*
8 febrero, 2018
orla

Cuatro tesoros del Barrio Franklin

Cada fin de semana, peatonales, veredas y pasajes del tradicional barrio se repletan de transeúntes que buscan objetos de culto, algún local recomendado o los sabores de una nueva picada. Aquí, cuatro datos para detenerse: una pescadería, una tienda de joyas y ropa vintage, un café vegano y un mural en proceso de creación.

Por Carla Alonso / Fotografía: Rodrigo Chodil


Paula.cl

1. Pescadería de hermanos

Desde los 13 años, Raúl y Sergio Muñoz, dos hermanos de 72 y 74 años, trabajan en el Mercado Matadero Franklin. Empezaron como ayudantes de matarifes de vacunos y terneros en ese lugar y fueron aprendiendo el oficio. Casi 50 más tarde, cuando el matadero se trasladó a Lo Valledor, crearon La Caleta, en 1970, una de las pescaderías más antiguas del pabellón. El lugar es un laberinto de colores, aromas y texturas, donde conviven además verdulerías, avícolas y carnicerías.

Es domingo al mediodía y Raúl filetea una reineta con un enorme cuchillo. Le pregunta a la casera si “quiere la cabeza” y el jugo salta para los lados. Trabaja rápido, casi sin mirar, como si conociera los cortes de memoria. “Nací aquí y de acá al cajón”, comenta entre risas.

En febrero, los fuertes en La Caleta son la merluza, la reineta, el congrio y el jurel. El kilo de merluza vale $2.000 y de reineta, $3.000. El congrio negro, por ejemplo, se vende a $3.000 el kilo. “Acá existe el poroteo, no hay tarjeta de débito o crédito. Franklin es pueblo, atendemos a la casera. Tenemos precios más baratos que en el Mercado Central y que en algunos locales del Terminal Pesquero”, asegura Raúl.

Todo lo que ofrecen es pescado del día. Lo compran a las 5:00 am en el Terminal Pesquero, al por mayor, y lo comercializan en el Matadero. Dice Raúl que ya para el medio día, tienen buena parte vendido. Los clientes más fieles son extranjeros. “Llevamos seis años en que nos va bien durante el verano, gracias a los inmigrantes, que son buenos consumidores de pescados”. A partir de marzo trabajan mariscos.

Al fondo del local se ve la ilustración de un jinete, “Don Carlos”, en honor a su padre que apostaba a los caballos. También un cuadro de Felipe Camiroaga con chupalla, junto a un equino. “Y tenemos a la eterna Marilyn (Monroe), que nos mira todas las mañanas y nos da la sonrisa”, agrega Raúl, señalando parte de la decoración.

Pescadería La Caleta, Mercado Matadero Franklin, local 62. Fono: 225517039. Facebook: La Caleta. Abierto de lunes a domingo, de 7:00 a 15:00 horas. Festivos de 7:30 a 15:00 horas.

2. Joyas y vestidos vintage

Cerca de 600 vestidos de las décadas del 60 al 90, de seda, algodón, viscosa, lycra y poliéster, de distintas tramas y cortes, y de colores vivos. Visitar Baccarat, La Tiendita Vintage -ubicada en el Galpón 1 del Persa Bío Bío- es como un viaje obligado en el tiempo. O cómo entrar en un set de grabación de una producción de época. Al interior del local hay tres grandes colgadores con modelos estampados, abotonados, lisos y con escote. Y todos en buenas condiciones. Del techo cuelgan más de 100 carteras, casi todas ochenteras. No por nada la revista española Condé Nast Traveler, incluyó a la tienda dentro de un recorrido hipster imperdible de Santiago.

Sandra Contreras (45), la dueña, recorre ferias libres, roperos de las abuelas de sus amigas y locales en Santiago y regiones, buscando vestidos de época. También compra maletas con ropa antigua a señoras mayores que se acercan a su tienda. Comenzó en 2010 vendiendo su propia ropa vintage y luego saltó al mundo audiovisual, arrendando vestuario y también como vestuarista de apoyo de series como Los 80, Ecos del desierto, Ramona y de las películas El bosque de Karadima y Neruda, entre otras. “En el mundo de la música trabajo con Paz Court, que usa los vestidos de la tienda para alguna carátula o concierto”, detalla Sandra.

Lo nuevo de Baccarat, La Tiendita Vintage, son las joyas de época. En una estantería antigua de vidrio y madera, en la entrada del local, se exhiben aros clip de las décadas del 50 al 80, en su mayoría de fantasía, con brillos. Sandra compra las joyas en Argentina y Estados Unidos, y se dedica a armar colecciones. Hay algunas de un material más plástico llamado Lucetti, originales de Estados Unidos. Otras, unas enormes flores de plástico color calipso, que usó Mariana Loyola en la serie Mary & Mike. “Para la miniserie Bim, Bam, Bum vendí varias joyas”, cuenta. En su colección figuran también marcas finas como Monet y Trifari, que están a la venta. “Hay bastante gente que es mucho más nostálgica con las joyas que con los vestidos. Mis clientas son mujeres jóvenes y extranjeras”.

