Sus nuevas prioridades

Reportajes y Entrevistas

Sus nuevas prioridades

Por Rita Cox / Fotografía: Alejandro Araya

Por primera vez en su vida, la hiperactiva periodista Patricia Politzer, quien fue directora de prensa de TVN y es una autoproclamada feminista convencida de la importancia de que las mujeres trabajen, le ha robado tiempo a su profesión para tomar clases de arte y pasar más tiempo con sus nietos. En esta conversación revisa lo que ha pasado con ella en este proceso de reordenar sus prioridades, entre las cuales, en todo caso, sigue estando firme el periodismo: es panelista del programa Estado Nacional y prepara la publicación de su octavo libro.

Paula 1168. Sábado 28 de febrero de 2015.

Periodista, directora del Departamento de Prensa de TVN entre 1991 y 1994 y desde 2011 panelista del programa Estado Nacional, del mismo canal. Autora de siete libros, entre ellos Miedo en Chile, Altamirano, El Libro de Lagos y Bachelet en Tierra de Hombres, y pronta a lanzar un nuevo título sobre política y sociedad, área en la que se ha especializado. Presidenta de la Sociedad de Derechos Literarios (Sadel), miembro del directorio de Educación 2020 y consejera de ComunidadMujer. Un contundente currículo el de Patricia Politzer (62), quien comenzó a trabajar a los 17, cuando recién cursaba primer año en la  Universidad de Chile, y pertenece a esa generación de chilenas que quebró con la tradición de que la vida se hacía puertas adentro para salir a conquistar terrenos en el espacio público, aunque con una salvedad: su madre, Catalina Kerekes, ya lo había hecho antes, como una adelantada judía húngara que en Santiago usaba pantalones, trabajaba y decidía separarse cuando realmente muy pocas lo hacían. Es por esa biografía y trayectoria, tal vez, que Politzer, quien se autodefine como feminista, sorprendió a varias de las profesionales y altas ejecutivas de empresas con las que compartía en una comida, a fines de 2014, cuando contó que después de décadas de estar volcada al trabajo, sus tres nietos (de 6, 4 y 2) y la pintura al óleo habían reordenado sus prioridades y que hacía un tiempo le dedicaba solo tres jornadas a la semana al periodismo, porque un día completo era para ejercer de abuela y otro para sus clases de arte.

“A esta edad uno descubre que no hay que ir ni llegar a ninguna parte. Durante toda la vida has corrido y eso, a nivel mental, deja de ser. Todo está aquí, en el hoy y en el ahora, y eso es fantástico”.

Sentada en la terraza de su casa en una comunidad Castillo Velasco, que comparte hace más de 30 años con su marido y padre de sus cuatro hijos, el periodista y sociólogo Arturo Navarro, Patricia recuerda el episodio y agrega que, mientras a algunas mujeres de su edad la sola posibilidad de tener nietos las aterra –“lo ven como sinónimo de vejez, de quedarse sentadas en una mecedora tejiendo”–, para ella la experiencia no solo la ha hecho reformular su agenda, sino que ha sido la puerta de entrada a una fase nueva de la vida, de descubrir una nueva dimensión de los afectos, de reconectarse con la libertad de los niños y usar esa lógica a su favor para permitirse, por ejemplo, lanzarse a la pintura sin complejos.

¿Cómo has vivido esto de cumplir una edad tan emblemática como los 60 años?
Ha sido maravilloso. A esta edad uno descubre que ya no hay que ir ni llegar a ninguna parte. Durante toda la vida has corrido y eso, a nivel mental, deja de ser. Todo está aquí, en el hoy y en el ahora, y eso es fantástico. La sensación de libertad es única. Ser abuela ha jugado un rol muy relevante en ese proceso. Ese día a la semana que les dedico a mis nietos me río a carcajadas, juego, converso y los observo. Con ellos, a diferencia de lo que pasa con los hijos o con la pareja, se da una relación afectiva en la que no hay tensiones ni reclamos. Pero, además, ser abuela me ha permitido reconectarme con la infancia. Como madre me la pasé trabajando y tenía muchas preocupaciones que ya no tengo.

Hace tres años comenzaste a pintar. ¿Por qué ha sido tan importante para ti?
Ha significado descubrir algo mío y preguntarme: “¿Pero dónde estaba este pedazo de mí?”. Siempre me ha interesado el Arte y la Arquitectura, pero desde niña fui “la mala para dibujar”. Y, efectivamente, trazar la casita más básica me era imposible, a pesar de mi interés. Hace tres años comencé a necesitar hacer algo con las manos y mis hijos me regalaron un curso de cerámica que cambié por uno de pintura. Todos se rieron a carcajadas. Nadie me tomó en serio. Pero aquí estoy, alucinada pintando y preguntándome por qué los adultos, a diferencia de los niños, nos ponemos tantas restricciones para atrevernos a hacer, a experimentar y a descubrir nuevas posibilidades. Me pregunto, ¿cuándo se pierde esa libertad con la que llegas al mundo?


