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21 septiembre, 2017
orla

El silencio activo

Marcela Labraña ha investigado y enseñado durante años sobre el silencio y la poesía: ahora publica sus ensayos sobre el tema en la prestigiosa editorial española Siruela..

Por Marcela Fuentealba / Fotografía: Carolina Vargas


Paula 1235. Sábado 23 de septiembre de 2017.

¿Cómo fue el proceso de escritura del libro?
Se construyó desde mi tesis doctoral, proceso que fue larguísimo, hasta el punto que vi casi imposible terminar. Me encomendé a Santa Rita de Casia, patrona de las causas perdidas, a ella le dedico el libro. La escritura, en cambio, fue bastante rápida y muy gozosa. Investigué muchísimo en bibliotecas. Amo las bibliotecas y lo que las estanterías pueden ofrecer. Además, como me interesan cosas raras y por lo general algo demodé, casi no consulto bases de datos ni revistas académicas. Tengo la fortuna de tener amigos muy lectores que me recomiendan libros notables y me dejan husmear en sus bibliotecas.

En el libro hablas de la noción del silencio como algo vivo y persistente en la cultura.
Pienso que el silencio opera a modo de símbolo y, como tal, es irreductible. Al final de la introducción de mi libro expongo una lista de los disfraces que ha adoptado para mantenerse activo: reconocimiento de la inefabilidad de los misterios divinos y amorosos, manifestación de sabiduría o estrategia política, signo de ironía o burla, expresión de la experiencia de lo absurdo o de ese extraño y efímero saber estar en el vacío que tan silenciosamente habita en estos versos de Roberto Juarroz: “En el centro de la fiesta está el vacío. / Pero en el centro del vacío hay otra fiesta”.

Ni del más allá ni pura ausencia de ruido.
Es humanamente imposible acceder al silencio absoluto, como explica Pascal Quignard en uno de los ensayos de El odio a la música. Es una obviedad, pero me recuerda un poema que cambia el foco: no apunta a las características anatómicas de nuestros oídos sino al mundo que percibimos a través de ellos. Por ejemplo, de Música envasada, el último libro de Andrés Anwandter: “las clásicas toses / y carraspeos / al inicio muy elocuentes / los chasquidos habituales / de las sillas si hubiere / los crujidos de la ropa / todo aquello constituye / hoy en día un minuto de silencio / guardado en un acto solemne”. Leí este poema hace unos días y pensé que de haberlo conocido antes de seguro lo habría incorporado a las conversaciones sobre el silencio que intenté entablar entre los textos e imágenes de Ensayos sobre el silencio.

El libro se lanzará el 11 de octubre en el Mavi y está en librerías a partir de esta semana.

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