Su unión civil

Reportajes y Entrevistas

Su unión civil

Por Constanza López G. / Fotografía: gentileza Andrés Herrera.

El sábado 9 de enero el autor de Madre que estás en los cielos y el artista visual sellaron su relación de cinco años con un Acuerdo de Unión Civil. Esta es la narración por dentro de esa ceremonia, la primera unión civil para muchos de los presentes, y del camino, el público y el personal, que ambos recorrieron para llegar a ese momento.

Paula 1191. Sábado 16 de enero de 2016.

Son las 7 de la tarde del sábado 9 de enero y en el Parque Forestal corre una brisa suave. Hay niños jugando en los columpios, pelotas que van y vienen, perros y bicicletas por montones. Un heladero ofrece helados derretidos a mitad de precio. Mientras tanto, dentro del restorán Castillo Forestal se afinan detalles. Los concesionarios del lugar, Jérôme y Valérie Reynes, supervisan el servicio, el DJ prueba el sonido y unos jóvenes cuelgan del techo focos y una bola de espejos. Francisca Lira, la florista, le da los últimos toques a un enorme arreglo –su regalo para Pablo y José Pedro– instalado justo detrás del lugar de la ceremonia.

Algunos de los 200 invitados comienzan a llegar, bien adelantados.

A las 19:15 en punto aparecen Pablo Simonetti y José Pedro Godoy. Sonríen, saludan, se ven tranquilos-nerviosos. Pablo viste un traje azul marino con líneas apenas perceptibles; camisa celeste albo y una corbata azul con margaritas diminutas, un guiño a su pasión por las flores. La corbata de José Pedro tiene composiciones florales que recuerdan sus pinturas. Su traje también es azul, pero de un tono más claro.

A sus espaldas cargan historias vitales radicalmente distintas. A los 8 años José Pedro le dijo a su papá, un legendario motoquero, que a él no le gustaban ni las motos ni las mountain bikes ni los autos sino pintar, y la pintura fue lo que sus padres estimularon en él. A los 16 les confesó que era gay y desde el primer momento ellos lo acogieron con un cariño enorme, comprensión y protección. Para él nunca hubo trauma, siempre fue aceptado y contenido por su mundo afectivo. Pablo suele comentar que para José Pedro la homosexualidad fue un regalo, que pudo vivirla simplemente como un rasgo de diversidad. Como algo que lo hace diferente y lo distingue. José Pedro Godoy (30) estudió Arte en la Universidad Católica y se convirtió en un artista promisorio.

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La arquitecta Mirene Elton, muy amiga de Pablo y José Pedro, tomó esta foto mientras ambos esperaban la llegada de la jueza.

Pablo, en cambio, tuvo un largo y doloroso recorrido. Su familia era mucho más conservadora; nieto de inmigrantes que habían tenido éxito en el mundo industrial, se esperaba de él un desempeño a la altura del brillante alumno de Ingeniería Civil que había sido y, por cierto, una ocupación convencional. Tuvo varias pololas (y muchas postulantes). Durante años vivió su propia lucha interna entre el Pablo “adecuado” y el Pablo “real”. Hasta que ya haciendo su posgrado en Stanford, su orientación sexual se volvió imperiosa, ineludible. “Imposible de ignorar”, como él la ha dicho.

Su salida del clóset desató pérdidas, de amigos, familiares, gente muy querida para él que se alejó o de la que él se distanció. Hubo juicios, recriminaciones severas, tuvo la sensación de sentirse un extraño; peor, una persona sospechosa.

Había abandonado sus afanes literarios en la adolescencia y los retomó en esta etapa como parte del proceso de búsqueda de identidad, una búsqueda mucho más amplia que la de la orientación sexual, una que definiera su lugar en el mundo. Así, más que un refugio, la literatura terminó siendo un camino: liberador, permanente, lleno de sentido y de crecientes satisfacciones.

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La madre de José Pedro, Pilar Herrera, y la hermana mayor de Pablo, María Eliana Simonetti, fueron sus respectivas madrinas.

LA VERDADERA REBELDÍA
Entre copas de champaña y jugos de frutas, lo que escucho entre los invitados son comentarios como “hace cinco años esto era impensable en Chile”, “qué privilegio es estar aquí” o “esta es mi primera unión civil”. También es la mía. Entré al Castillo Forestal como amiga invitada, pero al poco rato la periodista había ganado: esta era una historia para compartir.

Desde que la ley entró en vigencia en octubre pasado, se han realizado 2381 acuerdos de unión civil; 674, han sido de parejas del mismo sexo.

