*
4 mayo, 2018
orla

Tinder senior

El filtro de edades de Tinder marca +55, como si a partir de ahí hubiera un abismo. Pero no. Una gran cantidad de usuarios mayores de 50 han vuelto a las pistas románticas con Tinder, Happn y otras apps. Ellos de la mano del viagra. Y ellas buscando compañía para salir y viajar.

Por Roberto Farías / Fotografía: Alejandro Araya


Paula 1250. Sábado 5 de mayo de 2018.

“Tinder+viagra+dos piscolas”, esa es la ecuación perfecta de Hugo (60), mi amigo de ascendencia árabe, para tener un poco de placer relajado, compañía y sexo. Toda su vida es doble: dos matrimonios, dos hijas, dos nietos. Después de su segunda separación ha tenido parejas, pero está solo. Pinta canas. Un buen pasar tranquilo. Sus amigos casados lo apodan en burla “Tinderman” cuando cuenta sus historias.

Como cuando salió con una de 40 que hablaba como metralleta. Otra de 50 y tantos que criaba perros y él odia los perros. O la que apenas encendió un cigarrillo le dijo: “Noooo, hasta aquí nomás llegamos” y lo dejó plantado. O cuando en el baño de una damisela encontró una crema de Corega (adhesivo de placas dentales) y salió arrancando.

Pero le ha ido bien con media docena de mujeres, que tienen 44 y 55 años, con las que hizo Match. Tuvo sus salidas, diversión y terminó “encamado” como él dice.

–¡Es que el viagra es la droga recreativa más importante del siglo! –asegura tomándose una piscola y riendo a carcajadas.

Los datos lo apoyan: a partir de los 50, el 52% de los chilenos sufre de disfunción eréctil según la Sociedad Chilena de Urología.  Hoy, en cambio, por 5 mil pesos y tomándose la pastilla media hora antes del partido, un hombre mayor funciona. Les ha devuelto la seguridad para salir a conquistar.

–Porque a la segunda copa de vino, entre talla y talla las mujeres te preguntan: “¿Y cómo andamos por los países bajos?”.

Él sabe que debe responder sin titubeos. Firme como cañón:

–Biennnn, po. Hago deporte. Me cuido. Tú sabes… –les dice guiñando el ojo. Aunque solo a una le mencionó la pastilla abiertamente, porque estuvo 6 meses con ella. –Era re linda…
–agrega suspirando.

Tanto como el viagra le devolvió la seguridad en sí mismo, Tinder le abrió a Hugo el mundo. Antes de eso, solo podía conocer a alguna mujer en un asado o en una fiesta de matrimonio.

También se dejaba caer en bares y pubs que organizan fiestas con música de los 90 o los 80. Pero esas fiestas son escasas.

–Las Brujas la demolieron. Los otros boliches que conocía no sé adónde se fueron. Hay unos cuantos en Ñuñoa y Bellavista, adonde va gente mayor. ¡Y no voy a ir a un club de tango, po! ¡Si crecí en la era del rock!

La app del teléfono es discreta y rápida. Quienes se crean perfiles en Tinder están disponibles y dispuestos. Y no solo por sexo. Varias de las conquistas que Hugo consiguió por la aplicación son ahora sus amigas. Amplió su círculo y otras han picado por ahí el anzuelo.

Pero ser un Tinderman agota. Es una labor de 24 horas. Hay que responder rápido. Cada tanto rato verificar los contactos en su teléfono.

–Mira, una me pregunta si sigo vivo –muestra Hugo y se larga a reír. Busca cómo responder gracioso y asertivo, pero entre los emojis no encuentra gladiolos.

Otra se presenta como en su perfil como “Holis, soy animalista”. Mejor no repito el comentario que hace al respecto. Pasa a la siguiente. “Me gusta todo en la vida, sobre todo vivir”, dice otra.

–A esa edad, debería dar gracias –se burla Hugo.

Y entre risas y comentarios, va gastando su dedo índice revisando nuevos perfiles.

Un universo inmenso de posibilidades por solo $ 22.000 mensuales.

***

“Busco una persona normal”.

“Soy sociable y lo otro averígualo jajajajajaja”.

“Poeta del corazón te enamoraré con mis versos”.

“Busco romance, también borro de Dicom”.

***

Claudia es abogada, tiene 55, se separó hace 10 y hasta hace poco vivía en permanente depresión.

–¡Parece que me volví invisible! –le comentaba a su hija. Los hombres ya no la miraban desde que cumplió 50.

Claudia usa el pelo largo suelto. Aros de argolla y no de perla. Labios bien pintados. Vestido escotado. Se hizo un perfil de Tinder hace más de un año y lo primero que le sorprendió fue la cantidad de “matches(likes que da un usuario a otro) que recibía de hombres más jóvenes.

