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10 febrero, 2017
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Stefano Mancuso: El hombre que ama las plantas

Las plantas del jardín hacen vida social entre ellas y con los insectos. Los árboles del bosque se ayudan a través de las raíces. Y, además, tienen capacidad de aprender y memorizar. Stefano Mancuso, el neurobiólogo vegetal que fue uno de los invitados del Congreso del Futuro, trajo noticias sorprendentes del mundo que investiga. “Las plantas son más inteligentes que los animales”, asegura.

Por Carola Solari / Fotografía: Cristóbal Olivares


Paula 1219. Sábado 11 de febrero de 2017.

Stefano Mancuso vive en Florencia, considerada la capital del arte. No es exactamente un lugar verde, sino más bien una ciudad italiana bella y antigua. Pero él, que nació en la isla de Sicilia, se las ha arreglado para tener una relación con los árboles que hay cerca de su casa. “Tengo sentimientos de amistad con esos árboles. Me gusta ir a visitarlos y pasar tiempo con ellos, porque me relaja”, dice muy sonriente. Y agrega: “Ese efecto es algo que nos sucede a todos, no solo a mí que estudio el mundo vegetal. Los hombres evolucionamos entre las plantas y durante toda nuestra historia estuvimos junto a ellas; evolutivamente hace muy poco tiempo vivimos en las ciudades. Por eso cuando estamos junto a las plantas nos sentimos en nuestro ambiente natural, nuestro verdadero ambiente”.

Mancuso es uno de los máximos exponentes del mundo en neurobiología vegetal. Dirige el Laboratorio Internacional de Neurobiología Vegetal (LINV) de la Universidad de Florencia donde es profesor. Ha publicado más de 250 artículos y varios libros, entre ellos, Verde brillante y biodiversos, en que expone los hallazgos y conclusiones de sus estudios: la comunicación de las plantas y su capacidad cognitiva. Entre las cosas sorprendentes que se ha dedicado a difundir está que las plantas son seres complejos, inteligentes, sensitivos y que, además, se comunican. “Hablan, se mandan mensajes”, asegura.

¿Cómo le explicas a alguien que no tiene idea de ciencias, qué es la neurobiología vegetal?
Es una disciplina científica que estudia las plantas como seres  dotados de capacidad cognitiva. Para estos estudios utilizamos todas las técnicas y modelos que normalmente se usan para investigar las capacidades cognitivas de los animales que, sin embargo, nunca habían sido aplicadas a las plantas, porque se pensaba que eran organismos completamente privados de capacidad de respuesta.

¿Cómo es tu laboratorio de neurobiología vegetal en Florencia?
Es un laboratorio de biología avanzada. Tiene una parte muy grande con todos los instrumentos para el análisis del DNA, microscopios focales, instrumentos para medir las señales eléctricas en las plantas y luego, obviamente, como estudiamos a las plantas, hay cámaras de crecimiento y un invernadero muy grande y hermoso.

¿Qué plantas hay ahí?
Todas las plantas, muchísimas especies distintas. Seguramente algunas especies son las estrellas del laboratorio. Por ejemplo, una planta muy pequeñita y tosca que se llama Arabidopsis y es una planta modelo para experimentos que se encuentra en todos los laboratorios que estudian las plantas. También trabajamos mucho con el maíz, frijoles salvajes, vid. Y plantas exóticas o que vienen de sitios lejanos como África.

¿Cómo son las investigaciones que haces con las plantas?
Te cuento un experimento que hicimos en el laboratorio para estudiar la comunicación de las plantas. Pusimos dos grupos de plantas: uno aquí y otro unos metros más allá. A un grupo la sometimos a un estrés; le echamos sal a la tierra, que es peligrosa para las plantas. Nos dimos cuenta de que estas plantas producían sustancias volátiles que se difunden en la atmósfera y que llegaban a las plantas del otro grupo. Esas sustancias son un mensaje que les avisa del hecho de que hay un estrés en curso y así pueden iniciar una adaptación, volverse más resistentes a ese estrés. Lo que estudiamos son el tipo de moléculas que producen, cómo se transportan y qué efecto tienen en el otro grupo de plantas.

¿Esas moléculas son invisibles al ojo humano?
No se pueden ver porque son moléculas gaseosas. Algunas logramos identificarlas con el olfato, como cuando sentimos, por ejemplo, el perfume de una planta. Esas son moléculas para comunicar. Pero la mayor parte de las veces no las percibimos y se requiere de instrumentos especiales para identificarlas.

