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27 julio, 2017
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Testigo indignada de un sistema

La neuróloga infantil y directora de la Fundación para la Prevención de la Violencia infantil (Previf) Laura Germain, ha sido testigo en primera línea de los cambios que ha sufrido el sistema de protección de la infancia. No solo porque durante 9 años su fundación realizó programas de reparación a niños víctimas de maltrato grave con fondos del Sename, sino también porque, asegura, vio cómo el servicio antiguo se desmanteló y se convirtió en una “caja pagadora de favores políticos”.

Por Pilar Navarrete / Fotografía: Carolina Vargas


Paula 1231. Sábado 29 de julio de 2017.

Laura Germain lleva largo tiempo indignada. Sentada en un sofá de tapiz floreado en el segundo piso de la casa donde vive sola luego de que su marido, el democratacristiano y ex rector de la Universidad de Chile Jaime Lavados falleciera el año pasado, la directora de la Fundación para la Prevención de la Violencia Infantil (Previf), asegura que ha mandado cartas al diario –“que nunca salen publicadas”– dando su opinión sobre la crisis del Servicio Nacional de Menores. Pediatra y neuróloga de la Universidad de Chile. Terapeuta familiar, jefa por casi 15 años de la Unidad de Terapia Familiar del Hospital Luis Calvo Mackenna, Laura Germain da vueltas y vueltas un pañuelo desechable que tiene en las manos. El tono pausado de su hablar, contrasta con sus opiniones sin pelos en la lengua.

–Aquí se dicen muchas cosas. Pero hay otras que no se dicen cuando se habla del tema del Sename. Y yo creo que la historia es muy importante repasarla, porque nos aporta ideas de las ventajas que pudo haber habido en algún momento en el sistema antiguo–, dice.

La entrevista del diputado René Saffirio (ex DC) en Tolerancia Cero la movilizó a hablar y a entregar su punto de vista desde su experiencia, pues le tocó conocer distintos momentos del servicio. Primero cuando, a mediados de los años 70, ya habiendo terminado su especialización como neuropediatra, trabajó como voluntaria en la Casa Nacional del Niño, a un costado del Hospital Luis Calvo Mackenna, evaluando los posibles daños neurológicos de los recién nacidos y menores de 2 años que llegaban tras ser entregados por sus madres  –“los depositaban ahí, sin trámite legal”– o por necesidad de protección. Y más tarde como directora de Previf, fundación que entre 1998 y 2007 se hizo cargo de uno de los programas de reparación de niños víctimas de maltrato grave –físico, sicológico, sexual o abandono– que estaban bajo la protección del Sename, ya fuera institucionalizados o no. Hoy es una férrea defensora de volver al sistema antiguo.

Conociste el sistema de protección anterior, ¿qué era lo que funcionaba bien de él?
Que los niños pasaban a ser cuidados por familias de acogida, lo que los ingleses llaman “foster homes”, una especie de adopción transitoria. Era muy interesante, porque eran familias voluntarias a las que el Estado les pagaba poquísimo. Cada familia podía recibir máximo tres o cuatro niños que se sumaban a los suyos. Eran hogares modestos, pero limpios, y lo más importante de todo: eran acogedores. Y lo que vi es que muchos de esos niños, cuando llegaban a los 18 años y el sistema dejaba de estar vigente para ellos, se quedaban en los hogares de las familias que los habían recogido o tenido por años. Se quedaban como un hijo más. En vez de querer arrancar, para ellos el anhelo era quedarse ahí.

¿Cómo llegaste a conocer esos hogares?
Porque para conocer qué pasaba con los niños que yo veía en la Casa Nacional del Niño después de que salían de ahí, acompañé varias veces a la directora, una asistente social que se llamaba Aída, quien llegaba de sorpresa a las casas. Estaba todos los días en terreno. Las personas que estaban a cargo de los niños la recibían amablemente. Ella se metía a los dormitorios, levantaba las ropas de cama para ver si estaban limpias y si tenían suficientes frazadas. Abría las tapas de las ollas para ver que estuvieran bien alimentados. Decía: “tengo que saber que los niños están bien, porque si no ella (la dueña de casa) no puede ser la que los cuide”. No es que llegara como el sargento de la comisaría, sino que era como una mamá o una abuela que venía a supervisar.

