El rockero al revés: Freddy Stock

Reportajes y Entrevistas

El rockero al revés: Freddy Stock

Por ignacio tobar / fotografías rodrigo cisterna

Entrevistó a celebridades como Paul McCartney y Jimmy Page, escribió las biografías de Los Prisioneros y Los Jaivas e inscribió su nombre entre los primeros periodistas musicales en la era digital. Y recién a los 50 años, el conductor de Radio Futuro se animó a tener su propia banda, Los Carrera, un cuarteto con espíritu republicano con el que ya subió su primer EP a Spotify. “No concibo a un artista hoy que no tenga en su concepción el progresismo. El rock and roll es un movimiento político”, asegura el novio de la diputada comunista Karol Cariola.

Hace muchos años atrás Freddy Stock fue un niño infiltrado, un espía precoz.

Camino a la década de los 80, Chile era un país oscuro, apagado, sin fiestas ni reuniones libres. Y todos estaban regidos por el implacable toque de queda. Como muchos de su generación, Freddy creció a contrapelo de las aspiraciones de la dictadura: mientras el país se empobrecía culturalmente y los libros parecían obra del demonio, él, con 8 o 9 años, leía lo que pillaba. Entre sus lecturas predilectas estaba Mampato, revista que coleccionaba su hermano Norman, 6 años mayor. O la enciclopedia Monitor. Pero también gastaba sus horas infantiles en las publicaciones de la editorial Quimantú, que su abuelo masón había juntado cuando Chile era un país en apogeo musical, teatral y literario. A tanto llegó su fascinación por la lectura, que un verano se lo pasó leyendo Adiós al Séptimo de Línea, la novela épica de Jorge Inostrosa que, compuesta por cinco tomos, continúa siendo una hazaña para cualquiera.

La música la descubrió casi a la par que las letras. A fines de los 70 Stock se colaba en las fiestas de 15 de su hermano y un tío en la casa del abuelo en San Miguel. Partían a las 20 horas, cuando los militares bajaban la cortina y estaba prohibido circular libremente por las calles. Y se extendían hasta las 8 del otro día. Y ahí estaba despierto las 12 horas el niño que después sería periodista y que se reuniría con varios nombres que marcaron su niñez. Stock creció con Pinochet.

“Eran larguísimas esas fiestas, de toque a toque, en plena dictadura. Yo tenía menos de 10 años y estaba ahí infiltrado entre puros de 15, era un pendejo. Y era divertido porque bailaban discos como El lado oscuro de la luna, de Pink Floyd, en plena época del vinilo. Terminaba un lado y lo daban vuelta. Se bailaban enteros”, detalla. Y como el niño infiltrado no bailaba, su naturaleza de ratón bibliotecario lo condujo a las carátulas. Mientras su hermano y amigos escuchaban a Gilmour y Waters, él hurgaba en los nombres de los productores, en los grandes estudios discográficos, en sellos, mánagers y compositores que vivían muy lejos de ese Chile en tinieblas. Nick Mason, Jimmy Page, Paul Stanley, Peter Grant, Atlantic Records, Abbey Road: su memoria se fue poblando de nombres, fechas y lugares que luego significarían una gran ventaja en su trabajo. “Me hice como un sabio chico del tema, 40 años antes de Internet”, bromea.

“El primer grupo que me llamó la atención a esa edad fue Kiss, me daban susto cuando aparecían, pero me gustaba su sonido”, recuerda Stock sobre una época en que las radios chilenas transmitían algún éxito perdido del Pollo Fuentes, música disco, las canciones de Fernando Ubiergo y los hits de Grease. Y llegó Pirincho Cárcamo a su vida.
“El programa de Pirincho, Midnight Special, lo daban re’ tarde. Me acuerdo que había que verlo piola para que no te cacharan. Ahí empecé a entender que Led Zeppelin sonaba en vivo igual que en los discos, porque transmitían los conciertos enteros. De hecho yo le conté toda la historia a Pirincho y en mi programa de Radio Futuro, Palabras sacan palabras, le hago un homenaje. Cuando terminaba Midnight Special venían las palabras al cierre del padre Pienovi. Y, como no había control remoto, tenías que comerte las palabras del cura, porque daba lata levantarse a apagar la tele, jajajá. Por eso yo termino mi programa con Palabras al cierre”, cuenta.

