Dramaturgas furiosas

Reportajes y Entrevistas

Dramaturgas furiosas

Por Tania Opazo / Fotografía: Paloma Palomino

Entre el 7 y el 12 de octubre, por primera vez en Chile y Latinoamérica, se realizará en Santiago la décimo primera conferencia mundial de mujeres dramaturgas. Con 160 participantes de 30 países, el evento pone al teatro nacional en el foco de la atención.

Mientras celebraba las Fiestas Patrias bailando cumbia, la actriz, dramaturga y docente teatral Sally Campusano respondía mensajes y correos. “En el resto del mundo no era feriado”, explica. Era su primer 18 en Chile después de tres años –lleva ocho radicada en Francia con su marido e hijo de dos años– pero su mente estaba en otro lugar. Como una de las directoras de la Women Playwrights International Conference (WPIC), la conferencia mundial de mujeres dramaturgas que se celebra cada tres años en algún lugar del mundo, sus preocupaciones divagaban entre acreditaciones, programas y presupuestos.

“No alcancé a terminar todo, no me fui a celebrar tranquila”, dice. Antes de empezar el feriado tuvo una semana intensa. Una reunión con el jefe de gabinete del Ministerio de la Cultura, jugándose la última carta de financiamiento a sólo semanas de empezar el evento, la coordinación de los almuerzos en el GAM, los ensayos de las obras y lecturas dramatizadas, la compra de pendones y hasta una hora y media de trámite en una notaría legalizando unos papeles “porque a unas dramaturgas de Filipinas no les quieren dar la visa y les pidieron unos papeles extras”.

Por todas esas tareas, Sally Campusano, y ninguna de las diez personas que integran la organización de la conferencia, reciben un sueldo. “Teníamos un sueldo simbólico pero lo usamos para pasajes y cosas de producción”, explica. La mitad del equipo vive fuera del país y, como ella, viajaron para el evento acarreando maridos e hijos, congelando estudios, trabajos y responsabilidades familiares.

Sally Campusano, Muriel Miranda y Andrea Jeftanovic (entrevistadas por Paula), más Ximena Carrera, Nona Fernández, Carolina Quintana, Carla Romero, Daniela Molina, Constanza Blanco y Leticia Arbelo, componen el equipo que lleva tres años preparando el evento que se realizará del 7 y el 12 de octubre. 103 dramaturgas (que incluyen a 81 delegadas de 30 países), más las 60 personas del equipo organizador, directoras, actores y voluntarios, se moverán entre lugares como el GAM, el Campus Oriente de la UC, el Teatro Nacional Chileno, del Puente y Sidarte, para participar de 32 lecturas dramatizadas, 7 puestas en escena, 5 mesas redondas y 11 talleres, entre otras actividades, que buscan potenciar y difundir la dramaturgia escrita por mujeres.

En estos tres años que llevan trabajando en la conferencia, ¿a cuántos fondos han postulado?
Muriel: Postulamos a un Fondart de pre producción que nos rechazaron por estar fuera de bases, a pesar de que nos asesoramos con el mismo Fondart para postular. Tuvimos que trabajar un año en la pre producción pidiéndole favores a jurados y mil personas para poder concretar. Fue un año super duro.
Sally: Al año siguiente postulamos a un Fondart de producción que sí nos ganamos. Ahora, este un concurso abierto y el jurado es externo, no quiere decir que el ministerio nos esté apoyando porque el proyecto les interese particularmente. De hecho, la semana pasada tuvimos una última respuesta del Ministerio de la Cultura y nos dijeron que no estaban las platas para darnos ningún apoyo directo.
Muriel: Además postulamos el proyecto dos veces a subvenciones presidenciales, una vez con Bachelet y ahora con Piñera, y también enviamos una postulación al fondo Iberescena, todo sin éxito. Por último, solicitamos reuniones, vía ley de lobby, con el ministro Ernesto Ottone y las ministras Alejandra Pérez y Consuelo Valdés, posteriormente, para pedirles apoyo.

¿Qué resultó de esas reuniones?
Muriel: El Ministro Ottone nos vinculó con el GAM para que trabajando con ellos pudiéramos acceder a la ley de donaciones culturales, pero al carecer nosotras de contactos efectivos en las empresas no hemos podido recibir aportes de empresa alguna.
Sally: No teníamos los contactos de las personas claves de las empresas. Perdimos mucho tiempo buscándolas y cuando les escribimos nadie respondió.

Frente a la posibilidad de quedar endeudadas, ¿el evento podría cancelarse?
Sally: No, no podemos cancelar el evento. Imagínate que ya tenemos cien personas con sus pasajes de avión comprados, hoteles reservados, espacios programados hace tres años. Eso es lo paradójico, estamos hablando de un evento internacional importante, que reúne mucha gente, donde toda la institucionalidad público-privada del área cultural de Santiago está super involucrada, menos el ministerio. Pero somos artistas, somos mujeres, y vamos a tener que encontrar alguna solución. Estamos en eso, tratando de resolverlo.

¿Por qué aceptar tanto sacrificio?
Sally: Porque creemos en este proyecto y su mística. Este equipo está tan convencido que todas han dejado cosas importantes para estar acá.

