Leonor Varela: Una chamana en Hollywood

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Leonor Varela: Una chamana en Hollywood

Por Ximena Torres Cautivo / Producción Gabriela Cordero / Fotografías Javiera Eyzaguirre / Maquillaje y pelo Cristián Quitral / Asistente de producción Francisca Palma / Agradecimientos Hotel Bidasoa

En agosto se estrena Alpha, la superproducción donde hace el rol de bruja en una tribu del paleolítico; el próximo año la veremos en otro papel secundario en un film independiente que trata sobre el tráfico de niños migrantes. Es una mujer con causa, una mamá abnegada y un ser espiritual que no se cambia por nadie.

“Qué heavy lo tuyo, Nicolás López! (…) Aunque a mí nunca me tocaste (contrariamente a lo que le decías a mucha gente), es hora de hacerte cargo de una actitud nefasta”.

Aunque para cualquiera que la conozca resulta inconcebible que alguien toque contra su voluntad a una diva como Leonor Varela (45), menos un personaje que se declara públicamente “un jote”, “un descriteriado”, “un imbécil”, “un barsa”, la actriz nacida en Chile y criada en Costa Rica, Alemania, Estados Unidos y Francia, fue aludida indirectamente en el reportaje con nuevas denuncias de acoso sexual y abuso contra el director de películas como ¡Qué pena tu vida!, que publicó revista Sábado.

En el texto se lee que López “se ufanaba de estar con celebridades incluso de Hollywood. La más mencionada es una exitosa actriz chilena radicada en Estados Unidos desde hace años. Consultada por Sábado, ella lo negó completamente. ‘Y no porque él no lo intentara. No tengo nada bueno que decir de él’”, consigna el texto, donde no la mencionan nunca con nombre y apellido. Para efectos de esta entrevista le preguntamos sobre el tema, y su encargada de prensa en Chile nos respondió así vía mail: “En su Twitter, Leonor señaló claramente que era ella la actriz de Hollywood” (aludida en el reportaje), para luego precisar: “No hay mucho más que agregar. Hay que tratar la situación con la dignidad que amerita”.

Leonor estaba en Chile cuando apareció la publicación. Había llegado al país el martes 26 de junio en el marco de una apretada visita de trabajo y se iría el martes 2 de julio, después de una sesión de fotos para esta entrevista. Antes había asistido a la grabación de un programa de TV conducido por su amiga Angélica Castro; al exitoso Pasapalabras, en CHV; a una entrevista con Soledad Onetto, en Mega, y tuvo reuniones con auspiciadores. Además participó en Conejo blanco, conejo rojo, en el Teatro Mori, una obra experimental del director iraní Nassim Soleimanpour, cuya principal característica es que el único actor que participa recibe el guion recién cuando se sube al escenario y la representa solo esa vez en la vida.

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“Fue fantástico, increíble, lo pasé muy bien. La hice anoche”, dice, refiriéndose al jueves 28 de junio, cuando nos recibe al día siguiente en su habitación del hotel Badasoa, en Vitacura, donde se hospeda. Agrega: “El público gozó mucho, tanto como yo, pero no quiero decir más para no fregarle la experiencia a la actriz que viene, que es Javiera Contador. Ya la han hecho varios otros actores, incluido Alfredo Castro”, dice, yendo y viviendo por la habitación, que está llena de bolsas y paquetes, con regalos, canjes y cariños, dignos de la estrella hollywoodense que es.

Va abriendo sucesivamente cajas y cajas de zapatos españoles Castañer, que se prueba, pidiéndonos la opinión. Es frágil, menuda, no muy alta, de una belleza sin estridencias. Muy elegante. Se parece a Natalie Portman, a quien aludió en una entrevista que dio al diario La Segunda en enero de este año, cuando el caso del productor Harvey Weinstein copó las portadas del mundo. “A mí me conmovió mucho lo que dijo Natalie Portman en la última marcha (“adapté mi conducta a un terrorismo sexual”), siento que yo hice algo muy similar. Cuando sentí la energía del depredador, yo me tapé”.

Ahora no hablamos de ese episodio de acoso que habría sufrido en Europa y que, en esa oportunidad, dijo estaba buscando la mejor manera de verbalizar. Prefiere hablar de su trabajo. Es más, con su asistente de prensa definieron que ese es el objetivo de esta entrevista, porque ella es así: enfocada.

PAREMOS: NO MÁS INVASIÓN

¿Fue muy emocionante actuar en vivo, frente al público, hacer teatro?
No había hecho nada de teatro en muchos años. Por eso fue ¡de cojones!, como dirían los españoles. Los Ángeles, donde vivo en Estados Unidos, no es una ciudad de teatro; es la ciudad del cine y, dentro de eso, acepto papeles secundarios, cosas que no me demanden tanto tiempo.

