Soy bisexual ¿y qué?

Reportajes y Entrevistas

Soy bisexual ¿y qué?

Por Victoria Misito y Alejandra Olguín / Fotografías Mila Belén

Aunque al menos el 1,6% de los jóvenes chilenos se declara bisexual según la última Encuesta Nacional de Juventud, y a que hace más de 70 años Alfred Kinsey publicó una escala donde situaba a la mayoría de las personas dentro de este espectro, la bisexualidad sigue siendo un tema tabú. Invisibilizados dentro de las minorías sexuales, e incluso muchas veces discriminados hasta en la comunidad LGTB, se les tilda de promiscuos, de indecisos, de inmaduros. Aquí, tres personas explican cómo es sentirse atraídos tanto por hombres como mujeres.

¿Empanada de pino o de queso? Con esa pregunta bromean los amigos de Constanza Narváez (35) cuando hablan de su sexualidad. Se trata de una referencia a la película chilena “Joven y alocada”, donde la protagonista es bisexual. Pero uno de ellos siempre adelanta la respuesta: “A la Coni le gusta la napolitana, porque tiene de todo”.

A sus 24 años, mientras estudiaba ingeniería comercial, Constanza tuvo las primeras dudas sobre su orientación sexual: se puso celosa del pololo de una de sus compañeras de universidad. No sabía qué era lo que le pasaba e intentó evadir la situación, pensando que se trataba de celos de amistad. Tiempo después, acompañó a un amigo a una fiesta gay y le dio un beso a una mujer jugando a la botellita. No se sintió extraña. De hecho, hubo química inmediata. Desde ese día empezaron a salir y tuvieron una relación. Constanza pensó durante tres años que era lesbiana, hasta que terminó y volvió a salir con hombres. Se convenció de que había sido una fase, que había “vuelto a ser heterosexual”, hasta que, nuevamente, se enamoró de una mujer. Y se definió como bisexual. “Sabía que iba a ser difícil, porque incluso dentro de la diversidad sexual, la gente tiende a juzgarnos. A mis amigos gays les cuesta más entenderlo, y me insisten en que decida si soy lesbiana o heterosexual. Pero yo ya estoy decidida: me gustan los hombres y las mujeres”, dice Constanza, quien actualmente trabaja como directora de Administración y Finanzas en Fundación Iguales.

A María Nardiello le pasa algo similar. “Cada vez que tengo una relación es como volver a salir del clóset con los que me rodean”, cuenta. Hace cinco años asumió su bisexualidad, pero reconoce que el tiempo no la ayuda. Sus amigos del colegio, quienes la conocieron pololeando con hombres, piensan que es heterosexual y se espantan cada vez que la ven con una mujer. En cambio, sus compañeros de la Universidad Católica, la encasillan como lesbiana, porque siempre la han visto con personas de su mismo sexo. María no entiende que haya un límite de género para enamorarse de alguien. Para ella, la barrera reside en la actitud y pensamientos de la persona, no en que sea hombre o mujer, aunque sus cercanos tienden a pensar que todo se trata de una fase. Que todo se debe a que es incapaz de saber lo que realmente quiere. “¿Por qué no basta con decir que soy bisexual para que la gente asuma que a veces puedo llegar con una mujer y otras con un hombre?”. Miguel Avilés (24), quien a los 15 años conoció el término bisexual a través de internet -donde la mayoría eran páginas porno-, concuerda con María: “Siempre hay que estar justificándose. A los heterosexuales y homosexuales nunca se les pregunta por qué están con su pareja, en cambio nosotros tenemos que dar motivos porque la gente tiende a cuestionarnos más”, cuenta el estudiante de psicología de la Universidad Católica.

Estos tres casos no son la excepción. En Chile, según la última encuesta Nacional de Juventud, un 1,6% de la población entre 15 y 29 años se define como bisexual, lo que equivale a más de 64 mil personas. Eso es la suma del Estadio Nacional y el Movistar Arena repletos de personas. A pesar de eso, no existe un colectivo bisexual en Chile. De hecho Constanza, quien se mueve dentro del marco de la diversidad, puede contarlos con una mano; Miguel conoce a uno; María, a ninguno. Pero no creen que se deba a que no existen en su círculo, sino que simplemente prefieren no admitirlo por el miedo a ser estigmatizados: “Es difícil encontrar más bisexuales asumidos”, comenta María.

Los tres concuerdan: la única forma de terminar con los prejuicios y que quienes son bisexuales se sientan con la libertad de admitirlo, es a través de la educación. “Me gustaría que desde chico te enseñaran que en el mundo hay de todo. Que como hay gente morena y otra blanca, también existe diversidad respecto a la orientación sexual”, dice Constanza.

