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24 agosto, 2017
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El muralista inconfundible

Fundador de la Brigada Ramona Parra y creador de una característica estética muralista, Alejandro “Mono” González fue postulado al Premio Nacional de Artes Plásticas con 6 mil firmas. El primer artista callejero que llega a una instancia así. Este es un repaso por su trayectoria y las decenas de proyectos que lo mantienen pintando a sus 70 años.

Por Josefina Hirane


Paula 1233. Sábado 26 de agosto de 2017.

Hablar de la historia del “Mono” González es hablar de la historia del muralismo callejero en Chile. En 1964, cuando tenía 17, inspirado en los mexicanos Diego Rivera y David Alfaro Siqueiros, pintó junto a otros artistas su primer mural para la campaña de Salvador Allende y cuatro años después fue uno de los fundadores de la Brigada Ramona Parra, un grupo organizado de jóvenes que plasmaban, en espacios públicos, mensajes relacionados a la ideología de la izquierda chilena. Fue en esa época, durante la Unidad Popular, en la que el rayado mural alcanzó su más alto nivel de expresión en las murallas de las poblaciones, sindicatos y edificios públicos. Uno de los más conocidos es que pintaron a lo largo de la rivera del río Mapocho junto a Roberto Matta, el que después del golpe militar fue borrado y, en 2008, recuperado.

En dictadura trabajó en la clandestinidad y ocupó un nombre falso para ejercer como jefe de pintura, tramoya y escenografía del Teatro Municipal. En su veta de escenógrafo, ha participado en las películas Machuca, de Andrés Wood, y La danza de la realidad, de Alejandro Jodorowsky, además de la serie Ecos del desierto, también de Wood.

Mural en Cherníhiv, Ucrania, pintado en julio de este año.

Hoy, a sus 70, combina los viajes por el mundo –solo este año ha ido a Ucrania, Canadá, Francia y Vietnam, donde lo invitan a dar charlas y a pintar fachadas de hoteles o centros comerciales, muros de 15 x 15 metros a los que se sube con andamios y grúas– con su vida sencilla en una población de San Bernardo, donde vive en un galpón con su perro Pillán. Es el director artístico del Museo a Cielo Abierto de San Miguel, donde ha sido un articulador entre grafiteros y muralistas, y se la pasa en actividades sociales, como la construcción de murales en conjunto con los alumnos de escuelas en La Cisterna, Santiago Centro y Lo Prado. Además, hace un año y medio abrió en el Persa Biobío “El Taller del Mono”, una galería de arte popular y urbana, dedicada al grabado y serigrafía, donde realiza exposiciones y vende obras de artistas jóvenes (Facebook: galeriatallerdelmono).

Para postularlo al Premio Nacional de Artes Plásticas, grafiteros, muralistas y seguidores de todo el mundo juntaron más de 6 mil firmas. “Es inédito. Por primera vez en la historia de los Premios Nacionales es postulado un artista callejero, cuya obra es un referente gráfico que expone la tradición muralista chilena, a nivel mundial”, explica Camilo Undurraga, grafitero, periodista y uno de los líderes de la campaña.

De los cientos que ha hecho, el mural en la estación Parque Bustamante es para él uno de los más importantes. Quizás porque le resultó después de cuatro intentos de pintar algo en el Metro. Para prepararlo, se encerró durante una semana en el departamento de un amigo en París, a preparar los bocetos.

González en siete preguntas:

¿Lo puso contento esa nominación?
Esta postulación no se trata de mí. Lo que queremos es posicionar al muralismo, que siempre ha sido mirado en menos por la academia. Poner acento en otra cultura de este país: no la académica, no la de galerías, sino la popular. La que nace desde lo periférico, desde lo marginal. De donde vienen también Violeta Parra o Andrés Pérez.

¿Por qué el muralismo ha sido mirado en menos?
Porque no tiene que ver con el mercado, es un arte social. A mí no me pescan mucho las galerías por eso. ¿Qué valor le pueden dar a esto? Las galerías son para vender. Esto no.