Leonor Varela y su marido, el productor argentino Lucas Akoskin (37), tienen dos hijos. Matteo, de 5 años, y Luna, de 3. El primero padece una enfermedad degenerativa, compleja y de muy mal pronóstico. Leucodistrofia se llama. En septiembre de 2013 ella explicó en detalle a revista Caras cómo ha sido lidiar con ella. Lo hizo en un testimonio en primera persona, después de una complicada operación. A fines de abril pasado Matteo tuvo una crisis, una anemia crónica, que obligó a internarlo. Leonor pidió en redes sociales que oraran por él. Ahora el niño está de vuelta en casa.

“Su enfermedad requiere más que menos. A veces está mejor, pero necesita enfermera las 24 horas del día. Yo no puedo hacer todo. Nunca he dejado de trabajar, nunca he perdido el vínculo con la actuación, pero cuando nació mi hijo tomé la decisión consciente de poner mi trabajo en segundo plano. Luego llegó mi hija. Ciertamente, los dos me necesitan mucho. Soy mamá y soy actriz, en ese orden, y combino lo mejor que puedo las dos cosas”.

¿Cómo no te desmoralizas, cómo lidias con la enfermedad de Matteo?
Con la única receta posible: optimismo y esperanza. Si no lo hiciera así, no me levanto nunca más de la cama. Yo soy quien toma las decisiones en relación a la enfermedad de mi hijo. Soy la que lleva la batuta a la hora de resolver un tratamiento de medicina alternativa. Lucas, mi marido, me apoya y me apaña mucho. Cuando yo me caigo, él es mi roca. Eso deben ser los maridos.

Leonor cuenta que el mismo día en que iban a casarse, que tenían preparada la fiesta de matrimonio, les dieron el diagnóstico de Matteo y las dimensiones de su enfermedad. “Por supuesto que todo se suspendió. Yo me quería arrancar la piel de dolor, pero Lucas dijo ‘ahora más que nunca hay que casarse. Frente a la muerte debe triunfar el amor’. Ese es el tipo de hombre que es mi marido”, declara, enamorada. Y agrega que además de su fortaleza de roca, Lucas tiene la capacidad de hacerla reír.

“Mi marido me hace reír mucho. Es muy gracioso. Vamos juntos a clases de improvisación a la escuela de teatro Groundlings, en Los Ángeles, por donde han pasado todos los comediantes del programa Saturday Nigth Live. Cuando vayas a LA no dejes de ir al Groundlings. Sus shows son geniales. Nosotros vamos a clases con mi marido y nos reímos mucho. Hay que pasar una audición para poder inscribirse y las clases son en tres niveles. Yo estoy en el 2. Es una de mis mejores terapias para desestresarme.

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¿Cuáles son las otras?
Yoga, pilates, caminar mucho. Subo y bajo las escaleras eternas que hay en Los Ángeles a diario.

Aunque ella probablemente crea que sí, no todos saben que su padre fue el connotado biólogo Francisco Varela, investigador en el ámbito de las neurociencias y de las ciencias cognitivas, partner de Humberto Maturana en el desarrollo de la teoría de la autopoiesis, que define a los seres vivos como máquinas autónomas, que producen sus propios componentes y cuya dinámica está determinada fundamentalmente por sus relaciones internas.

Varela, que combinaba la búsqueda científica con la espiritual, murió muy joven, a los 55 años, de un cáncer hepático, cuando Leonor, su hija menor, tenía 29, aún no se encontraba con Lucas ni era madre. La pregunta sobre el dolor que le provocó esa muerte le sobra. Es más, la descalifica. Luego precisa: “Mi padre no está enterrado en el valle de Elqui; ahí están esparcidas sus cenizas y es donde yo tengo un pedazo de tierra”. Así da cuenta tangible de su vínculo con Chile, el que perfectamente podría haber perdido, ya que salió al exilio con sus padres cuando tenía pocos meses. “En total he vivido en este país apenas 3 años de mi vida. Pero mi modo de ser y mis pasiones por el medioambiente, lo social y lo cultural me vinculan a Chile. Es un lazo fuerte que necesito mantener”.

Cuando tenía 14 años, sus padres se separaron. La actriz define a Leonor Palma Keller, su “mami”, como “total”. “Mi abuela Rosalía Keller era una inmigrante húngara, que llegó a Chile adolescente a causa de la diáspora judía y se quedó acá para siempre. Mi abuelo Daniel Palma era del sur, de raíces indígenas. En 1976 se convirtió en detenido desaparecido. Mi mamá es muy chora y es la piedra angular de Shambhala, un centro budista tibetano, donde se desarrolla la misma práctica espiritual que tenía mi papá. Ella es muy generosa, trabaja ahí con la gente. Y además hace rolfing, que es una huevada increíble -dice luego de pronunciar en su envidiable inglés nativo la palabra rolfing, que alude a una técnica de masaje de los tejidos conjuntivos que envuelven músculos y huesos, y en buen chileno el resto de la frase-. “Mis papás son ambos apasionados, soñadores, exigentes y con una filosofía muy ética de la vida, con una verdadera necesidad de trabajo espiritual cotidiano”. E insiste en que su “mami es total”.

