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14 Agosto, 2012

Cómo ser Julita Astaburuaga

Por Andrea Lagos

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Paula 1002. Sábado 18 de agosto 2012.

Así lo hace para mantenerse lúcida, bella y chistosa a sus 93 años.

La vida social de Julita paso a paso

Antes de salir me da una lata tremenda: la misma gente, los mismos lugares, las mismas fiestas. Pero venzo la pereza y me levanto porque sé que a la vuelta llegaré feliz. Salgo cada vez que me convidan por teléfono. Yo no sé cómo me siguen dando pelota, si soy una vieja de lo más común. Ni señora de ministro, ni intelectual, ni
artista. Soy común y corriente. Y me convidan igual.
–Todas las semanas voy a unos cuatro eventos: inauguraciones, galas, lanzamiento de libros, exposiciones, conferencias, eventos sociales de marcas o conciertos. Hoy, por ejemplo, iré al Hotel W a un cóctel de una firma que ya ni me acuerdo cuál es. No voy sola, voy siempre acompañada de un amiga o amigo. Ellos me pasan a buscar y, si tengo ganas, voy en mi auto: me acaban de dar licencia por dos años más.
Cuando llego a un evento siempre conozco a alguien: es muy difícil que no conozca a nadie. Y si no, me las arreglo con esas niñas muy monas que reciben a la gente, las anfitrionas. En las conferencias uno se sienta no más: en esos casos, da lo mismo
si estás sola.
No como nada de lo que sirven en las bandejas, pero recibo todo el champán que me quieran dar. No bebí ni una gota de alcohol hasta los 50 años. Después de eso, me he resarcido.
Cuando cae la noche y ya he vuelto a mi casa, después de tanto ajetreo, veo una película y descanso unas seis o siete horas. Así me mantengo. Lo otro, es que no tengo hambres atrasadas. Y tú sabes a qué me refiero”.

“Yo le recomiendo a todo el mundo salir, estar en comunidad, vencer la inercia de quedarse en la cama, leyendo el libro. El libro va a estar ahí a la vuelta”.

El rito de vestirse cada día
“Vestirme para salir, me encanta. Me hace bien para el espíritu y le pongo bastante dedicación. A las personas ahora las veo dejadas: no se arreglan porque seguro no alcanzan con tanto trabajo que tienen. Vestirse bien refresca el alma. Yo, como un rito, abro el armario y escojo lo que quiero ponerme según sea el evento. Me
maquillo, uso accesorios, pañuelos, medias. Lo paso bien haciendo eso. Tengo ropa antigua, de mi madre. Tengo ropa regalada, de mis amigas. Tengo ropa que compré en los tiempos en que era mujer de diplomático y comía con Grace Kelly y el rey de Bélgica. Soy muy clásica, así que mis atuendos no pasan de moda”.

Frivolidad + solidaridad
“Para ser feliz hay que mezclar frivolidad con solidaridad. Por eso, con varias amigas, entre ellas Uka Larraín, Mary Ann Carey de Edwards, Marisol Sartorius de Larraín y Martita Undurraga, tenemos una especie de banco de los pobres que se llama Santa María de la Buena Fe. Juntamos plata vendiendo ropa usada personalmente en el local 9 de Los Cobres de Vitacura y con lo que ganamos les prestamos plata a mujeres de Angol para que hagan pequeñas empresas. Pagan responsablemente cada cuota. Los
pobres son más honrados que los ricos. Eso lo tengo comprobado”.

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