El comunicador y autor de los libros Corazones rojos: la biografía no autorizada de Los Prisioneros (1999) y La vida mágica de Los Jaivas, los caminos que se abren (2002), rememora sus primeros acercamientos a la música tomando café en la amplia cocina de la casa que comparte en Ñuñoa con su pareja, la diputada comunista Karol Cariola. Son las 10 AM y el periodista con nombre de rockero lleva botas, anillos y el pelo le cae sobre la frente a la usanza de muchos de sus héroes musicales. “Si a mi edad tienes el pelo largo hay que lucirlo”, lanza. En un rato se pondrá la chaqueta Royal Hussar (que lleva en la foto) para homenajear a Jimi Hendrix, uno de sus maestros de las 6 cuerdas. El zurdo nacido en 1942 en Seattle la compró de segunda mano en los años 60 en la tienda londinese I Was Lord Kitchener’s Valet y fue su sello en el esplendor de su carrera que se acabó abruptamente en 1970. Stock se la mandó a confeccionar para comenzar su aventura musical después de vivir medio siglo: Los Carrera, la banda donde compone, toca guitarra y canta los coros. Porque Freddy lo hizo todo al revés.

“Siento que me di la vuelta larga y mi carrera como periodista de música me ha ayudado mucho”, comenta ahora desde el jardín, a un costado de la sala de ensayo que armó para la banda donde lo acompañan Carlos Albarracín en guitarra y voz (Dr. Rock & Roll de Radio Futuro), su yerno Felipe Balcázar en el bajo y su hijo Alejandro Stock en batería. “Ahora entendí lo del Todos juntos de Los Jaivas. Cuando escribí el libro no lo caché de inmediato, pero hoy sí: es entretenido que la música sea una consecuencia de ser amigos, de ser familia. Más allá de lo sanguíneo, creo que las mejores bandas surgen cuando se producen esas consecuencias, es difícil hacer una banda sin feeling”, cree.
A diferencia de agrupaciones como The Beatles o Los Prisioneros, para Los Carrera lo primero fue el nombre. “Eso fue muy periodístico, tener el título primero. Los Carrera representa el concepto de rock republicano. Escribimos letras que nos mueven a definir una sociedad desde la actitud del rock and roll. Porque el rock and roll básicamente es un movimiento político, desde la post guerra en adelante. Y bajo ese concepto la figura de los hermanos Carrera la consideramos un motor de cambio importante de lo que fue la república. Nuestro más ostensible padre de la patria”, declara Stock como repasando el manifiesto de un grupo que debutó hace un año y que acaba de lanzar su EP República Rock (IGED Records), que contiene los temas Relámpagos sin truenos y Nash, disponibles en Spotify.

¿De qué hablan las letras del rock republicano?
Tenemos, por ejemplo, una canción a Michel Nash, se sabe poco de él. ¿Quién es? Nash estaba haciendo el servicio militar a los 18 años en Iquique para el Golpe y lo mandaron a allanar poblaciones los milicos. Él dijo que no, porque no atentaría contra su pueblo. Y le dijeron “Bueno, váyase al cuartel, no hay problema”. Hasta hoy Michel Nash es un detenido desaparecido. Ese es un ejemplo ciudadano que merece un homenaje.

O sea, podrían hacerle una canción a Camilo Catrillanca…
Sí, por supuesto. En todas las personas que hay un ejemplo de lucha y de cambio está la esencia del rock and roll. Hoy siento que ya no estamos en los paradigmas de derecha-izquierda, estamos más en el del progresismo y del status quo. Los que quieren perpetuar los privilegios sin mover nada. Como pasa en Chile con la inmovilidad social: el que nace pobre, muere pobre y el que nace rico, muere rico.

O más rico…
Claro, incluso. Eso versus los progresistas que creen en el mérito, en la educación pública y que quieren rayar la cancha para que los que se esfuerzan tengan la posibilidad de desarrollarse. Ahí nos instalamos como grupo de música, desde ahí queremos cantar. El deber artístico está en el progreso, los artistas modelan mundos distintos, por eso no concibo a un artista hoy que no tenga en su concepción el progresismo.

Pero si uno mira el cartel de la Cumbre del Rock Chileno, por ejemplo, casi no hay músicos en la línea del rock republicano
Es que hay una gran diferencia entre el pop y el rock: la meta. Si quieres ser masivo es pop, si tu fin es solo hacer música es rock. Por eso el rock es una actitud, por eso creo que Víctor Jara y Violeta Parra son más rockeros que otra cosa. Yo hago clases en la Universidad de Chile de Sociología Política del Rock y parto de la base que el principal movimiento político de post guerra es el rock. El movimiento ecologista, feminista, todos nacieron en el rock. Eso de romper las estructuras es propio del rock and roll. Si no rompes paradigmas no puedes considerarte una banda de rock.