¿No se siente reconocido acá?
Este año he ido a pintar a cuatro o cinco países. La gente afuera me da un trato y un reconocimiento muy importante. Pero Chile me da otras cosas. Pasar de esos lugares, hoteles de lujo pintando murales de 15 x 15 metros en grúas, a estar pintando un mural con los alumnos de octavo básico de la escuelita República de Haití, que es precaria, que se moja, que no tiene espacio. Es ahí donde hay que ser generoso y agradecido de la vida. Yo fui igual que esos niños de esa escuela, de padre obrero y madre campesina, de una familia pobre, pobre, pobre. Y logré romper el cerco. Por eso con el arte ando predicando, porque de alguna manera incorporas a la gente a la sociedad a través del arte, y levantas autoestimas. No solo de los alumnos, también de los profesores, de sentirse importantes. Eso, para mí, ya es un premio. El resto, la postulación, tiene que ver con instalar estas otras experiencias que nadie mira.

¿Todos sus murales son políticos?
Todo arte tiene que ver con política porque toda expresión del ser humano es política, porque es social. Incluso un muro blanco, que se raya y luego se borra porque alguien no quiere que haya ruido de nada, también es político. Yo estoy metido en esto porque vengo de esto y vivo en esto. Vivo en una población donde las drogas y los robos son de todos los días. Vivo en una realidad, que la plasmo. Aunque quisiera, no puedo cerrar los ojos. Mis murales no son decorativos.

¿Cuál fue el legado de la Brigada Ramona Parra?
Puso en presencia un estilo: el trazado negro, el color puro. Además, lo más importante, es que no era necesario que fueran artistas para pintar. La intención era comunicar algo, no hacer arte. En la época de la dictadura había figuras humanas que a lo mejor no estaban bien hechas, pero hablaban en contra de la represión, de la tortura o de los desaparecidos. Y lo último, es que surge desde abajo hacia arriba. Eso Roberto Matta lo entendió muy bien. A nadie le decían desde arriba “esto es lo que hay que hacer”. Era desde abajo que los jóvenes lo decían.

¿Es cierto que durante la dictadura trabajó de escenógrafo en el Teatro Municipal con un nombre falso?
Sí, es cierto. No seguí haciendo murales en esa época, pero participaba mucho en el diseño gráfico de los volantes del trabajo clandestino. Incluso por ahí hay varios volantes que aparecen con dibujos míos anónimos. El año 81 o 82 entré a trabajar al Municipal como jefe de escenografía. ¡Tenía que subsistir con mi familia! El director técnico en esa época era Bernardo Trumper. Él me metió ahí porque fue mi profesor en la universidad, yo había estudiado Diseño Teatral. Éramos de ideas políticas totalmente distintas, pero como profesional lo admiraba y lo respetaba. Paralelo a eso, monté un taller de escenografía, con el que hice muchos comerciales. No me gustaba hacer comerciales, por una cosa ética, pero con eso logré educar a mis hijos.

Tiene 70 años. ¿Hasta cuándo le gustaría seguir pintando?
Voy corriendo contra el tiempo, porque me queda poco, ya no voy a tener la energía para subir y bajar de los andamios o de agacharme y tirarme al suelo. Quisiera tener menos años para seguir pintando mucho tiempo más.

En este mural –parte del Museo a Cielo Abierto de San Miguel– convive el dibujo típico de la Brigada Ramona Parra, hecho por González, y la creación más cercana al grafiti del artista urbano francés Seth Globepainter.

Hablan del Mono:

-Felipe Mella, arquitecto, gestor cultural y director ejecutivo del GAM: “Sus murales, siempre relacionados al trabajador y a las injusticias, hacen de sus obras piezas únicas de concientización social. Nos trajo con su brocha una nueva expresión de Latinoamérica, un nuevo lenguaje, que hoy es pieza fundamental de nuestra memoria visual”.

-Roberto Hernández, director del Museo a Cielo Abierto de San Miguel: “El Mono, y su trabajo como director de arte del museo, salvó a nuestro barrio de desaparecer. Gracias a los artistas que él ha convocado, nacionales e internacionales, hoy incluso este es un punto de atracción turística. A nivel internacional somos reconocidos por nuestras murallas y nuestros grafitis. Se estudia el muralismo chileno, igual como se estudia el mexicano. Y él es el máximo exponente de eso”.

-Payo Söchting, muralista, ilustrador y diseñador gráfico: “Fue un pionero en llevar el arte a espacios vulnerables. Él no trabaja para una elite, él quiere que sus obras las vean todos. Su estética ha ayudado a desarrollar una identidad nacional y latinoamericana. Afuera se ven los murales del Mono y la gente lo identifica con Chile”.

 

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