Sasha Grey: Confesiones de una chica sucia

Reportajes y Entrevistas

Sasha Grey: Confesiones de una chica sucia

Por Rita Cox / Fotografía principal: James Jean for OVM

DJ en gira y escritora de novela erótica, antes de eso la estadounidense Sasha Grey (28) fue una estrella porno que sin siliconas ni tatuajes, y total desenfreno, se convirtió en ícono pop. Hoy habla sobre todo lo que encontró en el cine XXX y explica que su primer libro, y el que lanzará en octubre, son “una continuación de esos ideales que buscan hacerse cargo de las fantasías sexuales que tenemos las mujeres”.

Paula 1206. Sábado 13 de agosto de 2016.

Sasha Grey  llega al hotel donde se aloja las dos noches que se queda en Santiago vestida de negro, con un pañuelo largo estampado con flores, una cola de caballo baja, una gran argolla en una oreja, un aro chico metálico en la otra, y varios anillos de plata en los dedos de las dos manos. Lleva unos botines con cordones, estilo militar, más estilizados que unos Doctor Martens. Su maquillaje, con su emblemático cat eyes, es perfecto.

Son las 18:50 de un sábado, acaba de terminar de almorzar y en un par de horas partirá al club Subterráneo, en Providencia, donde, luciendo una polera blanca con el rostro de Brigitte Bardot impreso, oficiará como DJ. Es la penúltima fecha de la gira que la ha tenido por 20 días recorriendo Estados Unidos y América Latina. Cuenta que ha sido duro y que cuando tiene un minuto libre, duerme. Agrega, en todo caso, que esta es una rutina leve en comparación a la que vivió en 2013, cuando llegó hasta Rusia promocionando La Sociedad Juliette, su primera novela erótica. En octubre lanzará la segunda parte y ya escribe la tercera.

Está resfriada y se limpia la nariz un par de veces con elegancia. A sus 28 años es una mujer atractiva, aunque no despampanante. Nadie sospecharía que sentada ahí, tomando agua mineral sin gas, está la “princesa del porno”, la “estrella XXX de la generación hipster” o “the dirty girl in the world” como la llamó la revista Rolling Stone en 2009, un poco antes de que ella sorprendiera con el anuncio de su retiro, después de tres explosivos años como protagonista de una larga lista de películas de sexo duro y varios premios por sus desatadas escenas, a esta altura legendarias. Pero, además, con su cuerpo menudo, sin silicona ni tatuajes, Grey estableció un nuevo canon estético en el porno cuando debutó a los 18 años. Y, aunque hace siete está fuera, no la olvidan. A la entrada del hotel unos cuantos fans esperan un saludo, mientras que en su jornada de promoción en radios, varios fueron los hombres que le pidieron selfies y las subieron a las redes sociales, con cara de orgullo.

¿Te irrita el gesto masculino de “me saqué la foto con Sasha”?
Para nada. Estoy muy acostumbrada y soy de carácter fácil.

Ex estrella porno-escritora-dj-músico. En 2001 dejó la banda Telecinco, y ese mismo año formalizó su rol de fotógrafa cuando publicó el libro de autorretratos Neu Sex, donde con una estética que tributa la obra de Cindy Sherman y Nan Goldin, y con la ayuda de su pareja de entonces, recopila imágenes de su paso por el porno y escenas cotidianas. Actriz. En 2009 protagonizó The Girlfriend Experience, de Steven Soderbergh, y por esa misma época, ya como el personaje que es, apareció en clips de Smashing Pumpkins, Eminem y The Roots. Con ese prontuario, Sasha Grey es ante todo ícono de la cultura pop. Uno que encontró un camino “lejos de los estereotipos, usando la mente y no solo el cuerpo, aunque desgraciadamente a la sociedad no le gusta que una mujer pueda hacer las dos cosas”, dice.

Hay una relación entre la música de un DJ y el sexo: la necesidad de llevar un ritmo para llegar al clímax.
¡Exacto! Como DJ sientes que estás llevando a la gente en una especie de viaje rítmico, en el que están todos juntos, sintiendo juntos. Es un viaje de alta energía, como el sexo, pero la diferencia es que con la música nunca llegas al clímax. Siempre estás en el clímax. Pero en los dos casos el ritmo es fundamental.

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En 2011 Sasha Grey lanzó su libro de fotografías Neu Sex, con imágenes capturadas por ella y por su pareja de entonces. Su interés era documentar, con una estética muy propia, su paso por el porno y su día a día. Disponible en www.amazon.com

 

Has contado que fueron las ganas de experimentar tus fantasías sexuales lo que te llevó al porno.
Así es, todos somos seres animalísticamente sexuales, llenos de fantasías, pero crecí con mucha vergüenza ante la sola idea del sexo, probablemente por pertenecer a una familia católica. Me avergonzaban mis fantasías incluso antes de haber tenido una primera experiencia sexual. A los 18, cuando ya había dejado de lado la vergüenza, decidí entrar a la industria del porno, porque estaba decidida a probar algunas de las cosas oscuras que deseaba, pero en un ambiente controlado. También quería estimular a otros como yo, que podían estar sufriendo esa condición humana que muchos tenemos, de sufrimiento emocional cuando se trata de nuestros deseos, a explorar en un ambiente controlado. Eso fue lo que me impulsó, aunque no fue fácil decir a los 18 años “hey, estoy metida en esta porquería pervertida”.