Quizás su reciente aprobación explica la expectativa entre los presentes. Desde muchas dimensiones –sus protagonistas, el agua que ha corrido bajo el puente– la ceremonia es un símbolo de un cambio social de proporciones.

La relación entre Pablo y José Pedro Godoy creció en paralelo con la Fundación Iguales y el papel preponderante de Simonetti en la lucha por los derechos de la diversidad sexual. Ambas travesías comenzaron a paso firme en 2011. Si bien Pablo ya venía hace años involucrado en la causa, se indignó cuando en su discurso del 21 de mayo el Presidente Sebastián Piñera no dijo una palabra sobre la igualdad, una de sus promesas de campaña. A partir de ese día tuiteó, escribió columnas, fue a varias radios y en Tolerancia Cero de esa semana selló su destino como líder de opinión en la materia cuando afirmó: “Desde los 7 años me siento atraído por los hombres. Intenté salir con mujeres. Cuando me enamoré de un hombre lo conté en mi casa. Me miraron con rabia, desdén, desprecio. Nadie sintió orgullo porque me había enamorado de alguien. Quiero que eso cambie”.

La relación entre Pablo y José Pedro Godoy creció en paralelo con la Fundación Iguales y el papel preponderante de Simonetti en la lucha por los derechos de ladiversidad sexual. Ambas travesías
comenzaron a paso firme en 2011.

Después de ese programa, la idea que ya habían incubado con el abogado Antonio Bascuñán y con Luis Larraín de formar Iguales, tomó cuerpo. Para Pablo no se trató solo de sus convicciones, también de sentirse en una situación de privilegio que lo obligaba a actuar: era una persona conocida por su escritura, articulada, es elocuente, por supuesto que escribe bien, sabe argumentar y defenderse. Y muy pocas veces pierde la calma. Discute desde los argumentos, no desde la rabia.

Hace unos días conversamos sobre el porqué con los años él fue cambiando su mirada respecto del matrimonio homosexual, del que mucho tiempo atrás no era partidario. Consideraba que buscar la bendición de otros para la vida en pareja gay y querer hacerse parte del entramado social y familiar predominante a través de una institución como el matrimonio, era quitarle a esa vida una libertad ganada con la pura determinación de sus integrantes. “No necesitamos que nadie nos bendiga”, dijo en 2004 a revista Sábado, en su primera declaración pública sobre su homosexualidad.

En esa conversación, Pablo me dijo que en 2005 comprendió que no debía contentarse con eso, que las personas gay eran sujetos de pleno derecho y que al unirse en relaciones de pareja formaban una familia como cualquier otra. “Comprendí lo fundamental que era para todos la posibilidad de pasar a formar parte de la continuidad de las familias y de dejar de vivir como deportados. Lo verdaderamente importante era conseguir que el Estado y la sociedad nos confiriera la plena autonomía individual (denegada hasta ahora) para establecer que el otro miembro de la pareja era la persona más importante de tu vida y que cualquier tercero, ya fuera institución o persona, se viera obligado a asumirlo, como ocurre con un matrimonio heterosexual. Esta es la verdadera rebeldía, no la de decir: ‘no los necesitamos’”.

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“LOS DECLARO CONVIVIENTES CIVILES”
Ya han llegado casi todos los invitados. El grupo de periodistas y gente de medios amigos de la pareja es grande: Óscar Contardo, María José O’Shea, María Angélica Bulnes, Milena Vodanovic, María Elena Wood, Pilar Velasco, Felipe Edwards, Ignacio Pérez-Cotapos, Osvaldo Luco, Tamara Avetikian, Consuelo Saavedra, Carmen Gloria López, Patricio Fernández.

La ceremonia será en el segundo piso, en una amplia terraza cubierta por toldos y flanqueada por el follaje de los árboles. Al costado derecho, majestuoso, el frontis del Museo de Bellas Artes.

Andrés Velasco, Carolina Tohá y Ricardo Solari conversan animadamente sobre los derechos de las personas LGBT (lesbianas, gay, bisexuales y transexuales); Jorge Edwards, Arturo Fontaine, Juan Ignacio Correa, Carla Guelfenbein, Adriana Valdés y Gonzalo Contreras hablan de lo suyo: libros.

“Cuánto habría dado por ver la emoción en los ojos negros de mi madre y la satisfacción en los ojos grises de mi padre. A través de la María Eliana, mi hermana mayor y mi madrina, los siento cerca en este nuevo rito que nos permite a ti y a mí pasar a formar parte de la continuidad de nuestras familias”, dijo Pablo Simonetti durante la ceremonia.

