Ser padre en el 2019

Reportajes y Entrevistas

Ser padre en el 2019

Por patricia morales / ilustraciones alejandra acosta

En un país donde la discusión de la igualdad de derechos está en la agenda pública y en el que el movimiento feminista ha logrado instalar una mayor reflexión sobre los roles de género, la forma de entender y vivir la paternidad cobra relevancia. Hasta ahora ha estado en segundo plano, como una suerte de acompañamiento a la maternidad, pero eso está cambiando. Así lo demuestra la última encuesta Ipsos, que entre otros resultados revela que hoy un 93% de los chilenos consultados está dispuesto a quedarse en la casa cuidando a los niños.

Cuando las y los chilenos piensan en sus padres o madres, en principio los definen con las mismas cualidades: esforzados, luchadores y generosos. Sin embargo, los siguientes adjetivos que aparecen en cada caso evidencian una forma de observar muy distinta a padres respecto de madres, que responde a un patrón clásico de la cultura occidental: los padres son observados como lejanos y con mucha frecuencia como ‘fríos’, es decir, con menor vínculo emocional que el que se mantiene con las madres; a lo anterior se suma que se les atribuyen cualidades de orden racional tales como la sabiduría y también la capacidad de soñar. En cambio, las madres están en el polo de la afectividad, presentes, alegres, acogedoras y comprensivas, además de exigentes; pero, en una forma muy tradicional de observar la maternidad, más lejanas a la sabiduría o la capacidad de soñar. Este es uno de los resultados de la encuesta de opinión Ser Padre en Chile, realizada recientemente por Ipsos a un grupo de hombres y mujeres de entre 18 y 50 años (ver recuadro).

La socióloga y magíster en Antropología y Desarrollo de la Universidad de Chile, Alejandra Ojeda, quien además es gerenta de Public Affairs en Ipsos y participó en dicho estudio, explica que “si bien los primeros tres adjetivos que aparecen se repiten al hablar de padres y madres, es interesante ver lo que ocurre con los siguientes de la lista, ya que es allí donde aparece la sutileza de la relación, y en este caso evidenciaron una expresión del clásico rol de género dentro de la familia que demuestra que la mirada de las chilenas y chilenos respecto de sus padres y madres sigue estando en un modelo bastante tradicional”.

Dada la mayor vinculación emocional con la madre, no sorprende que hombres y mujeres indiquen que tuvieron una mejor relación con sus madres que con sus padres. La sorpresa en este estudio viene después, cuando aparecen preguntas como ¿Qué pasa con ustedes? ¿Cómo se ven ustedes en su rol de padres?

Hombres al cuidado de los niños

Frente a la pregunta: En el caso de que tengas o tuvieras hijos en el futuro y existiera la posibilidad de quedarte en casa a cuidar a tus hijos, ¿lo harías? Un rotundo 93% de los hombres respondió que sí se quedaría en casa. “Este es un acto discursivo, una declaración, pero habla probablemente de los primeros e incipientes cambios en materia de disposición a la paternidad y al rol que va a cumplir, aunque aún estemos lejos de que se concrete. Un ejemplo de ello es que hoy menos del 1% de los hombres en Chile se toman el posnatal y apenas el 20% exigen los cinco días que tienen por ley una vez que nace un hijo”, cuenta Alejandra.

Ahora, cuando es a las mujeres a las que se les pregunta si les gustaría que sus parejas fueran quienes se quedaran en la casa para cuidar a los hijos, el porcentaje baja a un 64%. “Aquí lo interesante es que hay un 36% de mujeres que dice que no. Esta es la expresión de una forma de pensar que cree que la maternidad es irremplazable en el contexto de la crianza y que probablemente nos habla todavía de no comprender la coexistencia de ambos roles dentro del sistema familiar”, explica Alejandra. Y agrega: “En el caso de los hombres me atrevo a pensar que su respuesta parte de un desconocimiento respecto de qué implica en sí el hacerse cargo de los niños; y que las mujeres responden desde otro plano, no en favor de la pareja sino que de protección de la maternidad”.

