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20 diciembre, 2017
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Inteligencia femenina para la paz

Scilla Elworthy ha sido nominada tres veces al Nobel de la Paz por su activismo por el desarme nuclear. En 1980 fue quien redactó el primer reporte de mutilación genital femenina. Además, creó Rising Women Rising World, una organización que busca potenciar “la inteligencia femenina” en hombres y mujeres líderes. Una mujer que, antes de movilizar a otros, superó sus dificultades y buscó la fuerza que había dentro de ella. Con Scilla, Paula.cl inicia un ciclo de entrevistas a mujeres sabias de impacto global. Ella estará presente en Femme Summit 2018, que se realizará el viernes 19 de enero en Parque Majadas de Pirque como parte de las actividades de la VII versión de Congreso Futuro..

Por Aleka Vial


Por Aleka Vial

Paula.cl

Tiene perfecta conciencia del momento en que la marcó la violencia. Tenía solo 13 años y era el año 1956. Estaba mirando la televisión en la pieza de sus padres en Escocia y vio a los tanques soviéticos entrando a Budapest y a niños de su edad tirándose encima para detenerlos. Horrorizada con la imagen, recuerda, corrió a su cuarto a empacar sus maletas. “Mi madre me preguntó adónde iba y le dije: ‘A Budapest’, ‘¿y para qué?’, me preguntó, ‘algo terrible está pasando allá y tengo que ir’. Por suerte, ella comprendió cuán importante era esto para mí y me dijo: ‘Eres demasiado joven para ser de alguna utilidad en este momento, pero te prometo que recibirás el entrenamiento que necesitas para que cuando seas mayor puedas ser útil’. Y lo hizo”.

50 años después, Scilla Elworthy ha sido nominada tres veces al Premio Nobel de la Paz y fue ganadora del Niwano Peace Prize por su trayectoria como activista.

¿Crees que hay un liderazgo especial que las mujeres debemos asumir hoy?
No se trata solo de las mujeres, pero sí de la inteligencia femenina en hombres y mujeres, porque estamos desintegrados o desbalanceados, y nos movemos solo a base de la inteligencia masculina, con un pensamiento lineal, que divide en partes; medimos todo, separamos todo y usamos solo el lado izquierdo del cerebro. Y todos necesitamos balancear esto incorporando la inteligencia femenina que está disponible para hombres y mujeres. Esta inteligencia trata de cinco cosas: compasión, inclusión, escucha –la mayoría piensa que es bueno para escuchar pero no lo somos–, interdependencia, o conciencia de que todo en el cosmos está interrelacionado como hoy lo está demostrando la física cuántica, y de la empatía. Estas son algunas de las cualidades de la inteligencia femenina y es muy bello verlas en hombres. También hay muchas mujeres que no las tienen. No se trata de un tema de género, sino de un balance en la mente y el corazón.

¿Por qué la inteligencia femenina nos permitirá solucionar los grandes problemas que enfrentamos hoy?
Porque cuando nos sentimos interconectados instantáneamente sabemos que si un glaciar se derrite, nuestros nietos se ahogarán; si sentimos compasión por el otro sabemos lo que está sintiendo un refugiado en lugar de juzgarlo. Uno de los grandes problemas de la humanidad hoy es la brecha entre ricos y pobres y esto está generando mucho resentimiento, por ello es necesario sentirnos interconectados con las personas que tienen menos y tomar responsabilidad por ellos. Si de verdad escuchamos, se diluye todo el calor de una discusión. El mejor regalo que le puedes dar a cualquier persona es escucharla.

Por Skype, desde su luminoso departamento construido en un antiguo establo del siglo XVI en un pueblo al oeste de Oxford, Scilla Elworthy habla a través de la pantalla. Con su voz tranquila y mirada turquesa, cuenta que viene de un “linaje de mujeres muy fuertes que fueron, o bien, abandonadas por sus maridos o los perdieron; mujeres solas, con hijos que sacar adelante, y deudas. Entonces tuvieron que encontrar la fuerza dentro de sí mismas. “Mi madre fue quien me enseñó a sembrar, a cuidar las plantas y a relacionarme con ellas. Obtengo toda mi fuerza de mi jardín, al poner los pies en la tierra, ayudar a las semillas a crecer, al cuidar y oler mis rosas. La tierra es una gran fuente de energía”.

