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12 diciembre, 2013
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El universo en tres colores

Aparece publicado en español un libro curioso, único, tres ensayos sobre el azul, el amarillo y el rojo: Los colores primarios, del escritor norteamericano Alexander Theroux. Suena a obviedad, pero es una joya. Toda la naturaleza y lo creado, de la historia a la poesía, parecen meterse en sus entretenidas páginas, con precisión y universalidad.

Por Marcela Fuentealba


Paula 1137. Sábado 14 de diciembre 2013.

Aparece publicado en español un libro curioso, único, tres ensayos sobre el azul, el amarillo y el rojo: Los colores primarios, del escritor norteamericano Alexander Theroux. Suena a obviedad, pero es una joya. Toda la naturaleza y lo creado, de la historia a la poesía, parecen meterse en sus entretenidas páginas, con precisión y universalidad.

Podrían ser textos pensados con la curiosidad inocente y libre de un niño, y luego articulados con la erudición y arbitrariedad de un enciclopedista francés del siglo XVIII. El novelista, ensayista y poeta Alexander Theroux (1939) –hermano de otro novelista, Paul, emparejado con una artista, y profesor en las universidades de Harvard, Yale y el MIT– publicó hace veinte años este libro extraordinario, recién rescatado para los lectores en español por la editorial argentina La Bestia Equilátera. Por supuesto que dos décadas de atraso no importan nada: el libro, como su materia, es atemporal, aunque acopia materiales cambiantes como las miradas que lo perciben. El autor, además, sigue activo: este año publicó un ensayo largo llamado The Grammar of Rock, en el que especula sobre el arte de las letras de las canciones pop del siglo XX. Es, felizmente, un pensador versátil y ajeno a la especialización.

Theroux escribe sobre los colores primarios como quien se dispone a pasar unas largas vacaciones y en ese tiempo quiere juntar todas las cosas que le gustan. Va de la mitología antigua al cine contemporáneo, de la poesía a la física, de lo sublime a lo común, de manera ágil pero sin perder un espíritu deliberadamente lento ante la veloz visualidad que lo acecha. Desde los significados pictóricos y místicos hasta el recuerdo de un chicle o de una publicidad, Theroux va atando cabos como un artesano diestro para, sin ninguna conclusión ni objetivo definidos, situar finalmente al lector ante una pequeña obra maestra, sobria e intrincada a la vez.

El novelista, ensayista y poeta Alexander Theroux (1939) –hermano de otro novelista, Paul, emparejado con una artista, y profesor en las universidades de Harvard, Yale y el MIT– publicó hace veinte años este libro extraordinario, recién rescatado para los lectores en español por la editorial argentina La Bestia Equilátera.

Del amarillo, por ejemplo, dice: “Tiene reminiscencias de cuerno antiguo, de moneda falsa, de la artemisa y de sol generoso. Es el color de la manteca, del arsénico, las esponjas, la luz de vela, el pasto famélico, el ámbar traslúcido, de los emisores de transmisión catódica en el cableado de bastidores eléctricos”. Explica por qué se relaciona con lo negro, especialmente con varias razas africanas, y cómo funciona la luz del sol.

Del azul, en tanto, después de seguir su historia del cielo al infierno, no teme asentir con Kandinsky respecto de “la llamada infinita que despierta en el hombre su deseo de pureza e inmaterialidad”. Y del rojo, bueno, desde el jugo de tomate hasta la sangre, fluye en espléndidos chorros vitales. Ojo, que hay más: Theroux ya publicó, en 1996 –suponemos que tras el éxito y el placer de este– sus textos sobre los colores secundarios, la infinidad y la impureza del verde, el naranja y el morado. US$ 28 más gastos de envío en labestiaequilatera.com

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