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$12.000 en librería TKK. Andrés de Fuenzalida 18.
17 noviembre, 2016
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¿Feminismo en la economía?

En su libro, la jefa de opinión de uno de los diarios más importantes de Suecia, revela el rol fundamental, pero silencioso, que tuvo la madre del cerebro de la economía clásica, Adam Smith, para evidenciar lo limitado del “homo economicus”: un ser guiado por su propio interés, aunque protegido por una mujer impulsada por el amor.

Por Rita Cox


Paula 1213. Sábado 19 de noviembre de 2016.

Imposible al menos no hojear un libro con este título –¿Quién le hacía la cena a Adam Smith?– y, después de avanzar un par de páginas, imposible abandonarlo debido al nada ortodoxo recorrido que ofrece su autora.
Su propósito es establecer que no se puede enfrentar crisis alguna de la economía, como ningún otro aspecto del mundo, sin pasar por el feminismo y, por lo tanto, cuestionar al “homo economicus”, cuya fuerza impulsora es, en palabras de Adam Smith, el interés propio, la pura obtención de un beneficio.
Para eso, Katrine Marçal, jefa de Redacción del diario sueco Aftonbladet, y quien escribe de política, economía y feminismo desde Londres, indaga en la esfera más cotidiana del llamado padre de la economía clásica para revelar que, aunque ese interés que determina los movimientos del “homo economicus” funciona perfecto en su teoría, en la intimidad de su hogar de la Escocia de 1700 se ve desmantelado por el trabajo doméstico e invisible de décadas realizado por quien le hiciera la cama, le cocinara y le sirviera la mesa. Dado que nunca se casó, esa mujer fue su madre.
El ejercicio de darle un lugar a la anónima Margaret Douglas, quien enviudó a los 28 años tras dos de matrimonio, recibió por ley un tercio de la herencia de su marido y crió sola, desarticula, en la lógica de Marçal, esa frase tan famosa escrita en 1776 por Smith: “No de la benevolencia del carnicero, del cervecero y del panadero, sino de sus miras al interés propio es de quien esperamos y debemos esperar nuestro alimento”. El amor, entre otras habilidades sociales, también tendrían que ser consideradas en un modelo económico para que sea realmente exitoso. Para hombres y mujeres.
Es más, Marçal acusa, cual justiciera, que en las aplaudidas teorías de Smith no hay rastro de la dedicación de su madre, como tampoco del rol de su prima Jane Smith, quien vivía con ambos, y cuya muerte lo impulsó a escribir una carta en la que lloraba que “me voy a convertir en uno de los hombres más desvalidos y desamparados de Escocia”.
Para Marçal, obviar ese trabajo de madre y prima es solo el comienzo de la marginación de la labor de millones de mujeres fuera del PIB, o que se paga a bajo costo tanto en los países benefactores escandinavos como en las sociedades liberales, “un error garrafal que ha tenido consecuencias de gran alcance”. Menciona, como antecedente próximo, la crisis financiera de 2008 y la ausencia de reflexión y cambios en las prácticas posteriores.

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Marçal no denuncia nada que no sepamos. Su aporte es el arrojo para revisar momentos clave de la historia y emblemas de la masculinidad. Uno de ellos es Robinson Crusoe, el héroe de Daniel Defoe, ejemplo de inteligencia, independencia e inventiva que ella mira de otra forma. Otro es David Bowie.

* $12.000 en librería TKK. Andrés de Fuenzalida 18.

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