Sangre negra

Reportajes y Entrevistas

Sangre negra

Por Monserrat Álvarez

En los setentas, Peggy Cordero, actriz y estrella del mítico Bim Bam Bum, fue una precursora de la desinhibición al ser una de las primeras en usar minifalda y bikini, causando más de un escándalo. Hoy, a sus 78 años, está sola pero feliz y tan guapa como siempre. ¿Su secreto? Sus ancestros negros, asegura.

Paula 1128. Sábado 17 de agosto 2013.

En tu paso por el Bim Bam Bum, ¿fuiste vedette o actuaste de vedette?
Yo como actriz fui vedette del Bim Bam Bum, con todas las plumas y esos trajes increíbles, claro que después llegaba a mi casa y era yo: una mamá que daba de mamar, organizaba la casa e iba a La Vega. Salía de mi casa a las 4 de la tarde y me tomaba la micro San Cristóbal–La Granja, me bajaba en Huérfanos y caminaba hasta el Bim Bam Bum, entraba al camarín y me empezaba a posesionar de este rol. Me acuerdo que de puros nervios antes de la función se me ocurría ¡hacer pipí! No sabes lo que era sacarse todo ese traje para ir al baño.

Las medias transparentes…
Esas medias de elástico de malla, abajo había una especie de bikini y encima venía otra media y después encima la cuestión con las mostacillas.

¿Alguien se escandalizó por tu paso por el Bim Bam Bum hace 41 años?
La prensa no, me trató regio, como a una estrella. Pero para la gente de la escuela de teatro, mis compañeras y las profesoras, como la María Cánepa, fue un escándalo. Aunque también fue escándalo antes cuando empecé a usar minifalda. El mundo era muy raro en esa época, mijita.

Fuiste de las primeras en usar minifalda.
Claro, y también usé bikini cuando era considerado pecaminoso, espantoso. Imagínate que hubo un tiempo que excomulgaban a la gente que bailaba cha cha cha. Yo nunca creí en esas cosas, entonces usaba feliz mi bikini en la piscina del Stadio Italiano. En los años 60, una vez me echaron por bailar rock and roll con estas faldas estilo plato porque se me veían los calzones cuando daba vueltas.

“Una vez, en los 60, me echaron por bailar rock and roll con una falda plato porque se me veían los calzones cuando daba vueltas. Yo creo que los cuerpos humanos nacimos desnudos y morimos desnudos y da lo mismo mostrarlo o no. La maldad está en los otros, en los que miran”.

¿De dónde saliste tan desinhibida?
De mi sangre negra.

¡Pero si eres rubia y con ojos claros!
Pero tengo sangre negra: mi bisabuela era negra, jamaicana. Ella se fue a Cuba y ahí nació mi abuela que era una mulata divina, que se casó con mi abuelo que era un español divino de ojos verdes y ella ojos azules. Y por eso los Cordero de esta rama tienen los ojos bonitos. Yo nunca tuve inhibición con mi cuerpo, además, estaba bien hechita. Hay que decirlo, pero la verdad es que nunca me miraba al espejo.

Entonces a ti siempre te ha gustado esto de mostrar las presas.
Yo creo que los cuerpos humanos, nacimos desnudos y morimos desnudos y da lo mismo mostrarlo o no. La maldad está en los otros, en los que miran.

¿Cuándo fue la última vez que pisaste un escenario como vedette Peggy?
Hace 41 años.

¿Y a qué edad perdiste la virginidad Peggy Cordero?
A los 26. Fue una edad bastante en el promedio.

Después de tu paso por el Bim Bam Bum en 1972, vino el Golpe. ¿Cómo marcó tu vida el 11 de septiembre del 73?
Fue una época muy vertiginosa. La vida te iba poniendo cosas por delante una tras otra. Después del Bim Bam Bum yo me fui a hacer clases a la Universidad del Norte.

¿Y qué pasó con tu carrera de vedette?
Se detuvo así como ¡plop! O sea, duré bastante poco en Chile porque me andaban buscando por ser la autora intelectual del Plan Z para la zona norte. Lo que no es menor, tú comprenderás. Y ahí por el hecho de ser hija de cubanos, me sacaron de Chile.

¿Y tus hijos?
Estuve 7 meses esperándolos, eran chicos: de un año y tres años. Finalmente logré que permitieran mandarlos a España con una azafata, mi madre que los cuidaba no podía salir de Chile. Ahí yo les esperaba para partir a Cuba. O sea, que esta ráfaga de plumas duró un suspiro…

Ahora cuentas la historia como algo superado, pero me imagino debe haber sido el trance más difícil de tu vida.
Fue horrible, lo peor de lo peor. Siempre me acuerdo cuando llegó mi hijo Camilo, que había cumplido dos años, y yo le decía “soy tu mamá” y no me daba bola. Y luego en Cuba fue muy difícil; es que cuando uno está exiliado no disfruta el lugar donde está.

Es comprensible, no era un viaje de turismo o por opción propia.
No pues, pero igual si te entregas más al entorno, disfrutas. En cambio, yo escuchaba todas las noches la radio Habana de Cuba para ver si pasó algo en Chile. Era una especie de tortura permanente. Además, trabajando en temas de derechos humanos estaba todo el día conectada con las historias más horribles. Fueron 6 años de vida en Cuba, así.

Peggy, después de todo lo que viviste, ¿tienes algún sueño pendiente?
Yo creo que ya los cumplí todos. En lo profesional, quería hacer comedias musicales, y las hice. Me ha ido bien en las obras de teatro, la gente me quiere, y eso es importantísimo.

¿Y en el amor?
Estoy soltera. Me anulé de mi primer marido. Hace 10 años que no tengo pareja.

¿Echas de menos una pareja?
No, ¿sabes lo que pasa? Es que he luchado toda mi vida y luché tanto por la libertad que hoy la aprecio demasiado. Tener un amigo con ventaja o sin ventaja o para que te saque a comer y tener que escucharle estupideces, no soy capaz.

¿Con quién te entretienes?
Me entretengo con nada, conmigo misma. Y en este momento estoy entretenida con mis nietos que me dicen abuelila. Son maravillosos y jugamos, yo soy la caperucita roja y mi nieta dirige la obra. Entretenido. Con mis nietos y mi perro soy feliz.

¿Tienes jubilación?
¿Estás loca? ¿De qué estás hablando? (risas)

¿Y cómo lo haces?
Me las he arreglado. Por haber estado exiliada tengo el Prais, la atención en salud gratuita que nos dieron a quienes fuimos víctimas de la represión política. Y, además, como soy del sindicato de actores, cuando me muera ellos pagan el entierro. Así que estoy más o menos bien. Igual nunca he sido muy gastadora ni estruendosa. No soy de comprar cosas, ni autos ni nada. Mi auto tiene 14 años y espero que dure unos dos más. Y vivo en un departamento propio.

¿Cómo lo haces para a los 78 años estar tan bien, tan guapa?
Es la sangre negra. Yo miro a las blancas y se van a la cresta, ¿o no?

Estoy frita…
Mira yo soy clienta frecuente del Hospital San José y el Hospital Luis Tisné, porque el año pasado me operé de un cáncer de mamas. Entonces voy para allá y veo a unas señoras que cuando les preguntan la edad, dicen 58 y son unas viejas de mierda. Yo, en cambio, tengo 78 y esta edad me encanta.

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