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14:33:51 water 69, from the series Oceans ©Denise Lira.
28 diciembre, 2016
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Denise Lira: Esto no es un paisaje

La biografía, el cuerpo y la naturaleza son una sola cosa en la obra de la chilena Denise Lira (39). Hace ocho años, tras la muerte de su padre, decidió lanzarse, cámara en mano, a explorar los glaciares de la Patagonia y los océanos del mundo. Más tarde, y tras la muerte de su marido, inició un férreo entrenamiento físico para lanzarse a las cumbres del desierto de Atacama. Pero lo que ahora exhibe no son paisajes, sino imágenes casi abstractas, que exacerban la contemplación vital de formas, texturas y matices cromáticos.

Por Catalina Mena


Paula 1216. Sábado 31 de diciembre de 2016.

14:33:51 water 69, from the series Oceans ©Denise Lira.

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Las fotografías de Denise Lira están despojadas de toda anécdota: se ofrecen como pura visualidad. Pero el sustrato biográfico desde el cual emergen inyecta una carga energética insoslayable.
En Chile, donde ha vivido esporádicamente, sus amigos recuerdan que a los 18 años ya era una artista hiperproductiva: dibujaba y pintaba obsesivamente, hacía grabados y no se doblegaba ante ninguna autoridad. A los 20 años le detectaron un tumor cerebral y la sometieron a una primera operación que marcó su actitud en el arte: “Desarrollé una conciencia aumentada hacia la vida y la muerte y una decisión muy clara de que tenía que ser artista, que era lo que me apasionaba y que no había tiempo que perder en consideraciones de ninguna índole. Eso me dio una independencia y una libertad que agradezco”.

Antes de esa operación, ya había vivido en Cuba haciendo litografía y luego siguió trabajando en Chile, en obras que llama “de carretera”, en las que salía a andar y explorar el paisaje público, realizando instalaciones e intervenciones de carácter experimental, que usaban elementos de la naturaleza y reforzaban la experiencia perceptiva del espectador. En ese momento usaba la fotografía como registro de estas intervenciones, pero a los 26 años, tras partir a hacer un máster de Fotografía en el sur de Estados Unidos, este medio fue perfeccionándose para agarrar también una fuerza autónoma de experiencia visual. Al poco tiempo se casó y con su marido francés, en 2006, se instalaron en Nueva York. Allá también logró un destacado espacio en el arte, expuso en distintas galerías tanto ahí como en Europa e incluso tuvo su propia empresa dedicada a la producción y difusión de arte y audiovisual.

09:15:10 desert 442, from the series Desert ©Denise Lira

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Del 1 al 7 de febrero de 2017 Denise Lira presentará su exposición Sand, ice, water en la galería Am Lindenhof, de Zúrich, Suiza. En ella, la artista muestra el trabajo de los últimos ocho años.

“El cuerpo aunque esté en el límite, siempre llega a su destino deseado, después te desplomas. Pero lo más satisfactorio es que el deseo está realizado”, dice la artista.

“El cuerpo aunque esté en el límite, siempre llega a su destino deseado, después te desplomas. Pero lo más satisfactorio es que el deseo está realizado”, dice la artista.

Sand, ice, water (arena, hielo, agua) se titula la próxima exhibición de Denise Lira en Suiza. En ella, la artista chilena sintetiza el trabajo de los últimos ocho años, en el que ha realizado tres series de fotografías: Glaciares, Océanos y Desiertos. La primera la inició en 2008, tras la muerte de su padre, quien fuera una de las personas más cercanas e influyentes en su vida. Fue entonces que partió a la Patagonia chilena. Su idea no era extraer imágenes del paisaje, sino acercarse a la materialidad de los hielos explorándola con una mirada de obsesión científica, como quien busca descifrar sus secretos moleculares. Dos años estuvo en ello y la experiencia se tradujo en imágenes a color de cuidada impresión y pletóricas en detalles, las que exhibió en grandes formatos o instaladas en cajas de luz, incorporándolas a instalaciones que buscaban interpelar sensorialmente al espectador, a través de recursos complementarios como la inmersión en el sonido ambiental de los glaciares. Luego de ello, en 2010 y 2011 decidió experimentar con el océano y viajó por distintos mares: Pacífico, Atlántico, Caribe, Mediterráneo. Nuevamente las imágenes resultantes hablaban de un ojo extraviado en su propia curiosidad, donde se perdía la escala y el punto de vista, para que apareciera el agua como una composición visual fuera de todo contexto.