–Embaucadores de viudas –le digo.

–Algo así. Al principio enganché. A uno le pregunté si él olía rico y dejó entrever que le faltaba un perfume. Otro me encontraba estupenda, pero necesitaba un teléfono mejor… Ahí capté la idea. Después empecé a filtrar mejor. Busco y respondo solo a gente cercana a mi edad y que viva en mi comuna, Las Condes.

A algunos hombres maduros también les pasó al comienzo. Partieron intruseando en perfiles de jovencitas muy sensuales y de pronto, para su sorpresa, ¡“Match”!

–Pero todo resultaba ser prostitución de alguna forma
–explica otro usuario. –Una vez, incluso, un transexual (que no lo parecía en la foto) me preguntó: “¿Quieres ser mi hot daddy, regalón y generoso?

Pienso en Pancho Reyes, el actor que interpreta a la pareja de Daniela Vega en la película Una mujer fantástica. ¿Se habrán conocido en Tinder? ¿Ahí decidió cruzar la línea?

Según datos de Tinder Inc. en Chile somos los terceros de Sudamérica en dar matches y 20 en el mundo. Los casi 700 mil chilenos que usan la app dan más de 5 mil millones de matches al año. El mayor porcentaje de usuarios está entre los 29 y los 39 años. La  mayor actividad, ocurre en los fines de semana. Iquique lidera en las ciudades, sigue Valparaíso, Viña y La Serena.

Poco o nada de datos revelan de usuarios +55. No son su público objetivo. Pero es cosa de esperar. El mundo envejece irremediablemente y las aplicaciones lo harán con ellas. Facebook ya es hoy un vejestorio para adultos; los adolescentes prefieren Instagram. Viene una próxima generación de adultos mayores digitales.

Pepa vive en Vitacura, tiene 60 años y lleva 1 año y medio en Tinder y otro en Happn. “Busco alguien de mi edad, con quien tenga temas en común. Con más ganas de compañía que de sexo a la primera”, anotó en su perfil.

Quería conocer gente. Como no le gusta mucho bailar, tampoco ir de copas a un bar, así que no tenía muchas opciones para conocer a alguien fuera de su círculo. Su hijo la metió a la app y asegura que ha sido una solución fantástica.

De todos los contactos que conoció muchos la decepcionaron. Si se alarga la cháchara es engaño o trampa. A esa edad no hay tiempo que perder, un match, Whatsapp y cita.

–Con el primero nos vimos una vez y me encantó. Fuimos a un motel. Pero a la tercera vez, algo le faltaba. Éramos de mundos muy distintos.

Después intentó con uno casado y con otro que no prosperó. Ahora hace 7 meses se ve con un hombre.

–Nos acompañamos –dice Pepa. —Pero no dejo Tinder. ¡Por si las moscas! No se le vaya a ocurrir morirse, jajaja.

Otra constatación: los hombres viven 6 años menos que las mujeres, según el INE. Y llegan en peores condiciones de salud a la vejez.

Pepa siente que le quedan 20 años todavía por delante y quiere disfrutarlos. No pasarlos sola.

–Porque la soledad a los 60 es una plaga –asegura.

***

“Soy géminis de nacimiento”.

“Esto puede servir para ahorrar pasos previos”.

“Alguien que desee una amena charla”.

“Si me vas a preguntar en qué trabajo, mejor pasa de largo”.

***

Carlos (61) ilustra su perfil saliendo de una casa bote en un río de Ámsterdam.

–Debería darle un premio a mi hijo, porque esa foto me ha traído muchos dividendos –dice.

Es separado, tiene nietos y una parcela en las afueras de Santiago. Todas reparan en que a sus 61 aún luce ágil, bien vestido, con cara de hombre de mundo.

–Todo está en el filtro social. En el círculo que te muevas –dice con 4 años de experiencia en Tinder.

Más que sexo rápido, asegura que busca conversación, empatía, temas en común. Ha conocido a algunas mujeres de cargos directivos. Incluso directoras de clínicas o en cargos importantes de empresas.

–Te sorprenderías la cantidad de mujeres con ese nivel social que están en Tinder buscando parejas. Uno pensaría que tienen suficiente vida social como para conocer a alguien. Pero fíjate que no –asegura Carlos.

Paty es una usuaria de Tinder de 53 años muy bien llevados. Es ejecutiva de una de las empresas más grandes de Chile y uno pensaría que no le faltan galanes. Pero no es así. Ella lo explica:

–Te encerraste en tu matrimonio, en tus hijos y en tu trabajo y de pronto te ves separada, sola. No puedes mezclar placer y trabajo, por ejemplo. Ahí no es fácil conocer a alguien sin dejar la embarrada. No quieres eso. Ni adrenalina. Quieres algo tranquilo, que te aporte buenos momentos.