Desde $ 10.000 a $40.000 los vestidos. Los aros de época varían entre $3.000 y $20.000. Persa Santa Rosa, Galpón 1, loc 332, cel 99219 6402. Instagram: baccaratlatiendita. Sábado, domingo y festivos, de 11:30 a 17:30 horas.

3. El oasis de una pastelería vegana

Parece un café sacado de Barrio Italia, por su estética, pero está al medio del Galpón Bío Nativo (locales 256, 258 y 260), donde se concentran lugares de comida saludable y de autor. El fuerte de Dulcería Di Lucca es la pastelería -vegana, sin gluten, sin azúcar y tradicional- pero en la carta también hay empanadas, sándwiches, lasaña y pastel de choclo, todo vegano. “Dentre pa dentro”, dice un banderín en la entrada del café. “Bienvenidos. Aceptamos buena energía”, reza una tabla que cuelga de un muro.

Su dueña, María José Montagna (39), elabora la pastelería, mientras que su madre, Inés Torrico, está a cargo de lo salado. Jose lleva 10 años dedicándose a lo dulce y raíz de una enfermedad que tiene, exploró en la pastelería vegana, el uso de harinas no refinadas y de distintos tipo de endulzantes. Uno de los resultados de esa búsqueda -y que hoy vende en el café- es el cheescake de maracuyá vegano, con queso de coco de elaboración propia, de un sabor mucho más fresco que su versión tradicional ($1.500 el trozo).

Partió en marzo de 2017 con dos locales. En el camino sumó un tercero y hace un mes partió con un emporio de verduras orgánicas “justamente, para que la gente encuentre los insumos que usamos”, dice la dueña del local. “Hay mucha gente que cree que lo vegano y para celíacos es fome y no tiene sabor a nada, y acá han descubierto que hay cosas ricas”. El caballito de batalla es la empanada napolitana vegana, que preparan con queso mama’s mozza, a base de aceite vegetal ($1.000).

La carta de Dulcería Di Lucca tiene más 80 productos. “Todo lo que hacemos es 100% natural. Vengo de una familia italiana y hacemos una fusión entre ingredientes nuevos y recetas antiguas”, explica Jose.

Los precios van desde $500 (bombones y alfajores veganos), hasta $3000 (café helado vegano o tradicional). Víctor Manuel 2241, local 260, cel 945970068. Instagram y Facebook: dulceriadilucca. Abierto sábado, domingo y festivos de 10:00 a 17:45 horas.

4. El nuevo mural del Matadero Franklin

Dos mujeres jóvenes, en camisa de dormir, leen antes de acostarse un cuento sobre la creación de Santiago. Visten ropa antigua, posiblemente de la época de La Colonia. Unos metros más allá, un gato gris completa la atmósfera íntima y femenina. Lección de historia es el nombre del nuevo mural del artista Javier Barriga (grasosobremargo en Instagram), quien se embarcó en esta nueva creación de 7×45 metros, en una de las fachadas del Matadero Franklin. “Es un proyecto municipal. Me invitaron a participar realizando un mural para el día del aniversario de los 477 años de la fundación de Santiago. Ese fue el encargo”, cuenta Javier Barriga (30), quien en enero recibió un premio de la Municipalidad de Santiago en la categoría muralismo.

Su propuesta, entonces, fue una escena donde aparecen dos personajes y uno le relata al otro un cuento sobre la historia de Santiago. Es el muro más grande que ha pintado, el primero en formato apaisado y en un tiempo acotado: debe estar listo el 11 de febrero, para ser inaugurado oficialmente al día siguiente, que se celebra el aniversario de la fundación de Santiago. “La oportunidad era muy buena y lo tomé como un desafío respecto de mis otros trabajos en el espacio público. Estoy en la mitad y he aprendido harto”, relata el autor, quien se instaló en la zona hace once días y trabaja entre el mediodía y las 21:00 horas.

Parados sobre andamios están algunos de sus colaboradores, que han echado mano a la obra desde que Barriga comenzó a pintar. En total han participado 15 personas y varios llegaron a través de una convocatoria por Instagram. La técnica de Lección de historia mezcla spray, brocha y pistola, en estilo realista.

El muralista explica que la riqueza de esta experiencia tiene que ver con el contexto en el que está trabajando. “Este es un barrio donde pasan muchas cosas al día. Es rico en estímulos, en oferta gastronómica, pero no es el barrio más fácil que he pintado, en ningún sentido. Estoy trabajando en un lugar donde viven personas y me toca lidiar con su hábitat y sus conductas. Nos han prestado una mano y eso hace que la experiencia sea mucho más fácil”, dice.

Bío Bío 898. Matadero Franklin. Instagram: grasosobremargo.