la glándula mamaria y la remodelación. Según el doctor Catalán, aunque en un 90% de los casos las mamas se conservan después de la operación, hay casos en que vuelven a crecer tras el embarazo.

 

 

Etiquetas:

Deja tu comentario