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23 Mayo, 2012

Dominga Sotomayor en tres escenas

Por Daniela González

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De su generación, Dominga Sotomayor (26) es la directora audiovisual más premiada del momento. Los festivales internacionales no paran de aplaudir De jueves a domingo, su primera –y hasta ahora única– película. Aquí, tres focos para acercarse a ella.

Joven y premiada

Desde que se tituló en 2007 de Dirección Audiovisual en la UC, Dominga Sotomayor ha tenido un prometedor comienzo. Primero con sus 5 cortometrajes exhibidos en más de 60 festivales en Chile y el mundo, y luego, en 2010, cuando recibió la beca de la Cinéfondation del Festival de Cannes –primera chilena que se la lleva– que elige a 6 directores jóvenes para que convivan 5 meses en un departamento en París y elaboren sus guiones. Allí terminó de escribir De jueves a domingo, su primer largometraje. Se tomó un año para montarlo y lo estrenó en enero de 2012 en uno de los festivales más importantes del mundo que premia las primeras películas de realizadores emergentes: el de Rotterdam. Ahí se llevó el premio que ninguna película chilena había logrado, el Tiger Award a la Mejor Película. Esa misma semana, ganó el Premio Mahindra Global Filmmaking del Festival de Cine de Sundance, que le otorgó 10 mil dólares para terminar de escribir la cinta en que trabaja ahora: Tarde para morir joven.

De jueves a domingo, premiada en Rotterdam con un Tiger Award a la mejor película, se estrena en Chile en octubre en el Festival de Cine de Valdivia.

Su primera película

De jueves a domingo es la historia de dos hermanos (María Santa Ahumada y Emiliano Freifeld) que viajan con sus padres para unas vacaciones familiares, aprovechando un fin de semana largo. En el espacio reducido del auto y los lugares que visitan, los niños se van dando cuenta que este podría ser el último viaje familiar y la despedida del papá (Francisco Pérez-Bannen), que parece estar a punto de separarse de su mujer (Paola Giannini). El rodaje fue hecho siguiendo la misma ruta del viaje que hace la familia: desde Santiago hasta Punta de Choros. Para trabajar con los niños, Dominga Sotomayor se asesoró por una coach especialista y por su mamá, la actriz Francisca Castillo, que la acompañó en las 5 semanas que duró la filmación.

Cinesta de lo cotidiano

No está preocupada de encontrar esa “gran historia”. Lo de Dominga Sotomayor son las historias pequeñas, sencillas y personales. “Porque en realidad no hay tantas ‘grandes historias’, serán unas 10 y ya están todas contadas. Se me hace más interesante ir a las emociones que generan los detalles cotidianos”, comenta. “Lo que hago es pensar, imaginarme escenas, volver a cosas de mi pasado. Después voy uniendo pedazos de distintos recuerdos, reales y ficticios, y ahí nacen las historias”.

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