Dos madres enormes

Los escritores franceses Romain Gary y Albert Cohen, ambos de origen judío y además políticos de renombre, fueron hijos únicos, crecieron en tiempos difíciles de guerra y exilio, y tuvieron madres devotas a las que retrataron con maestría en dos libros, aparecidos a mediados del siglo XX, que se han vuelto clásicos que se reeditan una y otra vez y siempre están a la mano en librerías.




Paula 1120. Sábado 27 de abril 2013.

Los escritores franceses Romain Gary y Albert Cohen, ambos de origen judío y además políticos de renombre, fueron hijos únicos, crecieron en tiempos difíciles de guerra y exilio, y tuvieron madres devotas a las que retrataron con maestría en dos libros, aparecidos a mediados del siglo XX, que se han vuelto clásicos que se reeditan una y otra vez y siempre están a la mano en librerías.

La promesa del alba, Romain Gary (DeBolsillo)

Nina, una rusa sobreviviente del exilio, madre soltera de Gary, pasó mil penurias y se reinventó como diseñadora de sombreros y vendedora de joyas: se hacía pasar por una aristócrata en desgracia y vendía collares a los ingleses que veraneaban fastuosamente en la Costa Azul. Fracasó como actriz, pero llevó el drama al nivel del arte en su vida personal: era capaz de recorrer cinco horas en taxi para ir a ver a su hijo y decirle que su futuro sería brillante. Quería grandes cosas para él, y Romain se esforzó por ello: como no tuvo talento para la música ni la danza, se volvió escritor y luego diplomático. Fue, al fin, un prohombre de Francia, un autor aplaudido y conocido también por sus amores turbulentos (su matrimonio con Jean Seberg, la hermosa protagonista de Sin aliento, fue escandaloso). "No es bueno que a uno lo quieran tanto, tan joven, tan temprano. Te acostumbras mal. Creemos haber triunfado. Creemos que ese amor existe en otra parte, que lo podemos encontrar. Miramos, confiamos, esperamos. Con el amor materno, la vida te hace al alba una promesa que jamás cumple. Después nos vemos obligados a comer frío hasta el final de nuestros días", escribe. Su libro es un retrato magnífico de una mujer incomparable, una autobiografía con ritmo de novela que narra cómo se forjó un hombre en la guerra y cómo su madre le fue incondicional incluso después de la muerte.

Cohen estaba en londres cuando su madre murió en el parís ocupado por los nazis, y nunca pudo sobreponerse. Su libro es una letanía contra la muerte que emociona hasta las lágrimas.

El libro de mi madre, Albert Cohen (Quinteto)

Solos, exiliados en Marsella tras haber sido expulsados de la isla griega de Corfú, una madre con su hijo van de paseo, bien vestidos, tímidos, extraños e insignificantes. Albert Cohen recuerda escenas perdidas como esa, melancólicas pero cargadas de felicidad, que conforman una elegía a la ternura y la inocencia, dos rasgos que une en el reino perdido de la infancia, el mundo de su adorada mamá. Como Gary, Cohen fue, tras el fallecimiento de su progenitora, un escritor y un político internacional importante. Ella murió de un ataque en el París ocupado por los nazis, cuando él estaba en Londres. Nunca pudo superar esa separación, ni siquiera imaginarla sola en su ataúd y escribe para sentirla más cerca de algún modo ínfimo: "A ella le debo cuanto tengo de bueno. Y como es lo único que puedo hacer por ti, mamá, beso mi mano, que de ti viene". Además del amor más profundo, su escritura conserva el carácter dulce de una mujer devota a su hijo: sus frases divertidas, su ideología de niña, su abnegación en cada detalle. Un libro pequeño e inolvidable, una letanía contra la muerte que emociona hasta las lágrimas.

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