A pesar de esto la experta advierte que seguramente si esta misma pregunta se hubiese hecho diez años atrás, de ninguna manera habría habido un porcentaje tan alto de hombres dispuestos a quedarse en la casa, y ese es un logro. “Hay una posibilidad histórica de aprovechar esta instalación de imaginarios que hasta ahora no se había dado”, dice. “Yo creo que los y las jóvenes nos van a sorprender en términos de conformación de familia. Estoy pensando en todas las mujeres que hoy están en la enseñanza media o que están en ambientes universitarios, que vivieron tomas feministas, que han marchado por las calles y que tienen todas las libertades respecto de cómo construir futuro o los elementos para pelear por sus derechos (de hecho este grupo etario fue, dentro de las mujeres, el que se mostró con mayor disposición a dejar a sus parejas al cuidado de los hijos, con un 78%). Las mujeres en edad adulta en general ya vienen de alguna manera formateadas culturalmente, entonces ellas están tratando de cambiar condiciones actuales; sin embargo, las jóvenes nos van a abrir posibilidades de organización del sistema familiar insospechadas hasta ahora”, añade.

Padres ¿muy valorados?

Probablemente el resultado más interesante del estudio corresponde a los padres que se sienten altamente valorados en su rol a diferencia de las madres. 6 de cada 10 padres no dudan en indicar que se sienten muy valorados en su rol, cifra que solo alcanza a 4 de cada 10 en el caso de las madres. Las mamás no declaran no sentirse valoradas, pero se instalan en un punto intermedio. ¿Qué hay de fondo en estas respuestas? La socióloga explica que la razón de esto es que el rol de la maternidad históricamente ha estado en el centro de la discusión, para bien y para mal. “Hay un problema en el colegio, ¿a quién llaman? A la madre. Viene la sanción social, ‘a esta niña o niño ¿cómo lo estará criando su madre?’. Siempre se ha visto la maternidad como principal o a veces exclusivo responsable de la crianza de los hijos y las hijas. ¿Dónde está la paternidad en esta discusión? Se ve como una compañía, nunca ha estado al centro de la discusión ni ha sido interpelada. Entonces, claro, tienes un padre menos cuestionado y que por tanto se siente mucho más valorado en su rol”.

Pero según la experta este modelo tiene fecha de caducidad. “El movimiento feminista ha puesto encima de la mesa el rol de la mujer y sus condiciones de vida en sus múltiples dimensiones, y una de esas es su papel dentro del sistema familiar y la maternidad, y esto interpela indirectamente a los padres. No sé si esta cifra de valoración de los hombres como padres se va a mantener en el futuro, porque a ellos se les va a empezar a exigir más, de parte de sus parejas y sus hijas. Van a aparecer demandas distintas de las niñas y de las adolescentes porque ellas observan lo que está pasando alrededor, escuchan las discusiones de las mujeres y reclaman de una manera distinta”, dice, y concluye: “No sé si la paternidad va a estar tan tranquila a futuro, creo que se le vienen muchos desafíos, porque hasta ahora ha tenido un rol demasiado tradicional”.

En la abrumadora cifra de un 93% de hombres dispuestos a quedarse en la casa al cuidado de los hijos, versus los que efectivamente se toma el posnatal (menos del 1%) parece haber una contradicción entre declaración y acción. Sin embargo, aunque no abundan, cada día hay más historias de padres que por decisión propia postergan su vida laboral en pos de la de su mujer. Ignacio González (ingeniero civil industrial, 35 años) es uno de ellos:

“Tenía una mirada muy romántica de lo que sería quedarme en la casa”
“En 2016 mi mujer quedó en un doctorado en Michigan. Es sicóloga y hace tiempo tenía ganas de hacerlo. Nos avisaron en julio de ese año que entraba en agosto del año siguiente. Teníamos un año para prepararlo todo. Yo renuncié a mi trabajo, soy ingeniero civil industrial y en ese momento estaba a cargo del proyecto Enseña Chile en Aysén. Entre las cosas que pensamos fue en tener hijos. En ese minuto los dos teníamos 33 años, el doctorado duraba seis, es decir lo terminaríamos con 39 años y entre medio tener guagua iba a ser difícil, así que empezamos con la calculadora. Si la Isi, mi mujer, quedaba embarazada en un mes, nos iríamos con una guagua de tres meses a Estados Unidos. Y resultó. En julio supimos que nos íbamos a vivir fuera y en agosto, que ya no nos íbamos dos, sino que tres.

