Yo fui un patito feo

Reportajes y Entrevistas

Yo fui un patito feo

Por Lorena Penjean / Fotografía: Sebastián Utreras / Producción: Álvaro Renner / Maquillaje y pelo: Patricia Calfio _Agradecimientos: Banana Republic y Paula Cahen D’Anvers

Desde hace un mes que la serie Bim Bam Bum está en las pantallas de TVN y lo más comentado es lo despampanante que se ve Andrea DellaCasa, la modelo y vedette argentina que interpreta a la diva del mítico espectáculo revisteril. Pero detrás de ese pedazo de mujer hay un pasado frágil: fue víctima de bullying escolar por usar lentes poto de botella y ser demasiado alta. Hoy, radicada en Chile, ningún hombre se atreve a invitarla a salir.

Paula 1125. Sábado 6 de julio de 2013.

Andrea DellaCasa (35) es titulada en Óptica y Contactolo- gía con especialización en lentes de contacto y prótesis oculares de la Universidad Nacional de Córdoba, carrera que escogió porque de niña llegó a perder el 90% de la visión de su ojo izquierdo por un mal tratamiento. Tenía 10 de dioptría y usaba unos anteojos de 1 centímetro de grosor. “A los 11 años ya medía 1,76 m. Era delgada, plana y muy ciega. Muy distinta al resto, Betty la Fea era un poroto al lado mío. Era el hazmerreír del colegio; debe ser por eso que no me gustan los niños, porque cuando fui chica fueron muy crueles conmigo. Si fuera hoy, sería de esas niñas que salen en la tele porque sus compañeras les hacen bullying y las tajean o les dan golpizas”, afirma secándose las lágrimas. El recuerdo de su abuela visitándola en los recreos para subirle el ánimo la pone así. “Pero está bien, dale, sigamos”, sentencia.

Tan mal te trataban…
Muy mal, muy mal, se reían todo el tiempo de mí. Me decían cuatro ojos, jirafa y un montón de cosas hirientes, siempre haciéndote sentir esa diferencia mala que vos tenías.

Recién a los 15 años, cuando la pararon en la calle para que probara suerte como modelo, Andrea entendió que tal vez eso que la diferenciaba del resto podría ser una fortaleza. Sí, onda patito feo.

A poco andar, cuando trabajaba en una óptica en Córdoba, se operó los ojos y tiempo después, las pechugas. Empezaron los desfiles, los eventos en discotecas, teatro de revista y el oficio de vedette. Ya no era piti y sus implantes de silicona de 300 gramos le devolvieron la confianza perdida. Se volvió un cisne.

Hace 10 años decidió venirse a Chile. “Me encantó Chile. Apenas llegué me encontré una ciudad súper cosmopolita. Lo único malo es que no había la noche que hoy se está empezando a gestar, era un país que dormía mucho. Como sea, Santiago me pareció tan moderno, ordenado, limpio. El paraíso, por eso me quedé acá”.

Trabajó de promotora y modelo, fue Miss Reef, reina de la Vedetón en 2008, participó en 2009 del reality 1810, y fue coronada reina del Festival de Viña en 2011. Luego trabajó como panelista de televisión y hoy  es parte del elenco de la serie Bim Bam Bum, de TVN, donde está debutando en la actuación en el papel de la vedette Eva Capossiello, una diva trasandina del mítico espectáculo revisteril.

“Qué ganas de decirles hoy a todas esas que me hacían bullying: ‘¡miren donde estoy!’ ”.

SACARSE LOS LENTES

Eres muy delgada. ¿Cuánto pesas?
59 kilos, 700 gramos.

¿Te cuidas mucho para pesar eso?
Voy al gimnasio todos los días, hago 45 minutos de cardio, más una hora de entrenamiento físico.

Aparte de las pechugas que te pusiste, ¿te has hecho otras cirugías?
No, la única operación que tengo son las lolas. Yo no tengo lipos, no tengo hilos tensores, ni nada. Respeto a todos quienes quieran cambiar su cuerpo para sentirse cómodos pero en lo personal soy antiquirófano. Prefiero hacer dieta y deporte. También invierto en mi cutis y me hago masajes.

“No me gustan los niños, porque cuando fui chica fueron muy crueles conmigo. Usaba lentes y era muy alta y me decían cuatro ojos, jirafa y un montón de cosas hirientes. Seguro, si fuera hoy, sería de esas niñas que salen en la tele porque sus compañeras las tajean o les dan golpizas”.