¿Qué es entonces el perfume de una flor? ¿Un mensaje? 
Sí, es un mensaje. No para nosotros, sino para los insectos. Para llamar su atención, para hacerles saber que aquí hay polen y vengan a recogerlo, emiten estos mensajes. Algunas veces se trata de olores que a nosotros nos parecen agradables, como el perfume de una rosa. Pero otros no lo son. Hay plantas que emiten olores muy desagradables que imitan el olor de la carne putrefacta que gusta mucho a algunos insectos. Pero siempre son mensajes para atraer a los animales.

¿Es efectivo que las plantas pueden manipular a los insectos?
Normalmente es una especie de trato entre los dos, en el sentido de que el insecto viene y toma el polen y es recompensado por esta operación con el néctar, una sustancia dulce muy energética que les gusta mucho. Ese es el pago por su labor. En ese sentido no es que haya mucha manipulación, sino que es un trato entre plantas e insectos; un acuerdo. Pero sí hay casos de manipulación. Por ejemplo, el café cuando florece abre las flores y atrae a los insectos y ellos llegan. Ahora, la planta evalúa si el insecto fue eficiente en transportar el polen o no. Si lo hizo bien, aumenta en el néctar la cantidad de cafeína, la que activa el cerebro de la hormiga y de esa forma regresa a esa planta. En cambio, si el insecto no fue eficiente, la cantidad de cafeína desaparece completamente de manera que el insecto no se recordará de esa planta.

Memoria vegetal

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Has dicho que las plantas están dotadas de 15 sentidos. Nosotros tenemos cinco. ¿Cuáles son los otros 10 que tienen ellas?
Mira, las plantas sienten muchísimas cosas que nosotros no estamos en condiciones de sentir. Por ejemplo, los campos eléctricos, los campos magnéticos, los gradientes químicos o la presencia de patógenos. Los humanos no sentimos a los patógenos; más bien los sufrimos cuando nos da un resfrío o una influenza, pero no es que los percibamos. Las plantas tienen la capacidad de sentir muchísimas cosas respecto de los animales.

“Las plantas tienen una suerte de cerebro distribuido; es decir, todas las células del cuerpo funcionan y hacen su contribución a esta inteligencia. Pero hay algunas zonas en  la punta de la raíz que  emiten muchísimas señales eléctricas. Esa zona es más cercana como idea a la de  un pequeño cerebro”.

¿Pero pueden sentir, por ejemplo, miedo ante una amenaza o dolor si les cortan una rama?
No, esos son sentimientos, que es algo distinto. Sienten en el sentido de que perciben lo que hay en el ambiente. Si sienten dolor, no lo sabemos. Sí sabemos que cuando tocas una planta emiten señales eléctricas en el propio cuerpo, pero no diría que eso es dolor. Porque el dolor es algo, cómo decirlo, algo que aqueja casi exclusivamente a los animales. Por el hecho de que se mueven, los animales tienen la necesidad de sentir dolor. Si está haciendo algo equivocado, que amenaza su sobreviviencia como quemarse, siente dolor y se puede mover de inmediato. En el caso de la planta no puede moverse, por lo tanto, no tendría caso sentir dolor. Luego, la planta tiene un cuerpo que está construido de manera distinta que el de los animales. Tiene un cuerpo que, de alguna manera, está construido para ser comido por los animales.

Has afirmado que las plantas tienen la capacidad de aprender y de recordar. ¿Cómo es eso?
Sí, tienen capacidad de memoria. Hace dos años hicimos un trabajo que demostraba eso: que las plantas tienen la capacidad de aprender a distinguir entre dos estímulos distintos y, una vez que aprendieron a hacer esa discriminación, mantienen esa memoria por largo tiempo, por al menos dos meses. Trabajamos con la mimosa púdica, que es esa plantita que cuando la tocas cierra las hojas. Ese cierre de las hojas es una operación que le requiere mucha energía a la planta. Entonces nos preguntamos: si son inteligentes, deben aprender a distinguir cuando un estímulo es realmente peligroso y tienen que cerrar las hojas y cuando no lo es. Lo que hicimos fue poner estas plantas en maceteros –miles de plantas, eran muchísimas– y las hacíamos caer a 10 centímetros del suelo; un pequeño saltito. Las primeras veces, todas las hojas se cerraban porque era un estímulo nuevo y potencialmente peligroso. Después de unas pocas repeticiones, las plantas dejaban de cerrar las hojas. Se podría pensar que quizás estaban cansadas y por eso no reaccionaban así. Pero no, porque si tocabas las hojas se cerraban de inmediato. Entonces, habían aprendido a distinguir entre un estímulo no peligroso: la caída a la que dejaron de responder, porque ya no cerraban las hojas. Y un estímulo que continuaba siendo peligroso como es tocar sus hojas. Una vez que le enseñamos esto, las dejamos en un invernadero por dos meses sin tocarlas y sin ir a verlas. Y al cabo de los dos meses repetimos el ejercicio y las plantas recordaban perfectamente los dos estímulos: si las hacíamos caer no cerraban las hojas y si las tocábamos cerraban las hojas. Con esto demostramos que habían aprendido y tenían una memoria de dos meses, lo que es una memoria muy larga, porque hay insectos como las abejas que tienen una memoria de dos días.

