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5 abril, 2018
orla

Vasectomía: los hombres a cargo

Cada día más matrimonios de entre 35 y 45 años llegan a la consulta de urólogos pidiendo que ellos se hagan cargo de la anticoncepción. Eso empujó la tendencia: en el sector privado, en 6 años se triplicaron las vasectomías en hombres jóvenes.

Por Pilar Navarrete / Ilustración: Paloma Moreno / Fotografía: Alejandro Araya


Paula 1248. Sábado 7 de abril de 2018.

Todo partió el año pasado, cinco meses después de que María José Salas (34, periodista) diera a luz a su segundo hijo. Todavía no había vuelto a tomar pastillas anticonceptivas. Pero había decidido no volver a ellas. “Me daban dolor de cabeza y, aunque en el humor y el peso nunca me afectaron tanto, me generaban un bajón de ánimo. Un sentido depresivo”, dice. Por eso, tras el nacimiento de su segundo hijo le dijo a su ginecóloga: “La decisión está tomada. No queremos tener más hijos”. La doctora le planteó la idea de colocarse un dispositivo hormonal que dura cinco años. “Pero yo le dije: ‘Ahí voy a tener 39. Menos voy a querer tener otro”.

Pensando qué hacer, María José empezó a cotizar. Colocarse el dispositivo costaba 200 mil pesos. La idea de la vasectomía no se le había pasado por la cabeza. Hasta que vino el susto: un atraso de 10 días. Esa noche, cuando vieron que el test había salido negativo, Martín, su pareja, le comentó: “Tenemos que hacer algo”. Días después él puso el tema sobre la mesa. “Podríamos hacernos la vasectomía”, le dijo. “Como siempre anda leyendo sitios web gringos, había leído que es una cirugía ambulatoria, que al día siguiente estás trabajando, que es reversible, mucho más barata que una ligadura de trompas y que con el plan de Isapre que tenemos a lo más nos saldría 160 mil pesos”, dice María José. “Ahora tenemos que buscar un doctor y ver la fecha. Porque la decisión ya está tomada”, dice ella.

Paridad anticonceptiva

Los urólogos afirman que el interés por saber más de la vasectomía se debe al mayor acceso a la información, pero también a que en las relaciones de pareja se ha instalado con fuerza el argumento de la paridad de género. “La vasectomía se ha empezado a dar como un acto de igualdad”, comenta Cristián Palma, urólogo de la Clínica Las Condes y del Hospital Clínico de la Universidad de Chile. “Las mujeres se han atrevido a decir: ‘Yo tuve que tomar anticonceptivos, me embaracé, entonces ahora que cerramos el tema de los hijos, ¿a quién le toca el anticonceptivo?’. Y eso se nota cada vez más en la consulta porque quién se hace cargo del tema ahora es una cuestión mucho más abierta”, dice Palma. “Además, internet ha facilitado el acceso a la información con la que los pacientes han comenzado a dejar de creer en los mitos que rodeaban este tema”.

Pablo Pizzi, jefe de la unidad de Urología de la Clínica Tabancura y parte del staff de urólogos de la Clínica Santa María, tiene una impresión similar. “El escenario que se ha abierto en los últimos 10 años es que las parejas vienen juntas a la consulta del doctor. Cada vez son más las parejas que llegan a consultar sobre la vasectomía, o por la ligadura tubaria en el caso de la mujer, cuando ya han decidido que no quieren tener más hijos. Y frente a la comparación de una cirugía con otra, muchas parejas están optando por la vasectomía porque tiene muchas ventajas comparativas”.

De hecho, ante la pregunta de qué es mejor, si la mujer o el hombre se someta a la técnica quirúrgica de esterilización, las guías mundiales de salud reproductiva recomiendan que sea el hombre. El Manual para la Planificación Familiar de la OMS lo detalla de la siguiente forma: “Ambos son métodos permanentes, muy eficaces y seguros para las parejas que saben que no quieren tener más hijos. (…) Si ambos son aceptables en la pareja, debería preferirse la vasectomía porque es más simple, segura, fácil y más barata que la esterilización femenina”.

Los médicos concuerdan: “Los riesgos asociados a la ligadura de trompas son mucho mayores que los de una vasectomía, donde el riesgo puede ser un hematoma en el escroto que se pasa a los pocos días. En cambio la cirugía tubárica en la mujer, como es intraabdominal, requiere anestesia general, puede involucrar lesiones en órganos internos e, incluso, potencialmente riesgo vital en el caso de un embarazo tubario, eso sin tomar en cuenta que la recuperación es dolorosa y el costo por los insumos de la hospitalización son más altos que los de una vasectomía”, enfatiza Pizzi.

En 2010, 7.207 hombres se realizaron una vasectomía. En 2016 aumentó a 23.220.

Las ligaduras de trompas femeninas  han disminuido. En 2010, 19.073 mujeres recurrieron a ella. En 2016 fueron 13.247.

Sin bisturí

Desarrollada en 1899 por el médico estadounidense Harry Sharp, la vasectomía consiste en obstruir el conducto deferente, la vía que transporta los espermatozoides desde los testículos hasta la próstata, donde se juntan con el líquido seminal, dando origen al semen. La técnica utilizada hoy en día es la llamada “vasectomía sin bisturí”, desarrollada por el médico chino Li Shunqiang en 1974: fue esa práctica la que 10 años más tarde el doctor Marc Goldstein introdujo a Estados Unidos, donde hoy, al año, se la realizan entre 500 y 700 mil hombres.