Paty hace Match. Va al Whatsapp y luego a tomar un café o, en el mejor de los casos, un trago.

Carlos, el de la foto de perfil de la casa bote en Ámsterdam, agrega:

–¡Qué buenas para el café son las mujeres de más de 55! He tomado mucho café este año por Tinder. Si te dicen cena o cine, ya le ahorro como tres cafés a mi úlcera.

Su único reparo es que le teme a la dependencia que le puede causar el viagra. Jura que no lo usa.

Tras la media docena de citas en que llegó a concretar una relación sexual, le sorprendió lo confiadas que son las mayores de 55 en esa área.

–¡Ninguna siquiera pensó en el condón! Yo tuve que proponerlo. Incluso más de alguna me dijo que ellas creían que en ese nivel social no deberían preocuparse… ¡Mira la tontera!

Carlos dice que por caballero se preocupa de usarlo. Pero otras usuarias tienen una experiencia distinta con los mayores de 50: dice que se enojan si las mujeres lo piden. Pienso que Tinder y las apps deberían tener advertencias con respecto al sida y las ETS, como las botellas de vino sobre el alcoholismo. Pero busco y no encuentro ninguna.

Hugo, mi amigo árabe, relata algo parecido. Ya fumando en la cama, una pareja eventual empezó a enumerar la cantidad de hombres que había conocido en el último tiempo a través de Tinder y Facebook. Hugo se asustó. Al otro día se hizo el test de Elisa y desde entonces supongo que agregó a la ecuación viagra+tinder+piscola… +condón.

–Y deberías sumar Uber, le digo, porque manejando y con las piscolas…

–Nunca he tomado Uber, fíjate… no confío.

***

“Busco a mi verdadera media naranja para cabalgar hacia el horizonte”.

“Busco NADA”.

“Viajar, disfrutar la vida al máximo, hacer deporte, reír, reír, reír”.

“Mi vida no es perfecta pero tiene momentos maravillosos”.

***

Mi suegra G. Orrego (62) es viuda desde hace 10 años y se dedica a viajar. Ella se va en los tours escuchando Santana en su smartphone mientras whattsapea con sus amigas. No ha tenido nada en años.

Todas sus amigas dicen que están bien solas. Que no quieren cachos. Y de tanto ver las tragicomedias del programa Espías del amor le tienen terror a Tinder.

–Muchos casados. Muchos perfiles que no cuadran. Mucho viejo caliente –resume.

Pero en mi suegra noto una duda. Le gustaría alguna compañía. En un último tour tuvo un pinchazo con un guía cercano a su edad y volvió a la vida. Su ego floreció. La noto más maquillada. Para el siguiente tour se compró una faja.

Intento convencerla de que use Tinder. Le hago un perfil que creo perfecto. Coloco algunas de sus fotos menos clichés, donde se ve más alegre y coqueta. No de viajes ni con perros. Por si acaso.

Describo solo sus cualidades positivas (y no de suegra): ágil, inquieta, bien cuidada, buena para reírse. Pero me quedo en blanco frente al título de su perfil. Es más privado. Se lo dejo a ella. Cruzo los dedos porque no ponga: “Amo las cosas simples de la vida”.

Esa frase se repite mucho. La escritora y periodista Josefa Ruiz-Tagle (45) hizo una lista de frases de perfiles de hombres en Tinder y asegura que la que más se repite, por lejos, es: “Las cosas simples de la vida”.

–Revela que la gente huye de cualquier complicación, drama, biografía cargada, enfermedad, neurosis, obsesiones. Gente simple orgullosa de su simplicidad, con aversión a la complejidad. Sin embargo, tras los estereotipos hay personas valiosas –dice Ruiz Tagle. –El problema es la dificultad para expresar la propia singularidad en 500 caracteres. Las fotos también son una fiesta de clichés.

Gracias a las apps, nos hemos resumido en un cliché.

Le enseño a mi suegra cómo usar la aplicación y reviso con ella los primeros ejemplares que salen al camino. Pasan las fotos.

–Ese no está tan mal –me dice de repente al ver una foto de un hombre en una silla de playa en un bonito jardín. Sin clichés de ningún tipo: alcohol, autos, perros…

“Soy el capitán de mi alma”, puso el hombre en cuestión. Le damos Match.

Sigue con otros perfiles: “Me cargan las mentiras”. “Los abrazos no se explican”. “Amo las cosas simples de la vida”. “Disfruto las cosas simples de la vida”. “Me gustan las cosas simples de la vida”…

Mi suegra sigue pasando fotos y haciendo clicks. La dejo entretenida. Pienso en Charles Bukowski y un poema suyo que dice: “Existen cosas peores que estar solo pero a menudo lleva décadas darse cuenta”.

Etiquetas: ,