A las 20:10, la jueza María Soto Silva anuncia que va a comenzar. Se le ve algo tensa. Frente a ella, separados por una mesa sobre la cual descansa la libreta azul de Acuerdo de Unión Civil, se instalan Pablo y José Pedro, de pie, tomados de la mano. Están flanqueados por sus madrinas, María Eliana Simonetti, la hermana mayor de Pablo, y Pilar Herrera, la mamá de José Pedro.

Comienza a caer el día, el cielo se ha vuelto azul brillante.

Un joven delgado de pelo moreno se acerca a un micrófono de pie, ubicado a escasos metros de la pareja. Es Gabriel Cañas, actor y cantante, amigo de José Pedro, protagonista del famoso musical Mercury, la leyenda. Mientras los asistentes nos acercamos, él canta Your song, de Elton John.

La jueza Soto toma la palabra:
“Comparecen los contrayentes que a continuación se individualizan y exponen su intención de celebrar un Acuerdo de Unión Civil. Pablo Javier Simonetti Borgheresi, de sexo masculino nacido el 7 de diciembre del año 1961, de estado civil soltero, de nacionalidad chilena, domiciliado en la comuna de Las Condes, mayor de edad”.

Primer clímax de la ceremonia: apenas la jueza dice “mayor de edad”, Pablo se larga a reír y con él, todos los invitados.

“Así dice el acta”, comenta la jueza con simpatía, “yo no puedo omitir nada”, y se embarca, muy formal, en la lectura de los artículos respectivos de la ley.

Luego Pablo y José Pedro responden bajo juramento las preguntas de rigor que establecen la voluntad de los contrayentes de unirse civilmente, con varios sí y no fuertes y claros, tras lo cual la magistrada alcanzó a decir “los declaro casados… es decir, convivientes civiles”.

Ahora sí que los aplausos, los chiflidos, los “vivan los novios” y las carcajadas se escuchan a varias cuadras de distancia. Decenas de celulares en alto registran el momento.

Las emociones llegan pronto. En el largo abrazo y el beso de Pablo y José Pedro y en los votos que cada uno leyó a continuación como parte de su compromiso.

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Primero es el turno de Pablo, quien al hablar sobre la alegría con que había llegado a este día, se le quiebra la voz. También al evocar a sus padres. “Cuánto habría dado porque ellos nos hubieran acompañado y haberlos visto felices de que su hijo se unía con la persona que ama. Cuánto habría dado por ver la emoción en los ojos negros de mi madre y la satisfacción en los ojos grises de mi padre. A través de la María Eliana, mi hermana mayor y mi madrina, los siento cerca en este nuevo rito que nos permite a ti y a mí pasar a formar parte de la continuidad de nuestras familias”.

Pablo también se refiere al papá de José Pedro, quien murió hace un año y medio en un accidente. “A pesar de ser yo un hombre de su misma edad y de una índole completamente diferente a la suya, me acogió sin el menor recelo desde el primer momento (…). Quisiera pedirle como regalo que su alegría de vivir no nos abandone nunca”.

Y sigue: “A tu mamá, a tus hermanas quiero agradecerles su bondad, su generosidad y su amorosa compañía y en especial el hecho de amarte tal cual eres y de aceptarme tal cual soy (…). Quiero agradecerles también a todos en mi familia, a mis hermanos, los primeros, por haber recorrido conmigo el difícil camino de apertura hacia la diferencia, superando prejuicios y temores que nos inculcaron desde niños. Y, por último, quiero agradecerle a la gran familia de amigos que nos rodea por habernos dado un lugar en el mundo, un domicilio al que después de cada aventura y de cada fracaso, podemos volver y sentirnos queridos y en paz”.

Y a José Pedro, le dedica estas palabras: “Sin tu compañía, la responsabilidad de haber sido su primer presidente (de Iguales) habría sido tanto más pesada de llevar (…). Hoy, gracias en buena parte a Iguales, un esfuerzo en el que mucho aquí han trabajado, participado o colaborado de una forma o de otra, hoy puedo proclamar con plena autonomía, ante los demás y ante el Estado que tú eres la personas más importante de mi vida”.

Y finalmente, Pablo lee sus compromisos: “Por todo lo que he dicho, mis votos para esta unión que celebramos hoy son los siguientes: Atesorar esa risa, esa ternura, esa inspiración, ese silencio, ese abrazo, esa sabiduría y esa humildad; cuidar de ti en todo momento; amarte siempre por quien eres y jamás por quien yo quisiera que fueras; apoyarte en el logro de tus anhelos, los artísticos y los de otra clase, sin ser nunca un lastre sino un compañero de aventuras; acogerte en tus momentos de tristeza, cuando la vida se vuelva difícil o pierda claridad; estar atento a cuando te quejes de mí para enmendarme; pero sobre todo, me comprometo a hacer el mayor esfuerzo posible para recibirte cada día con la misma alegría con que te recibo hoy”.