Las clases de la Isi comenzaron apenas llegamos. Como aún estaba amamantando a Iñaki, nuestro hijo, le daba leche en la mañana antes de irse. Le tocaba de nuevo a las 11, así que yo me iba como una hora antes caminando con el coche a la universidad. Ahí buscábamos algún lugar, la Isi le daba papa y volvía a clases. Yo lo hacía dormir y me quedaba en la universidad dando vueltas hasta que despertara y le tocara tomar de nuevo. Así estuvimos durante siete meses, hasta que terminó el semestre y la Isi salió de vacaciones.

Para mí fue un privilegio poder estar con mi hijo todo ese tiempo, creo que la relación que ahora tenemos es superfuerte por eso mismo y que somos muy pocos los hombres que tenemos esa oportunidad. En el momento claro que fue difícil, no sé si yo era muy iluso, pero tenía una mirada muy romántica de lo que sería quedarme en la casa. Le dije a la Isi antes de irnos que con tal de poder ir al gimnasio una o dos horas al día, todo bien. Contraté todos los canales de fútbol. Tenía la idea de estar con una guagua sonriente y feliz todo el día. En la práctica sí pude ir al gimnasio y ver fútbol, pero no en los tiempos que quería, sino cuando podía. Fue difícil. Tanto que en un momento pensé en escribir la experiencia, pero después me sentí ridículo porque finalmente estaba viviendo lo que la gran mayoría de las mujeres vive siempre.

Ahora que lo miro con distancia pienso que lo más complejo, más allá de la rutina, que es algo a lo que uno se puede acostumbrar, es que te aflora el machismo que uno lleva. Me empecé a sentir mal con tonteras, como que no manejaba la plata. O lo otro era que todos los amigos que hicimos acá el primer año eran compañeros de la universidad de la Isi, entonces estaban todos en su ‘volá’, a nadie le interesaba escuchar mis historias con Iñaki. Incluso cuando ella llegaba en la tarde a la casa, venía cansada y tenía que leer más para el día siguiente. Yo en cambio no había hablado con ningún adulto durante todo el día y lo único que necesitaba era conversar con alguien. Hay algo bien interno que te pesa. Te empiezas a pasar rollos de qué va a pasar con tu carrera profesional. Fue un momento familiar difícil.

Cuando Iñaki ya estaba un poco más grande empezamos a ir a una ‘casa de la amistad’ para los esposos y esposas de estudiantes inmigrantes. Obviamente era el único hombre. Pero eso me ayudó para practicar el inglés y hacer un poco más de redes. Hace meses encontré un trabajo y le buscamos un jardín a Iñaki. Yo lo paso a buscar cuando sale y en la casa la crianza es compartida. Sería injusto que dijera que hoy me hago cargo ciento por ciento, porque nos repartimos las tareas. Si la Isi tiene que estudiar me quedo yo, o si yo tengo que salir, se queda ella. La verdad es que ahora que miro para atrás agradezco la experiencia que vivimos y también la recomiendo, pero con una mirada realista, porque mi visión de ser dueño o dueña de casa estaba muy idealizada, era muy romántica”.

El estudio

La encuesta de opinión Ser Padre en Chile fue realizada en mayo de 2019 por Ipsos Chile y su objetivo fue conocer la forma en que jóvenes y adultos describen la paternidad en Chile, estableciendo la comparación con percepciones sobre maternidad. Se trata de un estudio cuantitativo, en el que se aplicaron encuestas web a la base de datos de correos electrónicos del panel Ipsos. El grupo objetivo fueron hombres y mujeres, entre 18 y 50 años, de los niveles socioeconómicos C1, C2, C3 Y D, residentes en el territorio nacional. Se obtuvo una muestra de 300 casos, 123 de la Región Metropolitana y 177 de regiones, y del total el 50% fue mujeres y el otro 50% hombres.

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