Asuntos privados

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Asuntos privados

Por carla guelfenbein / ilustración consuelo astorga

A mi parecer, hay pocos asuntos tan privados como nuestras lecturas. Las lecturas son el camino emocional e intelectual que se lleva a cabo en el silencio de la intimidad. Los libros pueden llegar en ocasiones por azar, pero la persistencia por alcanzar el final, no lo es. Responde a un profundo diálogo que se lleva a cabo entre el texto y nuestros vaivenes interiores. El diálogo entre las letras y el lector es como cualquier otro, en ocasiones se mueve fluidamente y en otras se estanca en un silencio, un malentendido, o en el desinterés, alejando a los interlocutores. Por eso, cuando me preguntan por los libros que he leído, me da un poco de pudor, por la certeza de estar revelando algo de mí misma. Pero este año les prometí a varios amigos hacerles mi lista y, en un ataque de extroversión, escribí esta columna para ustedes. Cada una de estas lecturas representó un momento, una desazón, una curiosidad, una necesidad. Cada una de ellas me acompañó un trecho del año y me propuso algo que de alguna forma, a veces imperceptible pero certera, cambió mi percepción del mundo. Bueno, aquí van. Mis lecturas del 2018.

Un descanso verdadero (Amos Oz). Una obra tocada por la gracia, la profundidad y la verdad. Tal vez esta es una de las mejores novelas de este autor recién fallecido.

Un andar solitario entre la gente (Antonio Muñoz Molina). Un caminante anónimo que recorre la ciudad de Madrid, componiendo en su periplo un registro de nuestra era.

La escala de los mapas (Belén Gopegui). Un hombre minuciosamente inteligente, le teme al fracaso del amor y opta por huir de él.
Los ojos vendados (Siri Hustvedt). La primera novela de esta maravillosa autora estadounidense. Una joven aguda y crítica que se busca a sí misma en el vorágine de la ciudad.

El hueco del tiempo (Jeanette Winterson). Una novela que retoma el clásico de Shakespeare, Cuento de invierno, y lo transforma en una historia posmodernista no del todo satisfactoria, pero curiosa.

Apegos feroces (Vivian Gornick). Un texto de no ficción, en que la autora, ya madura, recorre las calles de Nueva York junto a su anciana madre, y rememora, en ese andar, su lucha por existir bajo la presión de una madre pesimista y controladora.
Berta Isla (Javier Marías). Una novela que perpetúa el sello inconfundible de Marías, en una historia, que como pocas de las suyas, avanza a un ritmo trepidante.

Según venga el juego (Joan Didion). Fue incluida por la revista Times en la lista de las mejores 100 novelas en lengua inglesa publicadas entre 1923 y 2005. Hollywood, el sinsentido, la traición, la deriva, encarnada en Maria Wyeth, una actriz de tercera, varada en un amor marcado por la crueldad.

Las alas de la paloma (Henry James). Un clásico, que como muchas otras novelas de James, releo de tanto en tanto, por esa agudeza Jamesiana que te recuerda cómo la literatura puede entrar hasta los canales más recónditos de la conciencia humana.

La señora Osmond (John Banville). ¿Qué sucedió con Isabel Archer, la heroína de El retrato de una dama, de Henry James, luego de su enfrentamiento con Osmond? Recuerdo que cuando leí por primera vez la novela de James, hace al menos 20 años, quedé con la sensación de que algo no había quedado resuelto. Una fórmula muy moderna, pero que no calzaba con la minuciosidad de James y de su época. Solo un autor de la talla de Banville podía tener las agallas de retomar a la señora Osmond y describir la venganza que decenas de generaciones aguardábamos.

Aún me quedan muchos libros que mencionar, pero quedarán para más adelante. Por ahora, este pedacito de mí, con cariño para ustedes. Espero los inspire para que este 2019 sea su año lector. Un buen propósito, sin duda.

 

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