¿Te ayuda con Matteo?
No es fácil, porque estamos lejos. Pero en abril, cuando Matteo se descompensó, agarró un avión y estuvo conmigo. Ahora Matteo ya no está en rojo, en crisis; está en amarillo, en la casa. Cuando hay crisis hago todo lo que dicen los doctores. Ahí no dudo, pero cuando viene el exceso de exámenes, porque los doctores proceden por eliminación, yo soy capaz de decir paremos, no más invasión. Creo que las mamás somos así: sabemos, porque orgánicamente estamos ligadas a los hijos, qué sí, qué no. Creo, además, que por ser hija de mi padre tengo la capacidad de comprender informes, exámenes y conceptos médicos y biológicos. No me superan, los comprendo.

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TRUMP: QUÉ CALAMIDAD

Habíamos leído que Leoner es vegana, por eso nos sorprende que confiese que de almuerzo disfrutó de un trozo de carne de vacuno. “Como que lo necesité; el cuerpo me lo pidió. Y siempre he comido pescado”. Ahora urguetea en una de las bolsas de regalo y nos ofrece una pastilla de chocolate amargo puro. “¿Quieres? Es cero por ciento azúcar y ciento por ciento cacao, super-dark. Estos son los mejores chocolates del mundo y están en Chile. No tienes que poner la marca, si no quieres. Mis dos placeres culpables son el café y el chocolate, aunque el primero me cae mal a la guata”.

Me imagino que has seguido el tema de las protestas feministas del último tiempo en Chile…
Claro, tengo un par de amigas lesbianas a las que sigo en Facebook y me mantienen informada. Aunque yo no sé qué significa la palabra feminismo, porque tiene tantas interpretaciones. Yo solo sé que soy libre y dueña de mi cuerpo -dice, comiéndose otro chocolate y acotando, risueña-: Para mí ser feminista es comer chocolate… Hablando en serio, en el mundo se está viviendo una revolución cultural poderosa que tiene que ver con el rol de la mujer en la sociedad.

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Asertiva, con sus ideas claras, con una enorme autoconciencia, Leonor espera que conozcamos sus convicciones ecológicas, sus grandes batallas, como la que dio contra el proyecto de una central termoeléctrica en Punta de Choros o contra HidroAysén. “Tú me has visto, no me da miedo oponerme y defender aquello que me toca el corazón. Me importan los temas sociales y ambientales. En esos casos hablo con autoridad y las personas saben que no es por populismo. Me preocupa mucho cómo estamos tratando a nuestro planeta. Mis temas son las energías renovables, la limpieza y conservación de los océanos. Por eso, el triunfo de Trump fue un shock para mí y para todos los que creemos que su gobierno es una calamidad, tal como lo estamos viendo”.

Y de sus convicciones pasamos a sus ocupaciones. Son dos. Una es Bonded, una película independiente que tiene a su marido como productor, y que se vincula con el tema de los niños que son separados de sus padres en la frontera de Estados Unidos, cuando las familias migrantes intentan entrar ilegalmente. “Es conmovedora. La historia está contada desde los ojos de un niño migrante. Y mi personaje, que es secundario, forma parte del mundo opresor, por así decirlo. Es una mujer que no empatiza y no posee la capacidad de actuar desde un punto de vista moral. No tiene fecha de estreno, hay que tener paciencia. Es que es cada vez más difícil en Estados Unidos, donde no existen fondos concursables, hacer cine independiente.

La otra película se estrena este 24 de agosto próximo y es una gran producción de Studio 8, de Sony. En Alpha, dirigida por Albert Hughes, Leonor hace “un rol secundario, pero muy lindo”. Es la chamana de una tribu en el paleolítico superior, 20 mil años a.C., cuando todo el planeta estaba cubierto de hielo. Cuenta la historia de un niño que se pierde de su clan y hace amistad y termina criándose con un lobo.

¡Qué frío! ¿Te entumiste durante el rodaje?
Se rodó en partes de Canadá y de Estados Unidos, y no pasé nada de frío.

Hoy el cine es todo digital. Hacen magia digital -dice, permitiéndose un tercer chocolate amargo, mientras la maquillan, firma un contrato, habla por teléfono y nos dice adiós con la mano.

Purificación García, vestido / H&M, aros.

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