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¿Cómo se explica que tengan memoria? ¿Acaso  las plantas tienen un sistema nervioso?
No lo tienen, tampoco tienen neuronas. Pero, cómo decirlo, en cierto sentido es como si toda la planta tuviera neuronas. A ver, la neurona es una célula cuya característica es que produce y transporta señales eléctricas. En los animales solo las células cerebrales hacen esto. Pero en las plantas todas las células del cuerpo consiguen producir y transportar señales eléctricas. En cierto sentido es como si la planta estuviera compuesta de células que, sin ser neuronas, tienen sus mismas funciones.

En ese caso, ¿la mente de la planta está por todo su cuerpo?
Tienen una suerte de cerebro distribuido; es decir, todas las células del cuerpo funcionan y hacen su contribución a esta inteligencia. Pero hay algunas zonas en la punta de la raíz que son especialmente activas; emiten muchísimas señales eléctricas. Entonces, esa zona es más cercana como idea a la de un pequeño cerebro.

“Los hombres siempre han ignorado a las plantas. Para nosotros son como objetos, pero dependemos de ellas. Todo lo que comemos viene de las  plantas. El oxígeno que  respiramos, la mayor parte de la energía que usamos, incluso los medicamentos. Lo más inteligente que podríamos hacer es cuidarlas y protegerlas”.

¿Las plantas pueden comunicarse entre ellas a través de las raíces?
Sí, por cierto. No solo se comunican. En un bosque los árboles están en contacto los unos con los otros a través de las raíces. Y se mandan, no solo mensajes, sino que hay una transferencia de material. Si una planta tiene alguna necesidad o déficit, las plantas cercanas le pasan nutrientes o agua. Se hizo un experimento hace unos años en Canadá, donde un gran abeto en un bosque fue completamente aislado del acceso a la tierra; es decir, no tenía posibilidad de nutrirse. Pero todas las conexiones con las otras plantas se mantuvieron. Y ese abeto salió adelante porque tomó lo que necesitaba de las plantas vecinas.

Si las plantas se mandan mensajes, ¿qué clase de cosas pueden decirse?
Todavía sabemos poco de esto. Porque la comunicación de las plantas se estudia desde hace poco y estamos día a día aprendiendo a decodificar las señales que ellas se mandan. Pero sabemos que se mandan mensajes de peligro si hay alguna amenaza cerca. Esos mensajes sirven para preparar las defensas. Yo sospecho que se intercambian también otro tipo de información, pero no tengo aún las pruebas científicas para demostrarlo.

Hasta ahora el mundo vegetal ha estado muy subestimado. ¿Qué peligro crees que tiene el seguir ignorando a las plantas?
El hombre siempre ha ignorado a las plantas. Para nosotros son como objetos. Esto es del todo equivocado. Son seres vivientes muy complejos. Ahora, lo que sucede es que nosotros, los hombres y todos los animales, dependemos completamente de ellas. Hay una dependencia directa. Sin las plantas la vida animal desaparecería. Porque todo lo que comemos viene de las plantas, incluso la carne, porque los animales se alimentan también de ellas. Son la base de la alimentación del mundo. Todo lo que respiramos, el oxígeno viene de las plantas. La mayor parte de la energía que consumimos viene de ellas. Los medicamentos que usamos también. Somos dependientes ciento por ciento del reino vegetal. La cosa más inteligente que podríamos hacer es defenderlas y protegerlas, porque haciendo eso nos estamos defendiendo a nosotros mismos.

¿Qué has aprendido de las plantas en estos años que las has estudiado?
La cosa más importante que aprendí es que son seres muy complejos, inteligentes y en muchos aspectos, aunque parezca paradojal decirlo, más inteligentes que los animales. Me explico: los animales en general, incluido el hombre, como pueden moverse tienden a evitar los problemas. Si hace calor, van a un lugar más frío; si hay un predador cerca, se corren. Por tanto, los animales evolutivamente aprendieron a evitar los problemas en vez de resolverlos. Las plantas en cambio tienen que resolverlos. Si algo cambia en el ambiente, se pone muy frío por ejemplo, no pueden largarse de ahí; tienen que encontrar la manera de sobrevivir. Por esto sostengo, en mi personal definición de inteligencia como la capacidad de resolver problemas, que las plantas son más inteligentes que los animales.

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