¿Qué movía a estas familias a recibir a estos niños?
Era algo cultural. Existía algo que se ha perdido: una cultura de generosidad que era típica del pueblo chileno de recibir y acoger a quien lo necesita, por un lado. Y, por otro, había mujeres que tenían la experiencia de la crianza, que no tenían estudios de ningún otro tipo. La mayoría ni siquiera había terminado la enseñanza básica, porque la gente abandonaba con frecuencia en básica el colegio y después se quedaba en su casa y eran madres. Esa era su ocupación: ser madres. Eso hacía que tuvieran el sentido de maternidad bien puesto, porque ese era su trabajo y podían hacerlo bien.

¿Qué importancia tenía que la mujer que cuidaba tuviera un sentido de maternidad con ese niño que no era su hijo?
La relación del niño los 5 primeros años, especialmente los primeros tres para no ser exagerada, es una relación con el adulto uno a uno. Si no existe esa relación, el niño no tiene la guía, no tiene el traductor del mundo que está descubriendo. Y por supuesto, tampoco tiene traductor de lo afectivo que es, diría yo, el telón de fondo absoluto para toda actividad humana. Las personas no aprendemos, no trabajamos adecuadamente, no nos desarrollamos socialmente en ningún sentido favorable cuando no tenemos una emocionalidad bien desarrollada; es decir, sentir que somos queridos, que tenemos relaciones con un adulto confiable que nos enseña o ayuda a solucionar algo. ¿Cuándo eso iba darse en los galpones que se hicieron después?

Tú remarcas que, si bien esos niños eran abandonados por sus familias o sacados de su entorno por representar una amenaza, llegaban a un lugar donde más o menos podía haber algo lo más similiar a la necesidad que tenían.
Sí. Era la sustitución de una carencia. Y ese punto es importante, porque en esa concepción se entendía qué era un niño,  algo que no veo en la discusión en ninguna parte. ¿Qué significa ser niño? Ser niño es un sujeto que nace incompleto, cuyo sistema nervioso tiene que desarrollarse a lo largo de 20 años para llegar a la etapa de plenitud de desarrollo. Durante todo ese periodo está desarrollando lo que va a ser el individuo. Esa etapa es tan sensible y está tan influida por el medio ambiente que cualquier trastorno lo perturba. Y si eso ocurre de manera grave bajo los 12 años, lo perturba para siempre. Todo esto son datos científicos que manejo como neuróloga. Si un trauma como el abandono no es sustituido por una familia de acogida ese daño emocional va a generar después un individuo que nunca va a ser emocionalmente sano.

La otra retroexcavadora

La indignación de Laura Germain se arrastra hace décadas. Si es por poner un punto de partida, su enojo parte poco antes de la vuelta a la democracia, cuando, asegura, la directora de la Casa Nacional del Niño la llamó para contarle que dentro de las primeras acciones que tomaría el gobierno de Patricio Aylwin sería “demoler el sistema de protección que había”. Al enterarse de que se venía la medida, Laura asegura que partió a hablar con el ministro de Justicia de la época, Francisco Cumplido, a quien conocía porque su marido era democratacristiniano. “Yo no y, por favor, que eso salga”, precisa. Relata que le expresó su desacuerdo al ministro Cumplido. “Le conté mi experiencia, diciéndole: ‘esto funciona bien, la plata es poca, pero los niños están bien’. La verdad es que no me tomó en cuenta”.

¿Qué quieres decir con que no te tomó en cuenta?
Me dijo: lo voy a ver. Tenía mucha esperanza de que yo podría hacer alguna intervención, pensaba que me iba a oír. Pero el tema lo dejó en manos del subsecretario como un tema menor y siguió para adelante la retroexcavadora que después ha salido a la luz. En esa época no sabíamos que había una retroexcavadora, pero yo la viví. Acá se pasó una retroexcavadora. Fue horrible. Esas casas se acabaron y fueron sustituidas por galpones de acogida. Se creó un sistema en que se contrataba a gente, funcionarias como madres sustitutas, quienes empezaron a tener a cargo un grupo muy grande de niños que vivían en galpones. Niños que desde entonces nunca más pudieron rodearse de un concepto de familia. Desmantelaron todo este sistema de hogares de acogida y los transformaron en estos galpones donde se trasladaron niños bajo esta concepción progresista. Fue un desastre.

