A Aruba con amor

Tiempo Libre

A Aruba con amor

Por Victoria Misito / Fotografías Autoridad de Turismo de Aruba y Juan Torres

En papiamento, lengua local de esta pequeña isla de las Antillas holandesas, no existe la palabra estrés. Y cuando pones un pie, entiendes de inmediato la razón. Sus paisajes, gente, clima y ese fuerte color turquesa del mar y arena blanca, entregan la vibra perfecta para sumergirse en el relajo y dejar que los sentimientos fluyan. El amor, es uno de los que más se siente en Aruba.

Cuando me embarqué en esta aventura la propuesta era bien sencilla: conocer el romanticismo que se vive en la que su gente llama la ‘isla feliz’. Deduje que, como toda zona caribeña, el panorama iba a ser playas paradisiacas y todo lo que envuelve esa postal bastante romántica, sin embargo, no entendía por qué Aruba iba a serlo más que el resto. No bastaron unos 15 minutos después de aterrizar, para que me empezara a hacer sentido la invitación.

En la salida del aeropuerto, mientras esperábamos a una integrante del equipo, vi cómo un hombre de unos 35 años estaba esperando reencontrarse con su familia. A sus dos pequeñas hijas las recibió con un enorme y tierno abrazo, pero la mejor performance fue cuando miró a su mujer y un fuerte ‘dushi’ salió de su voz. La tomó en brazos y se besaron por un largo rato. Todos los turistas que estábamos presentes quedamos pegados viendo la escena, pero los locales ni se inmutaron. Pregunté qué significaba esa palabra, y me respondieron, “amor. Así somos los arubianos, pasionales”. Ahí entendí lo fácil que era contagiarse de ese espíritu.

En Aruba se siente una vibra distinta. Cuenta con buen clima los 365 días del año (la temperatura promedio es de 28 grados Celsius), sus habitantes, quienes manejan el español, inglés y holandés a la perfección, te reciben literalmente con los brazos abiertos; la sostenibilidad es uno de sus temas más importantes (gran parte de su energía proviene de fuentes renovables), e incluso, pese a estar ubicado en el corazón del Caribe, los huracanes no entran a la isla.

 

Casarse en el paraíso
Una de las cosas que más me llamó la atención es la cantidad de matrimonios que se celebran en sus playas. En Eagle Beach, la tercera más linda del mundo según TripAdvisor, es normal ver a parejas dando el sí en una escena que parece sacada de película: atardecer lleno de colores, arena blanca, mar turquesa, banda en vivo y todos los asistentes luciendo el tono blanco de pies a cabeza. Planear un evento de esa magnitud no es difícil. La isla cuenta con una amplia variedad de organizadores especializados que trabajan de manera personalizada con sus clientes. Fernando Mansur es uno de ellos. House of Mosaic, su productora, organiza desde pequeñas uniones con los más íntimos, hasta eventos con más de mil invitados. “Nosotros hacemos bodas de todo tipo, porque como llega gente de distintas nacionalidades, cada pareja quiere algo distinto. Nos preocupamos del lugar, la comida, música, decoración, etc. El objetivo es que los enamorados disfruten, se relajen y dejen en nuestra manos todos los detalles”, dice.

¿Te quieres casar conmigo?
Aprendí que en Aruba nada es común y corriente. A su gente le encantan los detalles y hacer de cada evento, una gran celebración. Las pedidas de matrimonio no son la excepción. La isla cuenta con empresas que se dedican exclusivamente a organizar ese momento. Glendeline Maduro, reconocida planificadora de eventos de la zona, nos invitó a vivir la experiencia que su productora The Proposals Planner, les entrega a sus clientes. Preparó una mesa de madera llena de detalles en medio de la playa. Velas, flores, espumante, frutas, muffins y macarons, para que disfrutáramos mientras veíamos la puesta de sol sentados en la arena blanca. Un camino compuesto por figuras de corazones hechas por papel, nos guió hasta el lugar. “Lo que buscamos es eliminar el estrés que significa planificar una ocasión tan memorable y preocuparnos del más mínimo detalle. Nuestro servicio abarca desde la planificación de la fecha y la propuesta, hasta las fotografías y videos del momento”, cuenta Maduro.

Su gastronomía
Aruba tiene mucha vida turística fuera de los hoteles. No es un destino para quedarse encerrado. Todo lo contrario, la isla me recordó mucho a Miami, ya que cuenta con una amplia variedad de actividades. Salir a comer es uno de estos. Su oferta gastronómica incluye más de 200 restaurantes y todo tipo de sabores. Cocina holandesa, asiática, española, francesa, etc. Y la gran mayoría de primer nivel. En los que más extrañé estar acompañada (porque el lugar era perfecto para estar en pareja) fue el Faro Blanco Restaurant, una casa de estilo arubiana que solía ser del cuidador del enorme faro que se encuentra justo en la cima del mirador y que cuenta con una enorme terraza para ver el atardecer; Screaming Eagle, elegido como el número 1 del Caribe por la revista Caribbean Journal en 2015 y que ofrece la experiencia de comer literalmente acostados en una cama y Papiamento, una casa de 126 años donde se prueba lo típico de la isla alrededor de una iluminada piscina y arboles llenos de lucecitas colgando. Para los que prefieren algo más casual, The West Deck es un local playero que queda a pasos del mar en la playa Governors Bay, donde están los mejores pescados y mariscos que probé en la isla. Mi plato favorito –que me recomendó Amayra, la amable mujer que estuvo a cargo de nosotros durante todo el viaje- fueron unas bolitas fritas rellenas de caracoles. Suena solo para valientes, pero de verdad es muy bueno.

Screaming Eagle.
Faro Blanco Restaurant.

Para los aventureros
Aruba también es una excelente opción para las parejas que buscan unas vacaciones más animadas. El segundo día nos llevaron a un paseo en kayak de 30 minutos y, como el mar era tan cristalino, se podían ver todos los peces nadando a nuestro alrededor. Luego, llegamos a Mangel Halto, una pequeña playa que da la impresión de estar en un lugar muy íntimo e hicimos snorkel a metros de la orilla, para después rematar con unos exóticos tragos mientras disfrutamos de guata al sol. Sin embargo, lo que más me gustó y recomiendo 100%, sobre todo por su equipo y seguridad, es andar en UTV personal (pequeños autos todoterreno 4×4). En la excursión recorrimos diferentes lugares de la zona y pude comprobar lo opuestos que son sus dos extremos. Un lado es totalmente tropical, lleno de verde y playas, y el otro muy árido, rodeado de cerros, tierra y cactus. Este último pareciera no ser tan atractivo, pero es allí donde se encuentra el conocido Parque Nacional Arikok, que abarca un 20% de la isla e incluye una piscina natural.

Seguir leyendo