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30 agosto, 2017
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Sanando a Chile

Hace 40 años que Elizabeth Lira trabaja en la reparación de víctimas de violaciones de Derechos Humanos. Siempre desde la sicología, en dictadura atendía a pacientes dentro de las iglesias. Algunos desaparecieron, y se planteó no continuar. Pero siguió y se transformó en investigadora. Reconocida como Premio Nacional de Humanidades y Ciencias Sociales este lunes, la sicóloga sueña con llegar a los 50 años del golpe con todos los juicios cerrados y dice que hay que seguir buscando hasta llegar al destino final de 900 detenidos desaparecidos que falta encontrar.

Por Ximena Riquelme / Fotografía: Gentileza Universidad Alberto Hurtado.


Paula.cl

El lunes 28 de agosto Elizabeth Lira (73), decana de la Facultad de Sicología de la Universidad Alberto Hurtado, estaba dando una de sus clases. Cuando todos en la sala veían un video, sonó su teléfono. Era la ministra de Educación Adriana Delpiano. Como la llamada no agarró bien tuvo que salir al patio para escuchar la noticia: era la nueva Premio Nacional de Humanidades y Ciencias Sociales 2017. “Véngase”, le dijo la ministra, y la nueva Premio Nacional se subió al Metro rumbo al Ministerio de Educación, que queda a una estación de distancia de la UAH.

Razones le sobran para este reconocimiento: la sicóloga de la Universidad Católica ha sido consultora para la Unesco y la Unicef; atendió pacientes víctimas de violaciones a los Derechos Humanos en plena dictadura militar; fue miembro del Consejo Nacional de Educación; integró el comité del Bicentenario; declaró como experta en la acusación constitucional contra Pinochet en 1998; fue miembro de la mesa de diálogo (1999-2000); estuvo en las dos comisiones Valech (2003-2005 y 2009-2011).
Libros: 13. Premios: 14. Ahora 15.

A menos de 24 horas de la entrega del reconocimiento, por el que recibirá cerca de $18 millones y una pensión vitalicia mensual de 20 UTM, habla de su trayectoria y de lo que espera para Chile.

¿Es bueno que una mujer haya ganado este premio?
La primera mujer que se lo ganó fue la antropóloga Sonia Montecino en 2013. La filósofa Carla Cordua lo compartió con Roberto Torretti. Yo creo que es bueno que uno, como mujer, se lo haya ganado, porque, en general, hay más hombres que postulan a estos premios. No siempre las mujeres somos elegidas.

¿Cómo fue trabajar en Derechos Humanos en el periodo de la dictadura?
Muy difícil. Yo trabajé desde el año 78, entonces me tocó ver muchas situaciones que afectaban a las familias por la represión, detenciones, torturas y por las amenazas. Cosas muy complejas que hoy día son casi imposibles de imaginar. Es muy difícil tratar a una persona cuando no tiene sus necesidades básicas resueltas y cuando lo que le ha ocurrido le puede volver a pasar. En ese tiempo, como nosotros trabajábamos en el espacio ecuménico de las iglesias teníamos una cierta idea de que estábamos bajo protección. Eso fue respetado, nunca fui detenida por ejercer mi trabajo.

¿Pero trabajaba con miedo?
Sí, a veces. Creo que las situaciones más terribles pasaron cuando algunos pacientes nuestros fueron detenidos. Asesinados. O cuando un compañero de trabajo sufría alguna situación de este tipo.

¿Cuál fue el momento más crítico?
El degollamiento de José Manuel Parada, en 1985. En ese tiempo él colaboraba en la Vicaría de la Solidaridad. No trabajábamos juntos, pero yo lo conocía. El número de gente que participaba en la Vicaría, el FASIC (Fundación de Ayuda Social de las Iglesias Cristianas) y las instituciones de Derechos Humanos era muy poco. Fue muy terrible saber en las condiciones en que murió y todo lo que pasó después. Son cosas que marcan. Pensé si realmente quería y podía seguir trabajando en esto.

Pero siguió…
Me parecía que era necesario hacerlo. Yo tenía una responsabilidad moral con respecto a ese trabajo.

¿Con todo lo que ha visto, cómo lo hace para despejarse, para limpiarse?
Los sicólogos, para formarnos, tenemos que hacer terapias personales, que yo he hecho en más de una ocasión, pero, además uno trabaja con un sistema de supervisión, donde se exponen ante otros profesionales las dificultades que le trae a uno hacer esta relación profesional y este trabajo terapéutico. Es evidente que a veces uno puede transformarse en alguien incompetente para un determinado cargo. Nos podemos sobreinvolucrar, o banalizar cosas como una forma de defensa. Para eso hay varios apoyos profesionales, que son los únicos que permiten transitar por estas dificultades.