Después de haber sufrido bullying en tu infancia, ¿qué efecto emocional tuvo dejar de usar lentes y ponerte pechugas?
Los efectos emocionales de cuando me operé la vista fueron maravillosos porque vi un mundo que no conocía, no sé, desde poder leer el precio en una vidriera, cosas cotidianas que antes no podía hacer. Ponerme pechugas fue un asunto que hice netamente por mi trabajo de vedette, porque me lo pidieron en el teatro. Efectivamente me dio seguridad, como a cualquier mujer que no tiene nada, que es plana. Pero fue más importante dejar de usar lentes. Sacarme los anteojos, poder mostrar mi cara fue maravilloso, fue como nacer de nuevo.

¿Cuándo empezaste a darte cuenta que eras linda?
Fue paulatino. De repente empecé a sentir que podía explotar las mismas diferencias por las que me hacían bullying. Fue como que algo se dio vuelta y lo que alguna vez me causó dolor comenzó a correr a mi favor, a darme trabajo y a hacerme sentir respetada que es lo que siempre busqué: respeto, nada más.

¿Por qué elegiste trabajar con tu físico, siendo que eres titulada en óptica?
No decidí trabajar con mi físico, decidí trabajar en lo que me apasiona que es el escenario. Se dio la casualidad de que mi físico aportó, pero no fue algo que decidí. Quería bailar, actuar pero no fue premeditado, no es que haya dicho: “voy a utilizar mi cuerpo”. En lo absoluto.

LA VEDETTE

¿Cómo te presentas hoy?
Yo no especifico mucho lo que hago. Suelo generalizar diciendo que trabajo en televisión, que me dedico a la animación, que soy actriz y lo que salga.

¿Pero eres vedette, no?
Sí, soy vedette.

¿En qué consiste ser vedette?
Para ser vedette hay que saber cantar, actuar y bailar y hay que prepararse durante años.  Las bailarinas en Argentina son todas bailarinas clásicas del ballet del teatro Colón, que con el pasar de los años caen en cuenta de que ya no trabajaron con Julio Bocca y empiezan a buscar otros caminos. Bueno, el teatro de revistas te da para vivir muy bien.

¿A qué edad comenzaste?
A los veinte más o menos, estaba en la universidad todavía. Un amigo me llevó y me salté un par de escalones en la jerarquía porque era muy alta para ser solo bailarina. Pero, por otro lado, las vedettes son unas divas que no dejan que sus bailarinas sean más altas o más llamativas que ellas; si la vedette es morocha, exige que las bailarinas sean colorinas o rubias, ¿me entendés? Entonces yo entré de figurita, que es una figura intermedio entre la bailarina y la vedette.

¿Cómo es la vida en el camarín de una vedette?
Terrible. Me hicieron la vida imposible. Desaparecía mi vestuario o lo encontraba roto. Gracias a Dios tuve un actor que me apadrinó en ese momento y me enseñó los códigos: nunca ponerse un zapato sin fijarte antes que no tenga una aguja o pedazos de vidrio dentro.

Nooooo…
Así son. Ese es el nivel.

¿Y cómo te defendías?
Nunca fui ni soy pendenciera. Encuentro súper bajo las peleas entre mujeres, porque las mujeres no tenemos escrúpulos. En una pelea entre hombres se pegan un combo en la cara y todo queda ahí, pero una mujer te muerde, te tira los pelos, te dice las cosas más aberrantes y denigrantes; entonces yo ahí no voy. Yo, piola, cuidando mis cositas y haciendo mi trabajo.

Con las plumas y esos armatostes en la espalda, bajando escaleras siempre fina y sin caerse…
Pasás preparándote 8 o 10 horas bajando una escalera para no mirar los escalones, impostando la voz para que se escuche igual acá que allá, trabajando la proyección, cosas muy particulares del teatro de revista. Las posturas, la escalera, el humor.

“En realidad, desde que me hice conocida, sobre todo después del reinado del festival de viña, los hombres me temen. No sé qué les pasa, es como que los inhibo. No se acercan”.

Satánico.
Es terrible porque esos espaldares pueden pesar fácilmente 25 kilos. Lo que se muestra en Bim Bam Bum no es nada con lo que yo viví hace 10 años. Imagínate que con mis brazos extendidos tenía 35 centímetros de plumas por lado. Las plumas hacen viento y perder el equilibrio es muy fácil. Por eso las manos van extendidas para hacer equilibrio y no caerse.