¿Por qué ese nuevo sistema no logró entregar un buen cuidado?
Porque el vínculo que comenzó a darse ahí entre las cuidadoras y los niños dejó de ser el vínculo materno sustituto y pasaron a ser niños encargados. Niños guardados. Dejaron de ser niños adoptados aunque fuera de manera transitoria por un entorno familiar.

¿Pasó a ser un servicio desprovisto de emocionalidad?
Sí. El deterioro más importante que traen los niños que llegan a estos lugares es el emocional y ahí, en estos galpones, eso se multiplica, no se soluciona. La neglicencia más grave es la emocional. Es una negligencia extrema. Puedes tener casas muy bien equipadas, pero eso no es lo más importante. Es preferible más pobreza pero con más amor. Los de antes eran hogares mucho más pobres, pero mucho más amorosos. Más humanos.

Laura Germain es crítica del actual sistema de cuidado, que se implementó en 1990. “Para mí lo más inmoral es crear como callampas centros con gente que venía saliendo de la escuela de Sicología, con cero formación. Fue como poner médicos recién recibidos a dirigir hospitales”.

Testigo de favores

¿Por qué te llamó la atención la intervención del diputado René Saffirio en Tolerancia Cero?
Porque dijo cosas que yo sabía y que por primera vez oigo que las dice alguien más. Yo sabía que el Ministerio de Justicia era un feudo democratacristiano. Sabía que el Sename, en vez de mejorar, había empeorado. En 1996 el Ministerio de Justicia abrió programas a los que las fundaciones podíamos postular para evaluar y dar tratamiento a niños víctimas de maltrato grave. Ese era nuestro ámbito. En Previf fuimos la primera institución en Chile en tener un equipo de profesionales con formación específica para atender casos de maltrato –médicos, sicólogos, asistentes sociales y abogados– porque hasta ese momento no existía gente formada en este tema. En 1998 ganamos el fondo para realizar un programa. Pasamos a recibir un montón de millones; no sé, 50 millones. Esa plata me permitió aumentar mi equipo y la cantidad de niños que podíamos atender. Fue una tremenda experiencia.

En esa época, cuenta Germain, comenzó a visitar los hogares del Sename para conocer la realidad de los niños. “Vi montones de casos de niños de edades similares que abusaban entre ellos dentro de los hogares. Abusos entre comillas; eran contactos sexuales más bien, pero no abusivos en el sentido de que hubiera oposición o fuerza, sino que era parte de la relación afectiva de la que carecían por la falta de una figura que les diera afecto”.

¿Los cuidadores eran conscientes de eso?
Sí. Pero tampoco les daban lo que los niños necesitaban. Por eso al final yo dije: “no podemos aceptar a ni un niño más que venga de un hogar”, porque no teníamos nada que ofrecerles. Hicimos todo lo que pudimos por unos 10 años. Hasta que dijimos no más, porque el sistema este no sirve, porque aquí las carencias de los niños, quienes trabajamos en reparación no se las podemos suplir con terapia.

¿Crees que hay alguna forma de reparar el sistema?
Hay que volver a los hogares de seres humanos.

¿Crees que hoy existen familias dispuestas a acoger a esos niños?
Bueno, habrá que buscar gente. Estamos viviendo en una sociedad muy corrupta. Y, ok, está todo mal, pero partamos ahora reconstruyendo algo bueno. Hay que partir por limpiar, pero aquí hay que salir a gritar a las calles porque nadie quiere hacer ninguna limpieza.