¿Alguna vez ha pensado “esta no me la puedo”?
Por supuesto. Y hay que pedir ayuda. Si uno no lo puede hacer, lo tiene que tomar otra persona. Por muchas razones uno puede realmente ser incompetente, lo importante es reconocerlo de manera oportuna. Tengo obligaciones y responsabilidades éticas con los pacientes y no puedo estar cargada de angustia o desesperación porque no es útil.

¿Participar en las comisiones Valech fue el trabajo más difícil de su vida?
Yo creo que sí, porque es muy difícil poder traducir en un informe la experiencia y los testimonios de cerca de 40 mil personas. Es un esfuerzo gigante. Y ese gran número hay que traducirlo en documento que las personas puedan leer.

Muchos dicen que la mesa de diálogo, en la que usted participó, fue un fracaso.
Hay muchas dudas en relación a la precisión de esta información, pero yo creo que hay que valorarlo. Un grupo de chilenos se sentó a conversar sobre un tema muy conflictivo tratando de resolver el problema. No se resolvió. Eso en ese sentido no es exitoso, pero se avanzó en el compromiso de las Fuerzas Armadas en permitir la investigación de los jueces al interior de los recintos militares, y gracias a eso se encontraron restos y se dio cuenta del destino final de algunos desaparecidos. El acuerdo de la mesa fue que es responsabilidad de los gobiernos y de todos los chilenos darles una respuesta a las familias.

Chile hoy y las deudas pendientes

El Estado ha pedido perdón, ha hecho comisiones, investigaciones, informes. ¿Qué falta?
Falta seguir porque tenemos la responsabilidad de dar respuesta a esas familias. No basta con decir hicimos, hicimos, hicimos. Hay que continuar haciéndolo. Todavía nos falta encontrar personas desparecidas. Es parte de la tarea que hoy hace la Subsecretaría de Derechos Humanos.

¿Cree que están haciendo un buen trabajo?
No sé mucho porque lo que hacen no tiene mucha publicidad. Pero me parece que están muy empeñados. Conozco a varios de los que trabajan ahí y que lo están haciendo bien.

El padre Fernando Montes dice que hay que atender las razones humanitarias de los condenados enfermos o de edad avanzada, ¿usted qué cree?
Que sí, que la gente tendría que ser evaluada por el Compin, el mismo sistema que evalúa a todos los chilenos, para tener la certeza de que las personas realmente tienen las enfermedades que dicen que tienen. La ley vigente hace distinciones, porque hay muchas de esas personas que están condenadas por crímenes contra la humanidad. Es una discusión que no se puede hacer diciendo que tienen los mismos derechos carcelarios de todos los presos. Pero tampoco se puede decir que son personas que no tienen derecho a ninguna cosa.

¿Cree que son atendibles las razones por las que se está acusando a Juan Emilio Cheyre?
Cuando un juez recibe una denuncia tiene que investigarla. Me parece que hay una cosa simbólica y mucha gente se ha empecinado en condenarlo antes de saber si realmente ha cometido los delitos de los que se le acusa. Hemos avanzado mucho en este país para que una persona sea inocente hasta que no se demuestre lo contrario.

Vamos camino a los 50 años del golpe, ¿qué podemos esperar para esa fecha?
Va a depender de las cosas que hagamos entremedio. Tenemos una gran deuda con las familias de chilenos que todavía continúan desaparecidos. Una deuda que no es solo moral, es política y legal, porque el país tiene compromisos internacionales con esto. Me parece que es una tarea del próximo periodo. He de esperar que lleguemos a los 50 años del golpe con todos los juicios terminados.

¿Si Chile fuera un paciente cómo estaría hoy después de todo lo que le tocó vivir?
Chile es un país con mucho suicidio, consumo de drogas y depresión. No tenemos indicadores que nos permitan decir que el tema de la violencia es la causa de esto. Necesitamos tener más investigaciones para tener claridad de a qué se debe lo que hoy vivimos. Chile es un país muy largo, muy diverso en muchos aspectos y cada vez sabemos menos cómo se construye esa diversidad.

¿Después de pasar por esto, las personas se pueden recuperar?
Yo creo que hay distintos grados de recuperación. Muchas personas tienen recursos, son capaces de salir adelante a pesar de las situaciones complejas y penosas que les han tocado. Para otros la situación es muy difícil. Y otros nunca superan lo ocurrido.

Aquí el video de la Universidad Alberto Hurtado hizo sobre su trayectoria con motivo de su presentación al Premio Nacional de Humanidades y Ciencias Sociales.

 

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