Se abrazan. Aplausos largos y muchos bravos. También hartas lágrimas, una emoción enorme y compartida se toma el ambiente.

Cuando vuelve el silencio, minutos después, José Pedro toma el micrófono.

“Son muchas cosas las que quiero decirte hoy y es difícil darles un orden. Los más importante es que sepas que te amo enormemente y que este amor siempre lo siento como algo nuevo, que va cambiando, haciéndose más profundo y único. Estar contigo me ha cambiado, a tu lado me siento más completo, tranquilo y seguro. Si pienso en cómo era yo cuando te conocí, me veo como alguien muy distinto. Me has dado tantas cosas buenas y también me has liberado, no solo por la libertad que me da sentir que encontré a alguien con quien puedo vivir la vida que quiero, sino por la posibilidad que me da dejar que lo malo siga de largo porque sé que entre tú y yo hay una fuerza que me ayuda a pasar por todo (…)”.

Y sigue: “Eres una parte tan importante de mi vida, que hace mucho tiempo ya te siento como mi compañero y mi familia (…).

“Durante estos años hemos pasado por muchas cosas y todas han sido mejores contigo al lado; tu apoyo, contención, cariño y también tu mirada me han ayudado a disfrutar, a crecer y a ser mejor. De todo eso, para mí lo más duro ha sido la muerte de mi papá y, a pesar de lo doloroso que fue, y sigue siendo, me sirvió para poder poner las cosas en perspectiva, a pensar cómo uno tiene que afrontar la vida. También me ayudó a entender el lugar que tú ocupas en la mía. Me reconforta saber lo mucho que él te quería y lo feliz que era sabiendo que yo estaba contigo, y también me puedo imaginar lo contento que él estaría hoy (…)”.

“Admiro lo apasionado, obsesivo, estudioso, riguroso e intenso que eres en todo lo que haces. Una vez que me dijiste que una pareja era como una casa, un lugar para estar, independiente de si se estaba mal o bien.
Contigo siento que siempre estamos bien, a pesar de las cosas difíciles que a veces pasan, te siento como algo seguro y me gusta que nuestra relación sea sincera, fácil, llana, honesta y cariñosa, y para mí, tú eres un lugar donde me quiero quedar”.

A los 16 años José Pedro Godoy les confesó a sus padres que era gay y desde el primer momento ellos lo acogieron con un cariño enorme, comprensión y protección. Para él nunca hubo trauma, siempre fue aceptado y contenido por su mundo afectivo. Una historia diametralmente opuesta a la de Pablo.

Leerse votos fue decisión de ellos, también el intercambio de argollas de oro. Apenas alcanzan a firmar el acta de Acuerdo de Unión Civil, cuando ya todos los asistentes hacemos fila para abrazarlos. Como cierre de la ceremonia, Gabriel Cañas ha vuelto a cantar, esta vez, El hombre que yo amo, de Myriam Hernández. Pablo y José Pedro desbordan de alegría, pero también sus invitados; es un momento único, nuevo para todos, hay en el ambiente cierta sensación de triunfo, de orgullo, de meta alcanzada.

Los mozos ofrecen deliciosas quiches, brochetas, y mucho Aperol. Al fondo, frente al museo, un mesón hace de bar. Pablo y José Pedro se sacan fotos con los cuatro hermanos Simonetti, los sobrinos, y Godoy con su madre, su abuela y sus hermanas mellizas. También con los 11 amigos que eligieron como compañeros de honor.

En la pista de baile los amigos de siempre, los que se fueron sumando en el camino, los que han hecho juntos, los de la literatura, los del arte y los del activismo bailan a Madonna, Abba, Los Prisioneros, David Bowie, Eurythmics, muy 80 y 90. Esa noche, todos compartimos una alegría gigante. Una fiesta.

En una pausa, bien de madrugada, tomando aire fresco afuera, le pregunto a Pablo si no siente que su activismo le impone una suerte de necesidad de que le vaya bien en su unión civil. “Para nada. El gran logro de esta batalla ha sido que las relaciones de amor entre personas del mismo sexo sean vistas como una relación común y corriente. Así es que el desafío es el mismo que el de cualquiera”.

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Los compañeros de honor: Álvaro Cáceres, Taibi Addi, Juan Francisco Riumalló, Felipe Montalba, Juan José Richards, Andrés Herrera, Horacio Pérez, Jerónimo Pérez, Juan Pablo Larraín, Eugenio Cox y Alfredo Montaner.

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