“Descubrí que una imagen fotográfica no solo cambia la manera de percibir la naturaleza, sino que también es responsable de describir una realidad que la gente no quiere asumir”.

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09:15:10 desert 442, from the series Desert ©Denise Lira.

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11:21:28 ice 23, from the series Glaciers ©Denise Lira.

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“El tiempo es muy importante en mi trabajo. Por ello, cada imagen lleva por título la hora en la que fue captada”.

Su vida se desarrollaba entre estadías en Chile y viajes a distintos lugares, siempre instalada en Nueva York. En 2011 fue su última operación. Pocos meses después, cuando recién comenzaba a recuperarse, a su marido le vino una especie de parálisis. Tres meses más tarde murió en el sur de Francia. “Ahí yo tenía dos opciones: o abandonarme o rescatarme. Decidí lo segundo. Fue entonces que partí a las montañas de Chamonix, Mont Blanc, donde estuve por varios meses. Fue caminar, respirar, resistir, observar, escuchar, estar sola y sanarme. Puede sonar dramático, pero yo amo la vida”.

En 2008 Denise Lira publicó el libro 16:03:27, con su investigación sobre los glaciares. Hoy este libro está en las librerías del Guggenheim Museum, del MOMA y del Centre Pompidou, entre otros espacios.

Tras ese proceso, la artista emprendió la serie Desierto, que puede ser considerada la más significativa desde el punto de vista de su proceso personal. Entre 2012 y 2013 se trasladó a Atacama, donde estuvo viviendo por largos periodos. Ya no se trataba solo de hacer fotos, sino de subir volcanes como el Licancabur y el Láscar, cuyas cumbres alcanzó. Durante este periodo Denise reforzó la conciencia corporal: modificó su alimentación siguiendo estrictas pautas de nutrición, aprendió a respirar y se entrenó obsesivamente para adquirir resistencia y control frente al cansancio, el hambre, el frío (que puede llegar a 20 grados bajo cero) y el viento (que puede alcanzar 40 kilómetros por ahora). Si el desierto es el paisaje arquetípico de la introspección transformadora, Denise Lira se internó en sus duros misterios para realizar una obra de procesamiento del duelo, que explora ya no solo el territorio, sino los límites físicos del cuerpo y la mirada. “A mí lo que me importa no es solo la imagen, que siempre es muy sintética y minimalista, lo que me interesa, cada vez más, es el devenir de mi cuerpo como instrumento de mi trabajo. Porque no es lo mismo subir una montaña de 5 mil metros que una de 7 mil metros. En el Licancabur, la última vez que fui, salí a las 3 de la mañana e hice cumbre a las 11 de la mañana. Para hacer esto yo me metí en la disciplina del montañismo y esa es la energía que nutre mi actual obra”.

¿Qué es lo que interesa que le pase a la gente con este trabajo?
Siento que, finalmente, el resultado de las fotografías apela a una experiencia estética. Pero no se trata de una belleza fácil, ni de mostrar paisajes bonitos. Tampoco el trabajo se sustenta en el virtuosismo técnico, aunque cuido muchísimo la terminación. Lo que me interesa es la eficacia de una belleza que instale la pregunta sobre la vida y la muerte, y que despierte la responsabilidad individual y colectiva sobre el estado de amenaza en el que está nuestro planeta.

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