¿Y cuál fue ese entrenamiento que tu madre te prometió?
A los 16 años me envió a trabajar en campamentos de verano para los sobrevivientes de Auschwitz. Allí me sentaba a pelar papas y a escuchar sus historias, horrorizada, por supuesto. Después, mientras estudiaba en la universidad, en Dublín, durante las vacaciones me iba a trabajar a campamentos de refugiados vietnamitas en el sureste de Francia y en Argel, adonde llegaban desde la Guerra Civil. Ahí trabajé con huérfanos, y así gradualmente me terminé yendo al oeste de África y luego a Sudáfrica, donde me casé con un sudafricano y me quedé por 10 años trabajando en la prevención de la hambruna, porque en ese tiempo el gobierno del Apartheid negaba que esta existiera.

Su tema es que la guerra está pasada de moda y es innecesaria hoy. También, demasiado cara y nos está privando de salud, agua, seguridad, educación. “Desarrollé el primer plan de costos o business plan para la Paz, que implica qué necesitamos hacer a nivel local e internacional, y cómo medirlo. Y el costo para construir la paz a nivel mundial en un periodo de 10 años es de solo 2 billones de dólares, lo que es nada comparado con lo que gastamos en armamento”, dice. Como resultado, acaba de lanzar el libro Un plan de negocios para la paz, construyendo un mundo sin guerra, una publicación práctica y muy bien fundamentada.

La visión de los tanques rusos invadiendo Budapest, en 1956, y los niños húngaros tirándose al suelo para detenerlos, marcó el destino como activista de Scilla Elworthy. “El costo de construir la paz es de 2 billones de dólares, lo que es nada comparado con lo que gastamos en armamento”, dice.

Acuerdo desde la cocina

¿Cómo te interesaste en el tema de la mutilación genital?
A finales de los 70 nos fuimos a vivir a París con mi esposo, volví a la universidad a estudiar chino, y allí trabajé para el Minority Rights Group, donde me asignaron la escritura del Primer Reporte de Mutilación Genital Femenina. Y descubrimos que esta práctica, incluso, se enseñaba en dos hospitales ingleses que tenían doctores africanos y egipcios practicando esta operación. La explicación era que era más seguro. Sin embargo, esto lo legitimizaba. Esta fue una batalla de largo aliento y muy lenta porque, primero, las que lo hacían eran las abuelas, que recibían dinero por ello; y segundo, porque la tradición enseñaba a los hombres a no casarse con mujeres sin mutilación genital porque estarían sexualmente fuera de control. Esta práctica no tenía nada que ver con una tradición religiosa, sino directamente con el control de la sexualidad femenina. Nada más.

Tu reporte se publicó en 1979 pero solo en 2012 la ONU prohibió esta práctica. ¿Por qué demoran tanto?
Muy simple. Porque no somos consideradas iguales. Muchos de los temas que tienen que ver con las mujeres no se reconocen o no son vistos por largo tiempo, como por ejemplo la violación como un arma de guerra. Nadie habla de ello.

¿En qué momento decides poner el foco en el tema de las armas nucleares, y cómo fue que formas el Oxford Research Group?
Inglaterra era uno de los cinco países que tenía armas nucleares en 1982 y yo estaba muy consciente de que se acercaba un desastre nuclear. Entonces participé en una conferencia de desarme en Naciones Unidas, pero esta no progresaba en nada. Ahí me di cuenta de que las Naciones Unidas no tenían el poder para hacer los cambios y, si un millón de personas marchando tampoco podía cambiar la intención del voto, ¿qué lo haría? Me fui a casa y formé un grupo de investigación en la mesa de mi cocina que se llamó el Oxford Research Group.

También, de forma inédita, lograste reunir a las personas clave en la toma de decisiones nucleares de varias potencias mundiales por lo que has sido nominada tres veces al Premio Nobel de la Paz.
Todavía lo estamos haciendo. Es un proceso muy largo y secreto. Durante mi doctorado pude conocer a 13 ingleses involucrados en este proceso, ganarme su confianza, y los invité a conocer a sus contrapartes de China o Rusia o Francia. Tuvimos que organizar estas reuniones de alto nivel de una forma muy discreta. Hicimos un gran trabajo que incluyó una serie de diálogos entre los científicos nucleares de China, Rusia y Occidente y el ejército que formaron la base de tratados posteriores. Y siempre incluíamos a críticos, personas que habían estado en el negocio de las armas nucleares pero que habían salido por razones éticas. De esta manera generamos una discusión a base de hechos concretos. Ahora el trabajo continúa pero con otras personas.

Después de todos estos años y trabajo realizado, ¿sientes que hay más conciencia en torno a las armas nucleares?
No. En 2000 se hizo un gran esfuerzo por reducir el armamento nuclear, pero los países se han estado rearmando y estamos en un muy mal pie. Existen alrededor de cinco mil armas nucleares listas para ser usadas en todo el mundo. Es muy peligroso, sobre todo por la cyberguerra y Trump en el poder.

