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6 octubre, 2016
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Tomás Baader: el doctor cazasuicidios

En la Región de Los Ríos, el siquiatra Tomás Baader dirige un prometedor programa de prevención de suicidios que se pretende replicar en todo el país. Un equipo hace seguimiento médico a todas las personas que han intentado suicidarse en la región y ha capacitado a 250 líderes de la comunidad –profesores, bomberos, policías– para que sepan detectar a tiempo conductas depresivas. “El suicido se puede prevenir, estoy convencido de eso”, asegura.

Por Greta di Girolamo / Fotografía: Cris Guzmán


Paula 1210. Sábado 8 de octubre de 2016.

Entre los especialistas que saben de suicidio en Chile –siquiatras de la PUC, del Hospital Siquiátrico Dr. José Horwitz o del Minsal– existe unanimidad. Si hay un referente en prevención de suicidio, un médico cuyo plan están observando con atención sus colegas, es el siquiatra Tomás Baader.
Presidente de la Red Mundial de Suicidiólogos, Baader impulsó un inédito programa de prevención del suicidio en la Región de Los Ríos que se basa en la importancia de los vínculos sociales para impedir la depresión, antecedente más recurrente del suicidio, y para brindar apoyo a las personas que ya han intentado suicidarse.
“Al hacer el tratamiento y el acompañamiento, la gran mayoría se ha mejorado, en términos de que semanas o meses después, la idea suicida desaparece completamente. Incluso miran hacia atrás y se preguntan cómo llegaron a pensar de esa manera”, dice Baader, de temple zen, sentado en su oficina con vista al jardín botánico de Valdivia desde donde dirige el Instituto de Neurociencias Clínicas de la Universidad Austral.
A la cabeza del prometedor programa está la ONG Alianza Chilena contra la Depresión, fundada por Baader en 2012. Junto con el Minsal, partieron haciendo campañas de sensibilización sobre la depresión a los equipos de salud. Luego, crearon una Mesa de Vigilancia Suicida que recibe notificaciones, desde las urgencias de hospitales y clínicas de la Región de Los Ríos, de todos los intentos suicidas. Con esa información, especialistas entrenados por Baader contactan a cada una de esas personas y les ofrecen atención médica. El monitoreo se extiende por un año y, de los 115 a los que les han hecho seguimiento, solo tres han vuelto a intentar suicidarse.
Además, la ONG ha capacitado a 250 personas –bomberos, policías, profesores, apoderados, sacerdotes– como facilitadores comunitarios o gatekeepers para que puedan reconocer síntomas de depresión y saber cómo reaccionar en caso de saber de un intento de suicidio. “Esto está creciendo progresivamente, pero tengo claro que son varios años de proceso. Tenemos que medir cómo vamos en un tiempo más, cuando tengamos una red más amplia”, dice Tomás Baader.
Su primer acercamiento al tema del suicidio fue en 1994, cuando tenía 27 años, se había titulado de médico general de la Universidad de Chile y trabajaba en un consultorio muy pobre en Hornopirén. “Ahí me tocó vivir la muerte por suicidio de dos pacientes, uno de 15 y otro de 16 años. Yo no entendía por qué un niño, un cabro joven, que tiene todo por delante, toma una decisión tan radical”, dice.
La experiencia lo llevó a especializarse en siquiatría y titularse de doctor en la Universidad de Heidelberg en Alemania con una tesis sobre los factores predictores del suicidio en pacientes hospitalizados. En 2001, cuando volvió a Chile, hizo un análisis de las bases de datos de los suicidios consumados del Servicio Médico Legal y de las actas que realiza la PDI para descartar participación de terceros en casos de suicidios. “Me puse a pensar: ¿por qué no hacer una estructura bien organizada que permita desarrollar una estrategia más efectiva para prevenir el suicidio?”, cuenta.
Y recordó el trabajo que había conocido en Alemania de la Alianza Europea Contra la Depresión, una organización que funciona en 18 países con campañas para desestigmatizar la depresión, capacitar en manejo de la depresión y detección de riesgo suicida, formar a facilitadores comunitarios fomentando redes colaborativas y organizando autoayuda para grupos de riesgo. Ese modelo logró una reducción de un 20% en los suicidios e intentos de suicidio en solo dos años de implementación en la ciudad de Nuremberg.
Sin perder tiempo, Baader hizo un convenio con el creador de la iniciativa para replicarla en la Región de Los Ríos, algo que el Minsal ya pretende expandir al resto de las regiones de Chile.

