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3 Abril, 2017
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Apología del maximalismo

De dónde viene, por qué funciona y cómo aplicar esta corriente de decoración.

Por Valesca Damste


Paula 1223. Sábado 8 de abril de 2017.

Mi casa siempre ha sido la peor carta de presentación para clientes porque está “llena de huevadas”, como alguien una vez me dijo. Y la verdad es que sí, está llena de cosas que hemos juntado, heredado, encontrado. Fotos metidas en los marcos de los cuadros, murales estampados, tapices floreados, cojines, libros y mucho color. Si a eso le agregas tres perros, dos gatos y tres hijos hombres, el efecto puede ser un poco mareador.

Pero parece que mi mantra de “more is more, less is a bore” se está haciendo más aceptable. En las últimas ferias de decoración en París y en los libros de decoración se está viendo cada vez más una vuelta al maximalismo. Pero no hablo del maximalismo estilo Trump, quien cambió las cortinas del Oval Office por unas doradas (¡horror!), sino de la decoración mediante capas con elementos genialmente dispares. Chinoiserie, animal print, elementos exóticos, estampados, floreados, rayas, color. No es una composición, sino un espacio más orgánico, que se construye a través del tiempo, que cuenta una historia. En mi caso no solo es un gusto estético, sino también es por flojera innata. Prefiero hacer rumas bonitas que ordenar o deshacerme de las cosas.

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Lo curioso es que este look no es de ahora, sino que tiene raíces antiguas: en los diseños de las leyendas de la decoración de fines del siglo XX Dorothy Draper y Diana Vreeland, y también con el dúplex de Yves Saint Laurent en París con sus sillones art déco y cojines de leopardo y cebra, quien en los años 70 reunió terciopelo morado, bordados folk y estampados mezclados al azar. En los 90 el minimalismo ganó terreno junto a los diseños de Apple: fríos espacios blancos con muebles de diseño incómodos, que no invitan a echarse a dormir siesta un domingo de invierno. Pero el nuevo milenio trajo consigo el eclecticismo y una vuelta a ambientes más bohemios. Hoy, los referentes son el norteamericano Miles Redd, quien ejemplifica este estilo con un toque de glamour y humor, la australiana Anna Spiro, quien mezcla los estampados con una soltura envidiable; y la increíble marca inglesa House of Hackney. @ccdinteriores

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Absolutley Beautiful Things, de Anna Spiro. EUR 22,50 en amazon.es

Guía para atreverse

    1. Pinta todos los muros: total, la pintura es lejos lo más fácil de cambiar. Si te da pánico tener un arcoíris, usa una variedad de colores de la misma familia. Atrévete a los estampados, a las alfombras de color, a elementos dispares. Atrévete también a la mezcla. Nada va con nada, y todo va con todo.

2. EmpapelA: no hay nada que vista más que los papeles murales. Y haz paredes con galerías de cuadros: no tienen por qué ser obras de arte. Una vez vimos una hoja enmarcada donde alguien, como castigo, había escrito 100 veces: “no voy a conversar en clases”. ¡Genial!

3. Busca lo único: cosas que nadie más tiene.

4. Colecciona: libros, cajas, loza china azul y blanco, dibujos, cerámica. Y, cuando hayas juntado un buen número, exhíbelos en un lugar especial.

5. Ten paciencia: las casas más lindas se desarrollan por años, mientras vas creando capas con tus colecciones y recuerdos.

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Valesca Damste

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