Volver a las pistas de la soltería pos 40

Reportajes y Entrevistas

Volver a las pistas de la soltería pos 40

Por Vilma Barrera / Ilustración Gertrudis Shaw

Hace seis años que tomé la decisión de separarme, luego de llevar 13 años casada. Decidí no perder más el tiempo en una relación que no valía la pena, una relación que me hacía sentir totalmente vacía. Reconozco que el miedo a quedarme sola fue una de las razones que me detuvo muchas veces. Había cumplido 40 y no tenía ni la más mínima idea sobre cómo desenvolverme en el mundo de la soltería. Sin embargo, sabía que esa no era una razón válida para seguir en algo que no me hacía bien, así que me armé de valor y me divorcié. Mi experiencia hasta ahora ha sido bastante tragicómica, pero no me arrepiento de nada.

Fueron varios los años que destiné para mí misma. No quería volver a las pistas sabiendo que aún había temas inconclusos. Sentía que me había abandonado y que necesitaba reconstruir mi autoestima. Y cuando encontré que ya estaba lista para volver a compartir con otra persona, me miré al espejo y vi a una mujer que no tenía idea cómo hacerlo. Sabía que debía liberarme de todos mis miedos y prejuicios, así que exageré. Y la verdad es que también enloquecí un poco. Lo primero que hice fue ir a comprar preservativos a la farmacia, sin tener idea con quién o cuándo iba a usarlos. Ahí me di cuenta del enorme abanico de opciones. Había con texturas, sabores, aromas, colores y medidas. Cogí una cajita y la mantuve bajo llave.

Quedé tan fascinada con lo que había visto, que acompañé a una amiga más joven, y mucho más liberal que yo, a un sex shop. Entre tanto aparato, lencería y disfraz, opté por la opción de colegiala y un juego llamado ‘Pan de vida erótico’. Reconozco que me sentía bastante ridícula, pero igual gozaba con la situación. Nuevamente no sabía con quién iba a inaugurar mi nueva faceta, sin embargo, me mantenía viva la ilusión de que quizás, algún día, iba a hacerlo. Después de haber dado los primeros pasos, tenía que atreverme a ejecutar el más importante: conocer a alguien. Impulsada por mi mejor amigo, separado igual que yo, fui a una discoteque. Los primeros minutos me sentí realmente patética. Fui vestida con ropa que me hiciera ver más joven y me di cuenta que toda la gente era como de mi edad. Se notaba desde lejos que era mi primera vez en un lugar así. Tampoco sabía cómo bailar. Miraba a mí alrededor y me sentía tan tiesa y perdida. Después, me empecé a soltar. No del todo, pero creo que fue un buen debut.

Esa misma noche conocí a un gringo. Entre bailes y miradas intercambiamos números. Unos días después, me llamó e invitó a salir. Volver a producirme para una cita me encantó. Creo que cuando estaba casada nunca lo hice. Me sentí linda y me di cuenta que sí podía ser atractiva. Como había perdido el hilo en encuentros amorosos, le pedí a dos amigas, menores que yo, que me acompañaran. Grave error. No sé por qué lo hice, quizás necesitaba apoyo moral todo el tiempo. Lo pasamos increíble y él fue un encanto con todas. Sin embargo, nunca más me contactó. Fue frustrante en su momento, pero lo peor vino después. A él le había gustado una de mis amigas. Eso me dolió y quise llamar de inmediato a mi ex, pensando en el famoso dicho ‘más vale pájaro en mano que cien volando’. Sin embargo, me contuve. No podía retroceder tanto y menos por algo con tan poca importancia. Pero sí me cuestioné si mi edad me había jugado en contra, y reconozco que eso me insegurizó un poco.

Cuando ya había olvidado mi ‘pan de vida erótico’ que permanecía en una caja, conocí a ‘ojitos’. Él era más joven que yo, tenía unos treinta y tantos. Nos vimos en un asado y la conversación fluyó sin ningún esfuerzo. Fue muy agradable, pero tampoco quise ilusionarme. A la mañana siguiente, sonó el teléfono y era él. Se había conseguido mi número para invitarme a almorzar. No lo podía creer, una persona menor se había fijado en una señora como yo. Para mi sorpresa, era súper bajo y como la noche anterior habíamos conversado sentados, no lo noté. Me dio mucha risa y eso cortó el hielo del primer encuentro.

Salimos durante un tiempo, hasta que tuvimos nuestra primera noche de pasión y lujuria. Aunque la verdad es que mi histeria me jugó en contra y me hizo sentir patética. Él no quería apagar la luz, mientras yo sí. Sin embargo, como parte de mi aprendizaje, me obligué a soltar mis miedos y dejé que la encendiera. No fue la mejor decisión. Estuve todo el tiempo tiesa como momia y preocupada de que no se me notara la celulitis, los rollos de mi guata o mis pechugas caídas. Y en mi cabeza solo recordaba que su ex tenía 27 años. Eran miedos absurdos ya que él no estaba pendiente de ese tipo de cosas. Y así, terminé matando la situación. Me sentí como una niña de 15, con inseguridades totalmente absurdas. Obviamente, de nuevo, no volví a saber de él.

Volver a las pistas a esta edad no ha sido fácil. Todavía me cuesta soltarme y entregarme del todo. Sé que aún me faltan temas por resolver, pero tampoco quiero castigarme. Toda esta experiencia me sirvió para darme cuenta que hay muchas personas en la misma situación. Pensaba que me iba a encontrar con un mundo en el que no había espacio para mí, sin embargo, lo hay, y es bastante amplio. Y me encantaría que la gente que está en una relación por el simple miedo a no quedarse sola, se atreva a salir de ahí. Nunca es tarde para tener otra oportunidad.

Vilma Barrera (46) es periodista y escritora.

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