Sexo en el embarazo

Reportajes y Entrevistas

Sexo en el embarazo

Por Lucía Rivas / Ilustración: Gertrudis Shaw

“Estoy casada hace 13 años y tengo tres hijos: uno de 10, el otro 6 y el último de ocho meses. Durante los tres embarazos me he sentido igual: desbordo energía y ganas. Y eso aplica para todo lo que hago; para ordenar, para hacer deporte y para la sexualidad. Para mí, el sexo en el embarazo es muy placentero, es una etapa donde me siento plena. El embarazo de verdad es un estado donde me siento diferente. Como es una espera súper emocionante, me transmite mucha alegría y power.

En los tres embarazos tuve síntomas de parto prematuro, entonces tuve que estar en reposo desde el quinto mes en adelante, con prohibición de tener relaciones sexuales hasta la semana 37, cuando la guagua ya está preparada para nacer. Así que nuestra vida sexual fue muy intensa hasta el quinto mes y después en las últimas semanas.

De todas maneras hay una activación de la libido súper fuerte, un antes y un después. Puedes tener una buena vida sexual en el día a día, pero siempre está la rutina, los niños, el cansancio. Cuando quedas embarazada es increíble cómo la libido se dispara al cien por ciento. No sé si durante los embarazos mi vida sexual fue más frecuente, pero era mucho más intensa: tenía ganas todo el día y a toda hora. A esta edad, a los 40, uno ya no tiene ganas todo el tiempo. El instinto sexual baja considerablemente, pero embarazada sentía que había vuelto a los 20, que de nuevo era una lola recién pololeando, como en la etapa de enamoramiento. Lo he conversado con amigas y todas coinciden en lo mismo; estando embarazada te sientes un poco adolescente.

Mi marido se asustaba más. Con el primer embarazo le daba miedo que la guagua sintiera algo. Le daba cosa. Al principio era un temor psicológico, pero cuando te sale la guata, los miedos dejan de ser en base a algo intangible y se transforman en algo real. Le preguntaba si acaso no le gustaba mi cuerpo y me respondía que sí, que le gustaba, y ahí yo le decía: “démosle entonces”. Aunque le daba cosa, eso no nos frenó nunca.

Embarazada me sentí sexy. Es divertido, porque si te miras al espejo pilucha, te ves deforme. Por muy flaca que seas, es una guata protuberante. Pero yo me sentía linda, no me molestaba la guata, y creo que a mi marido tampoco porque lo notaba súper entusiasmado. Además estás con las hormonas muy revolucionadas. Todo cambia cuando nace la guagua. La guata ya no es de embarazo, y te queda fea, fofa. Después del parto a mí me vienen todos los achaques, porque siento que mi cuerpo cambia, que sobran cosas, tengo menos energía.

El sexo estando embarazada es una situación divertida, que hay que saber tomársela con humor. Porque en términos prácticos, para que ese momento funcione, requiere de verlo de forma lúdica. No te puedes mover con la agilidad con la que te mueves siempre, y muchas veces las posiciones que terminas teniendo que probar posiciones, que la guata para acá y para allá.

Con mi primer hijo estuve hospitalizada desde el quinto mes en adelante, con reposo hasta que naciera. Mi marido estaba en Chillán, así que viajaba los fines de semana a verme. A las 37 semanas, el doctor nos dejó retomar la vida sexual. Un fin de semana viajó a Santiago, después de que habían pasado dos semanas desde la última vez que nos habíamos visto. Y tuvimos una noche muy intensa. Nos quedamos dormidos pasadas las dos de la mañana, y a la tres empecé a tener contracciones. Fue instantáneo. No sé si fue era que tenía que nacer o si tener sexo aceleró el proceso. Todos nos dicen que mi hijo estaba esperando a su papá. Nosotros nos reímos.”

Lucía Rivas (41), periodista. Tiene tres hijos y vive en Chillán.

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