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11 septiembre, 2017
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Viaje al exterior de la cárcel

Con una cámara 360°, la cineasta Catalina Alarcón (26) registró durante dos semanas los barrios y hogares de 6 internas del Centro Penitenciario Femenino de San Joaquín, quienes pudieron visitar sus casas y a sus familias desde la cárcel, a través de realidad virtual. Aquí, cómo funcionó esta experiencia que se replicará desde el 14 de septiembre en el Centro Penitenciario Femenino de Valparaíso.

Por Almendra Arcaya L. / Fotografía: Constanza Miranda / Realización audiovisual: Catalina Alarcón y Christian Nawrath


Paula.cl

Andar en bicicleta junto a su hijo, recorrer la cuadra del pasaje, estar en el living de su casa o ver lo que se está preparando en su cocina. Esas son algunas de las escenas que pudieron visualizar virtualmente 6 internas del Centro Penitenciario Femenino de San Joaquín que participaron del Taller de Cine Documental impartido por la cineasta de la Universidad Arcis y colaboradora de Mapa Fílmico de un País (Mafi), Catalina Alarcón.

Sin embargo, el proyecto gestado a principios de 2016 que se adjudicó un Fondo Audiovisual del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes (CNCA), no comenzó como tal. “La idea inicial era desarrollar un taller que enfatizara en el cine iberoamericano y en el cine documental en centros femeninos penitenciarios, donde las internas pudieran ver realizaciones de mujeres de Argentina, Chile o Perú, y aprendieran herramientas como describir y narrar, qué es un encuadre o cómo se maneja el sonido. Comenzamos llevándoles fotos familiares y las reacciones fueron inspiradoras. Nos dimos cuenta de la necesidad imperante que tenían de volver a ver a sus familias y empezamos a pensar cómo lo podíamos hacer para llevar esta experiencia a otro nivel”, cuenta Catalina.

El resultado fueron dos semanas de grabación con una cámara 360° que registró los barrios y hogares de las 6 internas del taller, donde también colaboraron las realizadoras Constanza Miranda, Josefina Buschmann, Valeria Hofmann, Daniela Camino y Tamara Uribe. Luego vinieron cinco días de montaje junto al post productor del proyecto, Christian Nawrath. El producto final son seis clips de entre 4 y 7 minutos que las internas pudieron ver con unos anteojos Oculus, que permiten visualizar videos en 360° de manera inmersiva.

La maternidad es un concepto clave del proyecto, tanto del taller como de la experiencia de realidad virtual.
El proyecto busca enfocarse en el género, en la familia y en la maternidad. Todas nuestras alumnas son madres y eso abrió una reflexión en torno a cómo ejercen su rol desde la cárcel. Qué nos define como madres, ¿acaso el ejercicio de cuidar y proteger a nuestros hijos? Entonces, mirándolo desde esa perspectiva, ¿estas mujeres no podrían llamarse a sí mismas “madres”?, y a su vez, en su contexto ¿no criar, “no ser madres”, las hace menos mujeres?

¿Qué fue lo que más te sorprendió de la interacción que tuvieron las internas con esta realidad virtual?
Presenciar cómo el cuerpo se iba manifestando. Muchas de ellas no podían evitar saludar o responder en voz alta a las preguntas que sus familias habían hecho a la distancia. Estiraban sus brazos, gesticulaban besos. Hubo una necesidad corporal de ocupar ese espacio de manera visual, física y emocional, de sentirse realmente en el espacio que estaban viendo y eso fue muy conmovedor. Además, hubo una intención colaborativa y de contención del grupo de alumnas hacia quien tenía puesto los lentes.

¿Cuál fue la primera reacción de las familias al invitarlos a participar?
La manera en que se entregaron fue un regalo. Todas las familias se juntaron especialmente en sus casas los días que fuimos a grabar para poder estar presentes en el video y adoptaron fácilmente el uso de la cámara 360°. Se produjo una especie de “técnica” tecnológica muy orgánica, muy espontánea e interesante de visualizar, especialmente por los más chicos, muchos de los cuales tomaron la cámara por sí mismos y lideraron las grabaciones.

A fines de 2018, la cineasta planea estrenar una plataforma documental transmedia en la que se pueda visibilizar el material audiovisual en 360°, el registro audiovisual y textos de las propias internas durante el taller de cine documental y las imágenes del making of.

Si pudieses rescatar y compartir una historia de esta experiencia, ¿cuál sería?
Rescataría dos: la primera, la de una interna que gracias a esta experiencia pudo volver a ver a su abuela, una persona muy mayor que está enferma y que no veía hace años. Y la segunda, la de un niño que no quería estar dentro de la casa, sino andar en bicicleta, así que decidimos ponerle la cámara y el micrófono en la mochila, y que él recorriera el barrio de infancia. Se produjo un momento de gran intimidad, donde él le cuenta cosas como que está yendo al colegio, que se porta más o menos, que está un poco resfriado y que ojalá ella no se sienta sola allá en la cárcel.

¿Qué efectos dirías que tuvo en ellas esta experiencia?
Si bien no pueden hablar con las personas en el video, sí pueden mover su cabeza y explorar el espacio, mirando, escuchando y percibiendo ese entorno que en algún momento les pertenecía. Esta experiencia no solo las hace volver a sus seres queridos, sino que, además, les provoca un cuestionamiento personal sobre la necesidad que sienten de cambiar para poder volver a esos espacios y a sus familias.

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