Sobre tacos

Reportajes y Entrevistas

Sobre tacos

Por Consuelo Lomas / Fotos: Constanza Miranda

De lunes a viernes, cientos de personas se detienen en las afueras de algunos de los principales malls capitalinos para ver bailar a Javier Chacón (22). Hace tres años que este joven musculoso se sube arriba de un par de zapatos taco aguja de 18.5 centímetros de alto y se mueve vigorosamente al ritmo de cantantes pop como Ariana Grande o Lady Gaga. Esta es la rutina diaria de un bailarín quien, de a poco, ha logrado una suerte de fama entre los peatones de Santiago.

“Partí bailando en la esquina del Paseo Ahumada con Estado, con un parlante que me compré por $50.000 pesos. De eso ya ha pasado un tiempo, y mi show ha cambiado bastante. El estilo de baile que hago ahora se llama heels. La característica es que se baila sobre tacos o stilettos de más de 7 centímetros. A mí me gusta mezclarlo con otros tipos de ritmos urbanos como vogue, reggaetón, hip hop y dancehall. Sin duda lo que más le llama la atención a la gente es el tema de los zapatos.

 

Nací y crecí en un pueblo muy chiquitito del sur, en Lanco. Lo pasé súper mal siendo niño porque era el raro del pueblo, y todo el mundo me apuntaba con el dedo. Me pusieron muchos apodos, pero nunca dejé que nadie me viera afectado por lo que me decían. Me vine solo a Santiago a los 17 años porque quería cumplir el sueño de ser bailarín. Mi papá me advirtió que si me iba de la casa, no podía volver. Me arriesgué y me fui igual. Sentía que si no lo hacía, me iba a quedar para siempre en ese lugar. Creo que lo que me impulsó a perseguir este sueño fue una enfermedad que me marcó siendo muy chico. A los 12 años, me diagnosticaron cáncer al oído medio. Fueron tiempos súper difíciles, no sólo por los tratamientos sino que también porque me sentí muy solo. Se me cayó el pelo, no podía ir al colegio ni compartir con otros niños. Esa experiencia me hizo entender que uno no siempre tiene segundas oportunidades y que hay que pelear por lo que realmente quieres.

Cuando llegué a Santiago no sabía ni siquiera andar en metro. Pero a pesar de que no conocía nada, para mí esta ciudad siempre fue un sinónimo de oportunidades. Porque la capital sigue siendo Chile en muchos sentidos. Yo siempre soñé con ser artista y con vivir de esto. El hecho de pararte y decirte a ti mismo que te vas a dedicar a la danza es difícil. He aprendido con el tiempo que siempre va a haber gente a la que no le va a gustar lo que haces, y por eso trato que mi trabajo transmita confianza en lo que hago.

 

 

No estudié formalmente danza porque no tenía la plata para hacerlo. Todo lo he aprendido por mi cuenta. Además creo que no es necesario tener una carrera universitaria de bailarín para poder ejercer como uno. Cuando me vine a Santiago intenté hacer una carrera formal. Me informé sobre cuáles era las opciones y dónde podía estudiar, pero finalmente no pude concretar ninguno de esos planes. Durante ese primer tiempo y antes de dedicarme de lleno al baile callejero fui vendedor en varias tiendas de retail. Tengo una personalidad extrovertida y por eso siempre me fue muy bien en las ventas. Con eso podía hacerme un buen sueldo para mantenerme.

 

 

Mi rutina de trabajo parte temprano. Desayuno en mi casa y me preocupo de comer saludable porque tengo tendencia a engordar. En las mañanas me voy a bailar a Maipú o me dedico a ensayar y preparar mis coreografías. Escucho bien la música y las letras. Me gusta entender de qué se trata una canción para poder comunicar esas emociones a través del baile. Esos entrenamientos los hago normalmente en el GAM. Ahí se juntan muchos bailarines porque hay espacios amplios afuera donde se puede practicar. Te puedes encontrar con todo tipo de gente; desde adolescentes que bailan coreografías de Kpop hasta bailarines que trabajan en la tele y preparan ahí sus coreografías.

 

Me gusta ensayar en ese espacio porque hay mucha gente bailando cosas distintas y se genera un ambiente muy bueno. Saco mucha inspiración al ver a otros bailarines, cada uno en lo suyo. Prefiero hacerlo ahí que en una sala de ensayo con profesionales, porque las veces que he ido a lugares así siento que todos te observan esperando que te equivoques para hacerlo notar. La competencia entre bailarines es feroz. Y no quiero ser parte de eso. Cuando llega alguien que no es tan bueno como tú tienes dos opciones: puedes reírte o ayudarlo a mejorar. Yo elijo la segunda.

 

Los coreógrafos y bailarines que admiro empezaron como yo: desde cero o con muy pocas herramientas. Y por eso cuando los veo pienso que mi historia podría ser como la suya. Para mí soñar es algo súper válido, aunque la gente no respete al que sueña en grande. Acá muchos creen que si no tienes un título universitario, no eres nadie. Si estudiaste en colegio con número, eres pobre. Y si estudiaste en uno sin número, eres rico. ¿Pero de qué sirve todo eso si al final terminas trabajando en algo que no te gusta sólo para poder pagar las cuentas? Yo prefiero levantarme todos los días con ganas de hacer lo que hago. A pesar de que ha sido difícil lograr una estabilidad económica trabajando en la calle, no vivo con estrés y las preocupaciones que tengo las boto a través de la danza. Todas mis frustraciones y rollos los saco a través de la música. Es mi propia terapia. Bailar en la calle no es un trabajo para mí, es lo que amo. Por eso mismo creo que no tengo mala onda con nadie. En el mundo del baile hay muchas rivalidades y envidias. Yo no siento eso. Cuando alguien tiene éxito, me siento realmente feliz por ellos.

 

Cuando la gente me ve por primera vez se sorprende mucho. Algunos se espantan y otros ponen cara de vergüenza. Creo que les resulta demasiado extraño ver a un hombre como yo, masculino, usando tacos y bailando este tipo de coreografías. Asumo que a algunos no les va a gustar lo que hago, porque o no lo entienden o simplemente no hay afinidad en las ideas. Eso no justifica que no haya respeto por el otro. Esa es la base para que podamos coexistir. Yo me muestro muy seguro cuando bailo, porque para mí esto es un arte. Y creo que por eso muchas veces esa misma gente que al principio me mira con recelo, termina quedándose y aplaudiendo. Me siento orgulloso de tener un talento que entretiene a la gente.

 

Mi sueño es irme a estudiar a Los Ángeles, en California. Me encantaría bailar para artistas como Madonna o Lady Gaga, pero para eso tengo que aprender mucho. No me da miedo irme a otro país y empezar de nuevo. Buscaría mi oportunidad allá, tal como lo he hecho aquí. Siempre va a haber alguien que hace las cosas mejor que uno, pero eso no significa que tengas que sentirte inseguro. No soy una copia de nadie y me siento orgulloso de eso, porque ser único es algo importante. Yo le pongo mucho de mí a mis coreografías; mi expresión facial, mis movimientos. Tengo claro a dónde quiero llegar y quién quiero ser. Estoy partiendo desde la calle, pero eso no significa que no pueda llegar a mi meta”.

 

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