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6 octubre, 2017
orla

Gestoras del cine independiente

De las 9 salas de cine independiente que conforman la Red de Salas de Cine de Chile, 5 son dirigidas, producidas o programadas por mujeres. Aquí, quiénes son, cómo se consolidaron como destacadas exponentes culturales y cuál es su aporte desde el ojo femenino.

Por Almendra Arcaya L. / Fotografía: Rodrigo Chodil


Paula.cl

Mónica Villarroel
Guardadora de la memoria de Chile
Cuando la periodista, magíster en Comunicación y doctora en Estudios Latinoamericanos, Mónica Villarroel (52) se convirtió en la directora de la Cineteca Nacional en septiembre de 2015, se propuso dos cosas: concientizar sobre la importancia del cine en el resguardo de la memoria del país, y profundizar en la investigación de archivo y en la formación de audiencias. Respecto a lo primero tenía el camino medio hecho, dada su trayectoria de 9 años en la misma cineteca, donde impulsó proyectos de rescate de patrimonio audiovisual del cine chileno del exilio y de los años 90, lo que implicó ubicar y repatriar miles de imágenes hechas por chilenos o sobre Chile, en diez países. Un trabajo que, reconoce, es caro y lento. “Mi formación de periodista me enseñó que las cosas tienen sentido cuando se conocen. No podemos solo salvaguardar, restaurar o conservar, si no visibilizamos y ponemos a disposición el archivo a espectadores, investigadores, estudiantes”, enfatiza Mónica, quien destaca como gran aprendizaje su trabajo en la difusión internacional de La Frontera, la película del fallecido cineasta Ricardo Larraín que obtuvo un oso de plata en Berlín en 1991; y la producción general de la Muestra de Dramaturgia Nacional, desde su segunda hasta su séptima versión. “Aprendí que el cine se hacía en equipo y conocí la gestión cultural desde el hacer con precariedad de recursos. Creo que mi impronta tiene que ver con reunir varios mundos: la academia, el cine, la gestión y el periodismo. Las mujeres somos capaces de aportar desde una mirada macro hasta los pequeños detalles, de lo político a lo doméstico”, dice.

Teresita Ugarte
Un talento joven

“Aunque no es exclusivo de las mujeres, creo que nuestro rol en la industria se caracteriza por la capacidad de hacer varias cosas a la vez, sin dejar ni una en desmedro de otra. Somos lo suficientemente observadoras para llegar a conocer y sacar conclusiones de comportamiento de nuestras audiencias. Creo que la gestión cultural es cada vez más equitativa en términos de género, pero la manera en la que se han desarrollado las mujeres sigue teniendo un perfil más bajo y menos público”, dice esta productora y realizadora audiovisual que, a sus 26 años, ha pasado por las carreras de Estética y Dirección Audiovisual de la Universidad Católica. También hizo un curso de edición en el Massachusetts College of Art and Design y ha producido 50 cortometrajes como socia fundadora de Chacal Lab y dirigido seis, de ficción y documental, donde destaca La Discotheque, que fue estrenado en Cannes en 2015. Ese mismo año, luego de que la casa post productora Kiné Imágenes abriera Sala K, asumió como productora general. “Aceptar este desafío me ha permitido experimentar la cadena completa del cine, desde cómo funciona una película en sus inicios de la producción, pasando por la realización y post producción, hasta llegar a los cines y su público. Como Sala K, considero que contribuimos con un cine multifacético y cercano”, dice.

David Lynch: The art life (2016); La región salvaje (2016); y El niño y el mundo(2013), son parte de las próximas producciones que se exhibirán en los 9 cines de la Red de Salas de Cine de Chile, que se estrenarán el 19 de octubre, el 23 de noviembre y durante enero, respectivamente.

Roser Fort
24 años de experiencia

Profesora de educación física de profesión, hace 24 años que Roser Fort (59) está a cargo de la dirección del Cine Arte Alameda (ex cine Normandie). Al mundo de la cultura, dice, llegó de manera fortuita, cuando en los años 80 su marido de ese entonces, el diseñador Gonzalo Castillo, la inmiscuyó en el Garage Internacional Matucana, emblemática cuna de la vanguardia. “Llegué casualmente, pero muy motivada, a un entorno de combate, muy cultural, en el que me codeaba con artistas, diseñadores, periodistas. Cuando partí, la participación de la mujer en el cine y la gestión cultural era mucho menos masiva, pero hoy día la mujer es súper protagonista -en creación y contenidos-, y como centro cultural nos hemos hecho cargo de eso también”, asegura. De hecho, en diciembre traerán en exclusiva a Chile una muestra del festival de cine femenino parisino, Créteil, de la directora de cine belga Agnés Varda. Sobre la curatoría de su programación, Fort asegura que responde a la contingencia: “Creo que como centro cultural nos hacemos un poco cargo de temas que, a veces, quedan fuera de otras plataformas de comunicación. La diversidad sexual, el conflicto mapuche, el aborto, la marihuana. Contenidos que en otras partes no pueden ser exhibidos porque somos un país bastante conservador aún”. Un ejemplo de ello es la película francesa 120 latidos por minuto, que aborda el activismo en torno al VIH en Europa, en la década del 90. “Creo que el sello y éxito de nuestra programación está en la actualidad, la vanguardia, la cercanía y la conexión con el mundo”, asegura.