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El programa apunta a salvar a personas que intentan suicidarse. ¿Está convencido de que eso es posible?
En muchas conferencias me han dicho que salvar suicidas es imposible, pero estoy convencido de que sí se puede. Se puede prevenir porque tiene que ver con la desesperanza, que es un proceso que se aprende, por lo tanto si tu mente es capaz de generar ese pensamiento, puedes hacer el proceso inverso, puedes crear espacios mentales para que tu mente empiece a mirar la vida de otra manera. Y eso tiene mucho que ver con mi relación con el mundo, mis vínculos, mi identidad, mi sentido de la vida.

Con 15 años trabajando en este tema, ¿a qué conclusión ha llegado?, ¿qué lleva a una persona a suicidarse?
Es multifactorial. Hay factores biológicos, ya que existen ciertas patologías de la salud mental que predisponen a un mayor riesgo: un 90% de los pacientes muertos por suicidio tienen una patología en salud mental, y de esos un 70% corresponde a personas con cuadros depresivos o trastornos del ánimo. A eso se suman los factores predisponentes, como las condiciones sociales o los traumas, y los factores desencadenantes, como por ejemplo una ruptura de pareja importante, un quiebre económico o el bullying. Pero en general siempre está ligado a la desesperanza, la pérdida del sentido de la vida, y también está asociado a un componente angustioso muy intenso en el momento en que toman la decisión.

Todas las personas sienten angustia alguna vez. ¿La angustia de la que habla es de otro nivel?
Es otro nivel. Todos hemos sentido una sensación angustiosa por algún tema, pero imagínate esa sensación multiplicada por 100, con síntomas físicos y mentales combinados. Es una sensación de inminente pérdida de control, de temor a perder la cordura, con opresión en el pecho, taquicardia. Lo que se ha observado, según las entrevistas a pacientes, las autopsias sicológicas (conversación con los familiares del fallecido por suicidio) y cartas de despedida, es que la persona entra en un entubamiento de la conciencia: pierde la capacidad de reflexión y ve el acto suicida como única alternativa para resolver su sufrimiento extremo.

¿Le ha pasado que entra un paciente a la consulta y solo con mirarlo sabe que está pensando en suicidarse?
No sé si tanto como percibirlo inmediatamente. Tengo la costumbre de recibir a los pacientes en el pasillo porque quiero ver cómo caminan, cómo se acercan a la consulta, cómo te saludan, cómo aprietan la mano, cómo te miran al hacerlo, cómo es su tono de voz, la postura corporal, qué lugar del espacio ocupan en la consulta y cómo lo ocupan. Todas son cosas indirectas que te van mostrando el estado emocional, mental y el nivel de angustia de esa persona. A veces no te expresa lo que le está pasando y su cuerpo está mostrándote lo contrario, entonces tratas de llevarlo al tema, hacer preguntas para abrir el tema de la conducta suicida. “¿Has tenido pérdida de sentido de la vida?, ¿esa pérdida te ha llevado a alguna idea concreta?, ¿no querer vivir?”. En ese momento la gran mayoría empieza a hablar.

Cuando detecta un riesgo de suicidio, ¿qué tratamiento sugiere?
El tratamiento de una persona que está con intentos o ideación suicida es integral. Para el manejo de los síntomas físicos y mentales más duros tenemos que usar antidepresivos, ansiolíticos u otro tipo de fármaco. Paralelo a eso se hace un acompañamiento, que es fundamental porque la persona depresiva o con pensamiento suicida siente que está sola, que su relación con el mundo está alterada de tal manera que es una carga para el resto. Esos son típicos pensamientos depresivos severos.

“El suicidio tiene que ver con la desesperanza, que es un proceso que se aprende: si tu mente es capaz de generar ese pensamiento, puedes hacer el proceso inverso y empezar a mirar la vida de otra manera. por eso creo que se puede prevenir”, dice Baader.

