Tomás Baader, psiquiatra experto en suicidio:  “La gente cree que el vínculo humano es reemplazable por la virtualidad. Pero tocarse, hacerse cariño, expresarse amor, es fundamental”

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Tomás Baader, psiquiatra experto en suicidio: “La gente cree que el vínculo humano es reemplazable por la virtualidad. Pero tocarse, hacerse cariño, expresarse amor, es fundamental”

Por Greta di Girolamo / Foto: CRIS GUZMÁN

El psiquiatra Tomás Baaader se ha especializado en suicidio y lidera una estrategia para prevenirlo en Valdivia, la que se está replicando en el resto del país. Esta semana, en la que se conmemoró el día mundial de la prevención del suicidio, hace un llamado a cambiar las redes sociales y el exitismo escolar por espacios de encuentro cara a cara y creatividad.

En 1994, cuando tenía 27 años, un episodio marcó la vida y carrera del siquiatra Tomás Baader: dos pacientes del consultorio donde atendía como médico general se suicidaron. Uno tenía 15 y el otro 16. Él no podía entender por qué un adolescente tomaría una decisión así.

A 24 años de eso, Baader es integrante de la Red Mundial de Suicidiólogos, director del Instituto de Neurociencias Clínicas de la Universidad Austral y fundador de la ONG Alianza Chilena contra la Depresión, que lidera un programa de prevención del suicidio en la Región de Los Ríos basado en la importancia de los vínculos sociales. Una estrategia que de a poco se va expandiendo a otras regiones de Chile.

Según la OMS, en el mundo se suicida una persona cada 40 segundos y esta es la segunda causa de muerte de personas entre 15 y 29 años. En Chile la realidad no escapa de esto. Si en 1990 la tasa de suicidio en este rango etario era de 2,7%, en 2011 pasó a un 6%. Este aumento posicionó a nuestro país como el segundo en cuanto a alzas de tasa de suicidio, luego de Corea del Sur.

La tasa de suicidio general, en cambio, ha ido en descenso. Actualmente Chile tiene una tasa de 10,5 suicidios por 100 mil habitantes, cifra cercana al 10 que promedian los países de la OCDE. Aun así, Tomás Baader afirma que sigue siendo un problema de salud pública, “sobre todo porque se ha registrado un aumento importante en la tasa de intentos de suicidio en los tramos entre los 15 y los 25 años”. Todavía no existen registros nacionales de intentos de suicidios, pero en la región de Los Ríos, donde vive y trabaja, hay un promedio de 1,5 intentos de suicidio diarios, según registros de los servicios de urgencia.

¿A qué se puede atribuir que los adolescentes sean la población con mayor riesgo?

Tiene que ver con el nivel de impulsividad. Cerca del 60% de los casos se pueden explicar por trastornos del ánimo, como depresión o trastorno bipolar, que pueden llevar al desarrollo de conductas suicidas. Pero un 40% se debe a fenómenos más impulsivos o situacionales. En los jóvenes no todo se explica por conductas depresivas, sino que está asociado a otros factores como experiencias tempranas de maltrato y abandono o fenómenos gatillantes como rupturas de pareja, ruptura con los padres y con los pares. Ahí aparece el bullying como uno de los factores de riesgo. El 76% de los casos de intento de suicidio en la región de los ríos tiene que ver con esos factores.

¿Qué rol juegan en esto las redes sociales?

Es ambivalente. Por un lado hemos tenido la experiencia de que cuando un chico o chica amenaza con suicidarse, rápidamente se forma una red de apoyo de Whatsapp y todos lo tratan de acompañar, lo acogen y lo ayudan. Las redes sociales también han servido para pedir ayuda. Pero por otro lado, a veces los chicos que hacen algún tipo de comentario son descalificados, les hacen bullying o los maltratan por estos medios. Por eso es tan importante intervenir el ambiente escolar para mejorar las relaciones interpersonales,fomentar el deporte, el teatro, la música, crear espacios de vinculación como una estrategia preventiva. Estudios que hemos hecho en estudiantes universitarios muestran que a mayor tasa de relaciones fidedignas, encuentros con pares y trabajos en conjunto por un bien mayor, menor es la tasa de depresividad, consumo de alcohol y drogas y conductas suicidas. Esa es la mejor estrategia.

En ese sentido, ¿las redes sociales podrían ser negativas si es que restringen encuentros cara a cara?

