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12 Abril, 2012

Arrugas, la neo belleza

Por Nina Mackenna

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Ver a una mujer adulta, vieja, o anciana bien tenida, en su peso, con su estilo y que represente la década que tiene, o que represente menos, pero porque su genética así lo dispone es, sin duda, un espectáculo esquivo, pero muy completo en cuanto a una experiencia estética.

Con los avances de la medicina estética, el bótox y demás, las arrugas se han vuelto un bien tan escaso, que se están transformando en un rasgo de belleza en sí mismas.
ENTRAR DE LLENO A LA BELLEZA, DEJANDO A UN LADO EL LUGAR COMÚN SUPREMO QUE VOCIFERA “SOBRE GUSTOS NO HAY NADA ESCRITO”, PARA PARTIR DE NUEVO Y COMENTAR QUE SOBRE GUSTOS SÍ ESTÁ, PROBABLEMENTE, TODO ESCRITO. Largos y profundos tratados han desmenuzado la belleza y sus misterios, desde todos los ángulos posibles. Entrar de frente a un tema que asusta a las mujeres, por ser un bien que se percibe como escaso y no renovable.
Cuando la verdad es que la belleza se renueva constantemente a lo largo de la vida adquiriendo, si uno lo permite, nuevas dimensiones e inesperados alcances. La belleza en la madurez es tanto más compleja y completa de lo que lo era, su otrora incompleta imagen veinteañera.
La belleza atrapa a quienes la poseen, en una falsa convicción que las lleva a pensar que los años acabarán con ella. Que las arrugan y el paso del tiempo se confabularán para no dejar rastros de la armoniosa y turgente piel que enmascaraba su calavera.
El avance de la medicina reconstructiva, y sus consecuentes resultados aplicables a la medicina estética, han llevado, junto con el boom de esteticistas aplicadores de bótox y demás, a que un cada vez mayor número de mujeres se hagan una mano de gato. Dicha intervención está exterminando de la faz de la tierra esas bellas caras de ancianas arrugadas, que daban cuenta de un largo y azaroso tiempo vivido. Semblantes que hoy son casi solo un recuerdo. De seguir así la nefasta tendencia, algunos púberes de hoy no verán, entrados en su adultez, viejas con cara de vieja.
Las arrugas se han vuelto un bien tan escaso, algo tan raro de ver, que se están transformando en un rasgo de belleza en sí mismas. Invertir en ellas, tenerlas bien cuidadas, demarcadas, hidratadas, suena –a estas alturas– lo mas parecido a una sensata inversión. Ver a una mujer adulta, vieja o anciana, bien tenida, en su peso, con su estilo y que represente la década que tiene, o represente menos, pero debido a que su genética así lo dispone es, sin duda, un espectáculo esquivo, pero muy completo en cuanto a una experiencia estética. En cambio, ver a ex bellezas con una cara nueva que parece visitada por mil avispas y tres mil tábanos hambrientos, es perturbador.
Las arrugas son la neo belleza; una caligrafía que habla en lenguas que muy pocos entienden, pero que cuando se logran traducir, se lee un verso que está firmado por uno, y está dedicado en vida, a la muerte.

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