¿Por qué creen que no las financiaron? ¿Ven alguna relación con el hecho de que este es un evento inherentemente femenino en tiempos de revuelta feminista?
Andrea: No me cabe duda. Las mujeres que leen y escriben son peligrosas. Y siempre, el que haya más mujeres en el espacio público, genera sospechas, da miedo. El sistema patriarcal ha vivido cómodo y ahora ve como una amenaza a las mujeres capaces de organizarse y de decir que no somos más ciudadanas de segunda clase. En resumen, temen al incipiente MeeToo local, a los pañuelos verdes en las calles, al “ni una menos”. Se teme a la igualdad.

La senda de Isidora

La primera conferencia de la Women Playwrights International (WPI) fue el año 1988 en Buffalo, Nueva York, y ahí estuvo presente la dramaturga chilena Isidora Aguirre. 30 años después, con la conferencia por primera vez en Latinoamérica y el español como lengua oficial, la organización decidió celebrarla con la proyección del documental “Isidora”, de Christian Aylwin y Nicolás Superby, y una mesa de conversación sobre grandes dramaturgas en Latinoamérica en la que participarán las chilenas Flavia Radrigán y Lucía de la Maza, entre otras. La presencia de Isidora Aguirre en la primera WPIC fue una anécdota que apareció mientras Andrea Jeftanovic la entrevistaba para el que sería después su libro “Conversaciones con Isidora Aguirre”. “Tuve acceso a la lectura del texto que resume su discurso en la conferencia, donde entre muchas cosas se refirió a cierta discriminación, siempre latente y subyacente, al trabajo de la mujer y, en su caso, a su labor como dramaturga en Chile”.

Isidora Aguirre daba a entender, en esa primera conferencia de la WPI, que su trabajo como dramaturga era menospreciado. ¿Cómo está hoy la dramaturgia femenina en Chile?
Muriel: Siento que se está visibilizando más. Se han abierto más espacios de difusión y diálogo, pero es todo muy reciente. Por eso estamos haciendo esta conferencia, para visibilizar y empoderar nuestras voces.
Sally: Estos tres años nos han permitido constatar que hay muchas mujeres trabajando en teatro y que no las vemos. Nos llegaron una cantidad impresionante de postulaciones de mujeres con trayectorias sólidas y potentes, nos costó mucho hacer la selección. Pero falta conciencia en nuestro medio sobre el trabajo que hacemos.
Andrea: Hay una genealogía que las mismas autoras no advierten. Yo que me dedico a la investigación y crítica teatral veo cómo desde la Generación del 50, en especial desde Isidora Aguirre y María Asunción Requena, pasando por Inés Margarita Stranger, el número de dramaturgas ha tenido un aumento exponencial. En los 2000 hubo una eclosión con nombres como Ana Harcha, Lucía de la Maza, Ximena Carrera, Manuela Oyarzún, Flavia Radrigán y más. Ahora hay un sinnúmero de autoras jóvenes dentro y fuera de Chile que viajan a muchos festivales, hacen residencias. Casi podríamos decir “Chile, país de teatreras”.

¿Cómo se instala la conferencia en el contexto local, con un año marcado por las movilizaciones feministas en las universidades y marchas por el aborto libre?
Andrea: Tras el mayo feminista, la conferencia llega en un momento preciso de demandas por respeto y equidad. Un buen espacio de reflexión sobre esas demandas se da en la escritura y los escenarios. Esta iniciativa busca visibilizar y apoyar el trabajo de dramaturgas en todo el mundo, justo cuando estamos presenciando profundos cambios culturales, de denuncias de desigualdad y abusos en detrimento de las mujeres en el área artística. Se trata de una actividad en absoluta sincronía con la tendencia mundial y las discusiones actuales de género.

¿Es esta una conferencia feminista?
Muriel: Creemos que esta es una instancia feminista en el sentido que es una plataforma para el encuentro de mujeres dramaturgas en torno a ciertos temas cómo el género y qué es ser mujer hoy. Sin embargo, esta no es una conferencia separatista, los hombres son bienvenidos, pero queremos poner en relieve el trabajo hecho por mujeres, el cual no tiene que ser obligatoriamente feminista militante. De hecho, no toda la dramaturgia de mujeres es feminista y en la misma conferencia las temáticas son muy amplias.

Mencionaban antes el tema de los abusos. ¿Qué opinan de las denuncias que han salido a la luz este año a directores de cine y televisión como Herval Abreu, Nicolás López y recientemente Raúl Osorio?
Sally: Más allá de esos casos en particular, creo que estamos en un proceso de abrir los ojos. Históricamente en el mundo de la actuación han existido prácticas misóginas y de abuso que estaban absolutamente normalizadas, desde cómo se plateaban los exámenes de admisión de las escuelas, pasando por la formación, hasta el mundo profesional. Por ejemplo, estaba normalizado dar las pruebas de admisión en traje de baño. Alguna vez yo vi cómo un profesor insultaba públicamente a una alumna por no asumir su gordura. Pero por suerte eso ahora es impensado.

Más información sobre la conferencia, el programa y las actividades abiertas al público general se pueden encontrar en wpichile.com.

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