Un estudio de la OMS de este año apunta a Chile como el líder mundial en tasas de depresión. ¿Cómo explica que los chilenos estén tan deprimidos?
El hecho de que nos hayamos incorporado a la OCDE hace que tengamos mejores herramientas para medir y estamos haciendo visible algo que probablemente en otros países también existe pero no está visibilizado porque la metodología no es adecuada. El otro tema tiene que ver, probablemente, con factores sociales en términos de que el tránsito hacia ser un país desarrollado ha generado una carga importante en lo laboral, lo emocional, la estructura de la familia. Las familias están muy desestructuradas, la mayoría de la gente está trabajando mucho, las altas tasas de suicidio de gente joven están ligadas, probablemente, a la falta de quien los acoja. Hay mucha soledad.

¿Por qué menciona el trabajo como un factor relacionado a la depresión?
Porque hay un exceso de trabajo y muy poco espacio para la recreación. Por ejemplo, en las tardes los alumnos deberían tener actividad física o artística y uno ve que están haciendo clases de física o química, que tienen tareas para la casa. En Santiago la gente que trabaja hace recorridos de dos horas en promedio para volver a su casa, llegan muy tarde y cansados entonces hay poca interacción. No puedo decir que todo esto sea la causa, pero lo que veo en los pacientes es que este nivel de trabajo está influyendo en el estado mental de las personas. Hay mucho sufrimiento ligado a exceso de trabajo. Nuestra calidad de vida en general no es buena.

¿Cuál es la receta que aplica contra la depresión?
El autocuidado. A mis pacientes les digo que revisen qué están haciendo con su vida y qué es lo que pueden cambiar en términos de horarios de trabajo, de tiempos de recreación. ¿Duermen suficiente?, ¿están haciendo actividad física? Les recomiendo que hagan yoga, pilates. Que aprendan una técnica de respiración, que se den un tiempo de meditación. Que sigan una alimentación más mediterránea, con frutas, verduras y carnes magras y eviten grasas y frituras. Fomenten los encuentros sociales y se miren más profundamente y se pregunten: ¿qué están haciendo con su vida?, ¿es realmente lo que quieren seguir haciendo?, ¿les conviene seguir trabajando de esta manera: buscando cada vez más plata pero con menos tiempo personal? La gente se empieza a dar cuenta de que no se prioriza como persona.

Pero el sistema no ayuda mucho a priorizarse como persona.
Ese es el tema. Cuando hablamos de una reforma laboral, hablemos de flexibilidad laboral; que las personas tengan la posibilidad de elegir la cantidad de horas de trabajo que quieren tener y que esas horas sean remuneradas de tal manera que les permitan vivir adecuadamente. Que esté la opción de decir: “Yo no quiero ganar tanto porque quiero tener el espacio en la tarde para estar con mis hijos”.
Baader eligió vivir en Valdivia porque quería tener una buena calidad de vida. Quería vivir en un lugar donde no tuviera que estar enajenado, dice. Ahora, a sus 51 años, trota media hora en las mañanas y se va caminando desde su casa hasta la Universidad Austral. Almuerza todos los días con su mujer y su hija menor y, a veces, toma una pequeña siesta antes de ir a su consulta por la tarde. Se cuida de dormir ocho horas, comer sano y tener tiempo para escuchar música, leer un libro o pasear por la naturaleza. Sabe que todas esas cosas suman para mantener un bienestar físico y mental. Para espantar cualquier tipo de idea suicida.

Baader eligió vivir en Valdivia porque quería tener calidad de vida. Todas las mañanas trota, almuerza en su casa, intenta dormir ocho horas, comer sano y dejar un tiempo para hacer cosas que le gustan. Todo eso –asegura– suma para el bienestar físico y mental.

