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10 Septiembre, 2008
orla

Bill Callahan: encuentros cercanos

Por Rodolfo García. Bill Callahan evade las entrevistas y, cuando las brinda, sus respuestas son bromas, incoherencias y monosílabos, por lo que es mucho más fácil entenderlo a través de sus letras. ¿Hermetismo? ¿Timidez? Este norteamericano nacido en Maryland en 1966 se ha ganado su prestigio exclusivamente por sus canciones, al punto de ser admirado públicamente […]

Por Rodolfo García.


Por Rodolfo García.

Bill Callahan evade las entrevistas y, cuando las brinda, sus respuestas son bromas, incoherencias y monosílabos, por lo que es mucho más fácil entenderlo a través de sus letras. ¿Hermetismo? ¿Timidez? Este norteamericano nacido en Maryland en 1966 se ha ganado su prestigio exclusivamente por sus canciones, al punto de ser admirado públicamente por Yo La Tengo, Lou Barlow y Cat Power. Con más de diez discos a su haber, Smog se ha ido depurando hasta alcanzar la alquimia mágica de sus últimos trabajos, que forman parte del repertorio que ejecutará este sábado 13 de septiembre en Santiago, en el cine arte Normandie, antecedido por el músico chileno Fernando Milagros.

De estatura mediana, los ojos cafés y rostro felino, Callahan incursiona en el folk y el country con una mirada personal que le ha valido aparecer con su música en películas como Alta Fidelidad y en comerciales de autos con Bob Dylan al volante. Puede ser un signo del destino, luego de nacer en el año en que el padre contracultural de la canción acústica de protesta compusiera su himno Like a Rolling Stone, y en el que la Velvet Undergound lanza su sicodélico concepto de show en vivo. Dylan y Lou Reed son dos de las influencias esenciales en el trabajo de este joven Callahan que ya alcanza a sus maestros, con un reconocimiento global de la prensa especializada.

Dada su negativa a responder un cuestionario y su rechazo mediático, esta es una entrevista donde Callahan responde con sus textos, su tono de voz al cantar, y la sensibilidad con la que, a través notas mínimas en su guitarra, puede provocar efectos devastadores y emotivos. Es también, una experiencia de haber compartido por unas cuatro horas con uno de los compositores más talentosos del último tiempo, algo así como una reencarnación de Nick Drake: único, triste y nuestro. Porque las canciones de Smog no se escuchan de fondo, llegan a la médula, tocan el nervio que duele, o embriagan la consciencia dejando aflorar una libido coqueta en sus dúos con mujeres, como su actual pareja, la bella y lúcida Joanna Newsom.

PASEO POR FRIBURGO

El sonidista del local me lleva hacia donde está Bill Callahan. El club es el hangar abandonado de una industria reacondicionado como sala. Smog se encuentra en la parte donde estaban las máquinas, ahora el comedor comunitario, con una copa de vino tinto en la mano y un plato de espaguetis con salsa napolitana al frente. Mira de reojo y estrecha la mano en señal de saludo. Pálido en medio del invierno boreal, viste sobriamente con unos jeans clásicos, zapatos de cuero, chaqueta de gamuza y una camisa. La gira de The Doctor Came at Dawn, que sale en un par de meses, lo ha traído a Europa y de paso a Friburgo, en medio de los Alpes suizos. Experiencias de muerte, duelo y resiliencia son los temas que el cantante conversa con un estudiante de sicología. El público de esta noche es en su mayoría universitario y se divide entre voces en suizo-alemán y en francés, los dos idiomas de la ciudad. Abrigados con chalecos de lana y bufandas coloridas, los jóvenes indie del viejo xontinente llegan alegres a la celebración. Sí, Smog es objeto de culto. Bill Callahan es cool. Sus discos son ediciones que cuesta encontrar y que poseen una estética arty más bien rupturista. La clase de bandas que los círculos de estudiantes disfrutan con un porro de haschís y un vaso de cerveza en la mano. Hace frío y han sido tres horas de tren para llegar al lugar. ¿Yo? Cámara en mano, con la idea de dejar un recuerdo del concierto. Callahan mira el aparato y dice: ‘No’. Mal comienzo. ¿Es Callahan buena onda? Es amable, pero parco y no se muestra mayormente interesado en explayarse más allá de lo necesario. Sin embargo, me responde. Lo preciso, quizás, mientras degusta su vino lentamente y con un placer visible.

-¿Conoces a Cat Power?
–Sí.
-¿Qué tal su versión de Bathysphere?
–Buena, la he visto en vivo.

Luego, mutismo. Respuestas estrechas y Callahan que mira el horizonte como queriendo arrancar. Un entrevistado huidizo y un periodista paranoico, mala mezcla. Callahan mira a los ojos cuando responde. Lo sutil es que manifiesta hastío pero en ningún momento corta la conversación. Está feliz con su gira europea, y este lugar parece agradarle, con su set puesto a tono para una velada intimista: mesas con copas de tinto, velas, el escenario reducido a la mitad, con un amplificador mediano y una guitarra apoyada en él. Con cero divismos, mira su reloj y dice: “Bueno, es la hora, tengo que ir a tocar”, toma su copa, camina, la pone sobre el parlante, se amarra la guitarra, y comienza el concierto.

Las notas son lentas y profundas. “Te mudaste a mi hotel, pudiste haberlo hecho mejor, pero bueno/ Redisqué tus llamadas telefónicas, leí tu correo, compartimos gastos/ Y ahora espero que no te importe, si agarro tu vida privada, la lanzo sobre la mesa y la desmiembro con un cuchillo”, funciona a modo de una introducción brutal, tras lo que Smog repasa su repertorio al tiempo que expone nuevas joyas. Algunas apuntan al grano, como Lize: “Ya no mientes como solías hacerlo. Tus mentiras solían ser más fuertes, acostumbraban durar más. Le ponías más atención a los detalles. Las mentiras que salen hoy en día se desmoronan al instante”.

La cámara de video ha quedado a un costado del pequeño escenario, donde un estudiante la recoge y se pone a grabar, mientras les recalca a sus amigos lo bueno que está el concierto. Callahan lo mira con desdén y enojo, mientras incorpora un ácido “No me importas tú”, en medio del final de la canción Bathysphere en señal de reproche al universitario. El recital termina y todos aplauden. Smog desenchufa su guitarra y se marcha, sin despedida alguna. Los estudiantes se levantan y dejan la cámara en el suelo. A unos centímetros, una chica le reprocha entre risas y sorpresas a un amigo lo descarado que es. Una jeringa de heroína yace en el piso donde ella le indica. El amigo se ríe y la recoge, mientras guarda su elástico. A la mañana siguiente una sombra fugaz se desplaza por las escaleras del hotel y se dirige a la salida. Es Bill Callahan, que camina como un gato sigiloso que quiere pasar desapercibido. Un gato cuidadoso, y huraño.

BILL CALLAHAN EN CHILE

¿Cuándo? Sábado 13 de septiembre, a las 22:00 hrs.
¿Dónde? Cine Arte Normandie. Tarapacá 1158, Santiago.
¿Cuánto? Preventa $12.000. Día del concierto $14.000.

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