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22 agosto, 2017
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El camino propio de Benjamín Walker

El artista revelación de los Pulsar 2015 vuelve con Brotes, su segundo disco, producido por el músico Javier Barría. Una entrega cuya profundidad de registro lo sitúa como el cantautor más interesante de su generación.

Por Vadim Vidal


Paula 1233. Sábado 26 de agosto de 2017.

Se le apareció mientras revisaba un álbum de fotos: “Es como un fotomontaje, pero no, es una foto que me sacó mi tía Francisca Altamirano cuando era un niño, en Taxco, México, y está llena de elementos que definen muy bien el disco: las calacas –símbolo de la muerte, de lo único cierto– están tocando guitarra. Que es un poco como mi búsqueda hoy, la música como opción de vida. Hay máscaras, dos niñas mirando –lo femenino está en casi todas mis canciones–. Además, las canciones se fueron gestando en México, todo cierra en esa foto”, comenta Benjamín Walker (25) sobre la carátula de su segundo disco.

Brotes es la placa que sigue a su debut, Felicidad (2014), con el que fue elegido Artista Revelación en los Premios Pulsar del año siguiente. “Se llama así porque rompe la tierra y anuncia que algo va a florecer más adelante sin saber bien qué. Es un disco donde hay una sonoridad que no hay en el primer disco. Felicidad lo veo más como un ejercicio, era hablar a través de los sonidos que tenía a mano, acá quería tener una sonoridad más homogénea”.

Brotes (2017) se lanza el viernes 8 de septiembre en Sala Master de Radio Universidad de Chile (Miguel Claro 509). $7.000 entrada general; $12.000, incluyendo el disco.

Porque si bien el debut era un refrescante viaje por la canción latinoamericana, bossa y sonidos que refieren a sus referentes más cercanas: Aznar, Spinetta, Drexler, Eduardo Mateo, es Brotes donde esos nombres se complementan con sonidos más contemporáneos: “escuché mucho a Nick Drake, Sufjan Stevens, Bon Iver y Lisandro Aristimuño”. Pero, sobre todo, pasa por el cedazo de su productor, el reconocido cantautor Javier Barría, quien envuelve las canciones (más maduras, más contemplativas, siempre optimistas) en cuerdas y texturas que remiten al laureado último trabajo de Barría (Estación Pirque).

La producción de Barría saca a Walker del casillero de cantautor y lo lleva al de compositor pop, un camino que intenta emular lo hecho por Drexler en Sea en 2001; una apuesta que la cantautoría nacional 2005-2007 tiene aún pendiente”.

“En Chile hay algo muy de escenas –cantautores, pop chileno– bien herméticas. A mí me encanta ir a ver a grupos nuevos como Niños del Cerro, aunque me sienta más identificado con la tradición latinoamericana de los cantautores. Javier Barría está en un lugar y otro; eso me gusta. Ser ‘cantor urbano’ es encasillarse, es muy conservador. Hoy puedo hacer esto y después algo totalmente distinto”, dice Walker empecinado en cumplirlo.

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