Esa basura que queda en el camino

Tiempo Libre

Esa basura que queda en el camino

Por Pilar Navarrete

La historia del paseo de cada día por los alrededores de Pucón. Y de la basura que encontraba en esos paseos. Y del proceso de fabricación, y de los coletazos medioambientales que generan esos restos –botellas, latas, incluso pañales usados– que encontraba en la aventura diaria. Durante un mes eso fue lo que se dedicó a fotografiar y a recolectar la estadounidense Greta Matos, para construir su blog What’s in the bag (Lo que hay en la mochila).

Paula 1215. Sábado 17 de diciembre de 2016.

Greta Matos.
Greta Matos.

Guiada por una absoluta pasión por el medio ambiente y también como una forma de empujarse a conocer los alrededores de Pucón, donde llegó a vivir en 2014, la estadounidense Greta Matos (32), consultora en temas de sustentabilidad empresarial, decidió imponerse un desafío personal: durante un mes salir todos los días a dar un paseo –a veces de un par de horas; otras, de un día entero– para mostrar en sus redes sociales el privilegiado entorno de bosques, lagos y volcanes que la rodeaba. Pero ya fuera en sus caminatas por la ladera del río Turbio o del río Trancura, por Playa Blanca en uno de los costados del lago Caburgua, entre la nieve el día que fue a esquiar al volcán Villarrica, también en su caminata cuando fue a conocer el Salto del Claro, en todos ellos nunca faltaba: en medio de sobrecogedores paisajes siempre había basura. Algunos días eran latas y latas de cerveza. Otros días, de bebida. Botellas de vino, de pisco. Bolsas plásticas, pañales de guagua usados, cajas de jugo, envases de yogurt, bolsas de papas fritas, hawaianas, zapatillas.

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Caburgua, Playa Blanca.

“Entonces decidí expandir mi proyecto. Me acordé del trabajo de una fotógrafa que disponía toda la basura que recolectaba de manera artística y entonces quise hacer lo mismo, pero en estos paisajes y fotografiarlos, porque pensé que eso tenía un impacto: mostrar en mis fotos la belleza del lugar donde estaba, pero al mismo tiempo mostrar la dinámica que tenemos y de la que debemos hacernos responsables”.
Cuando terminó el mes, se sentó al computador y armó un blog. Lo llamó What’s in the bag (Lo que hay en la mochila) como un modo de apelar a lo que llevamos en ella y dejamos en el camino. O a lo que dejamos en el camino y que perfectamente podríamos traer de vuelta en esa mochila.
“Cuando vi todo el material que tenía, sentí que no quería simplemente postear algo que no tuviera una cierta solución o recomendación para cambiar las cosas. Quería que si alguien llegaba a mis fotos, mis palabras gatillaran una reflexión en ellos”.

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Así, sus textos, escritos en inglés –tiene la idea de llevarlos al español–, breves y escritos en un lenguaje muy simple, explican, por ejemplo, cuánto se demora en desaparecer una botella de plástico que quedó tirada al costado del río Trancura –entre 500 y 1000 años–; cómo aportaríamos al medio ambiente si esa botella en vez de
plástico hubiese sido de vidrio –“cada persona que reutiliza una botella de vidrio o de cualquier material retornable evita el uso de 240 botellas de plástico al año”–; cómo con un simple gesto personal como recoger esa lata y llevarla hasta la ciudad para dejarla en un contenedor de reciclaje, aportaríamos a reducir la considerable suma de 370 billones de latas de aluminio que se fabrican al año.
“Mi idea era inspirar la curiosidad sobre lo que compramos porque, por todo lo que he visto en mis viajes y por mi trabajo con empresas que están tratando de hacer cambios, estoy segura de que para cambiar las cosas tenemos que partir por despertar la curiosidad de la gente. La curiosidad por nuestra propia forma de vivir. Es la curiosidad personal la que luego inspira a otros a ser más curiosos, y es la curiosidad la que te lleva a descubrir información que antes no sabías, que antes nadie te había dado y entonces cambia tu forma de tomar decisiones: te haces más responsable. Entonces cuando vas a comprarte un jugo te das cuenta de que tienes el poder de decidir si te tomas ese jugo en una botella de vidrio que se podrá reciclar o en una de plástico que demora entre 500 y 1000 años en desaparecer. Eso hace la curiosidad. Cuando las personas tomen conciencia de que el poder de decisión que tienen puede cambiar el mundo, se van a generar soluciones de mayor impacto. Porque de otra manera, el sistema en el que vivimos, que arrasa con el medio ambiente, es un sistema muy difícil de quebrar”.

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