En los 20 minutos que dura la cirugía, luego de aplicar anestesia local –como la que usan los dentistas– el urólogo hace una pequeña punción en la mitad del escroto, separa las capas de la piel, exterioriza el conducto deferente, lo corta, liga o cauteriza cada extremo y lo vuelve a introducir al interior. El postoperatorio es simple –reposo relativo evitando actividad física intensa (incluida la sexual) por 7-10 días– y, aseguran, indoloro. “La gran mayoría de los pacientes se siente completamente normal luego de 10 a 14 días”, asegura Pizzi.

Romper con los mitos

Constanza Fernández y Rodrigo Jarpa.

Al sexólogo Rodrigo Jarpa, la idea de hacerse la vasectomía se le ocurrió tras una conversación informal con el doctor Cristián Palma, con quien trabaja en la Clínica Las Condes. “Con mi mujer ya teníamos dos hijos y estábamos decididos a no tener más. Cuando Palma me contó de qué se trataba me pareció una buena alternativa también para que por fin ella tuviera un poco de
descanso de estar metiéndose hormonas al cuerpo”, dice.

Constanza Fernández, su esposa, lo confirma: “A los 20 años empecé a tomar pastillas. Como se me olvidaban, después cambié a una inyección que dura 3 meses. No tenía problemas con ellas, pero igual hacía tiempo tenía ganas de acordarme cómo era mi cuerpo antes de tomar anticonceptivos. Cuando Rodrigo me dijo: ‘¿Qué pasa si yo me hago cargo?’, le dije: ‘Genial’”. Tomar la decisión, comenta él, fue más fácil al escuchar que, en el caso de querer revertir la vasectomía, se puede, aunque requiere una operación mucho más compleja para la cual hay pocos urólogos capacitados.

La noche antes de realizarse la cirugía Jarpa tuvo una junta con amigos. Ahí pudo tomarles el pulso a los miedos masculinos. “Cuando les conté estaban incrédulos. ‘Jarpa nos está hueviando’, me decían. Cuando les pregunté por qué tanto rollo, empezaron a salir todos los mitos: asociar la vasectomía a disfunción eréctil. Otros me dieron a entender que lo asociaban a una pérdida de la masculinidad”. Acostumbrado a despejar mitos sobre la sexualidad, entre broma y broma el sexólogo empezó a compartir la evidencia que le había dado su médico y que él había estudiado en detalle.

Ha pasado más de un año desde que se sometió a la vasectomía. De los hombres que fueron a la reunión de amigos con Jarpa, varios hoy lo están evaluando. Sobre si su vida sexual ha cambiado en algo, dice que en nada. “Ni para mejor ni para peor”. Pero su mujer, reconoce que el relajo es algo que los hombres no tienen cómo imaginarse. “No estar pendiente de si te olvidaste de las pastillas, si te vas a condorear, es mucho más relajado”, dice Constanza. “Sé que soy afortunada, porque a mi alrededor veo muchas mujeres que sufren por tener que hacerse cargo de los anticonceptivos a pesar de que les hacen pésimo y sus parejas no se toman el tiempo de ver cómo ayudarlas”.

La otra decisión: vasectomía sin hijos

Javier Rivera y Carolina Gómez.

Llevaban 12 años casados y después de darle muchas vueltas al asunto, habían decidido no tener hijos. Carolina Gómez (39) y Javier Rivera (40) se casaron en 2004, tras 7 años de pololeo. Los primeros años de matrimonio, como ella no tenía muy claro si quería ser mamá, la opción fue avanzar con sus carreras y viajar. La decisión la dejaron stand by en 2010 cuando ella obtuvo la Beca Chile para hacer un doctorado en Londres. Al regreso, en 2013, lo conversaron. “Carolina se sinceró conmigo. Me dijo que no quería ser mamá y yo le dije que no quería ser papá”, cuenta él. “Juntos decidimos que los hijos no tenían por qué ser parte de nuestro proyecto de vida”, dice ella. Entonces él propuso hacerse una vasectomía. Carolina nunca había tomado pastillas anticonceptivas. “Yo era regular como un reloj entonces nunca quise tomar hormonas. Con Javier decidimos cuidarnos desde siempre de manera natural. Eso exigía que fuéramos súper planificados, cuidadosos con el tema de la fecha para tener relaciones, de repente, si era mucho, usar condón”. “Por eso, cuando decidimos no tener hijos le dije: ‘¿Para qué seguir preocupándonos?’”, dice él. Ahí vino el proceso de buscar dónde y con quién. Como su plan de Isapre tenía atención preferente con la Red de Salud de la Universidad Católica, tomaron una hora con un urólogo, pero el médico les dijo que por objeción institucional los médicos de la red (también los de la Clínica Los Andes) no realizan vasectomías. El doctor les pasó un papel para que su Isapre los derivara a un prestador que sí pudiera hacerlo.

El 17 de junio de 2016, el día de la vasectomía, Javier se fue caminando a la Clínica Dávila, ubicada a dos cuadras de su casa. A las 12 entró a pabellón. A las 12:30 estaba en sala de recuperación y a las 4 de la tarde se fue caminando de vuelta a su casa. Esa noche salió con unos amigos. Una semana después subió a Facebook la selfie que se sacó en la sala de recuperación de la clínica. Aparece sonriendo. En su posteo comentó: “Muchas personas que sabían de nuestra decisión, cuestionaron y preguntaron por qué mejor mi esposa no tomaba pastillas, o por qué ella no se operaba… la verdad, creo que esa es una manera egoísta y tremendamente machista de enfrentar un tema que es de a dos”.