Guadalupe Santa Cruz, una voz viva

Tiempo Libre

Guadalupe Santa Cruz, una voz viva

Por Marcela Fuentealba

Acaba de aparecer Esta parcela, la última novela de la escritora y artista chilena Guadalupe Santa Cruz, fallecida en enero pasado. Además de autora clave de su generación, fue una profesora generosa y una luchadora que mostró el apaleado y vibrante cuerpo femenino.

Paula 1176. Sábado 20 de junio de 2015.

Acaba de aparecer Esta parcela, la última novela de la escritora y artista chilena Guadalupe Santa Cruz, fallecida en enero pasado. Además de autora clave de su generación, fue una profesora generosa y una luchadora que mostró el apaleado y vibrante cuerpo femenino.

La potente poética y la fuerza de las imágenes de la obra de Guadalupe Santa Cruz (1952-2015) no solo dejó una estela de libros únicos, cargados de una apropiación del lenguaje sin concesiones, en lucha constante por rearticular la experiencia, sino una estética que dio nuevas dimensiones a lo femenino y al feminismo literario, al recorrido del territorio, de la ciudad y de los pueblos como acción política; a la experimentación y al conocimiento para indagar en la relación de la psiquis y el lenguaje. Ensayista y crítica cultural (esos textos se compilaron en Lo que vibra por la superficie), además de artista visual, fue una de las protagonistas más activas y diversas de una generación de escritoras que vivió el exilio o la represión, y fustigó la violencia y miseria de los 80.

Esta parcela (Alquimia) es la última novela que escribió antes de morir por enfermedad en enero de este año. Si bien mantiene la rotundidad, el alto juego entre las palabras y las cosas de su obra anterior (Cita capital, 1989; El contagio, 1997; Plasma, 2005, entre otros), en este libro la claridad es deslumbrante y serena. Fiel a su estilo poético, se trata de una voz que se va desdoblando, recorriendo lo palpable, la memoria, lo imaginario, en el afán definitivo de volcar las palabras hacia una materialidad total. Es la historia de un cuerpo que persiste, de un aliento que no se extinguirá jamás, que moviliza. “Entre las sábanas, sobre o debajo de ese acomodo de una civilización que habla y se cubre con colchas, acurrucada en el latido de una llama que era el hondo hocico de mi cuerpo, mandíbula sin letras, lengua derramada más acá de la sed”, escribe en una de las secciones, titulada precisamente Parcela.

Es un libro que conmueve por la libertad que otorga a quien lo lee y por entregar la pregunta y la posibilidad: “Cualquier objeto, cada acontecimiento, quizás esto, puede ser un libro. De noche en la almohada entre las páginas de algodón creo escribirlo, estar haciéndolo o haberlo hecho en este movimiento impredecible, rueda puesta en marcha, el giro, las aspas, los rayos hacia un lado adelante. De lo único que no hago libro es mi cuerpo, quien escribe. Quien lo es. Estuvo atenta, yo, a ese soplo. A los sentidos huecos como instrumento de aire que vuelve en mí, a la voz del sonido”.

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