Se apagan las luces

Reportajes y Entrevistas

Se apagan las luces

Por Catalina Kraus y Alejandra Villalobos / Fotografías Nicolás Abalos

Durante más de 15 años la familia Briones Cabrera fue conocida por abrir las puertas de su hogar y decorar su fachada y jardín con cientos de luces y figuras navideñas. Sin embargo, en este 2018, tras el fallecimiento del matrimonio, “la casa del Viejito Pascuero” -como es conocida- iluminará por última vez la calle Panamá de La Florida.

“¡Las luces, las luces!”, grita la gente desde la vereda de al frente para ver la decoración navideña que la familia Briones Cabrera ha preparado. Hace más de 15 años, la casa ubicada en la calle Panamá en La Florida es la atracción principal del barrio durante el mes de diciembre. Trineos, renos, osos polares inflables, muñecos de nieve, viejos pascueros musicales, ángeles navideños, un pesebre gigante y una cantidad indeterminada de luces y adornos forman parte de la llamativa producción. “Esto partió hace años. Mi mamá se lo hacía a mi papá porque él nunca tuvo navidades, de hecho, se hizo cargo de sus hermanos cuando era muy chico. Ella comenzó de a poco, compraba árboles de Navidad fuera de Santiago. Después fue sumando adornos, muñecos, figuras inflables y luces. Desde el 2014 mi mamá empezó a viajar a Tacna y en cada viaje traía novedades. Así fue hasta el 2017”, cuenta Jessica Briones, la hija menor del matrimonio.

El 20 de mayo de este año, Inés Cabrera falleció de cáncer de páncreas a los 65 años, un año y medio después de que muriera Gilberto Briones, su marido. Ese día, la calle Panamá se llenó de pañuelos blancos despidiendo a la dueña de la “casa del Viejito Pascuero”.

Inés y Gilberto, el matrimonio que durante 15 años iluminó la calle Panamá en La Florida.

En homenaje a ellos

Hace 31 años, Irene Lazo (52) llegó a trabajar a la casa del matrimonio de Inés y Gilberto, dueños de una bodega en La Vega donde vendían frutas y verduras al por mayor. La recibieron junto a su hija. “Trabajé muchos años con ellos y estuve en las buenas y en las malas. Ellos fueron súper buenos conmigo, me recibieron con mi hija con discapacidad, cuando ninguna persona te acepta con un hijo. Por eso tenía que devolverles la mano de alguna forma, y hacer esto es una manera de homenajearlos. Es un agradecimiento por todo lo que ellos hicieron por mí y por el resto”, explica Irene, quien sigue viviendo en la casa junto a su hija y unos nietos del matrimonio.

Se demoró 15 días en preparar todo, casi lo mismo que tardaba con Inés. “Este año Irene puso todo de su parte para tener la decoración a tiempo, y lo logró y nos sorprendió”, cuenta Jessica. Este es el primer año en que la familia se cuestionó si seguir con la tradición. Sin la presencia de sus principales protagonistas, Irene pidió permiso a los hijos para realizarlo y la última semana de noviembre dejó todo listo para poder encender las luces el 1 de diciembre a las 21:00 horas como es la costumbre. Todos los días se sube al techo de la casa para ajustar los muñecos inflables, además de prender las luces por sector, rutina que repetirá durante todos los días de diciembre.

“Lo hice de corazón. Cuando arreglaba las cosas pensaba en que Inés me estaba ayudando, siempre me imaginé que ella estaba conmigo ahí. El año pasado arreglamos todo en homenaje a Gilberto, y este año lo quise hacer para ella, en su memoria”, comenta Irene, quien espera para esta cena de Navidad que lleguen los tres hijos y los ocho nietos del matrimonio para cerrar un ciclo y despedir una tradición navideña que estuvo presente durante más de una década en la familia. Aún no sabe si esta vez abrirán la casa para el público; será decisión de los hijos.

Irene Lazo trabajó junto al matrimonio de Gilberto e Inés durante 31 años, y este año fue la encargada de continuar la tradición.

La despedida

Todos los 24 de diciembre a las 22:00 horas se abrían las puertas de la casa de los Briones Cabrera y se dejaba entrar a cientos de personas con sus niños para retirar un regalo. Una idea de Gilberto para que la gente compartiera y gozara aún más de esta fecha especial. Para él, era la ocasión donde podía convertirse en niño; disfrutaba viendo cómo se llenaba de gente que quería ver las luces de su casa, incluso muchos esperaban la medianoche ahí, en su jardín. Compraba peluches, juguetes o chocolates para regalar, y uno de los nietos se vestía de Viejito Pascuero y salía a entregar los regalos.

Gilberto falleció el 12 de diciembre de 2016. Sufría de diabetes y cáncer de esófago. Ese año alcanzó a ver la casa por última vez adornada, y en 2017 Inés e Irene hicieron una “Navidad maravillosa”, como recuerda Jessica, en honor a él. Desde ahí que en la reja de la casa se cuelga el retrato de Gilberto hacia la calle. Este año, se pondrá una foto de ambos.

“Mis papás siempre se sintieron bien entregándoles un poquito de ellos a las personas”, dice Jessica. “Mi mamá se estresaba si las luces no quedaban bien puestas o no combinaban entre ellas. Recorría todo Meiggs buscando cosas, podía caminar horas y horas sin cansarse. No sé cómo lo hacía. Al otro día partía a las tres de la mañana de nuevo a trabajar a La Vega como si nada, sin dolor de pies, y en la tarde la veíamos arriba del techo. Era inagotable mi vieja”. A las 24:00 horas se cerraban las puertas para colocar a Jesús en el pesebre, aunque si quedaba mucha gente en la entrada se volvían a abrir, a veces incluso después de la 1:00 de la mañana.

Hoy la casa que Gilberto e Inés construyeron hace 31 años para mantener reunida a la familia y dejar una herencia significativa para sus tres hijos está a la venta. Su pieza, intacta, se logra ver desde el living de la amplia casa, y Rita, una perrita que trajo Inés antes de fallecer, camina de un lado para otro con cierta ansiedad. Este 24 de diciembre será el adiós a una verdadera tradición que ilumina la calle Panamá.

“Prendían las luces, cruzaban la calle y se sentaban en la vereda a mirar cómo empezaban a pasar los autos. Mi papá tomaba cola de mono sentado en la cuneta. Así estuvimos todos por última vez el 2016… y siento que mis papás aún están sentados en la vereda de al frente mirando su casa. Ahora nos quedan solo los recuerdos”, dice Jessica.

Cientos de personas llegan todas las noches de diciembre para disfrutar del espectáculo de la “casa de las luces”.

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