Dejarse sorprender

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Dejarse sorprender

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Más que intervenir, moldear o reducir a las plantas, para tener un jardín lindo hay que dejarlas expresarse. Para hacerlo, aquí los consejos de una especialista.

Paula 1240. Sábado 2 de diciembre de 2017. Especial Navidad.

Por Alejandra Vargas

“Queremos especies que no pierdan la hoja, que consuman poca agua, que ocupen poco espacio, que no invadan el jardín, que no se enfermen, que exijan poca mantención. ¿Qué nos recomiendas?”, me preguntó una pareja. “¡Un jardín de plástico!”, me dije, pero a ellos les sonreí.

Creo que la frase que más he recitado en mi trayectoria como ingeniera agrónoma es: “Tengan presente que estamos trabajando con organismos vivos”. La repito cada vez que las exigencias y expectativas de las personas reprimen lo que las plantas son capaces de dar. Un jardín bello se consigue dándole toda la libertad que más se pueda a cada especie, para que llegue y se exprese de la mejor manera posible.

Un jardín es un ecosistema vivo, un espacio lleno de individuos que producen, quizás sin conciencia de ello, una gran cantidad de emociones y sensaciones en nosotros. Este gran conjunto de cohabitantes es el principal componente de la belleza de un jardín, el gran atributo que debiéramos esperar de este. La belleza se obtiene justamente de la diversidad de colores, texturas y aromas que somos capaces de percibir, por eso un jardín diverso debería ser un objetivo a perseguir.

La diversidad de especies de un jardín debe manejarse dentro de los límites específicos del lugar, seleccionando plantas que compartan los mismos gustos y necesidades tales como: adaptación al clima, disponibilidad de agua y calidad del suelo. Hoy en día se oye con mucha fuerza la recomendación de uso de especies nativas. ¿Qué se persigue con ellas?, ¿por qué se han vuelto tan populares? Consientes o no del concepto de ecosistema, su popularidad se basa en el hecho de que exigen poco –porque pertenecen al lugar en donde las queremos establecer– y sobreviven bien, pues les acomoda el ambiente y encuentran sus alimentos en esa tierra.

Si bien el origen nativo de las plantas podría ser el primer filtro de selección para el jardín ideal, existe cierto rechazo hacia ellas. La principal crítica que he oído es su aspecto “silvestre”, ese que se asocia a desorden, a espacios no cuidados, aquel que no conversa con la arquitectura y estilo urbano. Frente a este planteamiento cabe preguntarse: “¿Cuál es el modelo de jardín que queremos tener?”. Quizás, por nuestro origen de colonia europea, nuestros gustos y aspiraciones se orientan hacia esos modelos de jardines franceses e ingleses, donde predominan plantas perfectamente podadas, que emulan formas geométricas de mucha precisión. Si fuese así, déjenme decirles que no se está buscando naturaleza, sino más bien elementos de decoración, porque se les pide a estos seres vivos que se comporten como si fuesen objetos.

¿Quiere tener un lindo jardín? Le recomiendo entonces que se deje sorprender por él, porque difícilmente otro espacio de su casa podrá darle tantas alegrías y satisfacciones. Escoja especies diversas y permítales formar un ecosistema. Busque que cada una de ellas lo cautive por algún atributo particular, su aroma, el color de su follaje, la explosión de sus flores, la textura de sus hojas o el color de su madera. Averigüe qué espacio requieren para llegar a ser lo más grande que pueden ser. No las intervenga ni las moldee, no las reduzca ni las limite, déjelas crecer libres, porque usted está buscando belleza y solo la podrá encontrar si les permite a su plantas entregar todo aquello que son capaces de expresar.

Llamada erysimum, esta especie crece 80 cm y, si se le deja crecer bajo el sol, se luce muchísimo. Además, su floración es muy larga: prácticamente toda la primavera y verano.

3 consejos prácticos
1. Los arbustos grandes que se utilizan para setos deben espaciarse entre ellos con al menos 2 metros, para poder lucir su estructura.
2. A los arbustos medianos con flores hay que espaciarlos entre 1 y 1,5 metros, para lucir sus flores, evitando podarlas.
3. Como máximo, los cubresuelos deben plantarse 4 por metro cuadrado, para que puedan crecer libres y desarrollarse en longitud.

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