¿Tener una banda después de ser un periodista conocido es una ventaja o desventaja?
Unum ad alterum: una cosa por otra. Lo tengo en mi perfil de WhatsApp, es un gran lema de la vida. Me pueden trolear, obviamente, pero también tiene muchas cosas buenas, hay cosas que son más fáciles, tienes más contactos.
¿Te molesta que alguien te trate de “engrupido” o que simplemente te ataquen por ser guitarrista de Los Carrera?
El otro día hablaba con Sergio Freire y me decía: “Te apuesto que si hoy estuviera Da Vinci y subiera La Mona Lisa a su Instagram los hueones dirían: ‘Oye, la mina fea, ni se ríe’”. Lo encontré genial. Estamos en ese mundo: al que asoma la cabeza, duro con él. Al que se destaca hay que bajarlo. Eso es mediocridad. Es propio del ser humano, pero más de países islas como el nuestro. Umberto Eco decía antes de morir que el gran problema de las redes sociales es que le habían dado mucho poder al imbécil, al estúpido. Y que antes llevaban la voz cantante los preparados, ellos decían lo que pensaban. Internet democratizó la estupidez, es lo negativo. Pero tú no puedes comunicarte con alguien que te descalifica, yo trato de no contestar, bloquear. Estoy zen, tengo demasiados años, ya viví demasiado, jajajá.

¿Por qué te demoraste tanto en tener una banda de rock?
Es que hice todo muy rápido antes. Salí del Instituto Nacional y entré a estudiar Periodismo a la Universidad de Chile, me casé a los 20 años. todo muy apurado. Viví vida de casados, tuve hijos (4), escribí dos libros, trabajé harto. Y tuve suerte porque soy de la primera generación de periodistas musicales con Internet y en el apogeo de los sellos discográficos. Viajé mucho, entrevisté a Paul McCarntney, a Plant y Page de Led Zeppelin, a Steven Tyler. Me preparé harto antes de subirme a un escenario. Cuando sentí que tenía las cosas resueltas y que podía comprarme una buena guitarra, porque de chico mi familia era más bien pobre, armé este lote y nos tiramos. Los Carrera es como una pyme familiar.

Una vez dijiste que harías un dúo con Karol Cariola, pero que no sería como Pimpinela.
Jajajá. Es verdad. Ella canta muy bien y toca una versión de El martillo de Víctor Jara con nosotros. El grupo partió en asados y juntas con amigos guitarreando con la Karol. Con ella cantábamos canciones de Charly García, Fito Páez, Spinetta. Eso lo seguimos haciendo cuando ella puede, porque la Karol no tiene tiempo de nada. Esto de que los políticos no trabajan es una de las grandes mentiras. No la veo nunca, sale a las 7 de la mañana, trabaja de lunes a domingo.

Volvamos al rock y la política: ¿qué disco le recomendarías al Presidente Piñera?
A Piñera le hicimos una canción. Se llama Te haré tener y fue el primer demo que grabamos. Está en YouTube si la quieren escuchar. La hicimos antes de las elecciones y habla de las promesas que nos hizo. A mí Piñera no me gusta no porque sea de derecha, sino por lo que representa, ese sentimiento winner de conseguirlo todo a cuesta de lo que sea. De la dictadura heredamos el hombre nuevo de Pinochet que fue el cliente. Y Piñera nos ve como hombres clientes que viven para pagar deudas. Estamos, como dice Pink Floyd, Comfortably numb, confortablemente adormecidos. Votamos por lo que nos ordenan. Como dice Quilapayún, la derecha no pierde, deja de ganar.

¿Cuáles son los planes con Los Carrera?, ¿llegar a Lollapalooza?
Ganarnos el Grammy, pero el de verdad no el latino, jajajá. Hablando en serio, creo que ponerse metas así es el almácigo de la frustración. Hay que ir paso a paso. Vamos a estar en la versión número 11 del festival Woodstaco en 2019, que dura tres días en Parral. De aquí a esa fecha queremos tocar todo lo que se pueda. Aunque en Santiago hay pocos lugares para el rock. Cuando armé el bar Goodstock me enteré de que para sacar patente de música en vivo te la dan ligada a la de alcoholes. O sea, ¿por qué la música tiene que estar ligada al alcohol? No entiendo qué mensaje esconde eso, no te miden ni siquiera el ruido. Qué tiene que ver la música con el alcohol.

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