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23 agosto, 2017
orla

Distorsiones desde el Chaco

Llegan los cuentos de la boliviana Liliana Colanzi, otra de las escritoras latinoamericanas que se nombra dentro de un nuevo boom, esta vez joven y femenino. Cerca de la ciencia ficción, aunque con realismo prosaico, los cuentos de Nuestro mundo muerto (Eterna Cadencia) son prodigiosamente aterradores.

Por Marcela Fuentealba


Paula 1233. Sábado 26 de agosto de 2017.

“Este es el tronco de todas las historias, habla de nuestro mundo muerto”: el verso de una canción ayorea abre y da título al conjunto de relatos de Liliana Colanzi (1981), la escritora boliviana que con este libro se ha vuelto internacional, pues será traducido al inglés, francés e italiano. Los ayorea son uno de los pueblos del Chaco, la enorme región que bordea Santa Cruz, donde nació la escritora, y se extiende por Paraguay hasta Argentina y Brasil: el extenso territorio donde la guerra contra los indios fue, por supuesto, cruel y los dejó para siempre fuera y en la miseria. La frase muestra el pesimismo ancestral de las culturas de los pueblos de esa zona, como el tupí-guaraní o el chiquitano: pensaban que los dioses se habían cansado de la Tierra y se habían ido lejos, los habían dejado en un mundo muerto.

Colanzi se ocupa de los estertores de esa sensación de fin de mundo, y aunque varios de los relatos tengan ambientes reconocidamente sudamericanos, otros personajes viajan a París o estudian en un pueblo terrible de Estados Unidos –tal como ella, actualmente profesora en Cornell, donde investigó sobre monstruos y cyborgs– con la misma sensación de espanto. Hay algo sin salida en las historias que cuenta, que unen una narración detallada, sin apuro, con el terror de lo ominoso que aplasta. Sobrepone, por ejemplo, la fantasmagoría del despojo indígena con la modernidad despiadada al uso, o los más inocentes deseos de amor y trascendencia con el aprovechamiento banal e inconsciente.

En uno de los cuentos, que se llama precisamente Chaco, un joven habla de su abuelo, pero la mirada infantil –recurrente en la escritura actual– se vuelve rápidamente tenebrosa: se refiere al mito de que él habría sido un exterminador de indios matacos para el Estado, a su muerte inminente, a sus frases hechas. Y desde ahí el nieto puede ser sucesivamente su continuador o el justiciero: un asesino, un aventurero o un iluminado. Ha dicho la escritora: “Su camino es absolutamente torcido, no se sabe si está inventando o si la realidad se le presenta de esta manera. La escritura quizás sea eso: hallar otro tipo de verdad en esa distorsión”. No importa si se trata de imaginar una misión marciana o de conversar con una vieja y sus muertos.

$17.000 en librerías.

Liliana Colanzi, autora del libro. Foto: Lourdes Plata.

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