“Hoy las personas viven para trabajar. Me angustia ver a los jóvenes: ¿a qué hora leen?, ¿cuándo van al cine?, ¿cuándo tienen tiempo para la pareja?”.

¿Te arrepientes de haber trabajado tanto y no haber sido una madre más presente?
No me arrepiento de nada. De hecho, si me hubieses dicho a los 30 o a los 40 que me iba a dejar una tarde libre para dedicársela a mis hijos te hubiese dicho “ni loca” o “qué lata”. Efectivamente comencé a trabajar muy joven y a los 23, bastante mayor que muchas de mis amigas, tuve mi primer hijo y compatibilicé siempre la maternidad con la tremenda preocupación de hacer una carrera y de generar recursos económicos para tirar para arriba. A pesar de todas esas responsabilidades, estoy segura de que hoy la vida es más dura que antes para mujeres y hombres. Hoy las personas viven para trabajar. Me angustia ver a los jóvenes: ¿a qué hora leen?, ¿cuándo van al cine?, ¿cuándo tienen tiempo para la pareja? Ahora bien, creo que es fundamental que las mujeres se realicen profesionalmente, que conquisten los espacios públicos que merecen y que sean económicamente independientes. Está lleno de mujeres que no pueden separarse porque no pueden mantenerse.

Hay que buscárselas como sea, a toda edad.
Sea como sea. Pero también hay que saber que sí es posible trabajar menos y vivir con menos. Hay que aprender a vivir cada vez más ligera de equipaje. Uno habla de consumismo, pero se tiene muy poca conciencia de todo eso que se consume innecesariamente. Hay que tener cuidado con esa trampa.

¿Nunca has dejado de trabajar?
He trabajado siempre, ya sea como freelance, que es lo que más me ha acomodado, o contratada. Solo durante seis meses en los que acompañé a Arturo a hacer un semestre en Harvard, en 2006, no trabajé y fui la señora Navarro. Me pasé la primera semana deprimida sin saber quién era ni qué hacer con mi tiempo, pero luego me obligué a que se me pasara la pataleta y fui de oyente a varias clases, me encerré en la biblioteca a leer e hice un taller de guiones. Lo único que no hice fue periodismo, yo que pensaba que no podía vivir sin eso descubrí que podía y muy bien.

Entonces ese fue un viaje iniciático.
Absolutamente. Quizás el mayor aprendizaje fue que mi independencia ya estaba asegurada, que en ese momento no importaba que no produjera para mi familia, que seguía siendo la misma, que ya había construido una identidad y había conquistado mi libertad.

Estás casada hace 35 años. ¿Cómo se logra esa hazaña?
Estoy casada hace 35 años y con Arturo seguimos pelando y pololeando igual que durante los primeros cinco. Creo que la clave está en el humor, en la independencia y en que persistan incluso las peleas desatadas. Si no hay peleas significa, en el fondo, que el otro no te importa mucho. Arturo a veces me dice: “sí, yo soy el culpable universal” y yo le respondo: “alégrate, debieses preocuparte si dejas de serlo”.


“Hay que saber que sí es posible trabajar y vivir con menos. Hay que aprender a vivir cada vez más ligera de equipaje. uno habla de consumismo, pero se tiene muy poca conciencia de todo eso que se consume innecesariamente”.

¿Podrías haber hecho una carrera sin su apoyo?
Seguramente sí, pero su apoyo ha sido importante. Me saco el sombrero por Arturo. Me ha apoyado con cada uno de los libros que he publicado y los cargos o desafíos que he emprendido. Ha sido siempre mi fan número uno y creo que eso es fundamental para las mujeres, porque la pareja es muy importante para nosotras.

MACHISMO Y POLÍTICA

Son pocas las mujeres de tu edad que están en pantalla.
Así es, la televisión chilena es bien cruel con las mujeres, a diferencia de lo que ocurre en la francesa, alemana y gringa. Pero esa jubilación obligada no es exclusiva de quienes trabajan en televisión; se da en todas las áreas. En general, en Chile hay muy poco respeto por la experiencia laboral que se acumula solo con los años y eso es dramático para nosotras que, además, tenemos una mayor expectativa de vida que los hombres, para quienes no existe la misma discriminación. En el periodismo está lleno de mujeres de mi edad o mayores que no ejercen y no por decisión propia.