 

(Des)información

¿Te gustan más tener sexo con hombres o con mujeres? ¿Puedes estar en una relación monógama? ¿Pero eres más gay o más hétero? ¿Haces muchos tríos? A este tipo de preguntas suelen estar expuestos María, Constanza y Miguel, quienes aseguran que los interrogatorios se deben al hecho de que aún se trate de un tema “tabú”. “He escuchado cosas insólitas. Una vez me preguntaron que cómo puedo lograr que un hombre o una mujer lleguen al orgasmo porque creen que por ser bisexual no eres suficientemente hombre para darle placer a una mujer, y lo mismo al revés”, cuenta Miguel.  

Más allá de la incomodidad, lo que revelan estas dudas es una falta de información en la sociedad. “Los grandes estudios casi siempre están orientados hacia la comunidad homosexual, pero se omiten a los bisexuales. Se los invisibiliza”, dice la psicóloga y autora del libro “LGTBI Historia y política de la sexualidad”, Janet Noseda. Esta invisibilización de la que habla Noseda -y que María, Constanza y Miguel respaldan- resulta curiosa considerando que ya en la Antigua Grecia se practicaba la bisexualidad: Platón consideraba que el verdadero amor sólo se daba entre dos hombres, mientras el matrimonio debía ser con una mujer para poder reproducirse. Y si bien los griegos no manejaban el concepto de bisexualidad, Freud sí lo hizo hace más de cien años atrás, cuando sugirió que los seres humanos somos de naturaleza bisexual, refiriéndose a la identidad tanto masculina como femenina con la que todos nacemos.

También existen mediciones respecto del tema. En 1948, Alfred Kinsey propuso una escala donde clasificaba a los humanos desde cien por ciento heterosexual hasta absolutamente homosexual, con cinco niveles intermedios de bisexualidad, en donde se encontraría la mayoría de la población. “La orientación sexual se va construyendo y va variando a través del tiempo”, dice Noseda. “La bisexualidad siempre ha existido”, afirma el director del  Centro de Estudios en Psicología Clínica y Psicoterapia (CEPPS) de la Universidad Diego Portales, Claudio Martínez. “En general todo lo que no es binario se entiende como “anormal” y la bisexualidad de manera particular se encuentra en una especie de terreno de transición”. Ante la pregunta “¿A qué grupos de personas que no les gustaría tener como vecinos?” de la Encuesta Nacional de Juventud, el 18% de los adultos responde “bisexuales”, mientras que el porcentaje de jóvenes es de 10%. Martínez cree que esto se debe principalmente a prejuicios: “como la bisexualidad es vista como una fase de exploración y búsqueda, supuestamente llevaría a la gente a ser más promiscua que heterosexuales o gays”, dice el académico. Pero añade: “esta sensación es bastante ridícula, ya que todos podemos tener vecinos bisexuales sin siquiera saberlo”.

La vida en pareja

Se conocieron por Tumblr. Hablaron todos los días durante dos semanas, hasta que Danitza decidió venir a Santiago para conocer a Miguel en persona. Antes de eso, Miguel había tenido dos relaciones: nueve meses con un hombre y dos años con una mujer. Su descripción en Tumblr decía que era bisexual, pero Danitza no se dio cuenta y tampoco le importó. Se pusieron a pololear a los pocos meses.

Actualmente llevan dos años en una relación monógama, pero Miguel asegura que para el resto existe un estigma sobre su condición: “Me carga que la gente piense que me tienen que gustar todas las mujeres o todos los hombres y que si estoy con uno voy a necesitar al otro. No me gusta toda la especie humana”. Además, comenta que sobre él reside una presión social mayor respecto a la fidelidad, ya que la gente lo tiende a tildar de promiscuo: “Que estoy experimentando, que soy un puto”.

Constanza vive situaciones similares. Sus parejas le han comentado que al estar con ella el riesgo es doble, ya que cualquier persona sería una posible amenaza. “La gente cree que todas las micros me sirven, que uno anda picoteando por todos lados de forma paralela, pero no es así. Para mí la bisexualidad no se trata de andar probando, sino de que te guste una persona independiente de su sexo”, explica. No se trata de intercalar una relación con un hombre y luego una mujer.

De hecho, Martínez explica que lo correcto es hablar de personas que podrían eventualmente sentir atracción hacia ambos sexos: “Un hombre puede ser bisexual y nunca haber estado en una relación con otro hombre, pero sabe que existe la posibilidad de que eventualmente eso pase”. María cuenta que cuando estaba en cuarto medio pensó en que nunca se había dado a sí misma la posibilidad de que le gustase una mujer. Fue así, una decisión consciente, en donde se planteó “¿y por qué no?”.En general estoy con mujeres que se salen del estereotipo femenino. Lo mismo con los hombres, no me gustan los “machos”. No veo mucha diferencia entre las personas con las que he estado, porque también hay un tema de cánones establecidos de género, a los que no responden y a los que nadie tiene por qué responder”, dice. “Cuando pienso en el futuro, no sé si estaré con un hombre o con una mujer. No tengo cómo saberlo. Cuando quiera formar familia, va a ser la persona que llegue en ese momento y que comparta mis intereses, independiente de su género”.

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