Exactamente. La gente cree que el vínculo humano es reemplazable por de la virtualidad. Pero tocarse, hacerse cariño, expresarse amor, es fundamental. Se sabe que las guaguas que han recibido masajes o los niños a quienes les leen cuentos tienen un desarrollo neurocognitivo y afectivo mucho mejor. Estos detalles que determinan la vida posterior de una persona son aspectos que no permite el internet.

¿Hay que restringir el uso de redes sociales?

Es complicado restringir el uso en adolescentes, porque ya está instalado en el sistema. Lo ideal es que no estén usando celulares en el colegio en séptimo básico. Ojalá que en las clases y también en los recreos no los usen, para facilitar la vinculación. Sino, hay chicos que se quedan durante el recreo sentados en la sala de clases whatssapeando uno al lado del otro sin mantener una interacción real.

En lo que va del año se ha cuestionado a colegios como la Alianza Francesa y el Nido de Águilas por el suicidio de estudiantes. ¿Qué deben hacer los colegios para ayudar a prevenir el suicidio?

En agosto salió un instructivo formal que obliga a todos los colegios a establecer programas preventivos de detección precoz. Lo que más queremos es que se hable de salud mental dentro de los colegios, que el suicidio forme parte de las discusiones, seminarios y talleres donde los estudiantes, padres y profesores participen. Hay otro tema que no se ha discutido: en vez de hacer actividades recreativas, como teatro, música o educación física, la reforma educacional llenó a los estudiantes hasta el viernes en la tarde con clases de química y física, cuando el cabro ya no da abasto. Eso genera irritabilidad e incomprensión, y ganas de deshacerse del colegio.

Se estima que cada un suicidio cometido, hay 20 intentos de suicidio y 50 personas con ideas suicidas.

Sí. La ideación suicida es transitoria y muy frecuente en grupos adolescentes, sobre todo en quienes están sometidos a este estilo de vida estresante. Esta forma de educación que me parece aberrante, tanto en el mundo privado como en el público. Me toca atender chicos de escuelas particulares y de liceos y las problemáticas son parecidas del punto de vista del estrés, la sobrecarga y el exceso de información. Hay que hacer cambios importantes.

¿Qué se está haciendo en Chile para avanzar en la prevención del suicidio?

Chile empezó a instalar estrategias el año 2000 y al día de hoy es el país con mejores estrategias instaladas en Latinoamérica. Se está implementando el plan nacional de prevención de conducta suicida y se está incorporando el plan de educación y prevención del suicidio, pero con un lamentable bajo presupuesto. Si en VIH gastan cerca de 300 mil millones de pesos, en esto se gastan 200 millones de pesos.

¿Cómo estamos en cuanto a legislación?

Al debe. Lo que necesitamos es una ley de salud mental donde se incorporen todas estas estrategias de prevención, detección precoz de riesgo y se tenga un financiamiento para las intervenciones en salud. Nosotros tenemos un 2,5% del presupuesto de salud dedicado a salud mental y en los países de la OCDE llegan a un 8%. Y eso teniendo en cuenta que en Chile el 40% de las motivaciones por las que las personas van al consultorio tienen que ver con salud mental. Pero lo que más importa es establecer una política pública orientada a la promoción de la calidad de vida. Hasta ahora nos hemos centrado exclusivamente en lo académico, en el Simce y la Psu, que miden parcialidades de la realidad del ser humano y no lo que está sintiendo. No podemos quedarnos con eso como medida general del aporte, porque claramente hay falencias emocionales y el sistema en general podría aportar mucho más con espacios de prevención en los adolescentes. Que se promueva una reforma nueva de educación orientada a bajar la carga académica, mejorar la calidad de la educación en términos de lo que se entrega, fomentar talleres y espacios de vinculación. Para eso se necesita una voluntad política mayor.

¿Qué sugerencias darías a las personas para prevenir el suicidio?

Todo lo que fomente el encuentro humano es positivo. El estilo de vida que estamos sosteniendo es individualista y se basa principalmente en la búsqueda de mayores satisfacciones económicas, por lo tanto mayor cantidad de trabajo, sin respeto por el descanso. Esto es algo que se puede prevenir, pero requiere de la voluntad de muchas personas para vincularnos de otra manera. Fomentar actividades deportivas, teatrales, musicales, que son una inversión en salud mental a futuro. Llevar una dieta mediterránea, sin calorías en exceso, frituras, dulces y colorantes. No es necesario hacer revoluciones, se trata de darse espacios de vinculación y preocuparse por el prójimo; interesarse por la otra persona, saber cómo se siente. Ojalá comer en familia por lo menos una vez al día y sacar los celulares de la mesa. Y eso corre para adultos y para adolescentes.

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