¿Cómo enfrentas ese escenario?
Desde bastante joven tengo conciencia de que el periodismo es una carrera de gente joven y afortunadamente me ha servido el camino de los libros. Hay que tomarse esta etapa con humor. Cuando tus jefes son amigos de tus hijos, más vale reírse.

“Por mi formación familiar, siempre me fue muy obvio que mujeres y hombres éramos iguales y teníamos los mismos derechos, pero con Bachelet dimensioné la profundidad del machismo que vivimos”.

La tesis de tu libro sobre Bachelet, anclado en su primer periodo presidencial, es que buena parte de las críticas hacia ella eran de carácter machista. ¿Es posible seguir sosteniendo esa afirmación en su segundo mandato?
Lamentablemente sí. Estoy segura de que si un hombre fuese el actual Presidente de la República, y quien liderara todas las reformas estructurales que está haciendo Bachelet, sería considerado un gran líder. Pero de ella se ha escuchado por meses que su problema es una crisis de liderazgo y eso es porque en Chile persiste un tremendo machismo que ahora se suma a los intereses de quienes no quieren reformas. Es más, yo me defino como una feminista conversa y lo soy desde que comencé a investigar para publicar mi libro sobre Bachelet, en 2010, y pude comprobar las dificultades que ella atravesó para llegar a La Moneda. Por mi formación familiar, siempre me fue muy obvio que mujeres y hombres éramos iguales y teníamos los mismos derechos, pero con Bachelet dimensioné la profundidad del machismo que vivimos y no creo que las cosas hayan cambiado mucho. Basta ver su currículo y el respeto que se le tiene a nivel internacional comparado con lo que ocurre aquí donde se le sigue ninguneando.

Y mientras a Bachelet la critican, por otro lado está el respeto como estadista que todos los sectores le tienen a Ricardo Lagos.
Lagos sigue siendo el gran padre a quien venerar. Eso es a nivel simbólico, asunto que se ve reforzado por su tremenda inteligencia, capacidad y conocimiento incomparable de la historia que le permite tener una mirada muy aguda de la actualidad y del futuro.

Se especuló que podría ser nuevamente un presidenciable. ¿Te lo imaginas en eso?
Me cuesta verlo como un potencial candidato, porque creo que los tiempos del patriarca ya fueron. Lo que vivimos hoy, y eso lo entendió muy bien Michelle Bachelet, son los tiempos de los liderazgos horizontales. Fue Bachelet quien comenzó a hablar de un gobierno ciudadano en su primera campaña presidencial y, aunque al principio no se entendía mucho, hoy todos hablan de la política ciudadana y la participación. Lagos tendría que hacer un cambio muy grande en su forma de liderar y no creo que esté interesado en eso.

¿Te parece que la participación ciudadana esté funcionando?
Mucho menos de lo que debiera ser, porque durante la dictadura se destruyó toda la organización de la sociedad civil. Desgraciadamente durante los primeros años de democracia la Concertación no ayudó a que la sociedad civil pudiera reorganizarse. A mi juicio hubo temor a la participación. Eso ahora nos pasa la cuenta: a pesar de que la intención es que los ciudadanos seamos cada vez más participativos, nos cuesta discutir y respetar al otro. Es urgente una campaña de educación cívica, incluso, a nivel tan básico como para que los chilenos volvamos a ser amables, a decir buenos días, a dar las gracias. Vivimos a la defensiva y somos agresivos y eso también se debe a que llevamos mucho tiempo viviendo en la lógica de la competencia, de ganar, de pasar por encima del otro. Espero que mis nietos vivan en un Chile distinto.

“Es urgente una campaña de educación cívica, incluso, a nivel tan básico como para que los chilenos volvamos a ser amables, a decir buenos días, a dar las gracias”.

Después de investigar las biografías de Lagos y Bachelet, ¿existen rasgos comunes en quienes alcanzan esos niveles de liderazgo?
Alguna vez leí que para ser un buen líder no basta con tomar decisiones, sino que es fundamental la perseverancia, la capacidad de trabajo y una salud de hierro para llegar y sostenerse en lo más alto del poder. Muchos tienen capacidad de decidir, pero se van quedando en el camino porque no tienen los otros rasgos. Si hablamos del siglo XXI, la empatía es más relevante que nunca.

¿Cómo afecta a Michelle Bachelet el caso Dávalos?
Sospecho que debe ser un golpe muy fuerte para la Presidenta. A mi juicio, Sebastián Dávalos y su mujer constituyen una pareja ambiciosa que no comprende la trayectoria ni el rol de Michelle Bachelet, cuyo objetivo principal es terminar con los negocios de esa naturaleza para combatir la desigualdad obscena que existe actualmente.·

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