En su intervención, el diputado Saffirio planteó que lo que no ha reconocido el Estado es que se están violando los derechos humanos de los niños. ¿Qué opinión tienes?
Mira, se vulneran los derechos humanos de los niños al ponerlos en lugares donde no podrán lograr un desarrollo normal. Hay una vulneración de todas maneras en el sistema que se creó a partir de 1990 al tener esta cantidad de niños amontonados en galpones. Eso es una cosa. Pero yo iría más allá. El sistema judicial hoy día está vulnerando los derechos de los niños. En la parte penal, cuando no se prueba o no hay fundamentos suficientes para probar que ha habido un abuso sexual hacia una víctima, se sobreseen los casos. Eso es hacer una especie de sinónimo entre “no fundamentar = no existe”. Pero que no haya suficiente prueba no significa que no exista ese abuso. Y cuando el tribunal penal dice “voy a sobreseer”, el tribunal de familia hace revinculación de los niños con el que muy probablemente era su agresor. Lo cual es una pérdida absoluta de consideración hacia el niño, hacia la familia, hacia la madre. Eso está sucediendo a cada momento. No solo en el Sename estamos vulnerando a los niños.

Saffirio también habló de que las platas del Sename se convirtieron en un negociado político.
En 2007 todas las platas del Sename, que son miles de millones, se repartieron en cuatro instituciones, todas de democratacristianos. A nosotros, que teníamos un solo programa, nos tiraron para afuera. Después de la repartija, cambió la dirección, entonces fui a hablar con el nuevo director, pensando que iba a hacer algo. Dije: “a lo mejor esto se destapa y cambia”, pensando que lo que había pasado era resultado de una pequeña mafia. Me recibió amablemente. Me dijo que sabía que había pasado esto de que se había repartido entre cuatro instituciones, pero que no podía hacer nada. Hasta luego y se acabó el asunto.

¿Eso respondió a compromisos políticos?
Como decía Saffirio: caja pagadora de favores, absolutamente en gente de la Democracia Cristiana. Armaban grupitos, decían tenemos sicólogos y asistentes sociales, cuatro gatos ni siquiera formados. Recogían sicólogas recién recibidas de la universidad y las metían a trabajar. Yo tengo una sicóloga en mi fundación que en ese entonces trabajó en una de las instituciones. La pusieron a cargo de un programa cuando estaba recién recibida, sin ninguna formación especializada.

¿Qué crees que es lo más grave de esos favores políticos?
Que no formaron gente, entregaron el dinero sin tener ninguna certeza de que era gente que podía hacer bien el trabajo que había que hacer. Algunas de estas instituciones tenían que ver con peritajes para la justicia, para aportar pruebas, pero las personas que tenían no estaban formadas para realizar los peritajes fundamentales para demostrar judicialmente el daño que un abuso había causado en un niño. Eso lo sé porque algunos de esos casos que vieron en esas instituciones después nos llegaban. Nosotros sacábamos relatos de niños a través de peritos formados y reconocidos y ellos no.

¿Quién se enriqueció con esto?
No sé si fue enriquecerse, pero le dieron trabajo a una cantidad de gente que la dejas amarrada a tu sistema y a tu grupo y esa es la ganancia mayor. ¿Quién mantiene al sistema? La gran red que tienen. Eso es lo más inmoral: crear como callampas centros aquí y allá con gente que venía saliendo de las escuelas de Sicología, con cero formación. Fue como poner a médicos recién recibidos a dirigir hospitales.

¿Cómo evalúas lo que hizo el gobierno de Sebastián Piñera?
No tengo la sensación de que haya habido algo distinto. Los temas en discusión siguieron siendo absurdos.

¿Qué es lo que más daña a los niños del sistema actual?
Que no son nada. Los niños no tienen identidad en ese tipo de instituciones. Todo esto que hablamos de la necesidad del vínculo del niño en una familia, de ser alguien, que tiene que tener a alguien que lo guíe, una persona que le dé afecto. Nada de eso existe en el sistema actual. Ese daño es para todos los niños. Por eso mi indignación: existe una ignorancia supina entre quienes deciden el destino de los niños, porque no les tiembla la mano para hacer una cosa que es una brutalidad. Así como las revinculaciones en el sistema judicial. Por eso yo encuentro que cualquier decisión que se tome en este periodo sobre qué hacer con el Sename es peligrosa. Porque lo harían a tontas y a locas y sin entender nada. No tengo ninguna fe.

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