VIGILANCIA SUICIDA
¿Cómo interpreta que la mayoría de los intentos de suicidio de la región correspondan a gente joven y que Chile tenga el mayor aumento de tasa de suicidio adolescente de la OCDE según un estudio de 2013?
El adolescente, hasta como los 23 años, es un ser que está en cambios neurológicos y sicológicos, entonces está inestable, tiene emociones más intensas y hay mayor impulsividad. Los universitarios entran de un régimen escolar a uno de mayor exigencia académica, hay mayor susceptibilidad al estrés y también están más expuestos al consumo de alcohol y drogas. Y en los colegios ha aumentado el maltrato entre los estudiantes. Si a eso le agregas una familia desestructurada que no acoge, aumenta el riesgo de conductas suicidas. Los chicos pasan mucho solos y lo suplen con redes sociales, pero el vínculo en redes sociales no es una amistad, no son de la significación que tiene un encuentro cara a cara.

En ese sentido, ¿cuál es la importancia de la familia, los amigos y el entorno en general en la prevención?
Es el pilar fundamental. Por eso la familia es importante en la prevención, de un punto de vista estratégico: si no le veo a la cara todos los días a mi hijo no voy a saber que está mal, pero si estoy con él todos los días, me puedo dar cuenta de que está apagado, tiene la mirada marchita.

¿En qué debe fijarse la familia para empezar a preocuparse?
Un chico o chica que estaba haciendo deportes, que le iba bien en el colegio y que de a poquito empieza a tener malas notas, deja de hacer los hobbies que le gustaban, no quiere integrarse a las conversaciones, se queda solo en su pieza… son todos indicios de que algo le está pasando.

Varios de esos síntomas suelen ser propios de la adolescencia, ¿cómo distinguir cuando hay que preocuparse?
Sí, pero son fluctuantes en los adolescentes; hay algunos momentos en los que quieren estar aislados. Cuando es una conducta sistemática, cuando en pocas semanas cambia su forma de funcionar, eso tiene que hacerte sospechar. Por eso el rol de los profesores también es importante: si conocen a sus alumnos son capaces de ver su conducta e identificar inmediatamente si alguno está con un problema.

En el programa de prevención que tienen en Los Ríos han capacitado a profesores y otros líderes comunitarios para detectar síntomas depresivos. ¿Por qué ellos pueden jugar un rol importante en esto?
Porque mientras antes llegues, mejor. El suicidio es prevenible en la medida en que todos nos pongamos las pilas y que entendamos que previamente a que el chico o la chica entre en una fase depresiva profunda y requiera fármacos, una intervención sicosocial, educación a la familia y acompañamiento va a ser suficiente para manejar la situación y muchas veces no va a requerir tratamiento farmacológico, sino una activación de redes. Si acojo al que está empezando a sufrir las consecuencias de su estado mental, se puede pedir ayuda a tiempo y evitar que empeore. En el fondo la idea de los gatekeepers es que se reactive algo que era parte del ser humano: un proceso básico de ponerse en el lugar del otro, de entender su sufrimiento.

¿Cómo eligen a los gatekeepers que capacitan?
El facilitador tiene que ser una persona con capacidad empática, que sea referente, reconocido por sus pares como una persona de confianza. En un colegio, por ejemplo, es el profesor buena onda, al que alumnos se atreven a preguntarle y contarle sus problemas. Para sacar esos perfiles tuvimos reuniones con los centros de alumnos y después les pedimos a los directivos que nos nombraran personas con esas características. Luego lo que se hace es un día de capacitación en que se ven los factores generales de la conducta humana, cómo se manifiestan los cambios anímicos y luego se ve la conducta suicida: cómo se identifica y qué tipo de preguntas se tienen que hacer para entrar en la temática. El gatekeeper tiene que ser capaz no solamente de aprender todo esto, sino de replicarlo en su comunidad para crear su propia red donde sea que está trabajando.

Esta estrategia, ¿es más efectiva en el tiempo?
Obviamente. Si miramos cómo está el sistema de salud ahora, nunca va a cubrir las necesidades de toda la población. Lo que hay que entender es que yo tengo que ser responsable de mi salud, si yo me alimento mejor, hago actividad física, me preocupo de mi entorno y mi forma de trabajo, mi calidad de vida y mi salud van a estar mejor y voy a consultar menos. Para allá tenemos que educar a las personas. Promover la salud mental para disminuir las tasas de patologías de la población general.

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