Persuadiendo yihadistas

¿Es mejor trabajar con iniciativas individuales a base de personas comunes y corrientes para crear la paz?
Trabajé 20 años en el tema de las armas nucleares y entrené a gente joven que lo hace muy bien ahora sin mí. Durante ese tiempo empecé a conocer a personas extraordinarias de Pakistán, Sudán, Congo, Colombia que estaban construyendo la paz desde las bases. Sentí tanta admiración por ellas, por el enorme esfuerzo que hacían con tan poco apoyo económico, que decidimos crear Peace Direct, una organización que se dedica a apoyar a personas que trabajan en lugares en conflicto para detener la violencia. Apoyamos a activistas locales para hacer frente a los desencadenantes de la violencia, y reconstruir vidas después de la guerra, y nos encargamos de comunicar sus iniciativas.

Si eres un activista o mediador, ¿cómo te comunicas con una persona tomada por la violencia?
Abrir un diálogo con personas violentas es muy difícil y requiere de un gran coraje, pero conozco a muchas personas en Sri Lanka, Congo, Pakistán, que están mostrándonos que es posible. Por ejemplo, mi colega del noroeste de Pakistán, Gulalai Ismail, quien vive en uno de los lugares más peligrosos del planeta, está preparando a jóvenes para ir donde los yihadistas están siendo entrenados. Allí se hacen amigos de ellos, van a sus casas y conversan acerca de por qué no les gustaría que ellos se conviertan en bombas personales. Con este método han logrado persuadir a 200 jóvenes de no convertirse en suicidas.

¿Cómo entrenas a tus equipos y trabajas contigo en el manejo de tu violencia interna?
Los mejores constructores de paz son quienes se conocen muy bien a sí mismos. Entrenamos a las personas para que aprendan a examinarse, a pasar tiempo en silencio todos los días, a observar sus emociones, porque todos sentimos celos, miedo, ira, y si logramos tener la capacidad de subirnos a un helicóptero para observarnos a nosotros mismos en dicha emoción, no necesito ser atrapado por la ira, y eso me da la opción de decidir si quiero enojarme o no. Así desarrollamos la conciencia de la auto-observación.

¿Sigues a algún maestro, guía o tutor en temas de autoconocimiento?
Mi gran maestro fue mi cuerpo. En 1974, cuando mi hija tenía solo 6 semanas de vida y yo 30 años, tuve una enfermedad cerebral muy grave. Estuve en coma por dos semanas y cuando desperté tenía un dolor de cabeza terrible que no paró durante seis años. Y lo único que me preguntaba todos los días era: “¿Quién soy?”. Entonces busqué ayuda hasta encontrar a una sicoanalista junguiana. Ella me enseñó a examinarme, a mirar hacia dentro, a través principalmente del arte, la poesía, los símbolos, cuentos y leyendas.

¿Cómo llamarías a ese momento de conexión?
Algunos lo llaman despertar espiritual. Yo lo llamaría de autoconocimiento y conciencia de sí mismo. Lo que se desarrolla en ese momento es algo que yo llamo el poder interno: el poder de cambiar tu mente, controlar tus emociones, comprender a otros, tener coraje en el momento preciso que se requiere. Ese es el poder real. Ese es el poder que tenía Nelson Mandela, con quien tuve el privilegio de estar en varias ocasiones, y en su presencia tú podías sentir la energía de su integridad, podías sentir escalofríos durante media hora mientras él hablaba porque la energía de su integridad era muy fuerte. Eso es poder interior.

¿Cuál crees tú que es el origen de esta sabiduría?
Proviene de una inteligencia más grande que nosotros, algunos la llaman Dios, yo no; creo que no se trata de un hombre en el cielo, pero sí de una inteligencia que está en todo el cosmos, infinita, enorme y confío en ella. Lo que hago es que me doy un espacio, al menos una vez al día, para escucharla, entre media hora y 40 minutos, simplemente para estar tranquila, en silencio. Permito que el cerebro se aquiete y que el corazón se abra, y trato de escuchar lo que sea que esta gran inteligencia tiene que decir. A veces es nada y a veces dice mucho.

Ted de Scilla Ellworthy, La lucha sin violencia.

Señas:
-En 1980 redactó el primer informe sobre mutilación genital femenina para el Minority Rights Group.
-En 1982 fundó el Oxford Research Group.
-En 2002 creó Peace Direct.
-En 2012 fundó Rising Women Rising World.
-Ha sido asesora de Peter Gabriel, Desmond Tutu y Richard Branson en pacifismo y derechos.

Un plan de negocios para la paz, construyendo un mundo sin guerra es el nuevo libro de Scilla Elworthy.

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