Tamara Ramsy
Formar nuevas audiencias en región

Hija de padres cineastas y productores, que pertenecían al Biógrafo en la época de la Dictadura, esta arquitecta de 36 años se inmiscuyó desde que recuerda en el mundillo del cine. “Desde que tenía 9 años que jugaba a hacer stop-motions con monitos en plasticina y estaba todo el día con mi cámara creando historias”, recuerda. Luego de estudiar Arquitectura en ARCIS, su bagaje cultural y familiar le permitió moverse rápido: a los 26 se fue a España donde realizó un post grado en Dirección de proyectos expositivos, en la Escuela Universitaria de Diseño e Ingeniería de Barcelona (ELISAVA) y, cuando regresó, se puso a escribir. Elaboró un guión y rodó un cortometraje que relata una pérdida emocional, llamado 49 días. Lo postuló a un FONDART y ganó. Luego trabajo como colaboradora del fallecido arquitecto Fernando Castillo Velasco, junto a quien desarrollo proyectos de viviendas y municipios, y en 2009 se instaló en Puerto Varas. Allí, explotó su veta de curadora, gestionó una exposición con tres artistas locales en el teatro Diego Rivera de Puerto Montt y realizó residencias de artistas visuales y convocatorias para intervenir los espacios públicos. En 2013 asumió como productora ejecutiva de Cine -1, en Puerto Varas. “Ese año logramos dar dos películas a la semana a puro pulso, porque no había plata”, cuenta, y sigue: “En dos años fidelizamos a varios amigos dispuestos a pagar una suscripción de 40 mil pesos al año, incorporamos un espacio publicitario para locales de la zona y Julián (Fernández, director del cine) hizo las cortinillas previas a las películas y las sinopsis. Actualmente tenemos películas disponibles de lunes a domingo, y es posible ver clásicos, ciencia ficción, humor, cine infantil y documentales de política, lucha social y deportes, que repletan la sala. El desafío está en la descentralización y la formación de nuevas audiencias. Aquí no existe el universitario que frecuenta el cine como en Santiago, pero hay muchos jóvenes independientes que tienen una calidad de vida alta. Todos hacen deporte, por ejemplo. No era tan loco apostar por una sala de cine”, dice.

Andrea Osorio
La cabeza del club de cine más antiguo de Chile

En sus 54 años de vida, el Cine Club de la Universidad Austral de Chile ha sido dirigido por tres personas, todas ellas mujeres. Andrea Osorio (44) se tituló como periodista de la misma universidad el año 96 y, un año después, se incorporó al equipo de producción del Festival de Cine de Valdivia, que en ese entonces estaba en su cuarta versión. Más tarde se unió al área de programación, donde trabajó hasta el 2006, hasta que le ofrecieron dirigir el cine club más antiguo –en funcionamiento- de Chile. “Fue un enorme desafío. Ese año la producción del festival se externalizó, entonces me propuse darle una actividad permanente al cine club y aprovechar la sala en su capacidad total, con exhibiciones diarias, en vez de solo los fines de semana o exhibiciones de muestras y ciclos que se organizaban de manera recurrente, pero no constante”, cuenta vía telefónica. La respuesta del público se fue dando de manera natural: a mayor programación, mayor fue la asistencia. “Si en 2006 la sala tenía una cifra anual de 5 mil espectadores aproximadamente, en 2016 superamos los 20 mil”, cuenta. Su sello, dice, apunta a dos objetivos: el primero, formar audiencias y difundir el cine chileno, ejes que además se alinean con los criterios de los concursos de fomento audiovisual, difundiendo así el cine chileno, y el segundo, ofrecer una programación transversal con contenidos de calidad, que abarcan diversos formatos, géneros y temáticas, con la finalidad de entregarle al público una oferta lo más amplia posible, que va desde el cine arte, pasando por el formato de documental y el cine comercial, hasta la exhibición de una película asiática semanal. “Finalmente, uno termina queriendo y dedicándole tiempo a este espacio como si fuera un hijo, se transforma en eso”, confiesa.

 

 

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