¿Qué te decían tus papás?
Al principio estaban un poco temerosos, pero una vez que vieron lo profesional de mi trabajo, quedaron encantados. Mi papá es mi fan número uno. Cuando yo me fui del teatro esperó que sacaran la marquesina de dos metros y medio, y cuando vio que la estaban bajando se paró y le dijo al dueño del teatro: “vos sacás esa foto y me la das porque esa es mi hija”. Hoy la tiene puesta en la que era mi habitación. Cuando va alguien a visitarlo y que no me conoce, le muestra a su hija en pelota ahí.

Tus papás son profesores. ¿Con tu trabajo ayudas a tu familia en Argentina?
Sí, mucho. Mis papás son jubilados docentes y con todo lo que ha sucedido en Argentina, mi mamá no cobra su jubilación desde hace tres años. Si no estuviera acá no podría ayudarlos de la forma que los ayudo. Mis papás lo estarían pasando mal, así que feliz.

INHIBO A LOS HOMBRES

Cuando estás en el escenario, ¿te sientes objeto del deseo?
La verdad, no lo sé. A ver, ¿cómo explicarlo? Yo me subo a un escenario y me olvido del mundo. Me da un placer que pocas cosas en la vida me lo dan.

¿Y cuando te bajas?
Bueno, me verás vestida así, cero maquillaje, cero tacos, cero tetas al aire, lo contrario a lo que es el personaje. Soy re piola.

¿Cómo te ven las mujeres?
Muy bien, gracias a Dios. Por ejemplo en twitter, la mayor parte de las felicitaciones que recibo son de mujeres. Mi sueño es inspirar a la señora que está en su casa para que sea más sensual y se atreva a más, para demostrarle al hombre que podemos ser las mejores. Tal vez por lo mismo no me ven como competencia, yo soy lo más ajeno a sus vidas, yo soy nada, a mí no me interesa el hombre de nadie, soy totalmente inofensiva.

Y los hombres, ¿cómo se relacionan contigo?
No se relacionan. Llevo tres años y medio sola. Después de mi relación con Gonzalo Egas que nació en el reality 1810, nunca más he estado con nadie. Cuanto más conocida me hice, sobre todo después del reinado del Festival de Viña, los hombres me temen. No sé qué les pasa, es como que los inhibo. No se acercan.

Tal vez el personaje se comió a la persona.
Puede ser. Porque en vez de convidarme un café o qué sé yo, seguro esperan que les baile el caño. Pero, ojo, para mí la sensualidad es parte de mi trabajo, nada más.

¿Sales?
No, casi nada. He trabajado tanto en discotecas, sobre todo cuando llegué, que hoy que puedo tener noches para mí, me alejo de las borracherías. Prefiero quedarme en mi casa.

¿No te pesa la soledad?
Al principio fue duro, después creo que fue muy bueno porque me dio seguridad. Tuve que hacer un trabajo interior muy    grande, que fue encontrarme conmigo hasta saber perfectamente lo que quiero y cómo lo quiero y cuándo lo quiero.

¿Y qué quieres?
Quiero un compañero. La vida ya es muy difícil, entonces no quiero una carga, quiero un apoyo porque para llorar y que me traigan más problemas, me quedo sola. Yo aprendí a ser feliz sin depender de terceros, de un hombre, de la estación del año, de mi entorno, yo aprendí a ser feliz por mí misma, entonces, quien hoy se sume a mi vida, tiene que sumar. Es como yo siempre digo: mi vida la veo como un televisor común a color que se ve bien pero, si aparece alguien, me tiene que hacer ver full HD. Si no, no me sirve.

¿Y quieres tener niños? Dijiste que no te gustaban.
Me molestan los niños en general. No soporto los que son maleducados, los caprichosos.

¿Pero te gustaría ser mamá?
Voy a ser mamá aunque se me pasen los años y, si no lo puedo tener, voy a adoptar, que es lo más seguro.

¿Por qué crees eso?
Porque ya tengo 35 años.

Aún eres joven.
No hay con quién. No hay contraparte. Más adelante, claro que me gustaría ser mamá, pero no soy de esas mujeres que creen que para realizarse en la vida tienen que tener hijos.

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