¿Cuál fue el precio que pagaste?
El primer año fue muy difícil para mi madre, una mujer católica muy conservadora, pero ahora estamos bien.

¿Encontraste lo que buscabas o la fantasía siempre es más poderosa que la realidad?
¡La fantasía siempre es mejor!

 ¿Incluso en la pornografía?
Sí, de hecho cuando sentí que ya había logrado lo que quería como intérprete, y lo único que quedaba era crear mi propia compañía de producción porno, lo hice, pero me fue mal. Entonces decidí avanzar desde esa industria hacia la escritura. De cierta manera La Sociedad Juliette es una continuación de esos ideales que buscan hacerse cargo de las fantasías sexuales que tenemos las mujeres.

¿Fue la pornografía un escenario para aceptar tu cuerpo?
Lo fue. En el porno todo el mundo es tan libre, que te acostumbras a esa manera de ser: nadie tiene vergüenza o miedo. Trabajé un tiempo con un fotógrafo que acababa de hacer un libro artístico sobre la desnudez y me decía que había fotografiado a actrices porno, a modelos que a veces hacían desnudos y a modelos que posaban para artistas, y las más seguras eran las actrices porno. Creo que también eso ocurre porque te acostumbras a los juicios que vienen desde fuera, y porque en la industria estás tan contenida que llega un momento en que ya te importa un carajo lo que digan.

La industria parece muy sexista y tú pareces una feminista.
Yo estaba allí experimentando lo que había decidido probar, entonces nadie puede decir que soy antifeminista. Esa fue una de mis formas de ser feminista. Me gusta comparar el porno con las comedias románticas. Tal vez la trama del porno sea una fantasía masculina y la de la comedia romántica sea una fantasía femenina, pero son dos formas de expresar nuestros deseos y ambos son artificiales. Se nos olvida que las comedias románticas son falsas, al fin y al cabo. Pero nunca se nos olvida que la pornografía también lo es.

¿Qué está pasando hoy con el porno?
Es tan raro, es lo más buscado en internet, todo el mundo ve pornografía en su celular, pero recién se habla de la cultura porno. Ya no existen las grandes actrices porno, porque hay mucha gente que trabaja en el ambiente, y desde el punto de vista económico, la industria se ha hundido. Ya no es lo que era, ya no se gana lo mismo que antes, y se ve a muchas más mujeres independientes que dicen “ok, voy a participar en esta filmación, desde mi dormitorio, y así puedo pagar la universidad”. El porno se ha convertido en una industria autosustentable individualmente.

En ciertas tribus urbanas hay claramente algunos guiños de vestuario comúnmente usados en el porno. Pienso en la pollera muy corta y los calcetines largos, por ejemplo.
Es así. Cuando yo actuaba, mucho de lo que usaba era parte de la construcción de una ironía. Mi estética era antiestética: tenía toques punk rock, me reía de la colegiala, de la enfermera, de los estereotipos. Lo curioso fue cuando justamente en la calle comencé a ver chicas con los calcetines que usaba en mis películas o en Rusia me decían que yo era una “estrella hipster pop”, cuando mi única intención era hacer un chiste.

Tu novela está plagada de citas a grandes películas. ¿Fue el porno una manera de aproximarte a Hollywood?
Cuando entré al porno tuve una actitud “punk rock” de creer que no habría vuelta atrás. En mi mente, cualquier idea de ingresar al mundo del cine tradicional no iba a suceder jamás, porque sé cómo todo el mundo mira a la industria de la pornografía. Hasta que llegó la oportunidad de hacer la película de Soderbergh.

¿Trump o Hillary?
Estoy con Berni. Muchos lo están llamando “vendido”, pero prefiero a un vendido y que gane Hillary a que gane Trump. Trump no tiene ninguna experiencia. Hay economistas de todo el mundo que discrepan entre ellos, pero en lo que todos están de acuerdo es que si gana, nuestro país va a caer. Es bastante atemorizante. Son tiempos de mucha incertidumbre y espero que eso mueva a la genta a ir a votar, porque no puedes tener a alguien como “líder del mundo libre”, que es como llamamos al Presidente en Estados Unidos, con una mentalidad racista, que sostiene una campaña basada en eslogan del tipo “un inmigrante mató a una niña blanca”. Al final, todo esto tiene que ver con la falta de educación. Tenemos un sistema educacional gratuito terrible que tiene a un montón de gente escuchando a Trump y aplaudiendo la idea de “¡este es el sueño americano, nos vamos a hacer ricos de pronto!”. Estamos criando niños cuya única pasión es ser ricos y famosos.

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